CARMEN ROSA SANCHEZ
DESTRUGE
FEMINISTA.-Nació
en Guayaquil hacia 1.892 en el hogar formado por Modesto
Sánchez Carbo, tenedor de libros que hizo carrera
en el Banco Comercial y Agrícola y Carmelina
Destruge Illingworth, guayaquileños.
Nació en la casa de
su abuela materna Rosa María Carbo Briones
de Sánchez, ubicada en Córdova, frente
al templo de la Merced, en el antiguo barrio del Bajo
de Ciudavieja que se quemó en 1.896 para el
Incendio Grande.
Inició sus estudios
primarios con profesora en casa como se acostumbraba
antes. Su padre era acomodado, en 1.904 fue enviado
a Quito por Francisco Urbina Jado, como Gerente del
Banco Comercial y Agrícola. Desde entonces
María Rosa vivió con sus padres y hermanas
en los altos del Banco, ubicado en el aristocrático
Pasaje Royal, y fue matriculada en el Colegio de las
Madres de la Inmaculada en Chimbacalle, donde descolló
de inmediato por su inteligencia despierta, viveza,
carácter y contracción para los estudios,
siendo la mejor alumna todos los años y acaparando
los Premios y Menciones que anualmente se discernían
entre el estudiantado.
Pronto fue conocida en el ambiente
social de la capital pues sus padres gustaban recibir
semanalmente y mantenían una tertulia literaria.
Carmen Rosa se hizo amiga de Arturo Borja, Ernesto
Noboa Caamaño, César E. Arroyo, Francisco
Guarderas, Hugo Moncayo, Humberto Fierro, con quienes
departía en alegre camaradería.
En alguna ocasión les
acompañó al Cementerio de San Diego
para oír un concierto de música clásica
en violín, que solo podía ser debidamente
apreciado en aquel lúgubre paraje, en toda
su intensidad dramática. El hecho se prestó
a las más increíbles suposiciones y
no faltó quien hablara de sacrilegio, cuando
solo era una diletancia propia de jóvenes fantasiosos,
que tomaron la idea de un suceso semejante, ocurrido
años atrás entre inocentes literatos
burgueses de Paris. En otra ocasión se realizó
un Juego Floral galante y Carmen Rosa salió
electa Musa del grupo, la reina de la fiesta.
Don Modesto, su padre, veía
con buenos ojos dichas diversiones que más
tenían de literarias que de otra cosa y en
ocasiones llevaba a la muchachada a su quinta de la
Magdalena, donde podían gozar del paisaje rumoroso
de la arboleda y de las delicias de su buena mesa.
Así las cosas, cuando
en Abril de 1.912 falleció el Dr. Luis Felipe
Borja y su hijo Arturo pudo disponer de una pequeña
herencia, declaró su amor a Carmen Rosa y se
produjo el matrimonio en Octubre. La luna de miel
fue en una hacienda cercana a Guápulo propiedad
de los tíos Pérez.
De regreso a Quito un Sábado,
los recién casados decidieron visitar a los
padres de la novia en su finca de la Magdalena y como
por la tarde se iniciara una tormenta eléctrica
prefirieron quedarse a pasar la noche.
Fueron acomodados en una de
las piezas del segundo piso, que ocupaban Laura y
Matilde Sánchez Destruge. Subieron solos porque
el resto de la familia quedó conversando en
el primer piso y a golpe de la madrugada, cuando todos
descansaban, oyeron los gritos de Carmen Rosa y era
que su esposo estaba muerto en la cama. Llamado el
médico de la familia, solo pudo constatar que
el deceso se había producido a consecuencia
de un paro cardiaco entre las 2 y 3 de la mañana,
posiblemente por una alta dosis de Veronal, fármaco
que se administraba el poeta para controlar sus desajustes
nerviosos ocasionados por la morfina y que ingerido
en dosis elevada puede ocasionar la muerte.
El suceso conmovió a
la sociedad ecuatoriana que lamentó tan trágico
destino. Carmen Rosa quedó marcada por el "suicidio"
- como todos dieron en llamar al asunto-viviendo en
una sociedad pacata de beatas santiguadoras e hipócritas,
cobró injusta fama de mujer fatal.
