MANUEL
RENDON SEMINARIO
PINTOR.- Nació en París el 2 de Diciembre
de 1.894 en uno de los elegantes boulevares donde
residían sus padres el Dr. Víctor Manuel
Rendón Pérez, médico, literato,
músico, compositor y poeta cuya biografía
puede verse en este Diccionario (1) y María
Seminario Marticorena, idealizada por su esposo como
Elena en la novela “Lorenzo Cilda”, mujer
de obstinada fe religiosa que logró sacar dos
monjas de sus tres hijas.
Siguió las primeras
letras en una escuela particular y la secundaria en
el afamado Liceo Carnot donde se graduó de
Bachiller en Filosofía. En ratos de ocio practicaba
la escultura en la Academia del Profesor Raoul Eugene
Lamourdedieu (1.869) y expuso un hermoso busto en
la Bienal Nacional de Francia con dictamen favorable
de la crítica. También se conoce un
pequeño personaje, que por ser su primer trabajo
había obsequiado a su madre y en 1.944 Manuel
dió a la enfermera que la cuidó en el
Pensionado del Hospital General de Guayaquil durante
su última y dolorosa enfermedad (cáncer
al seno).
En 1.910 se sintió atraído
por la pintura y apoyado por su madre ingresó
a la Academia Libre de la "Grande Chaumiere".
Pintar era aceptado como simple distracción
en la alta clase parisina, así había
expuesto en varias ocasiones su abuela paterna Delfina
Pérez Antepara de Rendón, una de cuyas
pinturas fué premiada post mortem con Mención
de honor en la
(1) Víctor Manuel Rendón
Pérez era un acomodado ecuatoriano en París
y tenía por costumbre obsequiar todas las navidades
juguetes muy finos a sus hijos, con la condición
que los regalos del año anterior debían
ser entregados a los niños pobres. Con esta
costumbre creó en sus hijos el hábito
de la generosidad y la disciplina del cuidado de las
cosas. Manuel me refería que su orgullo mejor
consistía en darlos buenos y sanos. ¡Jamás
los entregué dañados!. Por eso se ha
dicho que no amaba el mundo de los objetos y hasta
se cuenta que cuando vivía en las playas de
San Pablo, leía una obra y la arrojaba al mar
o la prestaba a cualquiera para que también
la leyera.
Exposición Universal de París de 1.900;
sin embargo, era muy distinto vivir con los artistas
vendiendo para subsistir en el barrio bohemio de Montparnasse.
Su tío Achilles Darnis, Coronel de Húsares
del Segundo Imperio que había peleado en la
batalla de Sedán en 1.870, le preguntó
durante un almuerzo familiar si firmaría sus
cuadros y al ser respondido que si, exclamó
asustado y atusando sus largos bigotes ¡Qué
horror!.
En 1.911 exhibió en
el célebre Café de la Rotonda, cuyo
curador, Henry Matisse (1.869) era su amigo, varios
óleos con naturalezas muertas, bodegones, paisajes
y desnudos. Durante la Gran Guerra vivió muy
pobremente en Notre Dame des Champs, en el barrio
bohemio de Montparnasse, sin la ayuda económica
paterna, en una buhardilla alta y sin calefacción,
muy fría en invierno y calurosísima
en verano, pasó hambre y todo género
de penurias por comprar telas, bastidores y pinturas
para continuar pintando, así como los materiales
para sus esculturas.
En 1.916 expuso varios bustos
en el salón de la Societe Nationale des Beaux
Arts. El 17 concurrió a las manifestaciones
vanguardistas del Groupe de la Horde que como su nombre
lo indica pretendía terminar con todo a su
paso y siguió exponiendo óleos en los
salones Autonme, National y Surindependants. Fueron
años difíciles y de guerra, prestó
servicios voluntarios civiles, nadie interesaba cuadros,
pero comenzó a ser mencionado y entró
a un grupo de pintores mayores que él, formado
por Friesz, Warroquier y Dufresne. Su padre le tenía
por una especie de muchacho rebelde y voluntarioso
cuyos caprichos consistían en pintar y reunirse
con artistas bohemios, en otras palabras, una vida
irregular. I como le había reservado un alto
destino diplomático sentíase traicionado
en sus aspiraciones. Por eso las relaciones entre
ambos se tornaron cada vez más difíciles,
sobre todo cuando Manuel se unió con otros
jóvenes filocomunistas del grupo Clarité
que comandaba Henri Barbusse en apoyo a la revolución
bolchevique en Rusia y que deseaban algo igual para
Francia, pero a fines de año el Museo de Arte
Moderno adquirió una de sus obras. Ya era alguien
en la pintura de Francia.
También la época de la guerra fue difícil
para el arte. El cubismo había perdido a su
principal marchante en París el alemán
Kahnweiler, que por su ciudadanía había
emigrado de Francia. Los Dadaístas y Surrealistas
estaban divididos por sus ideas políticas en
Leninistas con Aragón, Bretón y Eluard,
otros seguían al arte por el arte desligándole
de la política, como Tristán Tzara.
Era un caos.
En 1.918 mejoraron las cosas
con el Armisticio y volvió la paz. Entonces
ingresó a la Galería Vildrac de la viuda
de Charles Vildrac, pero al poco tiempo el Presidente
electo del Ecuador José Luis Tamayo le pidió
a su padre que aceptara la Cancillería y tuvo
la familia Rendón que venir al Ecuador. Al
final Don Víctor Manuel declinó aceptar
la Cartera por seguir los malos consejos políticos
de Enrique Baquerizo Moreno que le llenó la
cabeza de cuentos sobre la próxima caída
del régimen, que cándidamente creyó.
