ANDRES
FERNANDEZ- SALVADOR Z.
EXPLORADOR.-
Nació en Quito el 15 de Junio de 1.924 y fueron
sus padres legítimos Ricardo Fernández-
Salvador del Campo propietario de 44.000 cabezas de
ganado repartidas en sus haciendas: Leyto cerca de
Ambato que vendió en 1.930 al colombiano Marco
A. Restrepo Jaramillo, cuya biografía puede
verse en este Diccionario, Los Potreros Bajos en Machachi,
Miraflores en Cayambe, el Vínculo en el Carchi,
Tasinteo en Ambato y Sacsayacu a veinte días
de camino a Quito hacia el oriente, con una extensión
de 54.000 hectáreas regadas por 82 ríos
con 200 familias de indios Yumbos que lavaban oro,
pero el paludismo los diezmó y los restantes
escaparon a la selva. A pesar de que heredó
a su tío Ignacio Fernández- Salvador
que murió soltero, diversas transacciones fueron
disminuyendo su fortuna, pues todo lo invertía
en el oriente y con un último capital, adquirió
a María Zaldumbide Rebolledo de Denis, las
fuentes minerales de Tesalia en el Cantón Mejía
en Pichincha, comenzando a comercializar dichas aguas
con la marca Guitig, y Luz María Zaldumbide
Freile.
Fue el segundo de tres hermanos
que nacieron y se criaron en la casa familiar de los
Fernández- Salvador en la Bolívar y
García Moreno, dividida entre Ricardo y Alfredo
Fernández- Salvador del Campo Comenzó
a estudiar en la escuela del Cebollar y el Hermano
Pedro le enseñó raíces latinas
hasta el tercer grado. El 33 sus padres le llevaron
a Francia en plan de turismo adinerado, alquilaron
un departamento en el aristocrático barrio
de Saint Cloud muy cerca de los bosques de Bologna,
paseaban por los jardines de las Tullerías,
poseían un automóvil Dusemberg de 12
cilindros con chofer y fue matriculado en el Colegio
de San Luis Gonzaga mientras su padre administraba
los negocios de su oficina en Londres.
El 36 volvieron a Quito, entró
al Instituto Mejía y como sus padres se estaban
divorciando fue enviado a Los Angeles en compañía
de la familia de su tía María Fernández-Salvador
del Campo. En el muelle les recibió Jacinto
Jijón y Caamaño, su esposa e hijo. Pronto
ingresó al "Loyola High School",
hizo mucho deporte, sobre todo atletismo, levantamiento
de pesas, lucha libre y natación. La revista
"Mercury" del Club Atlético de Los
Angeles le consideró el 39 el muchacho de quince
años de edad más fuerte del mundo.
Entonces cayó en sus
manos el libro "Lobo de Mar", con la vida
del Conde Von Lutner durante la Primera Guerra Mundial
y su posterior estadía en Haway. Motivado por
tal lectura decidió escapar a México.
Caminando arribó a Tijuana y luego a Ensenada
y como había un buque que iba al Canal de Panamá
y al África, nadó hasta él y
trepó por la cadena del ancla, pero le sorprendieron
enseguida y al día siguiente le rescató
el Cónsul ecuatoriano Ismael Avilés
y fue internado por su tía en la "Southern
California Military Academy" donde siguió
brillando pues nadie le podía igualar en las
carreras de 100 yardas planas y se graduó de
Bachiller con honores.
En 1.940 estuvo tres meses
en la "Sadyer's School of business" que
no le agradó y algún tiempo más
en "Los Angeles City College" en Cursos
de Filosofía y Matemáticas, llegando
a revisar el Cálculo Diferencial e integral.
El 41 entró a la "Southern California
University" pues había comprendido que
su vocación era la Biología aunque su
padre le deseaba Químico para que administrara
el negocio del agua mineral.
