ALICIA YANES COSSIO
NOVELISTA.-
Nació en Quito el 10 de Diciembre de 1.928.
Hija legítima del Ing. Alfonso Yánes
Proaño, quien viajaba mucho, construía
hospitales para el gobierno y finalmente trabajó
para las oficinas del Punto IV y de Clemencia Cossío
Larrea, inteligente, religiosa pero no beata y quizá
hasta adelantada para su época porque siempre
quiso ser una escritora pero se vio frustrada, contentándose
con anotar los nacimientos de sus hijos en unas libretas
donde vertía literalmente su cariño.
Ambos quiteños.
Fue la segunda de una larga
familia compuesta de diez hermanos que vivían
en la calle Sodiro, donde eran famosos por sus travesuras
y habitaban una casa propia de tres pisos que nunca
se terminó de construir por los muchos cambios
que le hacían y a la par de sus juegos infantiles
su padre les llevaba libros, para que crecieran intelectualizados.
A los seis años ingresó
al Colegio de los Sagrados Corazones en Santo Domingo.
De nueve, como sus compañeritas
solían hablar de sus abuelos y Alicia no los
tenía, inventó unos que vivían
trabajando unas minas de brillantes en el Africa y
eran medio atarzanados. Ella les escribía y
ellos le respondían por cartas que enseñaba
en el colegio, causando la conmoción que es
de suponer en esos casos. Por eso diría después:
"Tuve una infancia sumamente feliz, quizá
un poco hombruna, influida por mis primeras lecturas:
las obras de Julio Verne y las hazañas de Tarzán.
Nunca me gustaron las muñecas."
Su madre había notado
sus inclinaciones poético-literarias y la apoyaba
con gestos y palabras "pues siempre tuvo la ilusión
de que yo sería una escritora y cuando nos
compró a mi hermana mayor y a mi nuestros jueguitos
de dormitorio, el de ella tuvo una peinadora porque
era muy fiestera y el mío un escritorio para
leer y escribir."
Durante la secundaria fue alumna
del Ing. Custode en matemáticas pero su incapacidad
para asimilar números -disciplina- le impidió
ganar el último año; en el cual, por
un trabajo de redacción sobre Isabel La Católica,
ganó una beca para estudiar periodismo en la
Universidad de Madrid, por cuenta del Instituto de
Cultura Hispánica.
En 1.949, dedicada por entero
a las lecturas y en un mundo muy suyo, muy íntimo,
su madre le reunió varios poemas y apareció
"Luciolas" en 58 pags. con poesías
vagarosas, sentimentales y nostálgicas, llenas
de una sutil y melancólica tristeza por su
salida del Colegio. Tras ese breve paréntesis
se matriculó en el curso de 1.950 en su Colegio,
que habíase cambiado a Rumipamba, donde permaneció
hasta graduarse de Bachiller en 1.951.
Ese año había
escrito un juguete escénico de carácter
local titulado "Hacia el Quito de ayer"
protestando contra la súbita modernización
de la ciudad. En la obra aparecen en forma simbólica
el Cucurucho de San Agustín, la Caja ronca,
el Cristo sin cabeza, etc. y fue puesta en escena,
meses después, por su madre, en el Colegio
de los Corazones, durante una fiesta benéfica.
Alicia ya se encontraba en España.
El viaje fue por barco, vía
La Habana y le sirvió para conocer al estudiante
cubano Luis Campos Martínez que la enamoró
y se casaron el 18 de Marzo de 1.952 en la iglesia
del Buen Suceso de Madrid. Juntos visitaron numerosos
museos, ciudades y poblaciones y se maravillaron de
la cultura europea. El estudiaba leyes y ella tomaba
cursos libres. Vivían en un departamento de
la calle Hilarión Eslava No. 38 del barrio
Arguelles donde nacieron las gemelas. Entonces comenzó
a escribir cuentos cortos sobre "los tíos"
con mucho sabor andino por la nostalgia que sentía
por la tierra.
En 1.953 viajaron dos meses
a Guantánamo a visitar la familia Campos, luego
pasaron a Quito pero su esposo no quiso ejercer la
profesión de abogado. Vivían con sus
padres y nació la tercera mujercita. El 56
regresaron a Cuba volvió a los cuentos y nació
Luis Miguel, hoy famoso escritor.
En 1.959 tomaron unas vacaciones
de dos meses en Quito. Ya estaba Fidel Castro en el
poder y recibieron la noticia de que el régimen
comunista había confiscado las propiedades
agrícolas y rurales de la abuela de su esposo
en Guantánamo, incluyendo la vieja y grande
casa familiar. Su esposo dijo: "Si Cuba es el
primer país que se hace socialista en América,
yo quiero vivir en él" y por su necedad
regresaron a La Habana, donde las autoridades del
barrio comenzaron a fastidiarlos. "Paraban a
las niñas en las calles para hacerles averiguaciones
sobre las intimidades de sus padres y del hogar. Finalmente
cundió el temor, la falta de garantías,
las prisiones indiscriminadas, los fusilamientos seguían
sucediéndose en el paredón ya no solamente
contra los batistianos sino también contra
ciertos ex fídelistas. Todo ello era producto
de la nueva dictadura instaurada, incluso comenzaron
a menudiar los desaparecidos y hasta se decía
que existían manicomios especiales para los
rebeldes al nuevo sistema."