El viaje fué en un trasatlántico
de lujo por el canal de Panamá y duró
un mes. Manuel venía a la Patria de sus mayores
que no conocía y encontró pintoresca
a Guayaquil con sus calles empedradas y caliginosas
aunque de noche soplaba el fresco de Chanduy. Pronto
escapó a los homenajes que le rendían
a su padre y fué a visitar la hacienda familiar
de San Pablo a orillas del río Balzar. En contacto
con la selva tropical pintó con nuevos colores
un paisaje exuberante antes no conocido y trató
a la gente del campo. Todo le parecía tan nuevo
y exótico que sufrió un cambio; luego
viajó a la sierra, admiró las montañas,
los valles, sufrió por la condición
del indio y pintó numerosos lápices
y aguadas, estudios de trazo certero que contrastaban
con el suave costumbrismo naturalista de la escuela
de Joaquín Pinto, por su verismo realista muy
cercano a lo que luego sería el realismo indigenista
de los años 30.
En 1.922 le fué propuesta
la secretaría de la legación diplomática
en el Brasil, acompañando a su padre que había
sido designado Ministro Plenipotenciario del Ecuador
en esa nación y cuando todo estaba listo y
preparado para el viaje, su padre enfermó gravemente
con hemiplejia, cambiaron los planes y no viajó
(2 ).
En 1.924 regresó a París
tras cuatro años de ausencia. En 1.925 decidió
ingresar a la Galería del marchante polaco
Leopold Zborowsky donde exhibió en 1.926 su
primera muestra personal, pero Zborowsky falleció
casi enseguida y entonces entró a la de Leonce
Rosemberg donde ya exponían las primeras luminarias
de la llamada pintura moderna. Dicha galería
llamaba “L'Effort Moderne” y era considerada
la mejor y más elegante de Francia, donde Manuel
gozó de una sala exclusiva y permanente desde
1.927, como también las tenían otros
maestros consagrados de la categoría de Gris,
Braque, Picasso, Leger, Gleizes, Metzinger, Severini,
de Chirico, Ozenfan, Volier, Modigliani, Picabia y
Soutine que formaban la llamada “Ecole de París”
que dio tanta grandeza al arte del siglo XX. (3)
Como también era poeta
y escritor en ratos de ocio, algunas de sus composiciones
aparecieron en el boletín de “L'Effort
Moderne”, dedicado a dar noticias de arte. Sus
poemas son de una religiosidad interior y están
escritos en francés. Esa fue su mejor época
pues figuraba en la primera plana de la pintura mundial.
(2) A su arribo en 1.920 al
Ecuador Manuel se movía entre el cubismo apaciguado
en su deformación y vibrante del color del
Braque de postguerra, las formas delicadas entre sensual
y espiritualmente alargadas de Modigliani, ciertas
aperturas a lo fantástico del superrealismo,
los compases cadencioso de movimiento cromático
de masas de Delaubay y la sincronía de Mac
Donald Wright por esos años en París;
era, pues, un pintor conocedor de todo lo nuevo en
su arte, culto e intelectualizado.
(3) Leonce Rosenberg pertenecía
a una familia judía francesa tanto culta como
rica. Su hermano Paul Rosenberg fue uno de los promotores
de Picasso y su negocio involucraba grandes sumas
de dinero y por ende, personas de las más altas
esferas del poder. En cambio, Leonce estaba principalmente
interesado en artistas emergentes y a cumplir una
fundación en el mundo de la difusión
cultural, por ello quizá su fortuna no se incrementó
a través de los años como la de su hermano.
Leonce Rosenberg tenía
fama en los años entre las dos guerras mundiales
(1.918- 1.939) corno promotor de nuevos valores del
arte moderno. Su principal artista fue Fernand Léger,
con quien mantuvo una relación de negocios
por muchos años, y cuya correspondencia fue
publicada por Christian Derouet.
Rosenberg dirigía L´Effort
Moderne (El Esfuerzo Moderno) tenía todas las
características de un movimiento, pues contaba
con una galería, un boletín y una editorial
de arte. Su célebre local se encontraba en
el 19 de la rue Baume, VIII distrito de París.
Desde la aparición del primer número
del Bulletin de L'Effort Moderne en enero de 1.924,
con carátula ilustrada por Georges Valmier
(1.923), se mencionan los grandes sucesos de Rosenberg,
quien tenía para entonces en exposición
permanente en su galería a Georges Braque,
Csaky, Juan Gris, Auguste Herbin, Irene Lagut, Henri
Laurens, Fernand Léger, Jean Metzinger, Pablo
Picasso, Gino Severini, Survage, Georges Valmier y
Albert Gleizes. A estos nombres se sumará el
de Manuel Rendón a partir de 1.926.
En el boletín No. 29
de noviembre de 1.926 Manuel Rendón es ya un
artista de L´Effort Moderne y en dicha publicación
se ilustra su obra Le Scaphandrier (El Buzo). Ya en
el No. 31 de 1.927 se publica su poesía Dispersión,
a la que seguirán otras más hasta 1.930.
Miguel Angel de Ycaza Gómez
recogió directamente de Rendón el primer
encuentro con Rosenberg, a quien nuestro artista infructuosamente
había querido contactar. Un Día fue
el propio Rosenberg, y no el mayordomo, quien abrió
la puerta y luego de ver los cuadros, al poco tiempo
lo convirtió en artista exclusivo de L'Effort
Moderne.
