En 1.930 recibió la
Medalla al Mérito de Primera Clase del gobierno
ecuatoriano, se preocupó por la reorganización
de los Hospitales con un trabajo que salió
en 96 pags, y fue republicado en el Boletín
de la Sociedad Médico Quirúrgica del
Guayas. En la Revista del Vicente Rocafuerte sacó
"Intoxicación producida por la picadura
de la Holcoponera Whymperi, hormiga conocida con el
nombre vulgar de quinquina."
En 1.931 Neptalí Bonifaz
le hizo ir a Quito a atender a su hija María
que estaba gravísima. Valenzuela la salvó
de los médicos que la estaban tratando equivocadamente
y le quitó los remedios, haciéndole
tomar un sustancioso consomé que él
mismo preparó en la cocina. Por entonces cobraba
S/. 10.000 diarios a los ricos, suma elevadísima
que sin embargo le era cubierta con gusto. A Cuenca
fue llamado el 34 por su también amigo y vecino
el Dr. Rodrigo Puig-Mir y Bonín para que salvara
a su hija Anita de la tifoidea. En cambio, a los pobres,
no solamente que atendía gratuitamente sino
que a veces hasta les daba las recetas firmadas para
que las fueran a comprar sin costo alguno en la Botica
del Comercio, pagando a fines de cada mes esas cuentas.
En 1.932 fue llamado a Quito
por el encargado de la Presidencia de la República,
Dr. Alfredo Baquerizo Moreno a que salvara a su hija
Piedad que estaba gravísima. Valenzuela descubrió
la enfermedad, la hizo sacar del internado de monjas
donde estaba y con baños fríos la sanó
de tifoidea.
Ese año escribió
sobre el tratamiento médico de ciertos abdominales
por gota a gota de Murphy, con soluciones isotónicas
de sulfato de magnesio e inyecciones hipodermicas
de hemetina combinadamente y en los Anales de la Sociedad
Médico Quirúrgica del Guayas dio a la
luz los resultados que había obtenido con tan
novedoso método. El Murphy se producía
en la Botica del Comercio del Dr. Levy.
En 1.933 contradijo por periódico
al Dr. Juan Modesto Carbo Noboa que sostenía
equivocadamente que aún existía Fiebre
Amarilla en Guayaquil, cuando solo había Leptospirosis
en su forma hemorrágica y editó "La
Fiebre Amarilla no existe en Guayaquil", volviendo
sobre ese tema con "Vacunación contra
la Fiebre Amarilla" y "El criterio epidemiológico
es el más seguro en el estado actual de la
Ciencia, para declarar la existencia de la Fiebre
Amarilla urbana y prevenir las catástrofes
que falsas declaraciones pudieran acarrear" 1.938
y "Las Grandes Epidemias Intercoloniales"
1.938, demostrando que estaba al tanto de los últimos
descubrimientos científicos de salubridad e
higiene. Como de historia de la medicina ecuatoriana.
En 1.935 atacó la parasitosis
intestinal y a la tuberculosis con artículos
de prensa que llamaron poderosamente la atención
y fueron saliendo "Fechorías amibianas".
En 1.936 "Lección inaugural de Tisiología"
para la cátedra de Tisiología que dictó
en la Facultad de Medicina y que convirtió
en permanente el Maestro Valenzuela, como se le llamaba.
La tuberculosis vino a ser
un tema central, numerosas campañas por la
prensa así lo certifican. Escribía para
el grueso público con palabras comprensibles
y mucho humor y alertó al país sobre
las desastrosas consecuencias de la llamada Peste
Blanca que diezmaba los campos y las ciudades del
Litoral. También formó médicos
en dicha especialidad como los Dres. Eugenio García
Santos, Gonzalo Freire Nuñez y Euro Torres.
Acostumbraba pasar cortas vacaciones
en una casita de su propiedad en el Estero de Data.
Por la playa corría y andaba en bicicleta y
en el mar hacía gárgaras de agua salada
que según decía, era excelente para
limpiar la garganta de gérmenes.
En 1.937 y por simples nimiedades
se retó a duelo con Víctor Emilio Estrada
pero éste terminó disculpándose
caballerosamente. El 38 su hija María Luisa
viajó a Chile a fin de entrar a un Convento
de Monjas ocasionándole una grave contrariedad
y hasta llegó a desheredarla pero pronto se
le pasó y revocó tal decisión,
pues era un ser primario que olvidaba rápidamente
cualquier contrariedad para recobrar casi enseguida
su buen humor continuo.
