Entre tanto en 1.916, el Presidente
Leonidas Plaza había instruido a Aguirre Aparicio
para que propusiera un Tratado de Límite al
Perú bajo las mismas condiciones expuestas
por el Ministro peruano en Quito Dr. Mariano H. Cornejo
a nuestro Canciller Miguel Valverde, o sea que quedaban
a favor del Perú Jaen y Tumbez y a favor del
Ecuador Quijos y Mainas, excepto Iquitos. Así
lo hizo Aguirre Aparicio pero los peruanos sacaron
muy elegantemente el cuerpo manifestando que tal propuesta
no constaba en los archivos de esa cancillería
y otra vez quedó el asunto territorial sin
solución.
En 1.919, con toda justicia
fue designado Canciller en reemplazo de Carlos M.
Tobar y Borgoño, Ministro Plenipotenciario
en Lima fue designado José Peralta. Entonces
ocurrieron nuevas incursiones peruanas y Peralta iba
a presentar la correspondiente Nota de Protesta cuando
cayó el gobierno del Presidente Pardo y nuevamente
ascendió al poder Augusto B. Leguía,
que designó canciller al Dr. Melitón
Porras. Reanudadas las conversaciones, volvieron a
suspenderse a causa de las complicaciones internacionales
surgidas entre Perú y Bolivia. Finalmente,
en Abril, el Perú presentó un Memorandum
“con la línea de concesión máxima
que estaría dispuesto a hacer al Ecuador para
reducir de común acuerdo la zona que debería
someterse a la decisión del árbitro”.
Peralta lo transmitió a Quito con su opinión
desfavorable pues, hallándose reconocida la
línea Túmbez Marañon como línea
divisoria nada teníamos que someter al fallo
de un Tribunal “de suerte que era su opinión
que al avance se debería responder con el avance”.
Consultado el asunto con el
Presidente Alfredo Baquerizo Moreno y los miembros
de la Junta se acordó que, como la sugerencia
de Peralta equivalía a reabrir la antigua disensión
de títulos, era poco práctica y mejor
sería insistir en la Línea de Menéndez
Pidal u otra que no difiriere mucho de ella. Al mismo
tiempo Aguirre Aparicio manifestó al Ministro
peruano en Quito, Ernesto de Tezanos Pinto, que debía
su gobierno modificar la Línea.
Peralta era un exaltado patriota
y tomó a mal esta resolución del gobierno,
de manera que renunció violentamente su cargo
y pasó a Guayaquil, formuló sus primeras
declaraciones en “El Nacional” y alborotó
al país. Aguirre Aparicio le salió al
paso en “El Telégrafo” y Peralta
contraatacó con el folleto Cuenta Rendida –
“Compte Rendum”, y Aguirre Aparicio se
defendió con un Memorandum secreto para el
Congreso, que lo recibió en pleno cuando se
presentó a desvanecer cargos – casi de
traición a la Patria– Habló tres
horas sin auxilio de papelitos o documentos: era un
erudito conocedor de todo el proceso limítrofe,
pues lo había vivido de cerca. Explicado el
asunto a satisfacción, el Congreso resolvió
“aprobar su conducta en la dirección
de las cuestiones pendientes con la República
del Perú”.
Peralta apeló ante el
pueblo como Supremo Juez en materia de patriotismo
el 31 de Agosto y en un artículo de “El
Comercio” del 8 de Septiembre que tuvo resonancias
nacionales, dejó al descubierto la política
exterior ecuatoriana, ofreció hacer públicos
los documentos cursados con la Cancillería
y aunque Aguirre Aparicio había cesado en funciones,
el Congreso le respaldó en Acuerdo del 2 de
dicho mes, y con otro Acuerdo que prohibió
la publicación de documentos pues ello sería
considerado como traición a la Patria. Finalmente
Peralta protestó en “Para la Historia”,
mientras Aguirre Aparicio debilitado con la polémica
permaneció sirviendo en la Cancillería
en Quito hasta Febrero de 1.923, que fue enviado de
Ministro Plenipotenciario a Colombia, para averiguar
cuales eran los arreglos secretos entre los Cancilleres
Alberto Salomón y Favio Lozano, del Perú
y Colombia respectivamente, en relación a la
cuestión limítrofe de ambos países.
En Bogotá permaneció
un año hasta 1.924, tiempo en el cual se produjo
el escándalo internacional al conocerse el
Tratado Salomón – Lozano que lesionó
seriamente el prestigio de Colombia ante la conciencia
del mundo americano. En 1.924, durante el Gobierno
del Dr. Gonzalo S. Córdova, fue transferido
con iguales funciones a Lima, para sostener el Protocolo
Ponce – Castro Oyanguren suscrito entre N. Clemente
Ponce y Enrique Castro Oyanguren, Canciller ecuatoriano
y Plenipotenciario peruano en Quito, respectivamente,
que trasladaba las discusiones territoriales a Washington.
