FRANCISCO DALMAU GAVILANES
HUMANISTA."
Nació en Ambato, en el barrio del Hospital,
el 14 de Mayo de 1.924. Fueron sus progenitores Francisco
Dalmau Padró rico industrial oriundo de Cataluña
y Laura Ignacia Gavilanes Jaramillo (1)
"En la época de
su nacimiento Ambato era una comunidad muy bien constituida
y existían personas de alta calidad humana.
Las señoras de todos los sectores sociales
eran de categoría. En ese medio los niños
éramos muy felices, nos controlaban las madres
con tierna energía ya que los padres servían
de severo ejemplo. La familia era muy importante.
La mía fue numerosa. Había muerto mi
abuelo Carlos Gavilanes Larrea y quedaron con mi abuela
Elena nueve hijos. Siempre fuimos muy solidarios y
unidos. Los primos y primas eran nuestros hermanos,
por eso nunca estuvimos solos. Se hacían paseos
a Ficoa en grupos y por las frutas. A Pinllo por el
pan. A Atocha por la fritada y las tortillas de maíz.
A veces viajábamos a Baños por un camino
peligroso y nos emocionábamos entre rezos de
miedo cuando cruzábamos el Arrayan y el puente
sobre el Pastaza que cuidaba San Martín, según
decían."
"Los niños gozábamos
de cierta libertad y no nos tenían encarcelados
en las casas. Cualquier adulto tenía derecho
a corregir y nos exigían no hacer quedar mal
a nuestra familia. Si bien no éramos guambras
de la calle podíamos recorrer en grupos adecuados
las quintas de Miradores, del Frente, del Paraíso,
de la Liria y de la Loma, sitios en los que jugábamos
sanamente."
(1) Hija de Carlos Gavilanes Larrea y de Elena Jaramillo
Pachano. Nieta de Carlos Agapito Gavilanes Pastor,
propietario de la hacienda Quillayi cercana a Quisapincha.
juglar, romancero y enamorador, muy rico pero tacaño,
que pobló la región de hijos, y de esposa
Ignacia Larrea del Pozo, natural de Guaranda.
"Como la ciudad era pequeña
bajábamos al río y nos bañábamos
en los remanzos del Aguacatal, Yavirac y Guayaquil
y hasta nos atrevíamos a nadar a lo serrano
en las acequias de Dalmau, un gran caudal de agua
que desde el puente de Ficoa desviaba gran parte del
Río Ambato para administrar la fuerza eléctrica
de la Planta de la Industrial Algodonera, fábrica
de tejidos muy importante. Más tarde se construyeron
las piscinas de la Loma. La chiquita para los niños
que no sabían nadar y la grande para los que
ya habían aprendido. Alguna vez ganamos un
concurso organizado por los Josefinos y mientras los
segundos premios fueron medallas, los primeros -el
mío- consistió en una hermosa estampa
del Corazón de Jesús que no me pareció
muy deportiva, entre la sangre, la mirada profunda
y la corona de espinas..."
"A los tres años
fui padrino de la primera piedra de la Iglesia de
la Medalla Milagrosa... Más tarde me matricularon
en una especie de kinder que tenían las monjitas
de la Caridad, dirigidas por la Madre Elena Viteri
Rites. En el aula nos colocaron a los varones de un
lado y a las niñas en el izquierdo. Nos mirábamos
de lado, con mucho miedo, pues era vergonzoso cuando
nos hacían sentar por malcriados entre las
mujercitas. Cosa rara, ellas nunca lloraron cuando
las ponían entre los hombres, todo lo contrario,
se las veía muy contentas..."
"Luego fui al Pensionado
Juan León Mera, única escuela católica
y privada a donde iban a estudiar los niños
de los señores comecuras, llevados por sus
madres católicas fervientes. Teníamos
uniforme: smokin con gorra de casimir y vicera de
hule. Nos hacían rezar por las tardes un aburridísimo
rosario. Director era el Padre Palacios. Miguel, el
portero cuidaba la cuadra y los calabozos, que junto
a los servicios higiénicos estaban llenos de
huesos humanos y constituían el terror de los
niños."
