En Julio de 1.910 se realizaron
las elecciones presidenciales y triunfó el
candidato oficialista Emilio Estrada con 103.024 votos
contra 3.708 del General Flavio Alfaro y 2.583 de
Alfredo Baquerizo Moreno. E1 3 Agosto el Senado negó
la solicitud planteada por algunos incondicionales
de Alfaro, para que fuere designado General en Jefe
del Ejército y se pensó que asumiría
la dictadura, pues el distanciamiento con Estrada
era más que evidente. Se repetía el
problema suscitado en 1.901 con Leonidas Plaza. Los
estradistas decidieron adelantarse a los acontecimientos.
Estrada solicitó a Montero
su neutralidad y la de la Zona Militar de Guayaquil
y éste puso por única condición
que se respetara la vida de Alfaro, de suerte que
asegurada la plaza, solo restaba el cuartelazo en
Quito, que se produjo el 11 de Agosto. El pueblo asesinó
en el panóptico al Coronel Luis Quiroga, que
guardaba prisión por el crímen de Emilio
María Terán. En Guayaquil Montero se
pronunció por la vigencia del Orden Constitucional
con los demás jefes militares de la Zona, a
tiempo que Alfaro partía al destierro. Montero
lo fue a recibir en la estación de Naranjito
y le escoltó hasta Duran, donde Alfaro tomó
el vapor Cotopaxi con destino a Panamá.
El 1 de Septiembre Estrada
asumió el mando, Montero le solicito que prescindiera
de los servicios de Leonidas Plaza lo que no ocurrió,
Montero conocía que su amigo el Presidente
Estrada estaba cardiaco y se sabía que su gobierno
no podía durar mucho. Algunos políticos
comenzaron a conspirar. La noche del 21 de Diciembre
sufrió un infarto de contado. Carlos Freile
Zaldumbide, Presidente del Senado, se hizo cargo del
Poder, pero siendo un hombre de carácter irresoluto,
comenzó a gravitar bajo el placismo, mientras
se lanzaban las candidaturas de los Generales Leonidas
Plaza, Julio Andrade y Flavio Alfaro.
El 28 se proclamó la
Jefatura Suprema de Montero en Guayaquil. El golpe
debía darse en favor de Flavio Alfaro que era
popularísimo en toda la República, pero
a última hora se impusieron los viejos militares
con Montero a la cabeza, pues deseaban al Viejo Luchador,
al que llamaron a Panamá, este fue un gravísimo
error político.
El 29 Montero lanzó
una Proclama al país y conformó su Gabinete
de la siguiente manera: En Gobierno y Policía
el Dr. Manuel Tama Vivero. En Hacienda y Crédito
el Dr. Juan Borja Sánchez. En Guerra y Marina
el Dr. Francisco Martínez Aguirre. En Relaciones
Exteriores el Dr. Modesto Chávez Franco y en
Instrucción Pública el Dr. Alfonso de
Arzurbe Villamil.
El Encargado Freile Zaldumbide
dispuso una movilización general de sus fuerzas.
Plaza lanzó una Proclama como General en Jefe
del Ejército Constitucional y en una Circular
a los Gobernadores, Jefes de Zona y Delegados Militares
declaró traidor a Montero, pero fue respondido
con el recuerdo de varios episodios vergonzosos de
su carrera militar y vida política.
Los Constitucionales se movieron
rápidamente a Huigra y Alausí que son
los dos pasos mas rápidos para bajar a la costa,
pues se temía que la presencia de las primeras
lluvias impidiera la consumación de la Campaña,
mientras Alfaro hacia su arribo el 4 de Enero de 1.912
y ocupaba la plaza de Guayaquil, que le entregó
Montero. El 5 llegó Flavio, se pusieron de
acuerdo tío y sobrino y el 11 las fuerzas de
este último se batieron con los Constitucionales
sin éxito. Julio Andrade ocupó Huigra
y Flavio Alfaro retrocedió a Yaguachi, mientras
Montero se convertía en pasivo espectador.
El 14 nuevamente se enfrentaron
los ejércitos, en esta ocasión en Naranjito.