Nunca antes en la historia
del Ecuador un artista moderno había llegado
a formar parte de un grupo cuya fama haya trascendido
tan rotundamente en el arte moderno. Las obras de
Rendón se conocieron en Francia y figuraron
en varios remates, así la galerista daba a
conocer a sus artistas.
Rosenberg siempre estuvo seguro
del valor de Rendón, como lo evidencia el publicar
en el Bulletin tanto sus cuadros como sus poesías.
Es más cuando contestó a un abonado
mal asesorado, que se había perdido de comprar
obras de Gris, Léger, de Chirico y Metzinger,
Rosenberg le indicó no cometer el mismo error
con Herbin, Ozenfant, Valmier, Viollier y Rendón.
En 1.929 la crisis golpeó terriblemente a los
Estados Unidos y Europa. Sus contratos terminaron
pero no por ello se conmovió pues era constante
su desprecio a las riquezas y comodidades del mundo.
"Siempre había gustado del placer de la
sobriedad y la pobreza no me asustaba", diría
años después en su retiro de San Pablo.
En 1.932 contrajo matrimonio
con Paulette Everard Kieffer (1.902- 1.983) hermosa
y alta morena, proveniente de una familia campesina
de Lila en el norte de Francia, a quien conoció
de modelo en una Academia de Arte.
Ella era de una sensibilidad
exquisita y de una generosidad y desprendimiento increíbles.
Fueron dos espíritus afines unidos por el amor
al arte y a la humanidad. Salieron de vacaciones en
un bote y recorrieron algunos ríos hasta la
isla de Ifen en el mar. La vida libre y de campo en
la Turenne pintando, escribiendo, leyendo buenos libros,
navegando por el río Cher y sus afluentes,
en entera y total libertad, les dió ánimos
para sobrellevar los negros nubarrones de odio que
se cernían sobre Europa.(4)
(4) Paulette me refirió
en cierta ocasión en su departamento de Las
Peñas que en 1.914, al inicio de la Gran Guerra,
su padre la introdujo a un sótano escondido
de la granja familiar para evitar que los soldados
de ambos lados Ia violaran pues ya estaba desarrollada
a pesar de sus escasos doce años. Desde ese
escondite obscuro y hasta tenebroso oía el
paso de las tropas francesas y alemanas y se aterrorizaba
cuando las marchas eran nocturnas. Al final de la
contienda y pasado el peligro fué liberada,
viajó a París y encontró trabajo
en Montparnasse como modelo de una Academia de Arte.
Vivía con amigas, era una trigueña escultural.
Se unió a un francés y quedó
embarazada. Fue madre soltera. Su hija Olimpiafalleció
años después a fines de la década
de los años treinta, a causa de tuberculosis
y viviendo con su familia paterna, cuando Paulette
estaba radicada en Guayaquil. En 1.932 conoció
a Manuel y se casaron, convirtiéndose en su
modelo preferida, en su asesora, en la compañera
de fino gusto y amplia sensibilidad. Severa como crítica
pues conocía de arte, nunca ambiciosa, abierta
con todos. En sus últimos años se le
complicó una antigua asma bronquial. Huía
de las alfombras y cortinas, de los animales de pelaje
largo. Se asfixiaba por las noches y buscando climas
secos se instaló con Manuel en las costas semidesérticas
de San Pablo, frente al mar.
De estos años fueron sus contactos en la técnica
del Suprematismo de Malévich, geometrizando
aún más por el rigor de Bauhaus, sin
perder los aportes no convencionales de Klee o Duchamp.
En 1.937 regresó con
Paulette a Guayaquil para acompañar a su padre
que seguía enfermo. Después de varios
meses en el puerto y tras exponer colectivamente con
sus obras naturalista en el local del antiguo Correo,
con los miembros de la Sociedad de Escritores y Artistas
Independientes, viajaron el 38 a las Islas Galápagos..
Por esos días ir al
archipiélago era una verdadera aventura, no
había hoteles ni restaurants pero todo lo soportaron
con alegría pues estaban acostumbrados a las
incomodidades. Manuel realizó docenas de dibujos
a lápiz, pastel y crayón, mientras Paulette
escribía un Diario de Viaje que aparecería
después en francés y fue traducido al
español por Miguel Angel de Icaza Gómez
bajo el título de "Galápagos. Las
últimas Islas Encantadas" con hermosas
descripciones de los paisajes y la gente.
También son de esta
época algunas obras pictóricas de gran
originalidad, manifestaciones de lo mejor de la plástica
europea junto con la fuerza y el frescor del equinoccio
tales como “El Mayordomo” óleo
de 1.940, donde las fuerzas telúricas sirven
de fondo a la recia figura de los personajes retratados.
En 1.938, nuevamente en Guayaquil,
asistían regularmente a las reuniones y actos
culturales de la "Sociedad de Artistas y Escritores
Independientes". En 1.940 viajaron a Cuenca tras
el fallecimiento de Dr. Víctor Manuel Rendón.
Su madre viuda María Seminario, pasó
al Pensionado del Hospital General y se hizo querer
por las monjas de la Caridad, pues era sumamente bondadosa
y una de sus hijas pertenecía a esa Congregación.
En 1.941 expuso por primera
vez en Quito varios cuadros abstractos pero la crítica
no se preocupó mayormente de él, creyéndole
un pintor afrancesado como muchos que había
en el país.
De nuevo en la capital azuaya
compraron una casa semidestruida ubicada en uno de
los campos cercanos y hasta poder repararla vivieron
en una tienda de campaña a las orillas del
río Machángara, de donde se aprovisionaban
de agua.