Con sus hijas se llevaba bien
pues al regreso de Europa las había puesto
de ayudantas suyas en el consultorio, para que hicieran
los exámenes de orina detectando albúmina
o azúcar, que aplicaran los rayos ultravioletas
en caso de luxaciones leves o dolores musculares y
los Rayos X de la pantalla para examinar los pulmones.
Las tenía casi de enfermeras hasta que poco
a poco se le fueron casando.
En 1.938 concurrió al
Congreso de Tisiología de Chicago invitado
por la "National Tuberculosis Asociation"
como profesor de esa materia, presidió una
de las mesas de discusión y fue designado por
nuestro gobierno para una de las Agregadurías
de la Embajada ecuatoriana en los Estados Unidos.
En 1.939 presidió el
Congreso Germano Iberoamericano de Medicina y al declararse
la II Guerra Mundial en Septiembre de ese año
tuvo que salir con su hija Isabel que le acompañaba
- vía Suecia. Creyente, sincero, nunca permitió
que un enfermo grave viajara sin el pasaporte o con
el piloto abordo como solía repetir con mucha
gracia y si se trataba de un caso difícil comentaba
en el seno de la familia "Pidan a Dios que me
ilumine para que acierte en el diagnóstico.
El médico es sólo un instrumento en
la mano de Dios..."
Con el Dr. Pablo Arturo Suárez convenció
a los miembros del Congreso de la urgente necesidad
de fundar la Liga Ecuatoriana Antituberculosis L.E.A.
como organismo autónomo de carácter
nacional para combatir con éxito la propagación
de tan dramática peste. El 16 de Septiembre
de 1.940 logró su propósito, fue designado
primer Secretario Ejecutivo y consiguió los
fondos del país y del exterior para poner en
marcha el proyecto.
Ya se sentía mal de
salud pero no disminuía su ritmo de trabajo.
El Congreso le tributó un Voto de Aplauso por
su campaña cívica y salubrista. Por
esos días una de las Medina Ycaza se puso gravísima
con peritonitis. Valenzuela había recibido
de los Estados Unidos un frasquito de penicilina y
acordándose de ello comenzó a introducir
dicho polvo directamente en la herida, que dejó
de infectarse y se salvó la paciente, pero
el caso fue atribuido a un milagro de la Virgen.
En Diciembre del 41 viajó
a la Clínica de los Hermanos Mayo en Rochester
con sus hijas para operarse de un cáncer al
intestino delgado que le fue extirpado en gran parte.
En los años siguientes tuvo dos veces más
que someterse a iguales intervenciones y aunque sabía
lo delicada de su situación trabajaba sin descanso
y con el mismo humor, de suerte que eran muy pocas
las personas que conocían de su gravedad.
El 13 de Mayo de 1.942 falleció
en el terremoto de Guayaquil su yerno Juan Chiriboga
Manrique y quedó su hija Guadalupe viuda de
solo 23 años y con tres criaturitas. Valenzuela
los recogió con todo amor y cariño.
Entre el 42 y el 44 publicó bajo el pseudónimo
de "Indio Cara" una serie de artículos
patrióticos titulados "Pro Patria"
para levantar el ánimo apocado de la nación,
tales como “Tras la invasión peruana",
"Anarquía y Orden", "Unidos
y fuertes o esclavos y vencidos", "Así
describe la Historia". Algunos de ellos se recuerdan
y deberían ser coleccionados en un volumen.
A principios del 44 donó
un extenso terreno de su propiedad en el cerro del
Carmen donde inició la construcción
del dispensario de L.E.A. En Agosto protestó
por la prensa contra la expedición del Código
Sanitario, atacando los puntos centrales de ese Código,
relativos a la Lucha antituberculosa.
En 1.946 volvió a sentirse
mal de salud y viajó solo a los Estados Unidos
donde le diagnosticaron una metátasis al hígado.
Regresó como a los veinte días y no
contó nada a nadie, pero el médico de
allá escribió a la familia alertándola
de los síntomas. Dijo que duraría tres
años, que iría poniéndose amarillo,
etc.
Valenzuela no sabía
de esto y comenzó a hacer su vida de siempre
pero a los pocos días se sintió adolorido
y guardó cama. A un médico amigo que
le visitó dijole calmadamente "Ya no hay
más corte que hacer. Esto ha terminado"
refiriéndose a que no le quedaban intestinos.
