VOLVER A LOS TOMOS
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Hospedados en el Hotel Giacometti recibieron el saludo de bienvenida del Presidente de la República, Ignacio de Veintemilla. Al siguiente día 3 de Marzo, Whymper devolvió el saludo presidencial, visitando a Su Excelencia en compañía del Ministro de Inglaterra, F. Douglas Hamilton. Recibidos en Palacio, la reunión resultó amena y cordial. El Presidente tuvo muestras de gran amabilidad. Whymper quiso corresponderle bautizando el segundo pico del Chimborazo con su nombre y éste se interesó vivamente en el asunto, teniendo Hamilton que hacer una larga explicación sobre la forma de ascender a él, para lo cual tomó descuidadamente un sombrero de copa forrado de seda, de un Coronel que se encontraba al fondo de la habitación, que se disgustó muchísimo por la confianza.

El día 4 salieron con dirección al Antisana. Primero estuvieron en el Valle de los Chillos, en varias propiedades. Luego avisaron a Rafael Rebolledo, dueño de la hacienda Antisana y de otras no menos extensas en esa zona y desde el día 6 aposentaron en su casa de hacienda.

El Antisana no es una montaña fácil de escalar por su estructura compleja. Whymper y los suyos, auxiliados por guías conocedores, empezaron la jornada. A los 15.948 pies se ataron con cuerdas para el ascenso del escarpado glaciar pero se metieron a un callejón sin aparente salida y tuvieron que deshacer el trecho recorrido, tras lo cual volvieron a la hacienda.

Esa noche sufrió de otalimia o ceguera de la nieve, por haber pasado demasiado tiempo viendo con largavista. La Otalimia es una inflamación grave a los ojos y muy dolorosa que produce ceguera pasajera. Por eso, dos días después, recién recobrado, prosiguió en sus planes, acariciando grandes esperanzas de obtener una ilimitada visión de.la inmensa región amazónica.

El 9 de Marzo volvieron al Antisana y como ya conocían el camino, la marcha fue rápica, superando una furiosa tempestad de granizo y una nevada. El día 10, tras un laberinto de quiebras y otros accidentes como una avalancha de nieve, toparon con un flanco helado casi a nivel, en que no se percibía ninguna tendencia a bajar o a subir y cuyos extremos se perdían entre la niebla, era la cumbre. Allí descansaron y comprobaron que dicho volcán no tiene cráter abierto, pero en uno dé sus costados y muy cercano al sitio donde habían estado el día anterior, existe una oquedad que despide vapores de azufre.

Durante el descenso casi perdió la vida pues súbitamente descendió por la puerta de una trampa y por poco arrastró a sus dos acompañantes que realizaron enormes esfuerzos para salvarle. De allí en adelante con los Carrel colectó algunas variedades y arribaron a la hacienda que a pesar de la altura goza del privilegio de tener pastizales y alguna vegetación herbácea, escarabajos y hasta cóndores, cuyas características principales Whymper estudió con detenimiento antes de regresar a Quito, para emprender el ascenso al Pichincha con sus dos cumbres: el Guagua y el Rucu.

El 21 de Marzo salieron por la Magdalena a Chillogallo y Lloa, El 22 arribaron a un punto medio entre ambos Pichinchas, pero sobrevino una cellisca que imposibilitó la observación, de suerte que tuvieron que despachar a los arrieros a Lloa y se asilaron en el interior de una cueva o refugio. El 23 coronaron la cima del Guagua, cresta de lava de unos 150 pies de largo, roca firme en su mayor parte, aunque salpicada de cantos sueltos y hallaron un montón de piedras puestas por alguna mano meses atrás. De vuelta recogieron diversas clases de escarabajos, observaron hermosas mariposas y vistosos colibríes.

El 27 de Marzo salieron a la llanura de Tumbaco, midieron en Guayllabamba, arribaron a la hacienda Guachalá y a la mañana siguiente al pueblo de Cayambe y planificaron una expedición para el siguiente día, 28 de ese mes, con la ayuda del Jefe Político Antonio Jarrín Espinosa, propietario mayor de la zona.

Durante el trayecto se extravió con uno de los cinco perrazos galgos que les había prestado Jarrín y tras dos días de vicisitudes arribó finalmente a una choza y los indígenas le llevaron de regreso al poblado.

