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MANUEL J. COBOS
COLONIZADOR.- Nació en Cuenca en 1.836 y fue bautizado como Manuel Julián. Nada se conoce de su niñez y juventud, a no ser que desde 1.856 figuraba como comerciante en la zona de Chanduy con otros paisanos que emigraron a causa de varios años de sequía en el Azuay. El 58 fundó la “Casa Cobos hermanos” con su hermano Ángel.

Chanduy era por entonces un sitio poco poblado que se prestaba para caleta de contrabandistas. Las naves iban a Panamá cargadas de productos y con el dinero de esas ventas se adquiría mercadería extranjera para introducirla al Ecuador. Varios comerciantes practicaban tan lucrativa actividad.

En 1.863 se descubrió la Orchilla en las Galápagos, planta que sirve para teñir telas y que alcanzaba gran precio en México, Panamá y los Estados Unidos.

En 1.866 casó con Adelaida Monroy, se estableció en la isla Chatam (San Cristóbal) con la "Empresa Industrial de Orchilla y Pesca" que duró hasta el 69 en sociedad con su hermano Ángel y con su cuñado José Moroy Cedillo. El primero se retiró al poco tiempo y la sociedad continuó solo con Monroy por casi cuarenta años. Cobos era un sujeto "de conversación muy agradable, práctico, de buen sentido del humor, honesto en sus transacciones financieras".

La Orchilla es un líquen que sirve para teñir telas. Antes que se inventaran las anilinas químicas en Alemania tenia un excelente precio en los mercados internacionales en Londres y Hamburgo. Por eso constituía el mayor negocio por entonces.

Cobos y Monroy se dieron cuenta de que aparte de la Orchilla se podía explotar los cueros de las numerosísimas reses salvajes que pastaban libremente en el interior de la isla y que las pieles de las focas o lobos marinos de las playas eran muy solicitadas y siendo relativamente fácil viajar hacia Panamá, donde todo tenía mejor precio que en el Ecuador, hacia allá se iban a venderlas y con el producto compraban mercancías extranjeras y regresaban a Chanduy, completando el periplo con estas nuevas ganancias, pero entre el 68 y el 69 sufrieron varios juicios instaurados por el Gobernador del Guayas, Vicente Santistevan Rocafuerte, quien dispuso la incautación de las goletas "Paulita" y "Estrella del Norte", por contrabando.

Las casas comerciales con sede en las Galápagos eran solamente tres: 1) Valverde y Hno. que duró hasta el 69.- 2) José de Valdizan con base en la isla Floreana y 3) Cobos-Monroy en Chatham, pero ese último año Valdizán ganó el remate de los derechos de explotación de la orchilla y obligó a sus competidores a llegar a un entendimiento. El presidente García Moreno había dictado orden de captura contra Cobos y éste se trasladó a extraer orchilla en la península de la Baja California, mientras su socio Monroy pleiteaba para que se permitiera el zarpe de las goletas "María Ester" y "Estrella del Norte" de su propiedad.

El 71 Monroy le envió trabajadores a California en la goleta "Amelia" y recogieron orchilla hasta el 73 que el negocio se volvió improductivo por la competencia de las anilinas, recién descubiertas en Alemania. Entonces Cobos regresó a la Isla Chatham con algunos de los colonos llevados a la Baja California, encontrando a los veinte operarios miembros de las ocho familias dejadas para domesticar ganado y descuajar ciertos bosques para potreros.

Ya había iniciado la siembra y el cultivo de la caña de azúcar en su hacienda en la isla Chatam, el ingenio llamaría “El Progreso”.

El 75 Chatham fue visitada por Francisco Vidal Gormaz que encontró la hacienda "Progreso" de Cobos y Monroy de 3.000 hectáreas de terreno con 37 trabajadores. Teodoro Wolf también mencionó la hacienda en su viaje de Agosto a Noviembre de ese año. El 78 fue asesinado Valdizan en la Floreana y cien peones de los suyos pasaron a Chatham. (1) Monroy vivía nuevamente en Guayaquil comerciando los productos de la hacienda. Desde el 80 construyó nuevas casas y los edificios administrativos con las maderas de los bosques de la isla. Con la nueva constitución del 84, las Galápagos pasaron ser una jefatura territorial poco efectiva. El primer jefe duró poco tiempo y lo regresaron al continente aquejado de ataques de locura. El 85 los socios iniciaron un ingenio de azúcar sembrando 80 hectáreas de caña. Al poco tiempo importaron la maquinaria de Escocia y llevaron el personal extranjero para ponerla en funcionamiento. Y a la par de estos adelantos, registraba un cambio en su personalidad, volviéndose un tirano con sus peones y empleados, que trataba con el revolver al cinto, imponiéndoles severísimos castigos muchas veces mortales, que eran ignorados sistemáticamente por los Jefes Territoriales del Archipiélago.

El 86 comenzó a acuñar sus propias monedas llamadas las “cobonas”, que eran redondas, marcadas al fuego y de cuero de res, para uso en el almacén del ingenio.