Después tuvieron una
vaca, una cabra y un perro y empezó a pintar
y a componer versos hasta que le dió la curiosidad
de saber sus orígenes, para lo cual investigó
a conciencia en los archivos parroquiales y en las
escribanías de Cuenca y Loja, localizando al
primero de su progenie llegado de España.
En 1.944, agobiado por la barbarie
que vivía Europa, compuso su célebre
poema en francés sobre la destrucción
de la Abadía de Montecasino que fuera bombardeada
por los aliados para hacerla desocupar de los alemanes,
leía mucha filosofía y su espíritu
se encontraba estremecido por los crímenes
de esa humanidad (5).
Ese año pintó
“Madre India” simplificando su línea
con sostenido trazo cursivo. Hernán Rodríguez
Castelo ha calificado a esta etapa de su pintura como
criollista. En el I Salón Nacional de Bellas
Artes realizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana
en Quito, en 1.945, su óleo "Mayordomo"
alcanzó una de las cuatro recomendaciones del
grueso público. José Enrique Guerrero
destacó el alto valor plástico de los
cuadros, su pura arquitectura
(5) Ycaza Gómez al comentar estos versos expresó
que eran una ardiente profesión de fe latina
y mediterránea. Fragmento: /// No busquéis
más, sombras latinas, el camino de vuestro
pasado sobre las viejas colinas, de donde las armas
lo han borrado…/
de formas, rico y sugerente colorido. El Jurado no
se atrevió a premiarlo. Poco después
reanudó su correspondencia con Rosenberg en
París y llamado por éste viajó
nuevamente a Europa.
En 1.947 expuso en París
pero la muerte de Rosenberg y los cambios sufridos
por la guerra le desilusionaron sobremanera. París
ya no era igual como antes. El 48 presentó
una muestra en la Casa de la Cultura de Guayaquil
con cuadros postcubistas llenos de meandros mágicos
y transparencias poéticas. El crítico
de arte José Gómez Sicre le invitó
a la Galería Panamericana de la OEA en Washington
y escribió una hermosa descripción de
su arte, valorando sus exigencias. Desde entonces
comenzó Manuel a exponer incansablemente por
el mundo y utilizando los servicios de la aviación
se trasladaba con Paulette a ciudades tan distantes
como París (Galería de Art Du Fobourg)
Sao Paulo (Muestra de Arte Religioso latinoamericano)
y Madrid, con el éxito de siempre pero sus
costumbres no cambiaron por ello, siguió siendo
un hombre más bien austero. El Museo de Arte
Moderno de París adquirió uno de sus
cuadros, que vendía a precios módicos
explicando a los asombrados compradores que no perseguía
ganar dinero sino la paz interior y que era totalmente
feliz ¡tal la filosofía de su vida!.
En 1.951 expuso en la Galería
Ariel de París y el crítico Robert Vrinat
escribió largo sobre él. Ese año
ganó la I Bienal de Arte Hispanoamericano de
Madrid, premio internacional que le volvió
a situar en el primer lugar de la pintura mundial.
Poco después, a causa
de la afección bronquial de Paulette, adquirió
varios terrenos frente al mar en San Pablo, Provincia
del Guayas. Con la ayuda de varios “Cholitos”
amigos suyos, construyó en las cercanías
de dicho villorio marítimo una pequeña
chozita de caña y techo de hojas de bijao trenzadas
por esas manos amigas, invirtiendo el dinero que recibió
por la venta de su casa en Cuenca, pero a los pocos
meses regresaron a Europa.
Instalados en Albufeira, región
seca de la costa semidesértica portuguesa del
sur de los Algarves, pasó varios años
de tranquilidad sin exponer. Sentía cada vez
más la vena religiosa de su madre, leía,
meditaba, pintaba cada vez más abstracto buscando
alcanzar las tres dimensiones y quiza hasta la profundidad
de Dios. Sus obras parecían vitrales de antiguas
catedrales iluminados por el color. Paulette era más
práctica pues realizaba las tareas de la casa,
conversaba con el vecindario, amaba a los niños,
era, lo que se dice, una activista local.
De esta época quedan
hermosas telas con manchas de colores obscuros sabiamente
distribuidas, a veces eran cruces disimuladas -siempre
la religión presente- aunque no concientemente
pues Manuel nunca fue practicante. Creía profundamente,
eso si.
En 1.963 pasaron a residir
en Vilavicosa en procura de mejor clima. El 64 editó
su libro "Spirales" y más como distracción
realizó otra pesquisa genealógica en
la vecina población española de Chiclana
de la Frontera hasta lograr los orígenes del
Caballero Gil Vela Rendón de Aragón
ascendiente más antiguo de esa noble casa.
Su pariente Pedro Robles y Chambers estudió
dicho trabajo y lo calificó de magnífico.
Los originales en tres tomos empastados en cuero se
guardaban en el archivo del Instituto Genealógico
de Guayaquil en espera de que una mano amiga los publique
algún día. El 2.004 el archivo fue vendido
a la Municipalidad.
En 1.967 regresaron a un departamento
alquilado en casa de la familia Henríques en
las Peñas pero nunca se preocuparon de adquirir
muebles de suerte que permanecía casi siempre
cerrado y como abandonado. Una cama, un ropero, dos
veladores, una mesa, una cocina y cuatro sillas nada
más. Por las tardes Manuel y Paulelle se sentaban
a contemplar el paso de los jacintos del río
y hasta le pidieron a su amigo Rafael Díaz
Ycaza que escribiera una crónica sobre ellos.
Instalados la mayor parte del
tiempo en la choza de San Pablo rodeada de una cerca
viva de espinos y convertidos en los patriarcas de
la región, eran visitados con frecuencia por
amigos de Guayaquil y por los cholitos de los contornos
que iban a pedir consejos.