El 1 de Abril de 1.880 reinició el ascenso al Cayambe. Primero instalaron el campamento a 14.762 pies Por la noche sintieron a varios pumas merodeando el lugar. En los días sucesivos midieron y esperaron mejor tiempo. Recién el 4 escalaron la cima de la punta Jarrín y admiraron los tres hermosos picos de la montaña, siendo el mayor el Central a 19.186 pies. Los habitantes de Cayambe pudieron verles en las alturas por algunos minutos que el cielo se despejó. La excursión culminó exitosamente y sin una sola falta porque no hubo que desandar en ningún momento. El 6 volvieron al sitio de Punta Jarrín para nuevas mediciones.

De regreso pasaron por el sitio La Dormida no muy lejos del lugar por donde había atravesado en 1.542 Gonzalo Pizarro para ir al País de la Canela y como Whymper se encontraba afiebrado, mandó a varios hombres de su expedición a buscar el mejor camino para localizar el Sara-Urco, montaña que también quería escalar.

El día 11 iniciaron nuevamente la marcha por una extensión cenagosa sobre la que crecían gramíneas canosas y llegaron al Corredor de Machay. La lluvia pertinaz, niebla muy densa y el frío que se agudizaba por las noches, les maltrataba. El 14 hallaron a cinco hombres que les estaban buscando en la creencia de que se habían extraviado y perdido. El 16 dejó finalmente de llover, salió el sol, subió la temperatura y pudieron observar el Sara-Urcu en todo su esplendor. Al día siguiente empezaron la subida por un gran glacial que fueron marcando con juncos para proveer las zonas de peligro al regreso. Caminaban por aristas tan agudas como las cimas de un tejado y a las once de la mañana coronaron la cresta con cielo despejado y azul, vientos y temperaturas inconstantes. Esa noche tuvieron que dormir en la estación superior y recién el 18 llegaron a La Dormida, tras una agotadora experiencia.

El día 21 de Abril salieron otra vez hacia el norte. Whymper iba con los primos Carrel, Verity, el guía Cevallos y Pering. El 22 arribó la caravana a Cotacachi y empezaron el ascenso por una ruta cuyos bordes estaban cargados de helechos, faldeando la base de la montaña que es totalmente quebrada. Tras el Iltaqui llegaron a un pequeño valle y fueron sorprendidos por una furiosa tempestad, tan cerrada, que no podían verse unos con otros.

Los naturales abandonaron sus cargas y huyeron. Comenzó la nieve y el viento, de suerte que a duras penas pudieron armas sus carpas para guarecerse. A la mañana siguiente era tal la cantidad de nieve caída en la noche que calcularon unos seis pies, pero aún así continuaron el ascenso y al mediodía del 24 conquistaron la cumbre a 16.301 pies encontrando que el pico era de lava rajada por el frío y en extremo enhiesto hacia el fin, pero con poca nieve.

Durante el mes de Mayo permaneció en Quito restableciéndose de una molestia estomacal. En Junio viajó a las pirámides de Caraburo y Oyambaro reedificadas por orden del Presidente Rocafuerte en 1.837. Ese mes realizó una prueba científica en Machachi para determinar si la disminución de la presión atmosférica debilitaba la energía corporal y ningún método le pareció mejor que la comparación de la celeridad natural y habitual del andar bajo diferentes presiones. El día 12 de ese mes partió hacia Latacunga, Ambato y Riobamba para escalar el Altar. Luego estuvo con sus amigos en Penipe, en la hacienda Candelaria y en el valle de Collanes donde sufrieron la inclemencia del tiempo, con cuatro días de continuas lluvias, hasta que acamparon casi bajo el picacho más elevado.

El día 19 sopló un fuerte viento glacial y permaneció nublada la montaña. El 20 combatieron un fuego prendido por Luis Carrel cerca del campamento y que avanzaba peligrosamente y como el tiempo no mejoraba regresaron a Penipe, desde donde tomaron hacia la depresión existente entre el Carihuayrazo y el Chimborazo para medir la carretera de Quito, pero tuvieron un encontrón con los empleados de un señor Chiriboga, dueño de la venta de Chuquipogio, quienes quisieron asaltarles.

En los días siguientes, en compañía de un perro amistoso que les había seguido desde Penipe y al que bautizaron como Pedro, escalaron un picacho a 16.519 pies y localizaron una gran cantidad de musgo Grimmia Apocarpa, igual al hallado en el ascenso al Chimborazo y cuando se abrieron las nubes, ya en el campamento, pudieron percatarse que habían dominado el picacho occidental, algo menor al oriental. En eso les comenzó a atormentar la ceguera de las nieves y tuvo que preparar buena cantidad de sulfato de zinc, porque los dos guías nacionales y el perro también estaban terriblemente adoloridos. Dos días después, libres de tan molestosa dolencia, bajaron con los ojos vendados y lentes ahumados.

