VOLVER A LOS TOMOS
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El 28 volvió a tratar sobre los inicios del periodismo azuayo y el Padre Solano, comenzó a enseñar paleografía en el convento dominicano y entre sus alumnos sobresalieron José Rumazo González y Jorge Garcés. El 29 comentó la obra del Dr. Alfonso María Mora, Profesor de Derecho Romano e Historia de la Universidad de Cuenca, sobre el Derecho de Propiedad y el Socialismo.

En 1.929 publicó el folleto "El Derecho de Propiedad" en 22 págs. comentando ciertas actuaciones de la Asamblea Nacional Constituyente reunida en Quito, donde por primera ocasión se expusieron las doctrinas socialistas. Hizo un recuento histórico, atacó el modelo propuesto del Estado socialista, recordó las confiscaciones de bienes efectuadas a las comunidades eclesiásticas calificándolas de atropellos al derecho de propiedad y terminó reclamando su revocatoria o en caso contrario la debida compensación.

Entre 1.931 y el 32 publicó en la Revista del Centro de Estudios Históricos y Geográficos del Azuay unas observaciones conteniendo seis notas extensas, con reparos a confusiones o errores de fechas en que había incurrido el Arzobispo Federico González Suárez en su Historia General de la República del Ecuador. El 32 polemizó allí mismo con el historiador peruano Julio R. Senisse, quien había aseverado que Atahualpa era cuzqueño en el periódico "El Heraldo" de Piura ya comenzó a enviar colaboraciones a los Boletines del Centro de Investigaciones Históricas de Guayaquil sobre aspectos del pasado religioso y misional; también absolvía consultas diferentes.

El 34, con motivo del IV Centenario de la fundación de Quito, publicó una "Síntesis Paleografía Histórica" en 282 págs. y analizó en 176 capítulos las fundaciones de la ciudad de Santiago de Quito y de la Villa de San Francisco de Quito, con anotaciones de fuentes, pero no llegó a desenredar la difícil sucesión de los diferentes traslados y repoblaciones de la Ciudad de Santiago de Quito a la costa, hasta conformar Guayaquil. Ese mismo año realizó algunas anotaciones a la transcripción paleográfica del Libro Primero de Cabildo de San Francisco de Quito efectuada por el joven José Rumazo González. Julio Tobar Donoso en su obra "La iglesia ecuatoriana en el siglo XIX" le señaló como uno de los más calificados investigadores conque se honraba en país. “También fue de ese año un pequeño ensayo sobre San Alberto el Grande y sus escritos”.

En 1.935 colaboró con José Roberto Páez en la publicación de el "Libro de Cabildos de la ciudad de Quito 1.535-1.536" con 512 anotaciones marginales de gran valor histórico. El prologuista de la obra manifestó que el Padre Jerves estaba llamado a publicar los valiosísimos documentos reunidos en Sevilla por el Padre Vacas Galindo, Cedulario que se conserva en el convento dominicano de Quito.

En 1.936 dio a la luz pública la "Vida del Beato Juan Macías, Hermano Converso de la Orden de Predicadores", una microbiografía del " Dr. Miguel Cordero Dávila" y una obra de mayor extensión, también biográfica, titulada "Un Apóstol del Amazonas o el muy Reverendo Padre Predicador General Fray Reginaldo María Van Schoote, de la Orden de los Predicadores" 1.858- 1.936, en 33 págs, sacerdote natural de Bélgica, que pasó veinte años en las Misiones orientales de Canelos, Macas, etc. donde fundó varios pueblos.

En 1.939 sacó unos "Orígenes históricos del oriente ecuatoriano" y los Apuntes paleográficos- históricos sobre Don Lorenzo de Cepeda, conquistador y hermano de Santa Teresa de Jesús, también editó una Síntesis histórica de la vida de Tadeo Kosciuszco llamado el Salvador de Polonia, así como una Necrología de su amigo personal el poeta y publicista ambateño Juan Abel Echeverría.

En 1.940 editó una pequeña Necrología del Padre Manuel Janvier, orador sagrado dominicano de nacionalidad francesa; comenzó un Ensayo sobre los orígenes históricos del Convento de Nuestra Señora de la Peña de Francia de la Orden de Santo Domingo de Ibarra que terminó dos años después y la Necrología del M. Rdo. Padre Fray José María Caicedo Albornoz, talentoso bibliófilo, fundador del convento dominicano de Cuenca y rector del Colegio de Santo Tomás de Aquino de Lima.