Al estallar la revolución
juliana en 1.925 seguía en Lima pero el gobierno
peruano se negó a reconocer a la Junta Militar
instaurada en Quito; sin embargo esta creyó
necesario mantenerlo a fin de no perder el contacto
con la realidad peruana y para que gestionare el reconocimiento.
Su posición era difícil. El Presidente
Leguía le otorgó una Condecoración.
En 1.926 conferenció
con Leguía para que el Perú aplace la
ratificación del tratado secreto Salomón
– Lozano, hasta que se diere un entendimiento
limítrofe con el Ecuador. Ese año presidió
la Misión ecuatoriana al Congreso Internacional
celebrado en Panamá con motivo del centenario
del Congreso Anfictiónico de Bolívar.
El 27 Peralta le acusó de “representar”
a un gobierno que no había sido reconocido
por el Perú y por golpear las puertas del Palacio
de Pizarro a pesar de habérsele negado la entrada,
pero le defendió Pio Jaramillo Alvarado: “Y
cuando, por casualidad surge un diplomático
auténtico de valor indiscutible, como Don Augusto
Aguirre Aparicio nos estrellamos contra él,
pretendemos descalificarlo y exigirle que él
solito nos entregue recuperado el territorio amazónico
que día a día perdemos por otras causas
y no por culpabilidad del más saliente de nuestros
diplomáticos… Séanos permitido
expresar con la más amplia convicción
que es una verdadera lástima que no podamos
desdoblar en una personalidad triple la muy respetable
del señor Aguirre Aparicio para que quede en
Lima, venga a ocupar la Cancillería y vaya
a Washington a fin de que con la misma alta mentalidad
y conocimiento profundo de la cuestión y dentro
de un plan diplomático efectivo como el señor
Aguirre lo tiene concebido, concluyamos de una vez
para siempre, en arreglo directo, nuestra cuestión
de límites con el Perú”.
Peralta se dirigió al
Canciller Homero Viteri Lafronte, quien convocó
a una rueda de prensa a las autoridades internacionalistas,
periodistas, estudiantes, etc., a fin de explicarles
la política internacional, con lo cual concluyó
esta nueva intervención suya.
En Enero de 1.928 se reanudaron
las negociaciones en Lima a base de reformar el Protocolo
Ponce – Castro Oyanguren, dándose un
plazo máximo de diez meses para que entraran
en funciones las delegaciones que debían acreditarse
en Washington. Isidro Ayora convocó a una Asamblea
Nacional Constituyente para superar su gobierno de
facto y el Presidente Leguía sin esperar su
instalación, acreditó la Delegación
peruana en Washington, frente a lo cual el Ecuador
designó a Aguirre Aparicio Ministro Plenipotenciario
en Lima y a Gonzalo Zaldumbide en Washington. Todo
parecía indicar que finalmente se llegaría
a un arreglo definitivo de la cuestión limítrofe.
En Diciembre siguiente se reunieron
en Guayaquil el Presidente Ayora, el Canciller Viteri
Lafronte, el Presidente de la Comisión Limítrofe
del Congreso Remigio Crespo Toral y el Ministro Plenipotenciario
en Lima Aguirre Aparicio, llamado para el efecto,
resolviendo reiniciar inmediatamente las negociaciones.
En 1.929, de regreso de Europa,
Zaldumbide pasó a Lima no oficialmente, aunque
ya estaba designado Canciller. En Diciembre, Aguirre
Aparicio exhortó a la Cancillería peruana
a finiquitar rápidamente un arreglo. En Agosto
de 1.930 el Tte. Cor. Luis M. Sánchez Cerro
derrocó a Leguía y se perdió
la opción, tras lo cual los numerosos enemigos
del depuesto Presidente le acusaron de haber cedido
a Colombia las regiones del Alto Putumayo que permitía
el control del Río Amazonas, asunto que llevó
a dichos países a un enfrentamiento en 1.932
cuando las tropas peruanas asaltaron la población
de Leticia. Entonces el canciller Catón Cárdenas
declaró la neutralidad del Ecuador y se reorganizó
la Junta Consultiva que sesionó el 28 de Octubre
y varios de sus miembros pidieron la jubilación
de Aguirre Aparicio por límite de edad, pero
fue ardorosamente defendido por el Arzobispo Manuel
Maria Polit Lazo, que a la salida sufrió un
enfriamiento y un infarto que terminó con su
vida en pocos minutos.
Convertido en personalidad
polémica desde su enfrentamiento en 1.922 con
Peralta, tenía numerosos detractores que le
atacaban con saña. Entre tanto el conflicto
Colombo – peruano había tomado otro sesgo
pues Francis White, Subsecretario de los Estados Unidos,
acordó con el Embajador brasilero en Washington,
Reinaldo de Lima e Silva, la mediación, para
lo cual era preciso consultar a los restantes estados
amazónicos. Nuestra Cancillería creyó
del caso que el Ecuador debía ser considerado
y Aguirre Aparicio habló en Lima al respecto
con el Dr. J. M. Manzanilla, Canciller del Perú;
mas, Colombia se adelantó a la Mediación
y solicitó la intervención de la Sociedad
de las Naciones que ordenó al Perú no
estorbar a Colombia en el ejercicio de su Soberanía
y Jurisdicción sobre el territorio reconocido
en el Tratado Salomón – Lozano, lo que
constituyó un triunfo moral para la causa colombiana.