El día 3 de Julio intentaron por segunda ocasión la ascensión del Chimborazo y al llegar a cierta altura observaron con sorpresa que erupcionaba el Cotopaxi. Una columna negra como de tinta subía derecho en el aire a una velocidad tan prodigiosa, que en menos de un minuto se había levantado más de 20.000 pies sobre el borde del cráter. A los 40.000 encontró una poderosa corriente de viento que soplaba con dirección oeste y tomó hacia el Pacífico.

Tras esa rara experiencia los expedicionarios siguieron el ascenso, debidamente amarrados con sogas, por riscos escarpados y al llegar a la cabecera del glaciar vieron un bellísimo e inmenso panorama, cortado de pronto por las nubes negras del Cotopaxi que al pasar por entre la montaña y el sol producían increíbles efectos. Los cambios de matiz tenían evidente conexión con las diversas densidades de las nubes. El espectáculo duró pocos minutos pero fue algo inolvidable. Entonces comenzó a soplar el viento y un frío polar heló los huesos haciéndose la oscuridad casi completa. Los expedicionarios tuvieron que bajar por Totorillas y tras reunir el día 5 algunas colecciones, regresaron a Chuquipogio, Guamote y Galte y por Alausí atravesaron el valle del río Chimbo, pasaron a la costa, tomaron el ferrocarril a Yaguachi y una embarcación a Guayaquil.

En el puerto principal se despidieron los primos Carriel que por barco viajaron a Panamá y a Italia. Whymper permaneció algunos días más hospedados en la pensión 9 de Octubre, llena de incomodidades y animalejos, hasta concluir sus clasificaciones y en espera de una nave que le condujera a Inglaterra.

Había recogido ejemplares de veinte órdenes botánicos a 15.000 y más pies de altura sobre el nivel del mar y doce de ellas tocaban o pasaban los 16.000 pies, quince géneros de Líquenes, cincuenta y ocho de Fanerógamas casi todas provenientes de las zonas del Antisana y del Chimborazo, en especial del segundo, anotado que en la Flora de altura predominaba el color amarillo. Las especies zoológicas no fueron tampoco del todo inferiores.

De vuelta a Europa y dedicado a darle vida a sus notas de Viaje, considerado y tenido como uno de los ascensoristas mayores del mundo, vivió en su ciudad natal, aunque cada verano escalaba los Alpes.

Entre 1.900 y 1.903 visitó las montañas Rocosas de los Estados Unidos en compañía de seis experimentados guías pero sin intentar ascensiones, por expresa invitación de la "Canadian Pacifíc Railway".

El 25 de Abril de 1.906 con casi sesenta años de edad contrajo matrimonio con Edith Marie Lewin de solo veinte y tuvieron una hija Ethel "que heredó las dotes de su padre, actualizando periódicamente las Guías Alpinas de su autoría".

En 1.910 se enteró de los intentos de ascensión a los altos picos de los Himalayas que superaron sus hazañas. El carácter se le había agriado considerablemente por efecto de una neurosis senil prematura, al punto que su esposa e hija vivían separadas de él.

En Agosto del 11 emprendió su anual recorrido a los Alpes. El 30 de Septiembre sufrió en la localidad de Chamonix un síncope y encerrado en su cuarto rehusó toda ayuda, tras lo cual falleció el día 16 de 71 años, "consagrado como uno de los más grandes andinistas y alpinistas de todos los tiempos y forjador de las imágenes y relatos más bellos que se conoce de las altas cumbres del Ecuador..."

Alto, musculado, de rostro endurecido por el carácter y el sol, sus rasgos regulares le daban una severa prestancia juvenil. Ojos azules, pelo rubio que luego encanecería. Fue el prototipo del anglosajón del siglo XIX. En 1.921 su libro fue traducido al español por el Profesor C.O. Bahamonde y el 93 se publicó completo, con el título de "Viajes a través de los majestuosos Andes del Ecuador" con notas explicativas, en 448 pags. y numerosos grabados.

Sus colecciones reposan en el British Museum de Londres y han sido estudiadas por W. Carnthers y otros sabios europeos y norteamericanos.

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