(1) El 87 el comandante Federico Chaignau, de la fragata chilena Chacabuco, describía la hacienda de la siguiente manera: Un camino conduce desde la playa de Puerto Chico hacia la parte superior de la isla donde está establecida la hacienda del Progreso, propiedad de don Manuel de J. Cobos; el cual, a la sazón, se hallaba en otras islas con sus colaboradores, recogiendo orchilla. El terreno, de un color rojo, produce los frutos más variados de la zona tropical conjuntamente con otros de la zona

(1) Estos peones habían sido convictos entregados en la prisión de Guayaquil para realizar trabajos en las Galápagos.
templada, así, al lado de la caña de azúcar, plátanos, piñas, camotes y yucas, se ven producirse las patatas, los frijoles y los melones. Rara es la semilla que no ha germinado de los muchos ensayos que se han hecho para saber de lo que es capaz el terreno de la isla, siendo el cacao el único que no ha surtido buen efecto. La principal producción agrícola de la isla es la caña de azúcar, de la cual se extrae el aguardiente por medio de un pequeño trapiche y de un alambique que sirve para la destilación de la miel que aquella produce.

El 89 importó un ferrocarril e instaló las rieles para transportar la caña de azúcar.

El 89 y el 91 la expedición del científico Alexander Agassiz realizó el segundo y tercer viaje por el archipiélago. En la Chatham fueron atendidos por Cobos que había aumentado a 210 las hectáreas sembradas de caña para alcanzar una producción anual de 16.000 quintales aparte del ron. Después renovaría la maquinaria original por otra nueva.

Para el abastecimiento de agua al Ingenio y uso de la población había construido un canal artificial que descendía por las montañas centrales de la isla desde un manantial de agua pura en las alturas y desembocaba en una cañería de fierro de un kilómetro de largo que terminaba en la fábrica tras recorrer siete millas y tres puentes tendidos entre zanjas profundas.

"El Progreso" también producía café de excelente calidad, habían como 10.000 cabezas de ganado vacuno que se mataba únicamente para aprovechar los cueros, de suerte que al poco tiempo disminuyó su número. A veces la carne salada o charque se exportaba al continente. El 91 se trabajó un camino, carretero que partía al sitio Playa Prieta, recorría el centro de la isla y torcía hacia el sur donde había existido una población denominada Las Cuevas. El mar entregaba abundancia de pescados, había una mina de cal cercana y una salina natural en la isla Santiago y otra a corta distancia de Puerto Chico. Azufre y madera tampoco faltaban, plátano, papas, maíz, fréjoles y legumbres completaban el panorama agrícola de la "Progreso" y en cuanto a frutas las naranjas, papayas, piñas, sandías, badeas, melones y bananos.

El 93 transportó en dos veleros de su propiedad 500 toneladas de azúcar anuales, panelas, ron, anisado, aceite de tortuga y ballena para iluminar Guayaquil, café, cueros, carne, azufre, cal y pescados secos. En 1.897 murió su hijo.

Los trabajadores eran gente reclutada, delincuentes penados en la isla, gente campesina y hasta peones conciertos que recibían un salario mínimo en monedas que solo circulaban en la hacienda donde tenían obligatoriamente que aprovisionarse de víveres dada la soledad de la isla. El imperio económico de la "Progreso" se asentaba en la miseria de los trabajadores, que sufrían toda clase de vejámenes por el despotismo sin límites de Cobos, sus Mayordomos y demás preferidos. Eran usuales las violencias físicas, violaciones y confinios a las islas aledañas sin agua, donde no existía la posibilidad de sobrevivir. Azotes, palos o látigos eran repartidos casi a diario y con tanto ensañamiento que a veces se producían muertes.

La proporción entre hombres y mujeres eran de tres a uno. La escasez de mujeres acarreaba una serie de crímenes y desórdenes que a Cobos nunca pareció preocupar, mientras no ocasionaran una disminución del Trabajo duro en su hacienda. Tenía por costumbre imponer multas elevadas a "sus trabajadores", que por ello vivían condenados a eterna esclavitud económica sin la oportunidad de una vida mejor y como no había escuelas la moral casi se desconocía y el atraso era pavoroso. Nadie era dueño de nada, todo pertenecía al patrón, incluso la vida.

En 1.886 hizo fusilar a cinco trabajadores acusados de rebelión. La ejecución tuvo lugar uno por uno a cien metros de distancia de la casa de hacienda en cinco estacas a las que fueron atados a última hora.

En 1.901 desterró al peón Camilo Casanova a la isla Santa Cruz donde sobrevivió tres años en soledad completa.

A principio de Enero de 1.904 Cobos tenía casi 68 años de edad pero aún era robusto aunque sufría de una llaga incurable de posible orígen sifilítico en una pierna, que se hacía curar diariamente y cuyo dolor le mantenía con el carácter serio y el rostro avinagrado. También se decía que una rebelde eczema en todo el cuerpo le picaba con insistencia y solo le disminuía cuando tomaba baños de alcohol y agua en una tina de metal ubicada cerca de su dormitorio, pero esto no llegó a comprobarse.

