JUAN JACOBO ROUSSEAU
FILOSOFO Y EDUCADOR.-
Nació en Ginebra, Confederación Helvética,
Suiza, en 1.712. Su padre era un relojero protestante
y su madre falleció joven dejándole
huérfano de temprana edad. Inteligente y maduro,
comenzó a devorar desenfrenadamente todas las
novelas que caían por sus manos sin mayor criterio
de lectura, hasta que de doce años decidió
vivir como un aventurero y fue escribiente, aprendiz
de grabador, lacayo, Seminarista, músico, escritor,
todas ellas llego a considerar como experiencias amargas
de la vida, pues era prácticamente un vagabundo,
hasta que lo salvó un sacerdote que inmortalizaría
después con la figura del buen Vicario saboyano,
pues le impulsó circunstancialmente hacia una
conversión religiosa al catolicismo aunque
más tarde pasó a ser Deísta consumado.
De treinta años viajó
a Francia y se entusiasmó con el espíritu
racionalista, admirando la labor del grupo que publicaba
la Enciclopedia, cúmulo de conocimientos científicos
y filosóficos de esa época, que gestaba
un cambio radical en el sentir y el pensar del mundo
europeo.
Por entonces las formas ideológicas
más avanzadas luchaban con las tradicionales
de la Escolástica que aún dominaba a
ciertos sectores de pensamiento, a pesar de todo cuanto
había hecho el humanismo y el renacimiento
para liberar a las conciencias de occidente. Había
un conflicto entre el nuevo pensamiento científico
que daba suma importancia a la razón del hombre
como única forma explicativa de su entorno
físico y la fe ciega de las épocas oscurantistas
que todo lo dejaba a la divina Providencia y a los
misterios y dogmas religiosos que ya nada importaban.
Las bases del antiguo régimen eran el trono,
el azar y la ignorancia, al revés del nuevo
pensamiento que veía a los fenómenos
por medio de los sentidos y la razón soberana.
Nuevas deducciones y las investigaciones
de las ciencias Físico-naturales daban al filósofo
europeo variadas posibilidades y otras ideologías
para negar las monarquías absolutas y la intolerancia
en materia religiosa, así como para socavar
el poder omnímodo de la Iglesia. El hombre
debía vivir en gozosa libertad, con optimismo
en el progreso y libre de todo freno dogmático...
La ilustración y el Enciclopedismo compendiaban
esas doctrinas y los ensayistas mas importantes preparaban
el camino de transformación que condujo a la
revolución francesa. Ellos mismos se consideraban
intelectuales y racionalistas, admiraban al pensamiento
político inglés, estudiaban el fenómeno
filosófico alemán y se sentían
participar de una Europa llena de novedades.
En dicho ambiente Rousseau
concretó sus iniciales ideas filosóficas
en un "Discurso sobre las Artes y las Ciencias"
pronunciado ante la Academia de Dijon y con ocasión
de otro certamen en la misma Academia tres años
después, escribió el "Discurso
sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad
entre los hombres" profundizando en el tema del
Contrato Social, donde los unos entregaban sus libertades
al líder para que los defienda de enemigos.
Con tal ficción explicó el origen de
las monarquías y propuso al mismo tiempo, a
la entera libertad, como ideal de la Humanidad.
En 1.760 escribió "El
Contrato Social" libro extenso donde concibió
su anterior teoría como un cuerpo organizado,
que le dio tal fama mundial, que cuando en 1.789 los
revolucionarios de París iniciaron la toma
de la Bastilla, fue proclamado "Programa de Acción."
Tenía numerosos seguidores
que admiraban su ilustración y pensamiento
pero jamás se inclinó ante ellos, despreciando
pingues situaciones que se le presentaban de tener
mecenas o protectores, por eso se le ha dicho soberbio
de parte de sus detractores y filósofo con
personalidad que nunca se inclinó ante nadie,
por los historiadores.
En 1.762 dio forma a un Tratado
de Pedagogía, resumen novelado de sus ideas
sobre la educación ideal, que tituló
con el sugestivo nombre del personaje principal, el
joven Emilio, huérfano rico e inteligente,
entregado a un Preceptor para su formación.
Rousseau anunció su
obra como "llena de mis ensueños acostumbrados.
Se trata de un nuevo sistema de educación cuyo
plan ofrezco al examen de todos los sabios y no de
un métodos para los padres y las madres, en
quienes nunca he pensado..."
El "Emilio" causó
furor y llenó un gran vacío en materia
tan importante como es la formación de la juventud.