Por eso prefería permanecer
en el interior del domicilio de sus buenos padres
que nunca la desprotegieron, antes que ventearse en
el automóvil lujoso del Banco como antes lo
hacia, pues notaba que su presencia causaba comentarios
y hasta se la comparaba con el demonio; sin embargo,
era tal su simpatía y belleza, que nuevamente
empezó a ser cortejada por numerosos pretendientes,
esta vez más ardorosos que nunca. Oswaldo Zaldumbide
Rebolledo, de los primeros futbolistas y atletas que
tuvo el país, solía disputar el derecho
a enamorarla con Luis Clemente Concha Enríquez
muy menor a él en edad y fueron sonados los
encuentros pugilísticos entre ambos, por el
amor de Carmen Rosa.
Finalmente Zaldumbide la pidió
en matrimonio y muy a regañadientes aceptó
Don Modesto, pensando que con la boda se compondría,
pues Zaldumbide tenia fama de chulla travieso, belicoso,
guapo y matón, pero no fue así, porque
se hizo bebedor fuerte todas las noches en hoteles
de postín y por las mañanas salía
a montar a caballo por la Alameda y a Jugar polo en
la Carolina, sin hacer nada más en las tardes,
que dedicaba al descanso. Así fue como perdió
su dinero propio y empezó a gastar el de Carmen
Rosa. Que no era mucho por cierto.
En 1.924 ella solicitó
a su padre una cierta cantidad pues el Oswaldo quería
realizar no se qué negocios en Colombia, terminando
años después en ese país, sin
haber vuelto a Quito, hecho un guiñapo y en
sillas de ruedas. El, que había tenido tan
buen físico.
En 1.925 cerró sus puertas
el Banco Comercial y Agrícola en Quito y Guayaquil
a consecuencia de la política de la revolución
Juliana y la situación económica desmejoró
muchísimo para los Sánchez Destruge.
Esto parece que debilitó la salud de Don Modesto,
quien pescó una congestión pulmonar
y falleció en Quito el 9 de Octubre de 1.927.
Carmen Rosa vivía con su madre y hermanas en
una casa esquinera y propia, en el Pasaje peatonal
Vásconez Bueno de la Alameda, al lado de gente
conocida como María Luisa Dillon de Arrarte,
Luis Barberis, los Jiménez Arrarte -todos de
Guayaquil- con quienes se llevaban muy bien. Su madre
había quedado embaraza al morir don Modesto,
del sexto hijo que llamó Javier y fue por lo
tanto póstumo.
En 1.928 se cambiaron a una
buhardilla espaciosa ubicada encima del Edén
en el pasaje Royal, donde casó Matilde Sánchez
Destruge con Juan Freile Larrea, que era riquísimo,
pero no tuvieron hijos. Al poco tiempo Carmen Rosa
ingresó a trabajar en la recién creada
Caja de Pensiones. Estaba joven, aún hermosa,
sin hijos. No le faltaron partidos pero los declinaba
con un dejo de profunda tristeza, después de
sus dos fracasos matrimoniales había tomado
experiencia y no quería experimentar más.
Era una mujer activa e inteligente, muy ejecutiva,
tipo trigueño, con largas guedejas de pelo
castaño. Hablantina, nerviosa -fumaba muchísimo-
encantadora. Una dama de mundo y sociedad, que sin
embargo debía trabajar diariamente para subsistir.
Su habla se había vuelto serrana y amaba entrañablemente
a sus pequeños sobrinos los Gómez Sánchez,
a quienes visitaba cuando podía en Guayaquil,
llevándoles un canasto de quesadillas, alfajores
y otras cositas dulces al paladar, por lo cual, los
niños, la esperaban siempre con la impaciencia
jubilosa propia de sus pequeños y golosos años.
En 1.937 edificó una
pequeña villita en Guayaquil, en el barrio
Centenario, con un préstamo que obtuvo de la
Caja de Pensiones (Calle Rosendo Avilés entre
Arguelles y José Salcedo) ya trabajaba en el
Correo Central en Quito, donde se jubiló años
después.
A principios de los años
40 parece que empezó a sentirse mal de salud
y se vino a Guayaquil, donde sin embargo siguió
activa, importando ropa y artículos para mujer
de los Estados Unidos, que vendía entre sus
parentela y amistades. Colocando resmas de papel bond
en el comercio, Así como artículos menudos
de oficina. Su hermana Laura de Guzmán la ayudaba
con el capital, pues eran muy unidas. El 42 se vio
aquejada de fuertes dolores por un cáncer lento
al estómago y falleció a fines de dicho
año en paz con el mundo y con su conciencia,
de solo 50 de edad.
Fue una mujer apasionada y
se la considera la musa del grupo de poetas modernistas
de Quito de los años 1.908 al 10.