"Quizá por eso
pedí a mi madre que me matriculara en la escuela
México acabada de fundar, lo conseguí
y comenzó la más bella parte de mi vida
pues tuve la suerte de contar con un profesor excepcional;
Alfonso Núñez Jaramillo, que nos instruyó
hasta el sexto grado, formándonos y clarificando
metas y conceptos. Aprendimos con él la sencilla
forma de ser dignos sin abusar ni ser alevosos, dando
la cara y no inclinándola ante el prepotente
y grosero. Quizá por eso comenzamos a controlar
el miedo."
"Por otra parte, la escuela
nos democratizó, teníamos compañeros
pata al suelo que han llegado a millonarios, cholos
de Pinllo, hijos de familia de mando. Había
de todo. Los primos mayores peleaban con los matones
de la escuela y el date con mi primo se hizo norma.
Había que respaldarlos y en la orilla del río
aprendimos a pelear y a ver pelear bravamente. En
las horas libres visitábamos la Biblioteca
de Autores Nacionales y el Mausoleo de Montalvo. Las
señoritas nos orientaban en la lectura adecuadamente.
Los restos del Cosmopolita en su sarcófago
nos emocionaba con temor, pues las beatas no aceptaban
que yaciera fuera del cementerio y decían que
el Zambo gritaba en las noches ¡Quiero tierra!"
"En 1.936 representé
a mi escuela en un Concurso con motivo de un aniversario
más del nacimiento de Montalvo. Después,
en la Instrucción Premilitar, fui Brigadier
Mayor de la Escuela. Coincidió que el día
que me nombraron pasamos desfilando al pie de mi casa
y mi madre se asomó a mirar asombrada, Nunca
me he sentido más feliz en mi vida."
"En casa vivíamos
mi madre, mi abuela, la tía Berta y tres niños
indios: la Rosa Quinde, la Dolores y el Mariano Teneta
que habían sido empleados por sus padres hasta
alcanzar la mayoría de edad, que ellos consideraban
que eran los doce años.
En esa etapa de servicio los
que mandaban eran los patrones, no sus padres. Vivía
también, cuando lo deseaba, la Maria, guiñachischa
de mi abuela. Para ella era muy claro que el indio
sin patrón no valía y que su condición
mejoraba cuando servían y según el patrón.
Hablaba con desprecio de los indios del alto, remensas,
sin patrón. Nadies que ni siquiera sabían
hablar el español. Fue la que nos enseñó
a conocer el misterio de nuestra serranía,
del huaira, de los cerros, de los pogyos y del cuichic.."
"Comulgábamos frecuentemente
y lo hacíamos con los padres Josefinos porque
después de la ceremonia nos brindaban pantagruélicos
desayunos.
Claro que al confesar no podíamos
disimular la risa y nos mandaban a rezar un simple
padrenuestro, a nosotros, que nos creíamos
la crema y nata de los pecadores infantiles. Esos
sacerdotes me nombraron Capitán de los Cruzados,
pero me parece que tuvo que ver con la dignidad un
terno de casimir blanco y muy elegante que usé
para mi primera comunión. Vino un Monseñor
italiano y estuve junto a él. Se perdió
la foto del alto prelado que me miraba como a un niño
santo..."
"Nuestras fiestas infantiles
eran muy vivenciales Todas eran colectivas. La más
importante era la Semana Santa, había que portarse
como un ángel ya que siempre nos regalaban
un terno negro, la fanesca, el molog y pescado -peje
de Noruega- nos llenaban de placer goloso.
También era importante
los finados. Visitábamos a los parientes muertos
en el cementerio y en las catacumbas de las iglesias,
pero nos daba miedo y con frecuencia nos espantábamos
y nos daba el mal aire. Por eso tenían que
limpiarnos con un rosario de madera o con un cuy vivo
que nos pasaban por el cuerpo soplándonos saliva
ya que el vino que debía regarnos la curandera
era traidor y se les pasaba por las gargantas. Los
finados también eran alegres. Se vendían
juguetes nacionales, figuras hermosas de barro y carritos
de lata y madera. La mazamorra morada, el champús
y las guaguas de pan eran una delicia.
La Navidad siempre fue hermosa.
Era fiesta de niños. La creatividad, que enriquecía
la imaginación infantil, se demostraba en los
nacimientos. Algunas personas se hicieron famosas
por las bellísimas formas en que los construían.
Nos llevaban a los nacimientos y cantábamos
villancicos. Luego venían los brindis con queso
y chocolate.
