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BELISARIO PEÑA GÓMEZ
POETA.- Nació el 5 de Agosto de 1.834 en Zipaquirá a pocas leguas de Bogotá y fueron sus padres legítimos Lino Maria Peña Moreno, natural de Cúcuta, fanático conservador por las exageraciones de sus opiniones política pues decía “Pido a Dios que en la hora de mi muerte no vea a un liberal porque me condeno” y por la rudeza conque trató a sus adversarios cuando cayeron en su poder. Era un creyente dominado por el espíritu de partidos que imperaba en la Nueva Granada. Había casado en primeras nupcias con Brígida Flechas, viuda de Manuel Coronado y radicados en Zipaquirá murió ella y don Lino contrajo nupcias con Josefa Vicenta Gómez, natural de la Villa del Socorro.

Niñez tranquila y feliz aunque coartada por los arrebatos de mal carácter de su padre. Aprendió a leer, escribir y las cuatro reglas en una de las Casas educacionales que funcionaban en Zipaquirá. De diez años se hacía notar entre sus condiscípulos por su formalidad. Era un joven tímido, delicado, de buen juicio, culto, distinguido y generoso, que llamaba la atención a quienes le conocían. El Padre Gil, jesuita en misiones, le pidió que recitara unas estrofas a la Virgen al final de unos ejercicios espirituales que estaba dictando. Belisario se inspiró con un Himno de gloriosa alabanza y el Padre Gil –deslumbrado- le dijo “Tu serás un insigne cantor a la Virgen y un valiente defensor de la Cruz”.

En 1.845 fue llevado al Colegio de San Bartolomé en Bogotá, el 46 pasó al Seminario Menor de los Jesuitas donde estudió a los clásicos. El 48 se escapó a causa de nimiedades pero su padre lo regresó y pidió al Padre Prefecto que le hiciera dar una azotaína en público, de la que se guardó en el Colegio ingrata memoria. Y cuando los jesuitas salieron expulsados en junio del 49, se fue con ellos al Instituto que tenían en Kingston, capital de la isla de Jamaica, donde permaneció en útiles trabajos hasta el 51 que partió a otras casas jesuitas en Londres. El 52, de vuelta en Bogotá, entró al "Instituto de Cristo", fundado y dirigido por el Dr. José Joaquín Ortiz, donde se hizo cargo de seis clases hasta el 54, que tomó partido en la contienda civil contra el dictador José María Melo a quien derrotaron los constitucionales en Diciembre. Después se ganó la vida dictando clases de Latín en el Seminario Conciliar, al mismo tiempo que fue nombrado profesor de lengua castellana y de inglés en San Bartolomé, de cuyo colegio quisieron hacerlo Vicerrector para impedir que viaje al Ecuador El 56 formó con otros poetas jóvenes el "Liceo Granadino" que fundó José Joaquín Ortiz para el cultivo de las Bellas Letras. Se reunían en periódicas sesiones y hasta lograron editar un tomo. Allí aparecieron dos poesías suyas, un Recuerdo dedicado a su hermana y una Oda alusiva a la apertura de un Colegio en Loja, pues su obra más famosa, “El Templo”, salió por la prensa ese año.

“El Templo: -Fragmento- //Veis esa torre al firmamento alzada,/ que el arte decoró con sus primores,/y al nacer y al morir tras la colina/baña el sol en sus limpios resplandores?//Allí está el templo, el suelo consagrado/do, envuelta en majestad la faz divina,/el señor apiadado/recibe de los fieles corazones/ el tributo de amor y adoraciones.//Allí, postrados todos reverentes,/ mil ruegos, en un ruego confundiendo,/doblan a Dios sus humilladas frentes,/y el padre universal los ve sonriendo!//... Consagrado lugar do se vinculan/en perennal memoria/los tristes, los gratísimos recuerdos;/enseña cada sitio aquí una historia,/y polvo no hay aquí que no haya sido/del hombre con el llanto humedecido.//Cada débil murmullo, cada acento/representa un dolor o una plegaria/que se alza a conmover el Firmamento./Ay! cuantas veces yo, solo y errante,/y lejos de mis lares/ a tu sagrado suelo/fui a derramar en quejas mis pesares,/y siempre a mi dolor hallé consuelo!/Hállenlo siempre en ti las penas mías,/ya que son tan amargos y son tantos/del infortunio para mi los días;/Que siempre encuentre el pobre en ti su abrigo/ y esa paz conque el ánima recreas/Cielo en la tierra, grato te bendigo:/en nombre del Señor, bendito seas!//

El encargado de Negocios en el Ecuador. Dr. Miguel Riofrío, de vuelta a su Patria, le había invitado como profesor de idiomas para que aceptara compartir la fundación de un Colegio con sus compañeros Benjamín Pereira Gamba y Francisco Ortiz Barrera y partieron los cuatro por la vía de Buenaventura y Guayaquil.