De esta época son numerosísimas
obras en cartulina o papel, con tinta, acuarela y
crayón, pero sobre todo con tiza y crayón.
Manchas informes de tamaño más pequeño
que las anteriores. Manuel decía que primero
eran sus obras un caos de elementos coloreados, después
aparecían líneas y se formaban ciertos
campos. Las zonas de color empezaban a originarse
y el orden se establecía poco a poco en una
composición de curvas, entre verticales, horizontales
y diagonales, por entre las cuales emergía.
Su papel, como creador, consistía únicamente
en ver nacer y en organizar las posibilidades que
se ofrecían ellas mismas...
En 1.968 me confesó
que cuando comenzaba a pintar pensaba mucho y hasta
vacilaba. En ocasiones demoraba en sus creaciones
porque eran obras de amor. Lo más difícil,
solía explicar, era concebir, crear, plasmar
una emoción o un sentimiento utilizando volúmenes,
luces, colores. En ello radicaba el misterio de sus
creaciones, por eso eran obra más bien divinas
que humanas, pues él creía que su participación
era solo como instrumento de Dios, no como creador
individualista. También le dió por la
ecología con un hálito de romanticismo
que añoraba la forma de vida natural de la
humanidad primitiva y tratando de imitarla, renunció
casi totalmente al uso de objetos.
Sus telas comenzaron a cambiar
en los años 70 y llegó a molestarle
que le consideraran o asociaran su trabajo con el
puntillismo francés de fines del siglo XIX,
pues él solo acariciaba la superficie de sus
obras dejando pequeñas manchas multiformes
de colores matizados, que a cierta distancia lucían
como puntos luminosos o de tonalidades mates según
lo precisara. Con ello lograba un sentido armónico
sutilmente texturado, tal como si lo ligara a través
de la música o la poesía. Realizaba
composiciones sin títulos y formas sobre pastel
que repetía incesantemente tratando de encontrar
los cientos de variantes posibles, todas muy bellas.
En otras ocasiones, cuando trabajaba sobre cartulina,
mezclaba el pastel y el crayón persiguiendo
la naturalidad final.
Desde 1.970 concibió
los dibujos de los murales del edificio del Banco
Central de Guayaquil y pintó un gran lienzo
para el comedor de la villa de Salinas de Luis Noboa
Naranjo. Su obra habíase transformado en totales
abstracciones pues apenas insinuaba una que otra forma
humana trazada en espirales, en una atmósfera
inasible de vitrales borrosos o figuras más
bien geometroides y polícromas, cuidadosamente
jaspeadas, que servían de fondos.
En 1.979 regresó a Madrid
y expuso en la Galería Kandinsky unos óleos
de grandes dimensiones con felices juegos y alegorías
en formas de espirales violentas y curvas, que anunciaban
una última y final revolución interior.
Era un mundo en distensión, en ebullición,
con un colorido abrillantado por amarillos, rojos
y verdes hermosísimos. Se sentía tan
cercano a Dios que ambicionaba el reencuentro a través
de las pinturas, que de tanto movimiento se tornaron
revolucionarias y terriblemente bellas.
Nuevamente en Vilavicosa, falleció
de un ataque cardiaco el 2 de Noviembre de 1.980,
de casi 86 años de edad, cerca de la histórica
villa de Ebora en la región portuguesa de Alentejo.
En sus últimos años había sufrido
de la vista pero jamás se quejó por
ello, pintando casi siempre de mañana y hasta
que se lo permitía el sol. Su entierro fue
pobre y solemne como a él le hubiera gustado.
Algunos vecinos, pocas mujeres de negro, Paulette,
un sacerdote de pueblo y su tumba está cubierta
por una sencilla lápida de mármol rosa
bajo matas de flores lilas y amarillas, con los versos
finales del poema en francés que dió
título a buena parte de su inspiración:
Spirale// La espiral, cual secreto conocimiento y
ritmo fecundo de los años, sembrará
el polvo" que dedicó a Paulette con los
siguientes versos de introducción// Oh mujer
que lloras la nostalgia del punto del cual el número
surgió./ ¡Cómo para tí
resucitar/ la unidad en lo múltiple,/ I revelar
en la cadencia/ Del corazón, una inmutable
esencia!//
“Rendón ilustra
la grandeza de la escuela de París” y
constituye el mayor y el más alto exponente
de la pintura ecuatoriana del siglo XX. Honesto, no
comerciante ni majadero, jamás estafó
a su clientela con cuadros trabajados al apuro o por
ayudantes que nunca hubiera aceptado tener. En sus
obras pueden encontrarse formas y volúmenes
parecidos, tal su estilo, pero no un mismo tratamiento
ni una textura igual. Todos llevan su impronta y son
obras maestras de paciencia y creatividad.
En lo físico era de
contextura más bien musculada, estatura mediana
tirando a baja, trigueño y curtido por el sol.
De porte y cara siempre fue muy parecido a sus primos
hermanos los Seminario Puga aunque menos feo. De hablar
lento y mesurado aunque seguro. Fácil para
alegrarse con las cosas. Nunca chistoso ni agorero.
En varias ocasiones que me invitó a almorzar
en San Pablo, pues era primo segundo con mi padre
y me estimaba mucho, el menú fue casi frugal.
Ensalada, fruta y alguna otra cosa sencilla. Su vestido
invariablemente el mismo: pantalón caki y camisa
blanca manga corta. Nunca más de dos mudas
porque según decía nadie necesita más
que eso para vivir con decencia, sobre todo al pie
del mar.