Entonces ocurrió el
ataque del Japón a PearI Harbor y los Estados
Unidos entraron a la Segunda Guerra Mundial. Muchos
compañeros suyos se alistaron en el Army, tres
de ellos morirían en la isla Guam. El 44 intentó
alistarse pero no le aceptaron por ser extranjero,
así es que cambió su visa de estudiante
por otra de inmigrante y el 45 fue llevado al fuerte
Mac Arthur en San Pedro, California, con el grado
de Sargento por sus estudios militares y como instructor
de combate. Luego le destinaron a los Fuertes Lewis
en Tacoma, estado de Washington, y Saint Houston en
San Antonio, Texas. Finalizado el conflicto volvió
a la Universidad. El 47 aprobó el Quinto Curso
de Medicina, pero su padre le pidió atender
los negocios en Machachi.
Desde el 46 y a través
de un artículo aparecido en "Los Angeles
Examiner" se había enterado de la existencia
de las misteriosas montañas de los Llanganatis
al este de Píllaro y de la leyenda del tesoro
escondido del Inca Atahualpa en un sitio secreto de
esas frías e inhóspitas regiones. En
Quito tuvo la oportunidad de conversar en varias ocasiones
con el sabio Luciano Andrade-Marín Baca quien
le motivó a buscarlo. Desde entonces ha realizado
dieciseis expediciones y en muchas de ellas, por lo
accidentado del terreno ha corrido serios peligros.
Las entradas y salidas se realizaron por Píllaro
donde el comerciante Villacrés provee de víveres.
El 52 participó en los
Juegos Bolivarianos celebrados en Guayaquil y resultó
segundo en la carrera de los 100 metros planos, tras
el campeón Mundial Lloyd Labeach, panameño
de color de dos metros de alto, quien impuso el Record
Mundial de 10,1 segundos; Andrés la marca de
10,3 igualando la del norteamericano de color Jesse
Owens en las Olimpiadas Mundiales de Berlín
del 36. Ya antes, en varias ocasiones, había
cronometrado 10,4 en Guayaquil. Al poco tiempo asistió
a los primeros Juegos Panamericanos en Buenos Aires
y le ganó a Herbert Mac Kinley, Campeón
Mundial de 200 y 400, en los 100 metros planos. En
las olimpiadas de Londres de ese año Mac Kinley
ocupó el segundo puesto mundial.
El 52 entró un mes a
los Llanganatis con su primo Luis del Campo Fernandez-
Salvador. Llegaron hasta las montañas de las
Margacitas sin encontrar los tres cerros señalados
en el famoso derrotero de Valverde y en el de Anastasio
de Guzmán y Abreu, porque en vanas ocasiones
perdieron el rumbo debido a la espesura de la niebla.
El 54 entró con Julio
Boschetti Calle, Fernando Pérez Quiñonez
y Enrique Amador Márquez pero les llovió
a cántaros durante trece días seguidos
y no lograron avanzar casi nada. El regreso fue trágico,
con agua helada hasta la cintura en ciertos tramos
y uno de los cargadores cayó a un profundo
precipicio y murió.
El 55 volvió nuevamente
con Boschetti y ocho cargadores. Durante dos semanas
trataron de no perder el rumbo y finalmente pudieron
arribar al valle Perdido, localizando unas gradas
talladas en piedra que posiblemente conducen a una
mina abandonada. Al regreso vieron el cadáver
congelado del cargador del año anterior y lo
enterraron.
El 56 entró con Tulio
Boschetti padre del anterior y ocho cargadores y arribaron
al mismo Valle usando un plano antiguo de la zona
obsequiado por Andrade Marín.
El 58, otra vez con Tulio Boschetti
Calle y once cargadores. Permanecieron tres semanas
en los Llanganatis, exploraron una laguna con gradas
blancas y una isla en el centro, que desaguaron a
base de trincheras sin hallar nada
El 59 viajó a Rusia
como miembro de la Reunión Aeronáutica
Internacional y tuvo la oportunidad de hacer amistad
con el general Doolitle del Ejército Norteamericano,
con el Ministro Mikoyan miembro del Politburó
ruso y con el General Tupolef diseñador de
aviones de combate entre otros.
