El asunto comenzó en
el Colegio Seminario donde Cordero era profesor y
tenia mucha influencia sobre los muchachos, que salieron
a las calles y apresaron al Gobernador Carlos Ordóñez
Lazo, al Jefe Político Juan Bautista Vásquez
y a otras autoridades menores, formándose una
gran algarabía.
Rafael Torres y su hermano
Jerónimo impartían las órdenes
y sabedores al día siguiente que en Azogues
estaban las fuerzas del gobierno, enviaron al Comandante
Ramón Pesantes a contenerlas, mientras amenazaban
a Ordóñez de muerte si no mandaba a
desarmar a los suyos, pero estos se negaron a rendirse
y por el contrario apuraron la marcha y lograron entrar
en la población cuando Ordóñez
era sentado en mitad de la plaza pública, fusilado
y dejado en el suelo, pues se pensó que estaba
muerto. Más, solamente había caído
con una pequeña herida, pues la otra bala le
había dado directamente en la gruesa hebilla
del pantalón, salvándole de una muerte
segura.
Torres mantenía dos
contratos firmados durante el gobierno del Presidente
Espinosa para construir un Hospital y un Lazareto
en Cuenca y sobre ellos quisieron las autoridades
actuar para embargarle sus propiedades. Ordóñez
le condenó al destierro, que cumplió
en Tumbez, Piura y Paita con otros compatriotas como
Francisco G. Ortega, con quien comenzó a madurar
los planes para una invasión pues era incansable
en la lucha política; empero, una dolorosa
infección al oído, con permanente supuración,
le mantuvo por largos meses inactivo, hasta que sabedores
en Cuenca de su estado y condolido el Gobernador de
su suerte, autorizó el regreso en Julio del
70.
En 1.871 volvió secretamente
a sus tierras en Yunguillas viviendo oculto. En Octubre
firmó un Pacto con Pedro Moncayo y otros notables
liberales del austro para trabajar con todos los ciudadanos
que sufrían persecuciones, torturas y vejámenes
del déspota García Moreno y lograr su
derrocamiento y ruina, restaurando las instituciones
democráticas acordes a los progresos de la
época, de suerte que con el propósito
de lograr tan altos y patrióticos fines decidió
en 1.873 pasar al Perú, donde preparó
una invasión armada y permaneció hasta
el asesinato de García Moreno en 1.875.
En 1.876 plegó a la
revolución del General Ignacio de Veintemilla
en Guayaquil contra el régimen del Presidente
Antonio Borrero. En el puerto principal fue designado
Edecán del General Urbina y en su compañía
subió a la sierra, derrotando a las fuerzas
gobiernistas el 14 de Diciembre en la célebre
Batalla de Galte, que abrió a los revolucionarios
el dominio de la república y la ocupación
de Quito. Desde entonces pasó a desempeñar
la Gobernación del Azuay Durante su corta y
benéfica administración inició
la construcción del hospital y de la gran calzada
que conduce al puente del vado, retirándose
en 1.877 a sus negocios particulares.
En 1.884 figuraba con sus numerosos
hijos en el pequeño pero valioso Círculo
de liberales Cuencanos con Gabriel Arsenio Ullauri,
Luis Federico Malo Andrade, José y Agustín
Peralta Serrano, Luis Vega Garrido que por esos días
habíase distanciado de su parentela, Pablo
Chica Cortázar, Joaquín Uriguen, José
Félix Valdivieso, Aparicio y José María
Ortega y Ramón Pesantes Sempertegui, calificados
de herejes por sus ideas heterodoxas, tanto en política
como en religión.
A principios de Marzo del 87
se reunió con Vega, Ortega, Peralta y otros
liberales en la hacienda Monay propiedad del suegro
de Ullauri. para tratar con el Coronel Floresmilo
Zarama, jefe de uno de los batallones acantonados
en Cuenca, sobre la posibilidad de salvar la vida
al Coronel Vargas Torres, prisionero y condenado a
muerte.
En la noche buena del 24 de
Diciembre el Gobernador Francisco J. Moscoso Cárdenas,
aprovechando que la mayor parte de los mencionados
liberales se encontraban con sus familias en una alegre
tertulia en casa de José Peralta, valiéndose
del Jefe Político Víctor de la Luz Toral,
mandó a allanar la morada. Una cerrada descarga
de fusilería inició la operación
cundiendo el pánico entre las damas y niños
asistentes. Peralta y Gabriel Arsenio Ullauri fueron
apresados y enviados al día siguiente a Loja
y Tulcán. Torres, que no había caído
en batida, fue preso y escoltado a Yunguilla en obligado
confinamiento, pero el Presidente Flores Jijón
no aprobó las medidas y ordenó que los
pusieran inmediatamente en libertad.
El 88 adquirió una imprenta
que puso en funcionamiento en los bajos de su casa
e imprimió "La Linterna" del joven
escritor Manuel J. Calle, con una apasionada defensa
de la labor periodística de Peralta en "La
Libertad", "La Verdad" y "La Razón"
condenadas y prohibidas por el irrascible Obispo León
y en "El Constitucional" que había
merecido una réplica del Canónigo González
Suárez y del Arzobispo Ignacio Ordóñez
Lazo en Quito Peralta ya había fundado “La
Época” que editaba donde Torres y contestó
los insultos y ataques de González Suárez
haciendo propio su comentario generalizado en Cuenca,
de que éste sufría de infantilismo el
pene relativamente pequeño y hasta llegó
a amenazarle con levantar su sotana para que todos
pudieran comprobarlo.
El escrito de Peralta trajo
más consecuencias, pues habiéndose reunido
el grupo liberal en casa de Torres, fue; cercado por
el ejercito que ocupó la calle y hasta pusieron
centinelas en las puertas impidiendo la salida. Esa
noche trataron de huir Luis Vega Garrido y Ramón
Pesantes pero fueron atacados a bala por una turba
comandada por el Dr. David Neira, Víctor León
Vivar y otros, sin que las fuerzas armadas hicieran
nada por defenderles. Vega logró escapar, Pesantes
recibió cinco heridas y fue arrojado a un alfalfar.
Quince días duró el asedio y el vejamen
fue realizado a vista y paciencia de la población,
y quiza hubieron permanecido más tiempo de
no haber mediado la actitud pacificadora del Presidente
Flores Jijón.
Por entonces el Obispo León
prohibió todo lo que apareciera en su imprenta
con grave escándalo para la nación que
se sorprendió con tan insólita noticia.
Casi enseguida se produjo un
ruidoso pleito con las Monjas del Carmen por el reparto
de un hato denominado Tuhur en el que Torres tuvo
interés y que terminó con el intento
de asesinato contra Peralta y el Coronel Irigoyen,
saliendo este último con el sombrero perforado
de bala.
Tras la batalla de Girón
el 22 de Agosto de 1.895 que abrió las puertas
de Cuenca a los liberales del General Manuel Serrano,
el pueblo nombró en plebiscito a Luis Malo
Andrade para la Gobernación del Azuay y a Gabriel
Arsenio Ullauri en la Comandancia del Ejercito, lo
que disgustó sobremanera al grupo de malo,
que aspiraba a esta función para uno de sus
hijos que era Capitán.
Falleció en Cuenca,
de 79 años de edad, en 1.907 formando parte
de la vanguardia del libre pensamiento del Azuay y
dejando una larga familia compuesta de ocho hijos.