Desprendido y hasta descuidado
con lo material. Filántropo con la juventud
y niñez. Obsequió varios valiosos terrenos
frente al mar al Ministerio de Previsión Social
y Trabajo para ser destinados a Guarderías
de niños huérfanos o a casas de colonias
vacacionales lo que hasta la presente no ha ocurrido.
Generoso al extremo, obsequiaba con sencillez lo suyo.
A mí me entregó varios recuerdos de
familia salvados del Incendio Grande de 1.896 porque
estaban en París. Con la clientela igual, nunca
cobraba caro ni negaba sus cuadros a desconocidos.
Los pintores de Guayaquil fueron en cierta ocasión
a visitarle para que elevara sus precios pues estaba
rompiendo el mercado de arte de la ciudad. Para el
año 68 cobraba solamente S/7.000 por sus grandes
cartulinas con acuarelas.
Tuvo diferencias con su padre cuando escogió
la carrera de pintor, porque aspiraban a convertirlo
en diplomático, que después se limaron
llegando a ser excelentes amigos. Un día se
asombró en San Pablo al recibir la Orden Nacional
al Mérito en el grado menor de caballero que
le enviaba el mezquino y torpe, por no calificarle
de otra cosa peor, Canciller Carlos Tobar Zaldumbide
desde Quito y la aceptó con humildad solamente
porque a su padre le hubía gustado que la tuviera.
(6)
Pintó muchos óleos,
pasteles, acuarelas, crayones. Sus líneas eran
trazadas con rápida seguridad, le agradaba
detallar la textura, también pintó al
carboncillo, eran estas sus obras menores y viéndolo
bien y con detenimiento, también eran obras
maestras. Sufrió por la humanidad doliente,
detestó la guerra y la miseria, amó
al pueblo y vivió con él, sin distingos,
como uno más entre ellos. Siempre fué
un hombre llano, un demócrata desprejuiciado.
Tuvo amigos que lo quisieron y respetaron. Sus pocas
palabras eran acatadas; más hablaba con gestos,
asentimientos y miradas, pues prefería escuchar.
Así le conocí frente al río,
en las Peñas, en una soleada mañana
que compartimos. También en las ocasiones que
le fui a visitar. Entonces jugueteaba con mis hijos
como cualquier abuelito lo hubiera hecho.
Calvo y grave pero no prosaicamente
serio, observador más que curioso del mundo,
rehusaba asumir posturas y estridencias que hubiera
menoscabado su apreciación de lo humano. Por
eso llegó a decir: Toda mi vida ha sido consagrada
al arte en una soledad dedicada a los trabajos diarios
de la pintura, de la casa, del campo, en medio de
la naturaleza, soledad que para nuestros temperamentos
de artistas no son iguales y cada uno tiene su verdad
propia, que trata de expresar a su manera... Por eso
se
(6) Cuando la intelectualidad
guayaquileña se enteró que la Cancillería
había nombrado Caballero a un artista de la
categoría mundial de Rendón, lanzó
un grito de protesta pues así no se trata a
un creador, casi un genio.
ha escrito que en su obra siempre estará presente
el silencio, una constante en la última etapa.
Es un silencio que respondía a su paz interior,
a su conciencia reflexiva, a su desinteresada contemplación
de sí mismo y de la vida. El silencio le remitía
al espacio abierto y al no menos concreto del espíritu
creador, que precisa una cosmovisión y una
concepción del arte, que desecha sonidos exteriores
para poner los de su alma.
SIMBOLOS PARA LA MEDITACIÓN (De Spiral)
“Creo que todo artista
verdadero tiene que ser solitario, en sus adentros
si no lo es aparentemente, y si siente profundamente
esta vocación monacal”.
Bien al contrario, en la soledad,
el hombre tiende a destruir en sí lo individual,
lo que le hace sencillamente diferente de los demás,
para abarcar la unidad de la naturaleza humana, es
decir, lo que une a todos los hombres en un solo ser,
que es el Hombre Universal...
Quisiera que mis cuadros sean
símbolos para la meditación y el conocimiento
del hombre y del universo, una llamada al amor, a
la ternura, a la fraternidad, a la paz, en fin a la
búsqueda de la luz, manifestación de
lo desconocido, destello luminoso que nos ha dado
la vida, fuego que permanece ardiendo en el centro
de nuestro planeta, como en el centro de nuestros
seres se esconde la llama, clave real del conocimiento,
porque el espíritu en la conquista sintética
del universo, no alcanzará el Todo, sino bajo
el aspecto de la desintegración.
Según la ley de armonía
¿no debería el cuadro tender hacia la
unidad, punto central de toda manifestación
humana o cósmica, en el cual desaparece la
multiplicidad ilusoria? ¿Unidad en el colorido
cuando la mezcla óptica de la superficie pintada
debiera reconstruir la luz del rayo solar, descompuesta
en los colores del prisma?
Y unidad entre las dos facetas del cuadro: la forma,
aspecto exterior que atrae la contemplación
y que es la más importante, porque el cuadro
debe ser antes de todo un conjunto bien logrado de
colores y líneas, y el mensaje, manifestación
de la verdad del pintor, que compone la obra de arte
completa. (Manuel Rendón Seminario) (7)
Van dos poemas de Manuel escritos
en francés y traducidos al español por
Yanna Hadatty Mora.
SOMBRA CHINA
La bujía
junto a ti al desvertirse
por su magia
preludia, estrella que vacila
la imagen,
sobre la pared,
de tu silueta desnuda.
Como una nube,
se eleva y disminuye.
