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JORGE AGUSTÍN KAISER.
MISIONERO.-Nació el 13 de Febrero de 1.867 en Rhaling, pueblecito de la Lorena francesa, en una modesta casa de agricultores y durante una misión que predicaban por esos mismos días los Padres Redentoristas. Orden fundada por San Alfonso Maria de Ligorio.

En 1.870 la familia sufrió los avatares propios de la guerra Franco- Prusiana y el 74 se cambió al vecino pueblito de Pont a Momron, donde creció el pequeño Jorge en piedad y temor de Dios, al punto que un sacerdote vecino le preguntó en cierta ocasión cuales eran sus inclinaciones:-Señor, contestó ingenuamente el muchacho, por viajar me gustaría ser marinero; sin embargo me place más ir a las Misiones de Infieles en Africa o China.... Y cuando el 3 de Octubre de 1.879 entró naturalmente al Convento de los Misioneros Redentoristas de Saint Nicolás du Pont, tras estudiar libros de aventuras, viajes y misiones, a nadie extrañó tal resolución. Las últimas palabras que oyó de sus padres fueron: "No vuelvas, porque lejos de Dios nunca vivirás contento..."

Siguió estudios de Humanidades en Contamines Sur Arve que concluyó en Uvrier en la Suiza francesa, pues en su Patria donde la mayor parte de la población es de religión Luterana, no existía un buen ambiente para los católicos.

El 8 de Septiembre de 1.885 tomó los hábitos en Stratum, Holanda, realizó el Noviciado bajo la dirección del Padre P. Zephirim y por las noches se aficionó a leer las vidas de los santos, cuyos detalles refería a la mañana siguiente a sus compañeros. Desde entonces le quedó ese gusto por las hagiografías y la facilidad de matizar conversaciones y platicas con oportunas citas biográficas.

Un año después emitió sus votos y comenzó el estudio de la Filosofía y Teología, llegando a tomar tal admiración por las obras de San Agustín que se especializó en dicho autor y hasta asumió como segundo nombre el de Agustín. Una mañana amaneció todo contrahecho y al serle preguntada la causa respondió que había dormido en el suelo y "heme ahora con mis huesos fuera de puesto".

El 4 de Octubre de 1.891 recibió la ordenación sacerdotal en el Convento de Dougen, Holanda, de manos de un Obispo amigo de los Redentoristas, y aplicado al estudio de idioma español al año siguiente fue enviado a la Casa que dicha Orden había fundado en Riobamba donde solo estuvo pocos meses pues le destinaron finalmente a la de Cuenca.. En el austro comenzó de inmediato su misión: hablar al pueblo sobre las cosas de Dios... Y lo hacia con soltura y gracia, pues sabia convencer a la gente con parábolas muy del gusto de entonces, sencillamente, como era del caso en tratándose de campesinos sin ninguna instrucción, por eso llegó a decir que hasta faltaba a las leyes de la Gramática para que le pudieren entender los humildes. A la par mantenía unas lucidas clases de Filosofía y era director de conciencias y predicador de los seminaristas pues sabía sonreír y ganaba múltiples corazones. Durante la primera guerra Mundial redactó un folleto de polémica honrada demostrando la justicia de la causa francesa. Acostumbraba recorrer los conventos y seminarios para dar voces de aliento y alegría. Tampoco faltaba a sus célebres Ejercicios Espirituales que tanto conmovía a los oyentes y a fines de los años 20 colaboró en la "Revista Católica" editada por la diócesis, que tenia gran número de lectores y hasta despertaba vocaciones sacerdotales.

En 1.921 durante los disturbios indígenas del Azuay se presentó al caudillo de los alzados y todo volvió a la tranquilidad; a su paso por las calles los indígenas volvían sus rostros. Kaiser les llamaba por sus nombres y manifestaba saber sus últimos asuntos de familia pues había aprendido el quichua. En sociedad actuaba como confesor de las matronas cuencanas y confidente espiritual y de intimidad de los caballeros, en época en que los Curas figuraban en todo asunto de importancia y poder.

Durante los ejercicios espirituales de 1.927 las palabras estremecidas que pronunció por la pobreza y abandono de los sacerdotes ancianos y desvalidos, hizo que los concurrentes se reunieran para fundar la "Unión de Sacerdotes", cuya finalidad era el mutuo apoyo entre sus miembros y mas aún a la hora de la muerte. En julio pronunció un Panegírico en las Fiestas de beatificación de Beatriz de Silva, fundadora de las religiosas enclaustradas de la Inmaculada Concepción.

En mayo de 1.928 concurrió al Congreso Mariano de Cuenca y leyó un extenso trabajo de teología mariana. El 23 de Septiembre de 1929 escribió a un sacerdote de su Orden en Colombia "Después de la fiesta de San Miguel principiaré mi retiro. Enseguida saldré a misiones en los alrededores de Cuenca y regresaré el 20 de Diciembre. El trabajo no falta; mas, lo importante es hacerlo bien a ejemplo del Divino maestro.

El 1 de Diciembre partió con los padres Vailland y Roberto M, Valencia, Cura de San Juan del Valle, y después de haber predicado en Malnay, Gualalcay y Gapal, pasaron a la parroquia del valle. El 29 de Diciembre trabajaron normalmente y por la tarde escribió varias cartas, la última que alcanzó a hacer fue para su amigo personal el Obispo de Cuenca, José Guillermo Harris, a quien apreciaba mucho.

A las 5 fue llamada la merienda que transcurría sin problemas cuando de súbito se puso de pie y dijo que se sentía mal, se llevó las manos a la cabeza y cayó fulminado, con un terrible dolor. Sobrevivió muy pocos instantes, apenas para que lo auxiliaran espiritualmente. Preparaba para el décimo quinto centenario de la muerte de San Agustín un estudio muy profundo de su doctrina...

Sus amigos los indios no quisieron entregar el cadáver a la ciudad de Cuenca y costó muchos ruegos convencerlos. Se pusieron en camino y llegaron por la avenida izquierda del río Matadero hasta el sitio Ingachaca, donde hubo un forcejeo que finalmente se arregló buenamente. Desde allí tomaron el ataúd los caballeros de la Acción Católica y en el atrio de la Iglesia de San Alfonso habló su amigo el Presbítero Miguel Cordero Crespo. Las exequias fueron al día siguiente con solemnísima capilla ardiente y gran concurrencia pues su influencia sobre el pueblo había sido grande y todos le querían y respetaban.

De cabeza blanca y andar ligero, mentor de teólogos y orador de primer orden, anciano venerable de mirada dulce y profunda que visitó como pocos los campos comarcanos, tuvo erudición clásica y medieval pero desconocía totalmente a los autores modernos dada sus limitaciones en la recoleta ciudad que le vio vivir sus últimos cuarenta años, por eso era un maestro venerable aunque de ideas anacrónicas y su pensamiento, estancado en un pasado remoto, no significaba ninguna novedad, solo erudición canónica y mucho corazón.