En febrero de 1.868 protestó
en hoja volante por el atentado cometido en Ambato
en contra de sus paisanos. El 69 halló en Quito
al joven Francisco Febres-Cordero Muñoz, recién
ingresado a la Orden de los Hermanos Cristianos de
la Salle, con quien cultivó espléndida
relación de amistad, reemplazando al padre
ausente del amigo. Peña era para dicha Comunidad
un consejero prudente a cuya protección del
amigo podía acudirse sin temor, que tenia por
suyos propios las penas y los goces de la Congregación.
Con los años, el Hermano Miguel reputaba por
honor suyo llamarse su discípulo. Peña
le había guiado con su amistad y cariño,
animándose ambos a trabajar mutuamente por
Dios para la mayor perfección posible. El Padre
Julio Matovelle contaría que varias veces le
llevó Peña a visitar al hermano Miguel.
Qué ratos tan deliciosos pasaba oyendo hablar
a esos dos amigos de la vanidad del mundo, del valor
de la virtud, de la devoción del Sagrado Corazón
y la Virgen Santísima, del amor de Jesús
sacramento para los hombres. “Aseguro que salía
de aquellas visitas con el alma reconfortada e inundada
de gozo”. Por eso el Hermano Miguel decía
en carta a un amigo, que don Belisario era la mitad
de su alma..!
En 1.871 se trasladó
a vivir dos años y medio en Latacunga para
organizar y poner en buen pie el Colegio de los Hermanos
Cristianos de esa ciudad. El 72 volvió a Quito
y dictó Ciencias Políticas en la Universidad
Central hasta el asesinato de García Moreno
y la salida del país de su amigo el Padre Enrique
Terenziani, S.J.
En 1.873 viajó a Europa
por negocios, estuvo en Roma y en Lourdes peregrinando
en razón de su fe. El Padre Terenziani le encargó
numerosos objetos para el culto religioso y tres casullas,
una fina y dos ordinarias. De regreso se asoció
a sus paisanos Aurelio y José María
Cañadas en el negocio de la cascarilla, formando
la razón social “Cañadas, Peña
y Cía.” que se disolvió el 78,
quedando las liquidaciones pendientes a cargo de Aurelio
Cañadas y de Peña, bajo las firmas de
estos.
Amigo de literatos notables
entre los que se contaban Juan León Mera en
el Ecuador y Rufino José Cuervo y Miguel Antonio
Caro en la Nueva Granada, tradujo del francés
“El Tratado de la Verdadera Devoción
a la Santísima Virgen” de San Luis María
Grignon de Monfort.
Entre los eclesiásticos
colombianos más amigos estaban los Arzobispos
José Teléforo Paúl, Manuel José
de Caicedo y Bernardo Herrera Restrepo. El librito
de Monfort salió a la luz, en la imprenta de
los HH.CC. de Quito, en 1880.
En 1.881 suscribió un
Manifiesto protestando por las aseveraciones del Presidente
del Estado del Cauca, Ezequiel Hurtado, quien había
manifestado por la prensa que la decadencia de los
ingresos de las rentas de aduana de Buenaventura y
Tumaco se debía al convenio del gobierno con
la Casa de Comercio colombiana “Caicedo e Hijos”
y con la inglesa “Woodhouse y Kusell”
para que introduzcan por Guayaquil mercancías
extranjeras con destino a Colombia. Peña y
los otros dieron como razón de la decadencia
los altos impuestos que se cobraban en Colombia, mayores
que los ecuatorianos de Guayaquil.
En 1.883 colaboró en
“La República del Sagrado Corazón
de Jesús”, falleció su padre en
Bogotá y el 89 renunció con Carlos Casares
a la Academia Ecuatoriana de la Lengua por la disputa
política que sostenían los conservadores
acaudillados por José Modesto Espinosa, contra
los progresistas del Presidente de la República,
Dr. Antonio Flores Jijón, agravada con motivo
de la política de Flores para regular el Diezmo
y las primicias que gravaban a los pequeños
agricultores de la sierra.
En 1.886 firmó con otros
quiteños un Testimonio de Adhesión a
la Encíclica “Inmortale Dei” de
León XIII. El 90 escribió una composición
titulada “A León XIII e Italia”.
El 92 fue miembro de la Junta Central que con el Congreso
Nacional del Ecuador se pronunció a favor de
la devolución al Pontífice del poder
temporal. El 94 escribió "Misa Nueva"
con motivo de la primera Misa de su amigo Manuel María
Pólit Lazo. El 95 editó “A la
Memoria del Dr. Julio B. Enríquez” poesía,
en 8 págs. El 96 formó parte de un Comité
encargado de organizar un homenaje mundial a Cristo,
para lo cual creían tales devotos que el Meridiano
que pasaba por el Monte Calvario debía ser
adoptado por los geógrafos como principal en
reemplazo de Grenwich y por su amistad con los principales
miembros del partido Católico le fue notificado
el 26 de Mayo que debía trasladarse en 24 horas
a Guayaquil para salir del país. La orden del
destierro le llegó conjuntamente con su designación
de Senador por el Departamento de Cundinamarca en
Colombia y salió con su hijo mayor César,
llevando en su maleta el nombramiento.
Arribó a Bogotá
tras cuarenta años de ausencia. El 12 de Agosto
se posesionó de su alto cargo y fue electo
Presidente de las sesiones extraordinarias de esa
Cámara, quizá por influjo de su amigo
el Presidente de la República. En Octubre se
informó por la prensa del incendio Grande de
Guayaquil y consiguió una ayuda de cien mil
pesos para los damnificados.