Finalmente logró salir
del infierno castrista con su esposo y sus cuatro
hijos en situación deplorable pues no les dejaron
sacar nada y hasta las moneditas sueltas se las quitaron
de los bolsillos. Nuevamente en Quito, alquilaron
un pequeño departamento en casa de Laura Rivadeneira
de Vela en la ciudadela La Floresta, después
se cambiaron a donde hoy funciona el Conservatorio.
En 1.963, pobre, pero feliz,
quiso dar rienda suelta a su deseo de novelar, de
contar todo lo que tenía adentro, su mundo
interior fantástico enriquecido de recuerdos
y comenzó una novela como una nueva forma de
expresión personal "usando el flujo de
la conciencia a lo Joyce y el tratamiento de la memoria
y el tiempo a lo Proust" que reunió a
los cuentos de sus tíos de manera que se puede
decir que solo les puso principio y final. Así
fue como surgió “Bruna Soroche y Las
Tías”. Cuando la obra estuvo terminada,
fue enviada a la Bienal de Novela de la Casa de la
Cultura Ecuatoriana con el nombre de "La Ciudad
Dormida" y bajo el pseudónimo de "Romina'"
pero el concurso fue declarado desierto.
En 1.964 publicó un
segundo poemario "De la sangre y el tiempo"
aparecido con un brillante prólogo de Francisco
Tobar y García. El 69, justamente el día
en que su último hijo ingresaba al Kinder,
se empleó de profesora en el Colegio de la
Providencia. El 70 pasó al Santo Domingo de
Guzmán y también comenzó a enseñar
en la Academia Cotopaxi existente por convenio con
la Embajada de los Estados Unidos para la enseñanza
de los hijos de diplomáticos y ciudadanos de
ese país. Allí lo hizo a tiempo completo
con un sueldo de seiscientos dólares mensuales
y dio español y cultura ecuatoriana por espacio
de trece años, hasta 1.983.
El 71 intervino en el Concurso
Nacional de Novela convocado por el diario El Universo
de Guayaquil bajo el pseudónimo de "Jersy
Kosinki" con su novela anterior, ahora denominada
"Bruna, soroche y los tíos" y ganó
el primer premio de S/. 30.000 "por sus cualidades
de fluidez narrativa, arquitectura novelesca, bella
forma literaria y porque sin caer en el criollismo
o costumbrismo de dudoso gusto, revela claramente
su raíz y estirpe ecuatorianas."
La obra tiene un fondo semejante
al de Cien años de Soledad de García
Márquez aunque con diferencias esenciales,
representaba un trabajo casi continuo de cinco años
y su venta fue un éxito sin precedentes. Cuenta,
a través de una mujer joven que simboliza a
la mujer universal, un mundo antiguo y lento -la cultura
andina- que agoniza desde hace 500 años, visto
bajo su perspectiva muy especial.
La novela ha conocido tres
ediciones y ha sido adaptada al método Braile
en inglés por la "Asociation recording
for the blind" de los Estados Unidos. Bruna es
la revisión de los hechos de una familia, por
una jovencita que se lanza a vivir su propia existencia,
lejos de los prejuicios y atajos de una ciudad apática
y sin motivaciones, lo cual constituyó la novedad
del feminismo de esos tiempos. De allí en adelante,
convertida en una adalid del feminismo ecuatoriano
por haber rechazado las caducas limitaciones históricas
de la mujer de su Patria, las tradicionales virtudes
-pasividad y debilidad de su sexo- de la escuela Católica,
basada en la sumisión de la Virgen María
en Nazareht, dedicóse a escribir sobre el tema
de la mujer en su nueva manera, tratando de salir
de su condición de ser sojuzgado en la sociedad
latinoamericana, luchando por romper esos prejuicios
morales, sociales y religiosos que atentan contra
sus derechos fundamentales, sin negar la solidaridad
con el varón evolucionado, digno de ser su
compañero.
En 1.974 salió una colección
de cuentos suyos ''El Beso y otras fricciones"
en Ediciones Paulinas de Bogotá.
En 1.979 sacó su segunda
novela "Yo vendo unos ojos negros" y nuevamente
trató sobre el intento de la protagonista para
vivir una vida de dignidad propia de su condición
de ser humano. La protagonista, mujer de clase media
casada con un burócrata inútil, luego
de pasar muchas peripecias consigue un trabajo junto
a otras mujeres vendiendo productos de belleza; pero
tiene que dejarlo cuando comprende que está
a punto de ser absorbida por el mercado de consumo.
Hernán Rodríguez
Castelo ha dicho que es una novela desoladora sobre
la condición de la mujer en nuestra sociedad
corrupta por el dinero y el sexo, mundo subdesarrollado
en que se halla desprotegida por su falta de preparación
y experiencia, ingenuidad y debilidad...