En seguida se continuó
con la mediación brasilera y Aguirre volvió
a tratar en Lima sobre la asistencia ecuatoriana a
las sesiones a realizarse en Río de Janeiro.
Manzanilla, temeroso de la opinión pública
de su Patria, dio marcha atrás y manifestó
que solo aceptaba la concurrencia ecuatoriana en calidad
de País observador, lo que al saberse en Quito
causó muy mala impresión, desmoronándose
la confianza puesta sobre Aguirre Aparicio.
Poco después ocurrió
el combate de Tarapacá y el Perú abandonó
dicho puesto fronterizo que fue ocupado por Colombia.
El Ecuador no era signatario del pacto de la Sociedad
de las Naciones y no podía hacer oír
su voz en dicho organismo, por eso la Cancillería
creyó oportuno acreditar nuevas legaciones
diplomáticas en Sudamérica. Aguirre
Aparicio fue trasladado como Plenipotenciario a la
Argentina y el Uruguay con sede en Buenos Aires, y
Homero Viteri Lafronte pasó a reemplazarle
en Lima. Gobernaba en Ecuador Juan de Dios Martínez
Mera.
Su permanencia en Perú
a través de dos periodos comprendidos entre
1.902 al 16 y entre 1.923 al 33, daba un total de
24 años, lo cual revela de una manera exacta
su valía personal y su casi siempre exitoso
desempeño.
El 18 de Marzo de 1.933 la
Sociedad de las Naciones terminó dándole
la razón a Colombia y como el Perú no
acató el dictamen fue puesto en rebeldía,
recomendándose a los estados signatarios del
Pacto el embargo de las armas destinadas al Perú,
Colombia, por su parte, reanudó las operaciones
militares a lo largo del Alto Putumayo y tomó
Guepi.
Los conservadores colombianos no estaban de acuerdo
con la presencia colombiana en la Sociedad de las
Naciones y pedían a gritos la guerra. El Presidente
ecuatoriano Juan de Dios Martínez Mera convocó
a una reunión de Notables y los elementos conservadores
se mostraron a favor de la tesis de que nuestra Patria
declarara la guerra al Perú en solidaridad
con Colombia. A poco fue asesinado el dictador peruano
Sánchez Cerro y el Congreso ecuatoriano declaró
una cerrada oposición a Martínez Mera,
que se deslindó del Conflicto para defender
su ejercicio presidencial en peligro.
En Diciembre Aguirre Aparicio
fue designado delegado del Ecuador a la VII Conferencia
Panamericana celebrada en Montevideo, con los Drs.
Antonio Parra Velasco y Humberto Albornoz. En Noviembre
había partido en Misión Especial a Lima
el Dr. Pablo Mariano Borja para actuar bajo las órdenes
del canciller Viteri Lafronte con la Asesoría
de Aguirre Aparicio frente al canciller peruano Dr.
Solon Polo. Aguirre Aparicio arribó de Montevideo
a fines de Marzo con su hermana Carmen de Buddle y
su sobrina Maria Elena Aguirre. Las Conferencias se
iniciaron el 13 de Abril de 1.934, pero se suspendieron
el 24 de Mayo siguiente, fecha en que el Perú
y Colombia firmaron la paz en Río de Janeiro,
quedando Leticia en poder de Colombia por diez años,
mientras que en Ecuador salía electo Presidente
el Dr. José María Velasco Ibarra, que
inició una gira por Colombia y Perú
y luego por Chile, Bolivia y Argentina. Aguirre Aparicio
había regresado a su sede en Buenos Aires y
no volvería a intervenir en Lima.
En 1.935, jubilado por límite
de edad, se retiró del servicio y fue a pasar
sus últimos años en Lima, donde tenía
numerosas relaciones. Estaba en relativa pobreza pero
le querían bien. Su figura ampliamente conocida
en los café literarios y en los mejores restaurantes
capitalinos, era apreciado.
Soltero, vivía en compañía
de sus hermanas Carmen y Ana Luisa, viuda la primera
y soltera la segunda y de su sobrina Maria Elena,
muy guapa, hija de su hermano Ricardo, a quien había
pedido para terminar de educar, que con el tiempo
caso en Lima con uno de los Barreda Olavegoya, con
extensa sucesión.
Falleció en Lima el
23 de Mayo de 1.945, de 75 años de edad, a
causa de una dolencia cardiaca y como Consejero Ad-honorem
de nuestra legación en el Perú, donde
tenía fijada su residencia.