La obra se divide en cinco partes, correspondiendo
cada una a diversas etapas del crecimiento y la pedagogía
del niño y del joven que tiende a la adultez.
Su influencia en Europa y en
América fue decisiva para la formación
de los nuevos románticos del siglo XIX y surgieron
numerosísimos seguidores por doquier. En América
los más famosos fueron el Maestro Simón
Rodríguez y su discípulo Simón
Bolívar, en quien se cumplían exactamente
las características impuestas por Rousseau,
de ser un joven huérfano, rico, inteligente
y entregado a su maestro para que lo adoctrine.
La obra comienza por la primera
etapa que va del nacimiento hasta los dos años.
Siendo el niño perfecto por ser obra de Dios,
tiende a degenerar en las manos de los hombres. Rousseau
aconseja los ejercicios físicos e higiénicos
que le debe proporcionar la madre. Hay consideraciones
generales sobre los gestos, gustos, gritos y lloros.
Reclama una gimnasia natural, pide que se le haga
caminar con los pies desnudos, que se acostumbre a
recibir golpes, etc.
La segunda etapa comienza con
el desarrollo de la personalidad psíquica a
los dos años y termina a los doce. El padre
debe buscar un Maestro para su hijo y nunca enviarlo
a esos establecimientos ridículos que se llaman
colegios (sic.) El niño requiere de juegos
bien escogidos, mucha libertad y sentimiento de dependencia
de las cosas. También ejercicios al aire libre,
como ya lo había observado el Filósofo
Locke, para endurecer su cuerpo y acostumbrarle a
los trabajos más diferentes, a las privaciones,
al dolor, que sepa sufrir y desprecie las conveniencias.
Que corra, que nade, que su comida sea ligera y sencilla,
que no se emplee medicinas ni se vacune a menos que
esté en peligro de muerte.
Su instrucción se hará
por medio de las observaciones, no tendrá libros
y se evitará que aprenda las fábulas
de La Fontaine. Deberá jugar con los árboles,
las plantas, los animalitos y las cosas, pues son
Instrumentos de educación. Siempre el preceptor
deberá hallar la oportunidad de darle una lección
moral al discípulo.
No tendrá rivales ni
competidores y deberá ejercer los sentidos
por ser las primeras facultades que se forman en el
niño y sin embargo son las más descuidadas,
de suerte que si se sigue todo este Plan, será
una persona robusta por los deportes e ingeniosa por
los sentidos, pues la fuerza natural y la inteligencia
crecen paralelas en libertad.
En la tercera etapa que va
de los doce a los quince años Rousseau aconseja
el estudio para que el ser robusto que ya está
formado se torne perspicaz. Pero anota que, como entre
los conocimientos existen algunos inútiles
y otros hasta dañinos, es menester saber escoger
lo mejor, es decir, lo que le sea útil.
La única guía
será la curiosidad. El talento del preceptor
conseguirá mantenérsela despierta y
hacia donde el niño se oriente deberá
el Preceptor orientar la enseñanza. Emilio
descubrirá la verdad por si mismo pues los
libros solo enseñan lo que uno ignora. Las
palabras no forman más que parlanchines. Nada
de libros, a lo sumo uno, el Robinson de Daniel de
Foe, que es la historia del hombre educado según
la naturaleza. Todos los oficios serán reinventados
por Emilio en el orden práctico.
Su programado estudio estará
compuesto en primer lugar de las Ciencias Físicas
-La Astronomía y la Geografía- a través
de viajes. De Gramática nada por demasiada
artificial. Nada de Historia pues si se ha sustraído
al Joven de la corrupción de los hombres para
qué sumergirlo en ella? A los quince años
conocerá oficios para ser un hombre práctico.
En su cuarta'"etapa: "Hemos
formado su cuerpo, sus sentidos, su juicio, falta
formar su corazón. Por eso esta es la hora
de sus sentimientos afectuosos, morales y religiosos,
pues por ventura la sensualidad no se despierta antes
de los quince años. Allí comienza la
verdadera educación.
Debe dársele la idea
sobre el bien y el mal y nociones sobre los lazos
que le unirán con los demás. Un buen
sacerdote - el Vicario saboyano por ejemplo - le conducirá
al campo y en presencia del soberbio espectáculo
de la naturaleza, expondrá la doctrina del
Deísmo. Para completar su educación
comenzará a leer las Fábulas, las Vidas
Paralelas de Plutarco, los Discursos de Démostenos
y Cicerón y así podrá Emilio
frecuentar el mundo y encontrar la compañera
que le deparará la providencia.