En 1.980 lanzó su tercera
novela "Más allá de las islas"
donde se refieren las vicisitudes de ocho personajes
que arriban a un mundo libre y puro –las islas
Galápagos- buscando algo absoluto. Uno la poesía,
otro el amor, el de más allá la sabiduría...
I todos, en un momento decisivo de su existencia,
experimentan la llegada de la muerte. Finalmente el
pueblo corrompido por las bajas pasiones cobra una
actividad inusual encausada a la destrucción
y desaparece, pero del último de los ocho nace
una nueva generación depositaría de
las virtudes propias de sus antepasados, para habitar
un nuevo paraíso. La novela encierra una parábola
sobre el destino del hombre.
Ese año recibió
la Medalla al Mérito Educacional de Primera
Clase y en Diciembre fue aceptada por la Academia
ecuatoriana de la lengua, a la que ingresó
el 11 de Abril de 1.991 con un discurso titulado "El
niño y la palabra".
En 1.985 apareció su
cuarta novela "La Cofradía del mullo del
vestido de la Virgen pipona" cuyo argumento es
contado por los cuatro viejos liberales de apellido
Pando, que recuerdan sucesos que se dieron en un pueblo
de la sierra y la historia de la imagen de la Virgen
que allí veneran, que en un tiempo fue pipona
y luego dejó de serlo pues oculto tuvo en su
vientre los papeles que reconocían a los viejos
Pando como propietarios de las tierras arrebatadas
por los Benavides, caciques del pueblo. El joven comunista
Manuel Pando logra organizar a las guerrillas del
pueblo y se descubre que la Virgen había sido
utilizada por la Iglesia como símbolo para
la manipulación de la ignorancia, ingenuidad
y sentimiento religioso popular.
En 1.986 asistió al
I Encuentro de escritores de América Latina
reunido en Israel. El 87 al I Festival Latinoamericano
de Arte y Cultura en Brasilia y colaboró en
los talleres de creatividad literaria del Centro Cultural
San Sebastián a cargo del Banco Central. El
88 fue Instructora de los talleres del Liceo Internacional.
En 1.989 volvió a la
palestra con una quinta novela "La Casa del sano
placer", proyecto cívico de una dama para
dar respetabilidad a la profesión más
antigua del universo, en una Casa del Sano Placer
que funciona como colegio de instrucción sexual,
moral y religiosa a base de una disciplina rígida.
Con el tiempo todos se cansan de esta situación
y las mujeres deciden acabar con el lupanar, pero
al llegar un joven sacerdote transforma a las prostitutas
en sus discípulas.
Aquí el personaje vuelve
a ser la multitud representada por la comunidad que
lucha por rescatar los derechos elementales de la
mujer. El machismo continúa siendo un tema
recurrente. La ironía, el sarcasmo y la hipérbola
se hacen evidentes al tratar la supuesta superioridad
masculina o demarcar criterios morbosos sobre la virginidad
o el homosexualismo, etc.
La autora combate toda injusticia
con humor cáustico, lenguaje político,
composición simple y casi lineal, aunque usa
la técnica del recuerdo para retrotraer la
acción. Juegos de palabras, alegorías,
reiteraciones, retruécanos, etc. inaugurando
una nueva forma de novelar en el Ecuador, realismo
mágico feminista y como en las anteriores trata
sobre la soledad, la intolerancia, la tradición
a través de costumbres que frenan todo avance,
el ímpetu de sobrevivencia que hace revelar
a sus personajes para lograr una existencia más
auténtica. Todo ello contado desde una perspectiva
muy personal y solidaria con la mujer nueva y con
la multitud, que en todas sus obras adquiere caracteres
de extraña solidaridad.
Tiene inéditas otras
novelas de iguales características. Una de
ellas es "El Cristo Feo".
En 1.993 enviudó. Es
una mujer superior cuya fama ha trascendido las fronteras
patrias. En 1996 recibió el Premio Sor Juana
Inés de la Cruz a la mejor novela latinoamericana
escrita por una mujer.
Débil y pequeñita
de cuerpo, trigueña, pelo lacio y negro, facciones
finas y hermosas, habla con parsimonia y seguridad
contando diversos aspectos del feminismo ecuatoriano
en su lucha por reivindicar para la mujer un puesto
igual al del hombre. Su vocación por la literatura
la ha llevado a escribir mucho pero no se siente satisfecha
por los logros alcanzados, pues sabe que el camino
es arduo aunque al final las palmas del triunfo algo
signifique.
Vive gozando dé sus
nietos y como buena abuelita los adora. Es madre del
gran escritor Luis Miguel Campos Yánez, lo
cual la llena de sana satisfacción pues ve
que sus dones han sido trasmitidos.
En 1998 editó “Retratos
cubanos” con 18 cuentos escritos entre 1957
y el 61 en Cuba y trata sobre la lucha del hombre
por alcanzar su libertad, pero como se los requisaron
a la salida de la isla los rescribió en 1996
mezclando historia y crudo realismo pues le tocó
vivir todas esas historias.