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FRANCISCO PATIÑO DE LARA Y NARVAEZ
MISIONERO.- Nació en Cuenca en 1.589 y fueron sus padres legítimos Gómez Patiño de Lara, Mayorazgo de su Casa, oriundo de Jérez de la Frontera en España. Gallardo, altivo, mozo y rico que pasó a Cuenca y conquistó puestos de preeminencia tales como el de Alcalde Ordinario en 1.587 y en 1.588 y Jacoba de Narváez y Mercado, hija legítima del Célebre Capitán Juan de Narváez, primer Teniente de Corregidor de Cuenca en 1.564 y Encomendero de Pacaybamba o Leoquina por merced de Pedro de La Gasca, y de María de Mercado.

Sobre el nacimiento novelesco del niño se ha escrito lo siguiente: “Por hallarse en peligro fue bautizado antes de salir del vientre y por eso dijeron que nació santo.” Tuvo otros hermanos menores, fue enclenque, enfermizo, de estatura baja y nunca llegó a la normalidad de porte. Desde pequeñito tuvo decaimientos de ánimo y problemas de salud que le atormentarían hasta el final de sus días.

De cinco años profetizó que en el terreno de su casa se levantaría más tarde el Convento de los Padres Jesuitas -esquina noreste del actual Parque Calderón- que había sido entregado por el Cabildo a su abuelo materno el Capitán Juan de Narváez para que edificara su morada y que heredado por su madre Doña Jacoba, fue dado por ésta, como dote, a Don Gómez Patiño de Lara.

El ambiente devoto de Cuenca le predispuso a la oración y lo condujo insensiblemente a la carrera sacerdotal. Con tal motivo se trasladó a Quito, siguió Artes, Latín y Filosofía en el Colegio de San Luis y a los quince años, acabados los tres Cursos de Arte y pudiendo graduarse en cualquier Universidad de España, prefirió ingresar a la Compañía de Jesús.

En vano se opusieron su padre y un tío suyo, religioso residente en Quito, pues en 1.607 resolvió iniciar el noviciado en el Colegio de los Jesuitas de Lima, dos años después hizo sus primeros Votos y continuó en el Colegio de San Pablo hasta ordenarse de sacerdote, destacando por su talento despierto.

Su padre había viajado de España por negocios, dejando a su esposa recluida en el Convento de las Conceptas. Allá le sorprendió la muerte y la viuda decidió permanecer el resto de su vida en dicha Clausura por propia voluntad.

Entonces visitó en misiones el Obispado de Huamanga en las sierras, con tanto éxito, que el padre Mucio Viteschi, General de la Compañía en el Perú, lo llevó a Lima de Rector y con cátedra, favor grande para un recién ordenado, pero el cargo no le agradó.

Y pedido el cambio a Huamanga, siguió en sus misiones por el Cusco y la Paz, donde también ocupó el Rectorado del Colegio Jesuita, pues poseía elocuencia arrolladora y una inteligencia tal, que no requería preparar los textos de sus discursos porque todo en él era espontáneo y con su sola palabra improvisada, levantaba corazones.

Peregrino siempre, pasó a la villa de Potosí harapiento y enfervorizado. Después volvió al Cusco y en todas partes, en las plazas, alcanzaba éxitos con la voz y el ejemplo y eran tan copiosos los auditorios de sus sermones, que los lugares quedaban desiertos los días que predicaba, aunque fueren de trabajo y no de fiesta.

EI Dr. Juan Alonso Ocón, IX Obispo del Cusco, le pidió en 1.645 que lo acompañe a su primera Visita Pastoral pues conocía su gran fama y el hecho de que en cierta ocasión administró el Sacramento Eucarístico desde la mañana a la tarde y fue preciso ponerle dos hombres a su lado para que le sostuvieran los brazos a fin de continuar en su evangélico trabajo.
Tantas fatigas terminaron por debilitar su cuerpo y agravar sus dolencias. Enfermo, fue llevado a la estancia de Urkus y falleció el 30 de julio de 1.660, de 71 años de edad. Sus restos mortales fueron trasladados al Cuzco y mucha gente salía a verlo hasta por las noches, alumbrándose con hachones. El Cortejo marchaba entre ayes y lamentaciones o con las notas plañideras del oficio de difuntos. A la medianoche entraron a la ciudad y fue tal el gentío que las calles resultaron estrechas, teniendo que intervenir la justicia para que los dolientes ordenadamente ingresaran a la Iglesia.

Allí le despojaron dos veces de sus ropas en afán de obtener reliquias y hasta profanaron el cuerpo dejándole sin pelo de barba o de cabello pues le consideraban un Venerable. “Tuvo el don de lágrimas y revelaciones de las cosas ausentes o futuras y fue fama constante que también tuvo el de profecías.” Lástima que sus Sermones no fueran recogidos. Se cree que fue autor de un “Tratado sobre la Idolatría” cuyos originales podrían estar en los fondos de la Biblioteca Nacional de Lima.