JOSE DE ACOSTA
CRONISTA.- Nació
en Medina del Campo, España, en 1.540 y de
quince años solamente ingresó a la Compañía
de Jesús en Salamanca, cuando recién
se extendía por Europa dicha orden.
Estudió Humanidades
y Filosofía en Salamanca donde tuvo un Acto
General, sacó fama de orador y luego siguió
Teología. En 1.566 se ordenó y enseñó
esa materia en Ocaña y en Plasencia, pero decidido
a hacerse misionero pidió al Padre Francisco
de Borja que le diera permiso para viajar a las Indias
y el 8 de Julio de 1.571 partió de Sevilla
en la armada de Pedro Menéndez de Avilés,
en compañía del Padre Andrés
López y del Hermano Diego Martínez.
En Abril de 1.571 arribó a Lima y fue el segundo
Provincial que tuvo la Compañía en América.
En 1.573 pasó en misiones
al Cusco, Arequipa, La Paz y a otras poblaciones del
interior y llegó Chuquisaca en busca del Virrey
Toledo. El 74 regresó a Lima solicitado por
el Padre Portilla para que interviniera en la causa
inquisitorial que se había instaurado en contra
del dominicano Fray Francisco de la Cruz, que terminó
con la condena y relajamiento del reo.
A principios de 1.575 arribó
el Padre Plaza como Visitador de los Jesuitas y le
nombró Rector del Colegio de San Pablo, estableciendo
cursos de Latinidad, Retórica, Arte y Teología,
con tanto éxito, que dejó sin alumnos
a la recién fundada Universidad de San Marcos.
Cuatros meses más tarde fue designado Provincial
del Perú.
Durante su gobierno fundó
la residencia de Juli y en 1.578 los Colegios de Arequipa,
Potosí y la Paz, pero el Virrey mandó
a cerrar los dos últimos aduciendo que no tenían
el real permiso y hasta persiguió al Padre
López, S.J. a través de la Inquisición.
Al finalizar su Provincialato Acosta fue sucedido
por el Padre Baltazar Piñas, S.J. que después
pasó a fundar el Colegio de Quito.
En Enero de 1.538 Acosta participó
como Teólogo en el III Concilio Provincial
Límense, redactó las Actas en Latín,
los Catecismos, el Confesionario y los Sermonarios
y defendió las disposiciones del Concilio frente
a los clérigos de Lima y Charcas que no querían
acatarlas. Después publicó los Catecismos
en Quechua y Aymará para adoctrinar a los indios,
auxiliándose con los Padres Blas Valera, Juan
de Atienza, Alonso de Barcena y Bartolomé de
Santiago, al fin de cuya empresa se editó en
1.584, en la Imprenta de Antonio Ricardo, en Lima,
el primer libro en Quechua y Aymará del mundo
y primero que se editó en Sudamérica,
que llamó "La Doctrina Cristiana y Catecismo"
para curas y misioneros, que se difundió por
todas estas comarcas y fue lectura obligada en la
Audiencia de Quito.
Después de estas labores
le entró la melancolía al decir de los
cronistas de entonces, pues se pasaba el día
callado y meditando, serio y triste. En 1.585 pasó
a México y el 87 se embarcó a España
gozoso de regresar a su Patria tras doce años
de permanencia en las Indias y con fama de gran Orador
Sagrado. Por eso fue presentado al Rey Felipe II con
quien tenía largas conferencias en el Escorial
y le dedicó una obra, la primera de su pluma,
titulada "América De Natura Novi Orbis"
impresa en Salamanca en 1.589 en Latín, en
dos volúmenes, con explicaciones sobre los
usos y costumbres de esta parte del mundo.
Ese año también
editó "De la promulgación del evangelio
o del modo de procurar la salud de los indios"
en seis libros en Latín, tratado de misiología
leído hasta en el siglo pasado con delectación.
Hoy ha perdido interés pues ya no se desea
aculturizar a los indígenas sino preservarles
sus formas propias.
En 1.588 viajó a Roma
a promover la conservación de los indios, considerado
una autoridad en la materia y uno de los más
doctos jesuitas del orbe. En la Ciudad Eterna trató
al Padre Aquaviva, a los miembros del Colegio Cardenalicio
y fue designado Visitador de los Colegios Jesuitas
en la provincia de Andalucía, de lo cual dio
cuenta detallada al Rey y pasó a realizar la
visita a la provincia de Aragón. También
con buenos resultados.
En 1.590 dio a la luz en Sevilla
la mejor de sus obras que tituló "Historia
Natural y Moral de las Indias, en que se tratan las
cosas más notables del cielo y elementos; metales,
plantas y animales de ella y los ritos, ceremonias
y leyes, gobierno y guerras de los indios; dirigida
a la Serenísima Señora Infanta Isabel
Clara Eugenia de Austria" que se compone de siete
libros o partes, siendo los dos primeros una traducción
al español de su obra latina "América
de Natura Novi Orbis" y los cinco últimos,
escritos en España, forman una especie de complemento.
La obra fue bien acogida por
los círculos culturales de Europa; el célebre
humanista Padre Feijoo llamó en el siglo XVIII
a su autor "El Plinio del Nuevo Mundo".
Por su forma anuncia a los
grandes geógrafos y viajeros románticos
que vendrían después con Humboldt, trata
de las ciencias naturales y hasta habla de los paisajes
y ciudades. Por su fondo contiene capítulos
de gran interés sobre el hombre americano,
usos, costumbre y creencias, detallando sus principales
ceremonias y dándole un toque natural a sus
ideas religiosas, todo ello tratado con un tono poético
nada común; por eso se ha dicho que Acosta
es uno de los creadores de la nueva ciencia denominada
Biogeografía.
Numerosas ediciones en España,
dos en Madrid y una en Barcelona. Varias traducciones
al italiano, alemán, inglés y francés
y citas eruditas, acreditan el éxito del libro.
Antonio de Alcedo lo menciona en 1.807 en su célebre
"Catálogo de los autores que han escrito
de las Indias..."
Acosta fue un autor pulcro
que conocía y citaba a los principales Cronistas
de la Conquista con tanta facilidad como a los Clásicos
antiguos y modernos; actualizado en sus lecturas,
era un sujeto moderno para su tiempo.
En 1.592 fue designado Prepósito
de la Casa Profesa de Valladolid y regresó
a Roma precedido de su fama internacional a fin de
que se reuniera la Venerable Congregación General,
pues estaba en malos tratos con el Padre Aquaviva;
pero fracasó en su empeño, no obstante
lo cual, Aquaviva no se atrevió a tomar represalias
y por el contrario, lo mandó al honorífico
empleo de Rector del Colegio de Salamanca, donde una
tarde le tomó por sorpresa la muerte, a causa
de un paro cardíaco, el 15 de Febrero de 1.600,
a la edad de 60 años.
Fue uno de los mayores jesuitas
de su tiempo, brilló como orador, erudito americanista,
experto en misiones, dio impulso a la Compañía
de Jesús en el Perú y en México
y a su visión misionera se debe en buena parte
que en 1.585 llegaran los primeros Jesuitas a Quito,
pues creía un deber ineludible llevar la evangelización
y engrandecer a la Compañía por todas
las regiones del Nuevo Orbe.