Ese mismo año escribió sobre el célebre Diario del viaje de Francisco de Orellana siguiendo la relación del Padre Carvajal con ampliaciones y notas que lo complementan y dan mayor interés. Su lectura inspiró a Leopoldo Benítez Vinueza la novela "Los Argonautas de la Selva", que tanta difusión alcanzó.

En febrero de 1.941 pronunció una Conferencia patriótica en el teatro Sucre, invitado por el Comité Orientalista Nacional. Trató del oriente y las Misiones, "el bolchevismo" y el pleito limítrofe con el Perú, con una tónica anacrónica pues jamás pudo superar los efectos de la gravísima crisis provocada por la transformación política de 1.895 en la Orden Dominicana. Posteriormente la publicó en 39 págs.

Llevaba un método de vida estrictamente ascético, de sobriedad y vigilancias, de retiro y silencio, de trabajo y abstracción; por eso le consideraban casi un santo cuando en realidad era un tímido que vivía refundido entre las centenarias bóvedas de su Convento. “Su propósito de ser irremediablemente parco en el comer y el beber le ha llevado hasta la indiferencia y aún contrariedad en sentir la necesidad física de comida o bebida: su determinación de no aficionarse a bien caduco alguno le ha conducido a un total desprendimiento y a un rechazo de las cosas humanas, su resolución de rehuir distinciones honoríficas le ha retraído de todo trato simplemente social y hecho en cambio gustar del silencio y del retiro. Por eso solo se dedicaba al magisterio del estudiantado dominicano, a la investigación documental, a la predicación elevada y casi siempre doctrinal”. Era tan exigente en eso de la soledad, que jamás permitió que nadie entrara a su celda, ni nunca realizó visita a familiar alguno.

En 1.945 editó dos pequeños trabajos. El uno sobre las Misiones y misioneros del Oriente ecuatoriano y el otro Un estudio jurídico- histórico acerca del Padre Victoria. Gozaba de excelente salud y jamás había tenido necesidad de consultar a un médico ni tomar medicinas. Su dicción poseía una especial característica, afectadísimo para escoger las palabras precisas, para pronunciarlas sin vicio alguno. En esto y en algunas otras cosillas propias de su elevada cultura, era tenido por raro. De teólogo y escriturario le calificaban algunos, aunque más bien era paleógrafo e historiador. En 1.947 le confirieron sus Superiores el título de Predicador General, esto es, la máxima dignidad en la Orden.

El 46 colaboró en la Bodas de Oro Sacerdotes del padre Ceslao María Moreno. El 49 editó "Quito ciudad eucarística", el 50 su trascripción paleográfica de la autobiografía de Sor Catalina de Jesús Herrera, Religiosa del Coro del Monasterio de Santa Catalina de Siena en Quito en 509 págs. con las Cartas autógrafas como Apéndice, que se conservan encuadernadas con los originales, trabajo de paciencia y tesón que le acredita ante la posterioridad, pues salvó la Memoria de esta monja, excelente escritora colonial para las bellas letras ecuatorianas. El 51 "Por la verdad y el Derecho" pero ya se encontraban muy enfermo y falleció en el Convento dominicano el 11 de Enero de 1.952 de 83 años de edad, dejando un intenso recuerdo de su vida ejemplar.

Fue un adelantado en los estudios de Paleografía que realizó por cuenta propia, llegó a ser un experto y dejó discípulos. Tenía un estilo de vida, vigorizando lo humanístico con lo moderno. Hablaba mejor que escribía, tal su fama, pero le faltó la obra medular que inmortalizara su nombre en la historia de las Letras ecuatorianas, debido a su inveterada costumbre de publicar en revistas y en folletos, abarcando temas difíciles y en profundidad pero de corta extensión y no ingresó a la Academia Nacional de Historia por la vieja polémica dominica con González Suárez, fundador de ella.

De estatura más que mediana, canela claro, amplia la frente y altiva la mirada bajo dos espesas cejas negras, su continente era reposado y al mismo tiempo sobrio y lleno de grandeza. Modesto en todo, parsimonioso y pensieroso, quienes no le conocían suficientemente le miraban como a un ser lejano, cuando en realidad era todo lo contrario con quienes le buscaban, pues nunca negó sus auxilios espirituales ni sus consejos históricos. Le agradaba ser útil y servir. En materia religiosa, la ortodoxia fue siempre la máxima de su conducta. Falleció en Quito en los años 50.

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