Al día siguiente Enrique Valdés Concha
plegó con su gente del Ingenio Valdez al Ejercito
del Interior y decidió la suerte de la guerra,
pues el 18, cuando el ejercito de Plaza y Andrade
atacó Yaguachi. las fuerzas de Flavio Alfaro
estaban a la defensiva y aunque opusieron tenaz resistencia
y Flavio Alfaro resultó herido, fueron desalojadas
de todos los frentes.
El 19 Eloy Alfaro se proclamó
Dictador Supremo de la Guerra ante la renuncia masiva
de los Ministros flavistas del Gabinete de Montero
que salieron del país. Plaza exigió
la rendición de Guayaquil que Montero rechazó;
mas, el día 20, comenzaron las negociaciones
y el 21 Montero y Plaza suscribieron el Tratado de
Duran llamado también de Expansión,
por el cual se acordaron ante los Cónsules
de los Estados Unidos y la Gran Bretaña, dar
amplias garantías a los civiles y militares,
excepto a los que hubieren incurrido en responsabilidad
penal por la comisión de delitos comunes, se
licenciaría a las tropas guayaquileñas
pudiendo permanecer en el ejército lo que así
los quisieran y cesarían las hostilidades,
entregándose todo el elemento bélico
existente. Igualmente se pondría en libertad
a los presos políticos y a los prisioneros.
Por Exponsión se entiende en lenguaje castrense,
no una rendición, ni una capitulación,
sino una situación donde los beligerantes conservan
sus posiciones. Montero recibió un Salvoconducto
de manos de Plaza para circular libremente por la
ciudad. Ese mismo día pasaron a Guayaquil Enrique
Valdés Concha, Manuel Velasco Polanco, Leonidas
Plaza, Julio Andrade y ocuparon sin problema la Gobernación.
A las 9 y 1/2 de la noche Plaza
hizo capturar al General Eloy Alfaro que se hallaba
alojado en una bodega de la casa de la familia Renella
y comenzó la tenaz persecución de sus
principales colaboradores entre los que se contaron
en un primer momento Adolfo Páez y Pedro J.
Montero, quien había ido a visitar a su jefe
y se encontraba en el servicio higiénico, pero
al darse cuenta de que llevaban detenido al Viejo
Luchador, abrió la puerta y dijo a los sorprendidos
guardias: "Aquí estoy, quiero seguir la
suerte de mi antiguo Jefe".
Al conocerse las prisiones
el Cónsul de Chile protestó por el atropello
y los cónsules de los Estados Unidos y la Gran
Bretaña reclamaron airadamente por el incumplimiento
del Tratado pactado bajo sus garantías. Lo
mismo hizo Julio Andrade, pero sin resultados porque
Plaza no les hizo caso.
El Martes 23 arribaba a Guayaquil
el Ministro de Guerra, general Juan Francisco Navarro,
con el propósito de reorganizar el ejército
y la marina. Ese día continuaron las capturas
y fueron apresados Luciano Coral y Medardo Alfaro.
El miércoles 24 hubo mítines pidiendo
el fusilamiento de Montero. El Jueves 25 cayeron Manuel
Serrano y Flavio Alfaro, mientras Plaza organizaba
el Consejo de Guerra contra Montero por el crímen
de alta traición, designando al Fiscal Militar,
al Presidente y Vocales. Montero nombró defensor
al general Julio Andrade quien se excusó por
razones obvias y Montero, sin disimular su desaliento,
exclamó: "Voy a morir" pues comprendió
lo que le esperaba.
Esa tarde, a las 6 y 45, se
llevó a cabo el acto en el segundo piso de
la Gobernación. A Montero no se le guardó
la consideración debida a su alto rango de
General, pues menudearon las burlas y sátiras
infames y los maltratos de obra. Unos le tiraban del
pelo, otros le empujaban hacia adelante con burlas
obscenas y sátiras infames. Plaza se presentaba
de cuando en cuando a gozarse con la agonía
de su victima, alentando indirectamente a los soldados
del batallón Marañón y la Artillería
Bolívar, que vestidos de paisanos, copaban
el salón. A las 8 y 30 de la noche se leyó
la sentencia condenatoria a pena de 16 años
de prisión previa degradación militar.
El Juicio había sido una farsa pues fue presidido
por el Coronel Alejandro Sierra, enemigo personal
de Montero y su reemplazo en la Jefatura de Zona.