El 20 de Julio de 1.857 tuvo lugar la solemne inauguración del “Colegio de la Unión” en el templo de Santo Domingo de Loja, engalanado para el efecto y hubo Misa, discursos y recitaciones. Los profesores del San Bernardo cedieron parte de su local para las clases de varones y posteriormente se abrió un paralelo a las niñas. Pronto el Colegio cobró fama y hasta de Piura llegaban educandos, pero en 1.859 el Gobierno Provisional de Quito llamó a Peña y a Barrera a que fundaran el Colegio de la Unión de esa capital, quedando Pereira en Loja casado con Jesús Riofrío. (1)

El nuevo colegio de la Unión de Quito abrió sus puertas el 2 de Mazo con una sesión solemne en la Iglesia de la Compañía y por gestiones de Nicolás Espinosa comenzaron las clases en el local del antiguo

(l) Benjamín Pereira Gamba prestó notabilísimos servicios a la Provincia de Loja no solamente en el Colegio de la Unión que subsistió hasta el 59 sino también como redactor del quincenario “La Federación” que sostuvo el gobierno de Manuel Carrión Pinzano. “La Federación” se editaba a 4 páginas en papel ministro, en la imprenta de Juan José Peña. El 61 viajó a Quito por la vía de Cuenca y conoció a Fray Vicente Solano, con quien conversó acerca de varios tópicos, entre otros, sobre la pena de muerte y como Pereira se mostró reacio a ella, el fanático Solano le califico de socialista y hasta de no cristiano. En julio fundó en Quito la célebre revista “El Iris” -la Paz- notable publicación literaria, científica y noticiosa en 16 págs. de la que aparecieron 20 números hasta Octubre de 1.862, a tres reales ejemplar. Ese año ingresó a la Academia Nacional, Científica y Literaria recién creada por la Convención, con una conferencia en francés sobre el estudio de las lenguas extranjeras. Después pasó a la Nueva Granada, ocupó una diputación y falleció anciano en Loja, con descendencia numerosa en 1.890.
Convictorio de San Fernando con 28 profesores, de los cuales 6 eran neogranadinos. La enseñanza de religión era obligatoria, el Dr. Manuel Godoy trabajaba de Capellán y para la Semana Santa realizaron los alumnos ocho días consecutivos de retiros, a fin de estar preparados para la Comunión del Jueves. Peña elaboró el Reglamento, formó el Plan de Estudios, editó las Crónicas, se preocupó de los horarios y de que cada alumno formara su propio estilo literario.

A principios de ese año de 1.861 contrajo matrimonio con Carmen Bueno Landázuri, unión feliz y numerosa descendencia, e Ingresó a la Academia Nacional, Científica y Literaria que acababa de fundar la Convención, con el siguiente discurso “La Religión es la fuente de la verdad para las ciencias y la moral, así como para las bellas letras y las artes.” El 62 cantó una Oda a las Ciencias y a los jóvenes en estilo neoclásico, muy impersonalmente, como era su forma de composición. Ese año nació su hijo mayor y fue designado Encargado de Negocios de Nueva Granada en Quito. El 63 arribaron los jesuitas y falleció su amigo Ortiz Barrera, a quien dedicó una sentida Elegía, considerada entre lo mejor de lo suyo. El Presidente García Moreno dispuso la fusión del Colegio de la Unión de Quito con el Nacional recientemente creado para los jesuitas, que lo rebautizaron como San Gabriel en honor al primer magistrado. En el Colegio de los jesuitas se mantuvo algunos años a entera satisfacción pues era de ellos, los admiraba y los defendía.

Peña se había dejado ganar por un sentimiento de religiosidad tan fuerte que todos sus actos los encaminaba en dicho sentido. Concentrábase solo en lo religioso, desligado totalmente del resto, por eso no experimentaba apetencias de cambios ni la necesaria evolución que debe experimentar todo intelectual. El era devoción intensa, entrega auténtica al dogma Católico, especialmente al de la Inmaculada Concepción que acababa de dictarse en Roma.

Su poesía jamás llegó a ser romántica, ni tardíamente. Mántuvose intemporal a los cambios, en un neo clasicismo frió a lo Quintana porque conoció modelos, pero que nada significaba para las letras de mediados del siglo XIX. Por eso está considerado entre los poetas menores del parnaso colombo- ecuatoriano, aunque no le faltó talento ni grandeza de miras y en el género Elegíaco destacó por sobre el prosaísmo de lo poco espontáneo.

En 1.867 se asoció a su suegro Manuel Bueno en diferentes negocios especialmente agrícolas y ganaderos pues en la hacienda “Ayaurco” engordaba los novillos flacos que adquiría a bajo precio para venderlos luego al mejor postor. Muerto su suegro heredó “Ayaurco”, “Tambillo alto” en el páramo de ese nombre y “La Clemencia”, un molino y varias propiedades urbanas en Quito, que empezó a administrar.

En su casa formó una copiosa biblioteca y en ella fue lector asiduo aunque nunca pretendiera ser un erudito, ni menos manifestarlo. Se recreaba más bien que se nutria, con libros de Ciencias Filosóficas y de amena lectura, principalmente castellanos, aunque sin excluir, como era lógico en un hombre de su alcurnia mental, a los maestros latinos y griegos y a escritores de otras lenguas. Evitaba, sin embargo las cosas áridas o pesadas. "Horrorizábale parecer un pedante, era todo él un ser amable y ligero. Menuda la persona, cortés la conversación, sencillo el canto. Llevó vida sedentaria; concediendo al estudio y a la educación de su familia la mayor parte de su tiempo. El campo y los libros fueron las fuentes de sus goces espirituales, el hogar y los amigos el mundo de su vida moral. Su formación clásica con los padres jesuitas y el manejo de los autores latinos y griegos, amen de los españoles y otras lenguas romances, hicieron de él un verdadero perito y autoridad en el idioma de Cervantes. Añadió a todo lo anterior el conocimiento de los idiomas inglés, francés e italiano, necesarios a un aficionado de la lectura. De aquí el buen nombre que adquirió en su época y de que fuera llamado a formar parte de la Real Academia Española en 1.874 y al año siguiente de la Ecuatoriana de la Lengua, pues, a su valer le unían vínculos de amistad con los principales literatos neogradinos.

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