Esta fiesta,
donde libre, tu cuerpo se distrae,
te refleja,
ebrio secretamente en este extraño espejo,
no veo, a pesar de la sencilla cadencia
de tu gozo,
sino una inquietante danza
¡una lucha
(7) Luigi Fontana, pintor Italo-argentino,
publicó en Milán entre 1.948 y el 49,
dos manifiestos: El blanco y el espacial. En éste
último habla de la espiral como la forma de
captar el espacio sideral.
llena de espanto contra una luz
que te persigue!
¡Cuan rápido
acogiendo mi plegaria
este vaho
se adelgaza y luego se borra
la que yo amaba
entretanto en la blanca superficie!
LA DURMIENTE
En un lecho ardiente de arena,
mortaja al borde de este espacio
que un suspiro mide, revelándolo,
una durmiente sepulta su gracia
en el polvo de los granos de arena
de los que se cubre la superficie dorada.
La playa atrapa los reinos
de la indolente prisionera
del sueño, y fiesta para la vista
es su reposo sobre la feliz orilla
donde todo admira a la simulatriz
pendiente de su sueño. Ella duerme
estatua fingida con venas que hincha
la savia, y que no obstante imita la muerte.
El crítico de arte Juan
Castro y Velásquez, que es quien más
ha estudiado a Rendón, a escrito sobre él
y sobre su obra, lo siguiente:
Manuel tenía ya más
de 70 años y lo que primero sorprendía
de él era la sencillez de su vida que parecía
aparejarse con la de su temperamento. Pero tenía
un carácter firme, no brusco; comprensivo,
no débil, que reflejaba lo vivido y sentido
a lo largo de una vida extensa. Ese modo de ser suyo
tenía, sin embargo, espacios para el humor,
para una suave ironía que subrayaba antes que
anatemizar, para una comprensión crítica
del entorno, para distinguir y discernir sobre lo
importante o no de la vida contemporánea.
Inevitablemente está
en su obra que, como pocas, refleja con sentido cabal
la naturaleza de su ser. Y esa naturaleza era nada
afecta a la vacuidad, al despilfarro intelectual,
a ciertas expresiones de la vida social.
Descubre el Ecuador en los
años veinte en uno de sus aspectos de esencialidad:
el ser humano. Esa revelación se produjo a
través del campesino, de quien fija su carácter
mediante lsus rasgos. Lo que, a no dudarlo, le sedujo,
es el modo con que ese hombre enfrentaba la vida y
que se transmitía en la parquedad de sus gestos,
en la intimidad de la mirada, en la desnudez de la
expresión.
Manuel era un apasionado de
la realidad física y sus múltiples viajes
tuvieron la ocasión de brindársela con
sus particularidades geográficas. Sin embargo,
en su obra -muy pocos paisajes, salvo los varios dibujos
de su etapa en las Galápagos- la naturaleza
física está presente como ambientación
real o imaginativa del sujeto verdaderamente importante
para él: el ser humano.
A este lo trata ya como realidad
concreta, ya como forma o espíritu, y está
en el principio y fin de su trabajo. Si la serie de
óleos de la década del 30 entroniza
la primera mención, las del 40 y 50 es el inicio
de un período que, a partir de los años
60, apuntará a una reflexión más
intensa y, por lo mismo, profunda. Esta reflexión
la percibo como la suma de su vida, aquella que cada
quien, por sus razones, aboca por necesidad propia.
En el caso de Manuel es despojarse de lo innecesario
y fútil, de lo intrascendente y epidérmico.
Había, sin duda, llegado a la conclusión
de que lo importante era el que, para muchos, es el
más arduo de los acuerdos: la paz consigo mismo.
A partir de la publicación
del Catálogo Razonado de Manuel Rendón
Seminario 1.894-1.980 de la autoría de Juan
Castro y Velásquez, en 1.995, ha seguido reuniendo
información sobre obras, documentos y anécdotas
sobre este ilustre ecuatoriano, cuya figura va más
allá de las artes visuales, proyectándose
también en la literatura por su importancia
como poeta, con obras publicadas en Francia desde
1.927.
Muy joven todavía, abandonó
la molicie del hogar paterno para vivir en un medio
muy pobre, entre los artistas bohemios de Montparnasse.
Allí fue amigo de Modigliani y Soutine, que
en aquella época vivían casi al borde
de la miseria. De estos años de formación
se exhibió una “Naturaleza muerta con
peras y guitarra” de 1.916, el más antiguo
óleo conservado del artista; dos dibujos de
modelos desnudas, realizados en la Academia Libre
de la Grande Chaumière, y el magnífico
oleo “Desnudo en azul”, de 1.918. Dos
naturalezas muertas de diferentes años completan
la visión del artista en su período
formativo, durante el cual se relacionó con
intelectuales de tendencias izquierdistas, entre ellos
el comunista Henri Barbusse, lo que motivó
la indignación paterna.
Cuando tenía ya veintiséis
años, Rendón vino a América,
en compañía de sus padres y hermanos
solteros, para la celebración del Centenario
del 9 de Otubre. Durante los cortos días que
pasó en Panamá frecuentó la bohemia
local, realizando su primera obra americana: “Burdel
en Panamá”. Ya en Ecuador conoció,
finalmente, las legendarias haciendas cacaoteras a
orillas de los mansos ríos de la cuenca del
Guayas, quedando subyugado por la luz tropical y la
belleza de la raza de bronce de nuestros montubios.
El impacto del Nuevo Mundo caló muy hondo en
el arte de Rendón, y así podemos ver
obras como “Familia de montubios”, en
la que el pintor capta los colores del trópico
y la humedad del ambiente. Son pocos, infortunadamente,
los cuadros que se han conservado de esta época.