El 63 su padre le pidió
visitar en la hacienda Delta de Quevedo al Comandante
George M. Dyott, quien le refirió la siguiente
historia: Cuando se extravió en el interior
de la inmensidad amazónica del Brasil el Coronel
Percy Harrison Fawcett, célebre descubridor
de las minas de plata de Muribeca, le encargaron su
búsqueda. Con tal motivo viajo a la tribu de
los indios Calapalos, famosos por su ferocidad y salvajismo.
Encontró una parte de la Correa de un maletín
que había pertenecido a Fawcett y la hebilla
con sus iniciales, pues había sido asesinado
tras una riña con el Cacique, con un hijo suyo
y un amigo de su hijo.
Dyott fue apresado y puesto
en una jaula para engordar con maíz pues pensaban
comerlo, pero logró escapar. Nuevamente en
la jaula, fugó por segunda ocasión y
volvió sano y salvo a los Estados Unidos, donde
publicó sus aventuras bajo el título
de "Cacería de un hombre en el Amazonas"
que causó gran revuelo y originó una
película y su justa fama.
Al poco tiempo, en 1.931, Dyott
recibió una invitación por carta de
la familia Bemender, de Vermont, USA. Ellos le explicarían
después que en una limpieza primaveral del
ático fue localizado dentro de una vieja Biblia
familiar un papel que decía "Buscar rifles
y mochilas". Al siguiente año, en otra
limpieza, se encontró dicho libro y en su interior
un Plano para llegar a una isla frente a Maine, con
instrucciones para excavar en ella al lado de un árbol,
donde encontraron una botella con cartas en su interior.
La más antigua es del 24 de Mayo de 1.887,
escrita en inglés por el capitán de
navío Barth Blake, dirigida a su amigo Bemender,
abuelo de los interesados.
Dicha carta dice: Mi querido
Capitán: Ud. Recordará que yo me he
pasado buscando el tesoro de Atahualpa todos estos
años sin mayor éxito, pero ahora me
es grato comunicarle que lo he encontrado en una cueva
de una montaña del Ecuador. Por una absurda
suerte lo he descubierto. El tesoro es tan grande
que ni cien hombres podrían moverlo y todo
es oro trabajado con incrustaciones de esmeraldas
en cada pieza. No osé llevar nada conmigo porque
incluso ahora que le escribo esta carta aquí
en Píllaro, hay algunos sinverguenzas que me
están mirando por la ventana. Pienso viajar
a Europa la primera oportunidad y conseguir el dinero
necesario para regresar a retirarlo con la debida
protección.
Dicho Capitán Blake
había expedicionado a los Llanganatis con su
amigo N. Chapman fallecido de una enfermedad tropical
en las montañas. Después de esta primera
Carta que acompañó con un Mapa donde
señalaba el derrotero para hallar el tesoro,
Blake envió otra con un segundo Mapa, indicando
que el primero contenía datos falsos para despistar
a los incautos y que este otro era el verdadero. Viajó
a Europa y de regreso a New York se perdió
su rastro en mitad del trayecto, pues cayó
o fue arrojado al mar. El comandante Dyott, en cambio,
tras detenido examen de las Cartas y los Mapas, expedicionó
varias veces a los Llanganatis sin resultado alguno.
Tal la historia que le refirió en su refugio
de Quevedo y como además le obsequió
apuntes, documentos y mapas suyos, decidió
proseguir en la búsqueda.
Poco después le llamaron
por teléfono. Era su antiguo profesor de Gimnasia
en el Cebollar, alemán de apellido Moebius,
citándole a su casa en la Avenida Colón
de Quito, donde le presentó al Capitán
Petronio Jaramillo, antiguo Oficial del ejército
ecuatoriano, quien le informó lo siguiente:
Durante una expedición entre las poblaciones
de Limón y Méndez, fue saludado cariñosamente
por un jíbaro que había sido su amigo
cuando le enviaron de chico a la capital y tras sociabilizar
en su choza bebiendo chicha, pasaron al siguiente
día al río Santiago, donde se dejaron
llevar por la corriente hacia un sitio en que existen
unas gradas que conectan con la montaña cercana,
que por ser caliza es de color blanco. Treparon a
una cueva, entraron guiados por la luz de unas antorchas
recogidas del suelo. Había unos nichos con
estatuas hacia el fondo y cerca de una pared cosa
de doscientos libros de delgadísimas láminas
con escritura cuneiforme (1).