La noche buena nos acostábamos
temprano y emocionados por los regalos del Niño
Dios, no del Guagua Dios que acababa de nacer sino
de un Niño de unos cuatro años cuyo
cuadro nos acompañaba en la cabecera de la
cama. Los regalos siempre fueron modestos. Nunca se
hicieron Listas de Regalos. El Niño era pobre
como nosotros.
Los Disfrazados eran alegres
para los niños aunque para los pecadores eran
fuente de terror, así como para los vanidosos,
bobos y malas gentes, pues se los remedaba tremendamente
dentro de una carcajada general.
La fiesta de los toros de Quisapincha
- tierra de mis mayores - se daba todos los años.
Había ocasiones en que los toros mataban a
los valientes que los corrían y entonces había
la certidumbre de que los toros eran buenos. Esta
fiesta se hacía en honor de San Antonio, el
santo que vino con Pedro de Alvarado y que entró
a la zona por el camino del mismo nombre que va desde
Pilishurco hasta Quisapincha. Hace algún tiempo
reconocimos a este San Antonio en el Alcázar
de Segovia y nos aclararon que era San Antonio Abad,
solo que al vivir con milicos conquistadores y españoles
se contagió de malas costumbres y se hizo mujeriego,
razón por la cual no puede entrar al cielo
porque los santos vírgenes protestan. En Quisapincha
se le conoce también con el nombre de San Antonio
el Moro o San Antonio Cabeza abajo, maestro de brujerías.
Los blancos que también llegaron con Alvarado
y se quedaron en la zona de Quisapincha, como eran
bravos y emprendedores formaron haciendas."
En 1.938 finalizó la
primaria con un paseo escolar en el ferrocarril a
la costa que duró diez días inolvidables.
Se hospedaron en el gimnasio de la Escuela Modelo
9 de Octubre, nadaron en su piscina, alimentándose
en los comedores populares.
De Guayaquil siguieron en el ferrocarril a la costa
a San José de Amen hoy Progreso, siendo recibidos
al grito de "Allí vienen los ambateños".
En Salinas conocieron el mar y se entusiasmaron, la
Chocolatera estaba de moda porque había botado
numerosas monedas de oro y plata fruto de un naufragio
colonial. De regreso derrotó con Rodrigo Romo
al Campeón de natación de apellido Sangster
asombrando a todos. Jugaron basket en el Emelec...
Fue toda una aventura.
“Existían grupos
juveniles muy fuertes formados por muchachos honestos,
deportistas y sin vicios - buenos trompones- que despreciaban
a los alabanciosos y admiraban a los viejos soldados
del liberalismo revolucionario de Alfaro como el Pacho
Largo, sobrenombre de uno de los viejos Holguines.
Los de arriba se daban de liberales y los cholos de
abajo de Católicos, aunque entre ambos grupos
habían surgido algunos intelectuales bulliciosos
que propagaban las nuevas ideas socialistas. Los entierros
se hacían con banda de música del ejército
o con las de los pueblos cercanos que se alquilaba
para el efecto. Todo era anacrónico en relación
a Guayaquil y Quito y cuando Juan Cobo puso almacén
-algo muy mal visto en sociedad- le criticaron. Juan
Cobo murió viejo y millonario. Era sujeto de
gran ambición. Los años 30 fueron de
grandes cambios para Ambato, el 36 sucedió
que los obreros de la Fábrica La Internacional
de tejidos - algodonera del español Lorenzo
Tous Lliteras- se fueron a la huelga rompiendo la
paz octaviana de la urbe. Fue el toque de alarma que
anunció el cambio de los nuevos tiempos. La
huelga fue muy dura pero al final ganaron los obreros,
que desde entonces comenzaron a agruparse en Sindicatos”.
“Numa Lafronte vivía
en su quinta la Necrópolis y a pesar de su
avanzado estado de enfermedad -sufría de lepra-
y estar casi ciego, recibía lleno de optimismo
y vitalidad a muchos jóvenes. Nadie conocía
como él lo de Ambato y me hizo el honor de
ofrecerme su amistad en forma muy generosa. Aconsejaba
con paciencia a la juventud como lo habían
hecho los antiguos en Grecia, guiándoles por
el camino de la virtud y la perfección espiritual.
No era un ermitaño, vivía en compañía
de Emitelia, una gran señora, que cuidaba de
él”.