Sin embargo, los rápidos dibujos de los montubios
en las haciendas familiares son un testimonio tanto
artístico como documental, solamente comparable,
en literatura, con la obra de José de la Cuadra.
Entre 1.920 y 1.925, Manuel
Rendón hace repetidos viajes entre Francia
y Ecuador. Un dibujo de 1.922 testimonia su temprano
cultivo del surrealismo, movimiento que con fragor
irrumpió en la Europa de posguerra. No figura
entre los firmantes de los célebres manifiestos
surrealistas, pero es, sin duda, el primer surrealista
sudamericano.
La exposición retrospectiva
ha reunido en una sala un representativo número
de obras de distintas fechas entre 1.927 y 1.930 que
pertenecieron a la Galería de L´Effort
Moderne de Rosenberg, entre ellas el primer retrato
conocido de Paulette. Otras obras de gran importancia
son “La joven negra”, “Los llorones”,
“El guerrero inca”, “Hombre en un
paisaje”, “Cabeza de mujer”, y el
poderoso “Cabeza de negro”, obra totalmente
inédita de Rendón.
Estos magníficos cuadros
han despertado gran interés entre los visitantes
por ser la obra menos conocida de Rendón. Es
importante mencionar que un conjunto de 8 cuadros,
entre los cuales hay varios en exhibición,
apareció recién hace menos de dos años
en la bóveda de un banco en Suiza. Estas extraordinarias
piezas, que Rosenberg puso a buen recaudo del fascismo
antisemita que se que desarrollaba en Europa, fueron
adquiridas por coleccionistas guayaquileños,
que han demostrado un gran amor al arte al salvaguardar
estas obras para la patria.
Manuel y Paulette abandonaron
Francia en 1.937 y retornaron al Ecuador, donde vivieron
al principio en la casa paterna, que todavía
se conserva, y que hoy un grupo de guayaquileños
desea convertir en Museo Manuel Rendón Seminario.
Pero los problemas con el padre continuaron, es más,
se agudizaron por las diferencias sociales entre Manuel
y Paulette, mujer de extracción campesina,
hija de una actriz. De estos incómodos años,
en que el artista conoció a Miguel Angel de
Ycaza Gómez, su mejor amigo y primer biógrafo,
data una de sus más sublimes pinturas, “La
cholita Panchita”, obra poseedora de reminiscencias
cubistas y que muestra el rostro de una niña
con increíbles rasgos precolombinos.
En 1.938, Manuel y Paulette
emprenden un viaje a las entonces remotísimas
islas Galápagos. Allí los Rendón
habitan primitivamente durante 6 meses, él
dibujando el paisaje, la flora y a los poquísimos
habitantes, Paulette realizando fotografías
y redactando un diario de viajes que publicaría
más tarde con el título Galápagos,
las últimas islas encantadas.
Nuevamente los problemas familiares
son el motivo de que Manuel y Paulette busquen otro
lugar de residencia. Pasan a vivir cerca de Cuenca,
en completa soledad. Allí, Manuel Rendón
replantea su pintura hacia nuevas formas y cromática,
si bien capta también de manera figurativa
a los indígenas en obras como “Antonio
Quishpe, el hombre de poncho rojo” y “Cabeza
de mujer”, esta última, la única
obra que recibiera un premio en Ecuador. Durante estos
años, en que el mundo está sacudido
por la Segunda Guerra Mundial y escasean los materiales
de pintura en Ecuador. Rendón realiza obras
prodigiosas, como sus acuarelas entre 1.940 y 1.942.
y obras de una propuesta modernísima, con segmentos
superpuestos de colores y formas como en “Muchacha
soñando”, “El pájaro vencedor”,
“Descendimiento”, “El relato”,
que culminan en “Bailarinas descansando”,
que el pintor obsequió a la Casa de la Cultura
de Guayaquil. También se autorretrata, plantado
en medio de los paisajes, el europeo y el americano.
En 1.950, Manuel y Paulette
vuelven a Europa, pero se encuentran con un ambiente
artístico distinto. París ha dejado
de ser el centro cultural del mundo, ahora trasladado
a la babilónica Nueva York. Sin embargo, su
producción realizada en la soledad del Austro
puede empatarse perfectamente con las propuestas de
artistas pensadores, como Auguste Herbin y Michel
Seuphor, dentro de la abstracción geométrica.
También emprenden viaje a Portugal, donde residen
un tiempo en Albufeira, frente al mar. No tardan en
conocer la pequeña ciudad de Vila Vicosa, cuyo
clima seco es tan beneficioso para la asmática
Paulette. Allí realiza Manuel una serie de
dibujos de figuras alargadas, como premonitorios de
la muerte.
Por aquellos años, entre
1.950 y 1.960, viajan constantemente, y residen por
temporadas cerca del pueblo de pescadores en San Pablo,
en la península de Santa Elena, en una rústica
choza sobre pilotes. Por ello, en Francia se habla
de Rendón como de un “nuevo Gauguin”.
En 1.970 pasan a residir largo tiempo en Ecuador,
en San Pablo y Guayaquil, donde la pintura de Rendón
llegará a la total abstracción, pero
volviendo repetidamente a composiciones figurativas,
muchas de ellas como vitrales.
Este período, el más
conocido en Ecuador, estuvo documentado en la muestra
retrospectiva con varios importantes ejemplos de aquella
variadísima producción, que empezó
a ser adquirida por los ecuatorianos, al punto que
Rendón mantenía una lista de espera
para satisfacer una creciente demanda.