El 8 de junio, en las primeras
horas de la tarde y tras un almuerzo normal, parece
que sintió algo y llamó a su hija María
porque le sudaba la frente. Ella empezó a ponerle
talco y entonces oyó que él decía
tres veces "Misericordia señor" y
levantando los ojos exclamó "Mamá".
María llamó a
su hermano Alfredo que también era médico,
pero cuando él llegó, había fallecido.
Tenía 67 años de edad. Su sepelio fue
con honores, banda de música y por el boulevard
no le faltó el lucido acompañamiento
de alumnos, colegas y pacientes. La ciudad sintió
que había perdido a un sabio. Mi mamá
lloró desde el balcón de nuestro departamento
al verle pasar pues era su médico.
De conversación espontánea
y aguda en la que brotaba naturalmente el chiste,
la picardía criolla, la gracia, acostumbraba
hacer reír inclusive a los más melancólicos
y por supuesto a casi todos sus pacientes.
Tuvo mentalidad clara, amor, tenacidad y perseverancia
en el desempeño de su profesión. Juicio
crítico imparcial, independiente y realista.
En las Juntas Médicas, la cátedra y
las Sesiones Científicas, talento histriónico
para convencer. Siempre fue impredecible, teatral
y hacía las delicias de quienes le escuchaban
deslumbrados de su versatilidad y sabiduría
pues apabullaba con un diluvio de novedades trascendentales,
pintorescas y hasta folklóricas. En una ocasión
que veía a un enfermo con otros médicos,
recetó un purgante doble y pidió que
le tuvieran las deposiciones en tres bacenillas, esto
sin que lo supieran sus colegas que andaban equivocadísimos
en el dictamen. Al día siguiente entregó
una bacenilla a cada colega a que aprendieran. A los
moribundos le silbaba la marcha fúnebre para
que se confesaran. En su consultorio tenía
muchas sillas de diversos estilos, pero una de ellas
era un sillón cómodo y solemne que la
clientela respetaba para que lo ocupara la persona
de mayor distinción, que invariablemente se
hacía víctima de sus chanzas; pues al
abrir la mampara la quedaba viendo y decía
!Que pase la esposa del señor Gobernador! cuando
realmente no lo era. En otra ocasión hizo entrar
a un chinito recién llegado y una señora
protestó por la preferencia. Valenzuela contestó
"Chinito está con dialea y tiene pantalón
blanco! Otro día gritó! Que pasen primero
los que maman! refiriéndose a los niñitos
de pecho. Una señora también se paró
y Valenzuela le preguntó muy serio ¿Ud.
también mama? Todos se rieron, hasta la aludida,
que se volvió dócilmente a sentar.
La esposa de un Presidente
de la República le fue a consultar unos achaques
menopáusicos al fin del período de su
esposo y él le contestó! A Ud. le pasa
lo mismo que a su marido, está al final del
período!
En ocasiones recetaba y enviaba
al paciente a hacerse unos exámenes. Cuando
éste regresaba curado y con el resultado en
la mano, casi siempre protestando por haberle hecho
gastar por gusto, Valenzuela miraba con una sonrisa
y decía "No es por gusto, es para comprobar
mi dictamen".
Recién graduado su hijo,
su señora contestaba al teléfono cuando
este sonaba en la casa y queriendo darle algunos clientes
decía; ¿casa del Dr. Valenzuela—Así
es, ¿Con quien quiere hablar, con el viejo
o con el joven? Muchos decían con el viejo
y pasaba el teléfono, otros decían con
el joven, entonces se alegraba muchísimo doña
María Luisa y llamaba a su hijo que no tenía
tanta clientela.
Valenzuela se cansó
de que lo llamaron Viejo y la próxima telefoneada
contestó él ¿Casa del Dr. Valenzuela?
Así es—¿Esta el Doctor?—
Con cual quiere hablar ¿Con el joven o con
el marido de la vieja? Doña María Luisa
se amoscó y la próxima vez que sonó
el teléfono, dijo —Con cual quiere hablar,
con el papá o con el hijo. Santo remedio, se
terminó el asunto.
Su horario era agitado. Levantábase
a escribir y a estudiar a las 4 y 30 a.m. y a las
7 estaba en el Hospital con sus enfermos y alumnos.
De tarde y casi siempre de noche atendía en
el consultorio.
Fue el primero en diagnosticar
en el país algunas enfermedades como la esporotricosis,
la fiebre ondulante, el tifus exantemático,
la amibiasis extra intestinal, la linfogranulomatosis
maligna, etc. A su muerte se editó un volumen
de "Estudios y Observaciones" en la Imprenta
de la Universidad de Guayaquil, en 126 pags.