(1) Descripción que se apega a la antigua leyenda
amazónica de una misteriosa Montaña
Blanca conocida desde los tiempos de la conquista
y que llevó al Investigador argentino Juan
Moritz a imaginar la existencia de unos valiosos libros
de oro en el interior de la cueva de los Tallos en
el sur oriente ecuatoriano.
Ese año subió al poder la Junta Militar
de Gobierno y el Coronel Guillermo Freile Posso le
dió en préstamo el único helicóptero
que tenía la Fuerza Aérea. En dicho
aparato sobrevoló durante tres meses los Llanganatis,
acompañado del Capitán César
Solórzano y de un hermano del Coronel Ortega.
En cierta ocasión, al tratar de aterrizar cerca
de una tembladera, el rotor de cola dio contra un
peñasco y se averió. Cayeron a tierra
y aunque pudieron llevarlo a piso firme con la ayuda
de palancas, ya no voló más. Entonces
trataron de comunicarse por radio sin ninguna respuesta.
Dos semanas después deshidratados y débiles
por la falta de comida, escucharon a un avión
que sobrevolaba la zona. Era del Instituto Linguístico
de Verano que había salido a buscarles y con
el poco poder que aún tenía la batería,
pidieron comida, otra batería y un rotor nuevo.
Del avión les lanzaron la comida en dos fundas
para impedir que se desintegraran con el golpe de
la caída y cuatro días después
volvieron. Reparada la nave, les sobró un tornillo
grande que nunca se supo para qué servía.
Así pudieron salir del apuro, arribando sin
novedad al campamento de la Shell Mera a las siete
y media de la noche, guiados por las luces de los
camiones que iban de Baños. El accidente les
hizo perder, treinta libras.
El 65 fue electo Presidente
de la Federación Deportiva Nacional y después
ocupó la Vicepresidencia de los Quintos Juegos
Deportivos Bolivarianos.
El 76, siguiendo el método
de la elimanción, resolvió el rompecabezas
del derrotero al tesoro, pues la montaña conocida
como el Topo no es el cerro hermoso sino otro más
al oriente, a cuyo lado se encuentra una laguna extinta
como lo dice Anastacio de Guzmán en su Mapa
citado por Richard Spruce.
El 91 Peter Lourie editó
en Toronto el libro "Sudor del sol, lágrimas
de la luna" bajo el subtítulo de Crónica
de un tesoro incaico, en 307 págs. en inglés,
donde se mencionan los esfuerzos realizados por Andrés
para alcanzar el tesoro perdido. Desde el 94 preside
la Asociación de Ganaderos del Litoral y Galápagos
y la Federación de Ganaderos del Ecuador y
encabeza la Comisión Nacional encargada de
la erradicación de la Fiebre Aftosa.
Jubilado en la Güitig,
se dedica a su hacienda Pacaritambo (Posada del amanecer
en quichua) cercana a la represa Daule-Peripa, donde
mantiene una ganadería de carne y leche, así
como Caballos de Polo.
En 1.997 tranzó con
sus hijas la distribución de Güitig en
Guayaquil, que ellas venían detentando por
contrato escrito desde meses atrás. Luego vendió
la totalidad de su paquete accionario a su nieto Ernesto
Estrada Fernandez-Salvador aunque siguió presidiendo
la empresa.
Estatura mediana, rostro curtido
por el sol, pelo entrecano, ojos claros, contextura
atlética y barba recortada y blanca. Casado
y divorciado tres veces con numerosos hijos, declara
que ha tenido mala suerte con las mujeres.