Parecía que estaba al borde de una depresión pues se sentía cansado de vivir en la isla y hasta pensaba retirarse al continente a contraer matrimonio con la dama limeña Manuela Tábara, tras vender la hacienda a un consorcio norteamericano en la suma de quinientos mil dólares.

La sociedad con su cuñado Monroy había terminado por la compra de sus acciones y ya nada le retenía, solamente la inercia o el deseo de seguir enriqueciéndose.

Tenía entre sus Mayordomos a Elías Puertas, de quien se decía que había dado muerte a un trabajador en Balao y que por eso vivía prácticamente desterrado en Chatham. Puertas ejercía notable influencia sobre varios sujetos que deseaban vengarse de los malos tratos sufridos y hasta se había apropiado de un revólver de propiedad de Cobos, quien lo había hecho buscar insistentemente y al no encontrarlo se mostraba nervioso, suponiendo que algo se tramaba en su contra.

Los conspiradores habían estudiado la posibilidad de enviar una queja a las autoridades de Guayaquil, pero cambiaron de parecer cuando no encontraron a nadie de confianza que pudiera llevarla. Entonces decidieron asesinarlo a través de un cocinero llamado Jaime, que por vivir en la casa del patrono tenía facilidad para hacerlo, pero éste se asustó y no quiso inmiscuirse en el asunto.

El 12 de Enero Cobos dispuso 300 palos para Daniel Parra y P. García. El 13 para Juan Ignacio Torres. Un peón colombiano de raza negra llamado José Prieto comentó: "Cuando será el día en que vea arder los canteros", fue denunciado por José Higueras, reducido a prisión y puesto en la barra para darle 400 palos al día siguiente. El anciano Jefe Territorial Leonardo Reina Sono se solidarizó con el abuso y exclamó: Han de ser 500 porque tengo orden del Gobernador de Guayaquil para darles palo y hasta para fusilarlos.

Los conspiradores comprendieron que si no se adelantaban a Cobos éste indagaría toda la verdad y resolvieron asesinarlo con las primeras luces del día siguiente, cuando saldría a dirigir el inicio de las faenas. Llegado el momento Puertas subió y le dijo: Don Manuel ¿Ud. No le va a dar palos a Prieto? Si, fue la respuesta. ¡Usted no mata más! Y le disparó dos veces con el revólver perdido, que había mantenido oculto debajo del poncho, hiriéndole de gravedad. Después se sabría que un balazo le perforó un pulmón y que el otro le entró por el estómago. Cobos se retiró rápidamente a su cuarto sosteniendo el calzoncillo con la mano.

El ruido de los disparos reunió a los conjurados mientras Cobos tomaba un arma para defenderse. Entonces, dándolo por muerto, fueron a buscar a Reina que estaba en la llamada Casa de Gobierno, quien viéndose perdido se lanzó por una ventana pero fue rodeado y a pesar de que insistió en que le perdonaran la vida, fue ultimado al grito de maten a ese viejo bandido con un solo disparo que le entró por el cuello y se le alojó en la caja toráxica. Enseguida fueron a ver a Cobos a su casa y a pesar que algunos subieron al primer piso no le pudieron hallar, porque se había lanzado por la ventana de su dormitorio y permanecía en el suelo con la pierna izquierda rota. Allí fue rematado a balazos.

Lo raro del caso es que la turba no perdió en ningún momento la compostura porque Puertas impuso orden y hasta tuvo la proligidad de vaciar los toneles de aguardiente para evitar todo exceso. Primero fueron al almacén de la hacienda que hicieron abrir para que los pobladores se apropiaran de los víveres necesarios, dejando la tienda cerrada con llave. Luego retiraron los malditos libros de cuentas y con ellos hicieron una pira en el patio de la hacienda.

Cobos y Reina fueron velados en la casa de hacienda y sepultados en el sitio donde años atrás habían sido fusilados los cinco empleados; finalmente, al quinto día, los insurrectos decidieron huir a territorio colombiano en la balandra "Josefina Cobos" pues querían dispersarse, pero los apresaron en el intento el 16 de febrero y devolvieron a Guayaquil, donde se les siguió un juicio escandaloso porque el asunto del asesinato a Cobos se hizo noticia nacional.

Dos comisiones de investigación viajaron a las Galápagos para conocer los detalles del suceso y se sacó que el país conociera lo escalofriante de su tiranía. Su cadáver y el de Reina fueron inhumados y autopsiados. Finalmente se trajeron los restos a Guayaquil, levantándole a Cobos un majestuoso mausoleo de mármol en la entrada número tres, la principal del Cementerio General.

Alto, fornido, blanco, de pelo y ojos negros. Fue un trabajador incansable que logró construir un imperio económico en una isla desierta. Pudo haber sido un patrono justo con los empleados pero prefirió ser un déspota atrabiliario y abusivo. El ingenio El Progreso se cerró y la hacienda fue abandonada por los peones, de manera que los canteros terminaron al poco tiempo.