"Realicé la secundaria
en el Bolívar, único establecimiento
de ese tipo en Ambato. Para poder educarme mi madre
empezó a trabajar en la fábrica del
esposo de su hermana Lucrecia. En el Bolívar
fue una excelente guía en los años básicos
Blanca Martínez de Tinajero y tuvimos profesores
de primera. Nos gustaba el deporte, fuimos campeones
de fútbol en el primer año. Se destacó
Juan Pancho Pérez y el negro Lalama. Una noche
de 1.941, en el segundo curso, Juan Navas, Ernesto
Guevara, Eduardo García, Guillermo Porras,
el patucho Rodríguez, Chimbol Rodríguez,
Guillermo Trinchery y yo decidimos fundar un grupo
deportivo. Días después Eduardo Khalifé,
al leer las noticias de lo que sucedía en las
fronteras propuso el nombre de Macará y así
se inició ese Club que ha dado nombre a la
ciudad y al Ecuador."
"Leíamos con ahínco,
acentuándose las visitas a la Biblioteca. El
Cushco Egüez y Rodrigo Borja Alvarez leían
en grupo con nosotros las obras de Montalvo, comentándolas.
Soñábamos con los Llanganatis y su tesoro.
Hicimos algunos intentos fallidos en su busca. Iniciábamos,
lo que otros ambateños han realizado, ascensos
a las montañas, pero carecíamos del
equipo adecuado; sin embargo disfrutamos de los mejores
paisajes del mundo que todavía están
escondidos en nuestra serranías. No éramos
ricos y talvez eso nos ayudó porque hicimos
mucho deporte y leímos bastante. Un sacerdote
venido de El Oro, el padre Romero, organizó
un Grupo católico al que llamó Muchachos
alegres: Miguel Vásconez, Gualberto Arias,
Guillermo Sosa, Germán Pachano, Enrique Vásquez,
Guillermo Porras y otros. Ellos me eligieron Presidente
del grupo, pero las ideas católicas que nos
habían enseñado en familia: solidaridad
humana, desprendimiento, sencillez, franqueza y capacidad
de enfrentamiento al abuso comenzaron a chocar con
la realidad. Reinaldo Miño, hijo de nuestro
sabio maestro del mismo nombre, tenía libros
y revistas que explicaban con claridad la pobreza
y la explotación. Junto a él nos informábamos
acerca de la realidad auténtica. Ambato, antes
del terremoto, tenía muchas fábricas
y trabajadores. Por eso nos orientamos hacia los sectores
populares y casi todos, en una sana izquierda, salimos
de un catolicismo teórico que no se aplicaba
a la realidad del medio."
“También hicimos
la conscripción en el Batallón Quinto
Guayas en Guaranda, recibiendo una instrucción
fuerte y organizada. Los oficiales y clases habían
sido escogidos entre los mejores miembros del ejército.
Nos hicieron soldados y nos ofendíamos cuando
nos increpaban con el nombre de Cadetes. Todos los
serranos en edad de conscripción no pasábamos
de ochocientos. Luego vino la Universidad. Ingresamos
a la Preparatoria, me eligieron presidente del Curso,
hice deportes pero perdí el Primer Año".
En 1.942 realizó los
primeros contactos socialistas con los grupos populares
(Obreros industriales, sindicalizados ferrocarrileros,
etc.) aunque estos últimos estaban muy disminuidos
desde que el 38 el dictador Enríquez Gallo
había trasladado la Estación Central
a Riobamba, desarticulando en parte el movimiento.
Instituido como estaba en la lectura de las obras
de Montalvo, especialmente en sus páginas desconocidas
que habíanse publicado en la Universidad de
La Habana a instancias de Roberto Andrade, así
como también de otras marxistas y folletos
como el Psicoanálisis Social y sexual del inglés
Osborn, creíase suficientemente preparado para
la lucha social.
"En Quito la ubicación ideológica
se acentuó, pertenecíamos a lo que se
llamó el Ala Roja aunque muchos de sus miembros
son ahora poderosos jefes de la Derecha y no saben
como borrar sus locuras juveniles. Los estudiantes
conservadores, que eran nuestros amigos y los respetábamos,
llevaban a la Universidad imágenes de Jesús
y nos obligaban a gritar ¡Viva Cristo Rey!,
lo cual no nos molestaba pero se formaban grandes
bataholas."