Su vida se deslizaba entre
las funciones en el Senado, fiestas y convites de
parientes y amigos y paseos por las extensas sabanas
de Bogota y Zipaquirá, que recorrió
con delectación pues le traían muchos
recuerdos; pero, al mismo tiempo la soledad de su
esposa e hijos le martirizaba. Por eso agenció
con vanos amigos ecuatorianos para que lograran la
orden de retorno, especialmente con el Vicepresidente
de la República Manuel Benigno Cueva que había
sido su alumno en el Colegio de la Unión de
Quito. El 97 pudo volver por la vía de Popayán
y Pasto, encontrando que días antes acababa
de fallecer su esposa a causa de la presión
arterial elevada, su mal de siempre.
Su viudez empezó a amagarle.
El 98 también falleció su hija Carmen
de Riofrío, ángel de la casa, dejando
un hijito de 15 meses. Recluido en su casa, saliendo
poco y leyendo mucho, vio pasar los días sin
mayores alicientes, pero aún le quedaban buenos
amigos. El Padre Manuel José Proaño
le visitaba de continuo y hacían competencias
para ver quien traducía mejor los clásicos.
El Presbítero José María Campuzano
le escribía desde el Perú y Chile. Juan
Abel Echeverría de Ambato, Remigio Crespo Toral
de Cuenca.
En 1.898 escribió un
soneto a su amigo el Obispo Caicedo de Popayán.
El 99 aconsejó a sus hijos Virginia, César
y Juan Evangelista que se amen entre si muy de veras.
La fortuna había sufrido serios quebrantos
con sus destierros y algunas propiedades pasaron a
manos de extraños. En 1.901 editó “Sonetos
Eucarísticos” en 16 págs. El 27
de Diciembre declamó una Oda en el Salón
del Seminario Menor de San Luis con motivo de un homenaje
a Cristo Redentor. El 2 comenzaron a hinchársele
los pies y no podía escribir una carta de corrido;
en cuanto a leer, lo hacia no sin vértigos.
En 1.903 participó en el Comité Nacional
Pro Jubileo de León XIII con la Oda “León
XIII e Italia”. En Noviembre protestó
por la desmembración de Colombia, al independizarse
Panamá.
En 1.904 su amigo Pólit
Lazo le editó en Friburgo un folleto muy fino
“A la Inmaculada Concepción de María”,
como su tributo al quincuagésimo aniversario
de la promulgación del dogma. En Diciembre
escribió en cumplimiento a una promesa efectuada
en el destierro, su "Oda a María Santísima",
donde alcanzó cierta intensidad por elegíaca.
Devoto de Jesús Sacramentado,
alegrábase sobremanera con las Primeras Comuniones
de los niños y quizo trabajar en la idea de
consagrar el nuevo siglo XX a Jesús Redentor,
sin encontrar el eco que esperaba, pues occidente
era una sociedad laica sin él saberlo. Tal
el atraso de su pensamiento.
Sus últimos tiempos
fueron penosos a consecuencia del asma y del corazón
que le causaban asfixias, pero hasta el final su voz
fue suave y argentina, sus modales urbanos y su conversación
erudita. En su alma el culto a lo bello iba unido
a lo bueno, por eso cantaba con los ojos levantados
al cielo, llenos de Horacio y de Manzoni; como político
fue de escaso vuelo, refractario al progreso y a los
ideales de la modernidad, que ni conoció ni
quizo comprender.
En Mayo de 1.906 cantó
al prodigio de la Virgen del Parpadeo en siete estrofas.
El Cardenal Vanutelli le envió de Roma la bendición
Pontificia, una tarjeta y tres medallas de Pio X;
el Cardenal Cavicchini un libro italiano de versos,
todo ello a través de Pólit Lazo.
Falleció en Quito el
7 de Septiembre, de 72 años de edad, pero parecía
de más. Días antes había expresado
su deseo de morir de amor abrazado a un crucifijo
y ordenó que junto a sus restos fuera colocado
uno de sus cantos a la Inmaculada Concepción.
En su muerte se dijo “Hombre
extraordinario, su fe anegó su entendimiento
con sus divinos fulgores y la caridad caldeó
su corazón.” El mismo reconocía
que en muchas ocasiones, al componer sus cantos, lo
hacia llorando por la emoción que las palabras
insuflaban a su alma, siempre conmovida por lo religioso.
El Comité del Rosario le publicó un
número extraordinario de su Revista.
En 1.912 su amigo el Arzobispo
de Quito, Federico González Suárez,
recopiló sus poesías y las dio a la
luz en un tomo titulado “Composiciones poéticas
del Sr. Don Belisario Peña en 334 págs.
precedidas de un prólogo suyo en 62 págs.
Allí se dijo que Peña nunca había
querido recogerlas y que solo al final de sus días
y a instancias de Cuervo lo permitió, pues
el mismo amigo Cuervo iba a redactar un Prólogo.
En 1.932 Manuel María Pólit publicó
11 poesías más, de las menores- pero
no indignas; entre ellas una traducción de
Manzoni titulada "El día de la Primera
Comunión" y otras 16 poesías constan
recopiladas en la Biblioteca de los Jesuitas de Cotocollao,
una de ellas de mucho interés, en honor al
General Tomás Cipriano de Mosquera. Su biografía
ha sido publicada en Colombia por el Académico
Roberto M. Tisnés J. CMF.