Era, pues, un hombre de la entera confianza del gobierno.
Su actuación fue tan inicua que hubo un momento
en que incitó a la multitud preguntándoles:
Pueblo Guayaquileño. ¿ Sabrás
responderme si os consta que el General Montero es
reo de alta traición a la Patria y sus instituciones?.
A lo que la oficialidad placista que ocupaba enteramente
el salón respondió con un formidable
sí. Y quien solicitó la pena de muerte
contra Montero fue su propio defensor Tácito
Nuñez, también hombre de confianza de
Plaza.
Al momento de terminarse la
lectura, algunos se precipitaron contra Montero, quien
les contuvo diciendo "Daré mi vida, si,
pero mañana" ... !No, ahora mismo, le
contestaron y el Sargento Primero, Alipio Sotomayor,
de la Primera Compañía del Batallón
No. 1 Guayaquil, que gozaba de fama de buen tirador,
intempestivamente sacó su revólver y
sin previo aviso le disparó un tiro a quemarropa
en la frente, matándole de contado, pues la
victima cayó fulminada. Varios más le
clavaron sus bayonetas y un tal Samaniego, del Marañón,
le dió de silletazos.
Enseguida le pasaron por encima
de las cabezas y fue arrojado desde una de las ventanas
que daban a la calle Ballén. Entonces, al toque
de dianas de una banda militar, le condujeron a rastras
por la calle de Aguirre hasta la Plaza de San Francisco,
mientras le mutilaban los órganos sexuales,
sacaban el corazón del pecho y arrancaban la
cabeza, que enarbolaron en lo alto de una bayoneta.
Su hija Mercedes, años después contaba,
que como vivían cerca de la Gobernación,
su tía Mercedes Montero Maridueña vió
el cadáver y la cabeza desprendida y que de
la impresión perdió la razón,
que no recuperó Jamás, pues murió
completamente enajenada.
El valiente Montero fue incinerado
al pie del monumento a Rocafuerte, con unos cajones
de madera empapados de kerosén que la turba
sacó a empellones de la tienda del italiano
Castagneto, en la esquina de Pedro Carbo y Vélez.
Hubo fiesta, bailes y risas en espectáculo
macabro. A la diez de la noche, cuando se había
calmado la turba, Plaza se hizo presente en el sitio
de los sucesos para reprender a los que continuaban
divirtiéndose con los despojos y ordenó
apagar el fuego que aún ardía en la
pira de cajones. Horas después la esposa de
Montero pidió en uno de los cuarteles la devolución
de la cabeza y el corazón, llevados como trofeos,
mientras su amigo Carlos Bayona, a petición
de su hermana Rosita Bayona de Peña, recogía
los restos para depositarlos en una tumba del cementerio.
El crímen de Montero
causó estupor en la República y la noticia
apareció en grandes titulares en la prensa
latinoamericana, ocasionando la natural conmoción
que esta clase de sucesos provoca, por los detalles
sádicos que contienen. Esa misma madrugada,
viernes 26 de Enero, Alfaro y sus tenientes fueron
embarcados en Duran con destino a Quito, donde terminarían
igualmente sus vidas.
Montero fue un militar de gran
valor aunque de escasa cultura, pero es necesario
aclarar que tampoco fue el ignorantón que algunos
escritores han presentado. De estatura baja, blanco
mestizo, de grandes mostachos y fama de valiente hasta
la temeridad. José María Vargas Vila,
ilustre escritor colombiano, le puso de sobrenombre
"El tigre de Bulubulo". En los combates
siempre atrevido, en la vida de cuartel afectuoso
con sus compañeros, de allí el gran
respeto que le profesaban sus subalternos. Como liberal
siempre practicó la moderación en sus
actos, pues era la norma de su vida. la decencia y
el honor.
Su hija Mercedes ha contado
que de chica su padre le cantaba las siguientes tonadas:
Todas me gustan/ todas me gustan/ todas me gustan
en general/ pero mi negra/ pero mi negra/ pero mi
negra/ me gusta más... // Igualmente otra que
dice así/ Había una vieja en tiempos
ingleses/ que formó un rosario con cocos y
nueces/ I cuando rezaba el Ave Maria/ las nueces bajaban
y los cocos subían...//