En la última etapa trata
Rousseau sobre la educación de Sofía,
la mujer perfecta para Emilio, quien será el
que deba instruirla pues ella solo ha sido preparada
para realizar labores de casa (costura, música,
danza) lo necesario para lograr la felicidad de su
marido “porque las mujeres cultas son sus azotes."
Con esta obra Rousseau pasó a ser el gran reformador
de la educación de su tiempo, la excelencia
de la sociedad, el prototipo del profesor público
y virtuoso que había escrito que lo principal
era el imperativo de la vuelta a la naturaleza- idea
tomada posiblemente de Montaigne - "respetar
en el niño su naturaleza y dejarla desarrollar
a sus anchas, defendiéndola contra las influencias
perniciosas de los convencionalismos sociales en una
época de exageraciones de tipo rococó,
donde todo era fingido."
De allí que la educación,
que entonces era un proceso artificial, pasó
a ser algo natural, como una expansión de las
energías más que como una mera adquisición
de conocimientos.
Con ello rebatió a los
educadores Iluministas de la Escuela de Port Royal
que creían que siendo el niño malo por
el pecado original, debía hacerse bueno con
una educación positiva. Para Rousseau el niño
es un ser bueno y hay que darle una educación
negativa que le conserve tal cual es. Que se desarrolle
por si solo era su ideal. "Nada de castigos corporales
pues los castigos le vendrán como consecuencias
de sus faltas. Conoced mejor a vuestros alumnos ya
que seguramente no los conocéis".
Bernardino de Saint Pierre,
en su "Escuela de la Patria”, esas leonas
llevadas a su plenitud para que los alumnos salieran
de la escuela llenos de sinceridad y amor a Dios y
a los hombres; por eso, a pesar del tiempo transcurrido,
el Emilio sigue vigente en su mayor parte, pues es
una obra que describe tendencias generales, proclamando
el evangelio de la vuelta a la naturaleza con una
modalidad saturada de sentimiento y porque desencadenó
un bucolismo campestre o retorno a los orígenes
que ahora nos parece bien por su espontaneidad y provecho,
en síntesis, por ser antiartificial.
Después de Saint Pierre
saldrían otros Rousseaunianos tan famosos como
los célebres Madamas de Spinay y de Staeri,
así como la prima de ésta última,
la señora Necker de Saussure, autora de la
teoría de la enseñanza progresiva. Todas
ellas más bien románticas y fíeles
exponentes del nuevo horizonte pedagógico europeo
que Rousseau ayudó a abrir en las postrimerías
del antiguo régimen; sin embargo, el Emilio,
también tuvo sus opositores y suscitó
por revolucionario vivas contradicciones. (1)
El ultramontano Arzobispo de
París le condenó por sus ideas antirreligiosas
y el Parlamento ordenó quemarlo. El Cardenal
Segismundo Gerdil, desde Italia, editó unas
Reflexiones contra la obra, basándose en el
punto de vista lockeano y oponiéndole las teorías
de Lamebranche. Por allí también salió
la novela "Adela y Teodoro" inspirada en
el Emilio, con otras reformas quizá de mayor
realismo, para obtener productos pedagógicos
mejores. Después Rousseau editó su "Nueva
Eloísa" y por cuanto las críticas
a sus obras ponían en peligro su libertad personal,
fue huésped de honor del Mariscal de Luxemburgo
en el Castillo de Montmorency y finalmente, al ser
acusado de impiedad, delito terrible para la época,
se refugió en casa de su amigo el filósofo
Hume en Inglaterra.
Se le reputaba el iniciador
de un movimiento que defendía al individualismo
a ultranza, radicalmente, de la voluntad general del
cuerpo político, por haber sostenido el valor
de la espontaneidad de la vida humana, frente a la
superioridad del Estado civil, la familia y la comunidad
política; en síntesis, por decir que
el orden jurídico impuesto mantenía
al hombre fuera de sus linderos naturales.
También es obra suya,
aunque de menor importancia, una opera llamada "El
adivino del pueblo" que influyó en el
desarrollo de la opera bufa europea y falleció
de 66 años de edad, en 1.778, sin ver la revolución
que había ayudado a forjar con sus ideas y
libros.
Su influencia, comparada con
la de Voltaire, el otro gran revolucionario de esa
época, es superior en todo sentido; pues mientras
Voltaire demolió los viejos estamentos con
sus sátiras sangrientas, Rousseau preparó
los tiempos nuevos con teorías abiertas al
futuro de la humanidad.
(1) Los románticos
adoraban a Rousseau por tratar de armonizar la razón
con el instinto, el sentimiento y la espontaneidad
en el hombre.