ANTONIO J. TOLEDO
POETA.- Nació
en Quito el 3 de Diciembre de 1.868 y fueron sus padres
legítimos un Médico pastuso emigrado
al Ecuador por razones políticas y Madre guarandeña.
Niño aun quedo huérfano, cada hermano
tomó su rumbo y solo él permaneció
en la capital, estudiante sin afición a otros
libros que los literarios y teniendo que buscar el
pan con el propio esfuerzo.
Poco conozco del adolescente
desmedrado y pálido hasta parecer enfermo.
Tímido como una niña pero lleno de vida
intelectual y poeta a ratos perdidos, que durante
algún período frecuentó la bohemia
de amigos y reuniones en la plaza de la independencia.
En octubre de 1.889 comenzó
a publicar en la "Revista Ecuatoriana" y
en los otros órganos literarios de Quito, cortas
y sentidas composiciones poéticas muy a lo
Gustavo Adolfo Becquer, aunque sin vuelos ni las profundidades
del español, de suerte que Jamás alcanzó
su amplitud. Vivíase en Quito un vacío
cultural dejado por el romanticismo eufórico
de las primeras épocas que declinó hacia
otro menos valioso, de tinte clasicista. Por eso su
poesía impactó bajo los títulos
de: Primeros Versos y Versos de Circunstancias y en
realidad lo fueron sus primeras 27 composiciones aparecidas
en la "Revista Ecuatoriana" que dirigía
Roberto Espinosa Albán con notas de critica,
publicaciones de cuentos, leyendas y traducciones
de poemas franceses e ingleses.
Sus merecimientos le señalaron
a los ojos de los literatos y cuando Espinosa ocupó
el Ministerio de instrucción Publica en 1.893,
durante la presidencia de su suegro Luis Cordero,
le llevó de Jefe de una de las Secciones, donde
languideció por años con un sueldo que
solo le alcanzaba para sobrevivir, tal su temple resignado
y depresivo, muy de acuerdo a su descripción
física de alto. pálido, de barba puntiaguda
y mefistofélica, con levita siempre y con la
bondad que era su característica hacia sus
compañeros y la bonhomía risueña
y plácida para los jefes
Era tan poquita cosa que después
de los luctuosos sucesos del 25 de Abril de 1.907,
cuando los estudiantes de Quito fueron atacados por
la pesquisa y resultaron numerosos heridos y contusos,
dizque quizo renunciar su empleo y hasta faltó
algunos días, pero luego regresó cabizbajo
a su escritorio y cuando fue preguntado porqué,
solo pudo decir con mucha amargura: "Por el sueldito
nomás".
Así y todo, sus versos
tristes, apasionados y tiernos, se leyeron con singular
agrado nimbados por el misterio de dolores imaginarios
hacia un amor imposible. "Nadie ama mejor que
el que no es amado" y no fallaron suspiros en
el altar de la mujer divinizada. Se decía que
amaba a una mujer buena y bella, nacida en la alta
sociedad, acostumbrada al lujo, llena de incienso
prodigado por manos enjoyadas y por añadidura
muy joven para él y fría. Para ella
fueron los últimos versos, sus "Brumas"
como les tituló, 45 en total, con acentos propios,
que al ser coleccionados en un volumen de 127 págs,
en 1.915, con un hermoso Prólogo de su amigo
Trajano Mera Iturralde, nos ha dejado la historia
de su frustrada pasión amorosa, acentuada con
los tintes de ausencia, por las diferencias sociales
y económicas del poeta y su musa.
Entonces el público
comprendió el dolor sumiso que acompañó
su vida, sin una nota de rebeldía, pero enaltecido
por su decoro y melancolía. Su dolor fue espontáneo
y con dejos de amargura. Por eso Isaac Barrera ha
dicho que fue uno de esos quiteños típicos
que viven de la contemplación de sus montes
elevados, de su naturaleza generosa, de la luz pura
que se esfuma en los ámbitos al caer los rayos
del sol perpendicularmente sobre la tierra. Un raro
de paso lento, mirada lánguida, retraído
de todo, vestido desgarrado y la boca con rara sonrisa,
pues parecía un asceta.
Murió en el Hospital
de Quito el 7 de Marzo de 1.913, de solo 44 años
de edad y envuelto en harapos, musitando "Muero
sin haber hecho daño a nadie". El cortejo
que acompañó a su cadáver no
tuvo resonancia alguna en los medios literarios. El
Estado pagó los gastos del sepelio, que no
fueron muchos. Su paso al más allá se
produjo envuelto en un silencio misterioso, como había
sido su vida, una bruma sin final feliz.