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MANUEL RENDON SEMINARIO
PINTOR.- Nació en París el 2 de Diciembre de 1.894 en uno de los elegantes boulevares donde residían sus padres el Dr. Víctor Manuel Rendón Pérez, médico, literato, músico, compositor y poeta cuya biografía puede verse en este Diccionario (1) y María Seminario Marticorena, idealizada por su esposo como Elena en la novela “Lorenzo Cilda”, mujer de obstinada fe religiosa que logró sacar dos monjas de sus tres hijas.

Siguió las primeras letras en una escuela particular y la secundaria en el afamado Liceo Carnot donde se graduó de Bachiller en Filosofía. En ratos de ocio practicaba la escultura en la Academia del Profesor Raoul Eugene Lamourdedieu (1.869) y expuso un hermoso busto en la Bienal Nacional de Francia con dictamen favorable de la crítica. También se conoce un pequeño personaje, que por ser su primer trabajo había obsequiado a su madre y en 1.944 Manuel dió a la enfermera que la cuidó en el Pensionado del Hospital General de Guayaquil durante su última y dolorosa enfermedad (cáncer al seno).

En 1.910 se sintió atraído por la pintura y apoyado por su madre ingresó a la Academia Libre de la "Grande Chaumiere". Pintar era aceptado como simple distracción en la alta clase parisina, así había expuesto en varias ocasiones su abuela paterna Delfina Pérez Antepara de Rendón, una de cuyas pinturas fué premiada post mortem con Mención de honor en la

(1) Víctor Manuel Rendón Pérez era un acomodado ecuatoriano en París y tenía por costumbre obsequiar todas las navidades juguetes muy finos a sus hijos, con la condición que los regalos del año anterior debían ser entregados a los niños pobres. Con esta costumbre creó en sus hijos el hábito de la generosidad y la disciplina del cuidado de las cosas. Manuel me refería que su orgullo mejor consistía en darlos buenos y sanos. ¡Jamás los entregué dañados!. Por eso se ha dicho que no amaba el mundo de los objetos y hasta se cuenta que cuando vivía en las playas de San Pablo, leía una obra y la arrojaba al mar o la prestaba a cualquiera para que también la leyera.
Exposición Universal de París de 1.900; sin embargo, era muy distinto vivir con los artistas vendiendo para subsistir en el barrio bohemio de Montparnasse. Su tío Achilles Darnis, Coronel de Húsares del Segundo Imperio que había peleado en la batalla de Sedán en 1.870, le preguntó durante un almuerzo familiar si firmaría sus cuadros y al ser respondido que si, exclamó asustado y atusando sus largos bigotes ¡Qué horror!.

En 1.911 exhibió en el célebre Café de la Rotonda, cuyo curador, Henry Matisse (1.869) era su amigo, varios óleos con naturalezas muertas, bodegones, paisajes y desnudos. Durante la Gran Guerra vivió muy pobremente en Notre Dame des Champs, en el barrio bohemio de Montparnasse, sin la ayuda económica paterna, en una buhardilla alta y sin calefacción, muy fría en invierno y calurosísima en verano, pasó hambre y todo género de penurias por comprar telas, bastidores y pinturas para continuar pintando, así como los materiales para sus esculturas.

En 1.916 expuso varios bustos en el salón de la Societe Nationale des Beaux Arts. El 17 concurrió a las manifestaciones vanguardistas del Groupe de la Horde que como su nombre lo indica pretendía terminar con todo a su paso y siguió exponiendo óleos en los salones Autonme, National y Surindependants. Fueron años difíciles y de guerra, prestó servicios voluntarios civiles, nadie interesaba cuadros, pero comenzó a ser mencionado y entró a un grupo de pintores mayores que él, formado por Friesz, Warroquier y Dufresne. Su padre le tenía por una especie de muchacho rebelde y voluntarioso cuyos caprichos consistían en pintar y reunirse con artistas bohemios, en otras palabras, una vida irregular. I como le había reservado un alto destino diplomático sentíase traicionado en sus aspiraciones. Por eso las relaciones entre ambos se tornaron cada vez más difíciles, sobre todo cuando Manuel se unió con otros jóvenes filocomunistas del grupo Clarité que comandaba Henri Barbusse en apoyo a la revolución bolchevique en Rusia y que deseaban algo igual para Francia, pero a fines de año el Museo de Arte Moderno adquirió una de sus obras. Ya era alguien en la pintura de Francia.
También la época de la guerra fue difícil para el arte. El cubismo había perdido a su principal marchante en París el alemán Kahnweiler, que por su ciudadanía había emigrado de Francia. Los Dadaístas y Surrealistas estaban divididos por sus ideas políticas en Leninistas con Aragón, Bretón y Eluard, otros seguían al arte por el arte desligándole de la política, como Tristán Tzara. Era un caos.

En 1.918 mejoraron las cosas con el Armisticio y volvió la paz. Entonces ingresó a la Galería Vildrac de la viuda de Charles Vildrac, pero al poco tiempo el Presidente electo del Ecuador José Luis Tamayo le pidió a su padre que aceptara la Cancillería y tuvo la familia Rendón que venir al Ecuador. Al final Don Víctor Manuel declinó aceptar la Cartera por seguir los malos consejos políticos de Enrique Baquerizo Moreno que le llenó la cabeza de cuentos sobre la próxima caída del régimen, que cándidamente creyó.

El viaje fué en un trasatlántico de lujo por el canal de Panamá y duró un mes. Manuel venía a la Patria de sus mayores que no conocía y encontró pintoresca a Guayaquil con sus calles empedradas y caliginosas aunque de noche soplaba el fresco de Chanduy. Pronto escapó a los homenajes que le rendían a su padre y fué a visitar la hacienda familiar de San Pablo a orillas del río Balzar. En contacto con la selva tropical pintó con nuevos colores un paisaje exuberante antes no conocido y trató a la gente del campo. Todo le parecía tan nuevo y exótico que sufrió un cambio; luego viajó a la sierra, admiró las montañas, los valles, sufrió por la condición del indio y pintó numerosos lápices y aguadas, estudios de trazo certero que contrastaban con el suave costumbrismo naturalista de la escuela de Joaquín Pinto, por su verismo realista muy cercano a lo que luego sería el realismo indigenista de los años 30.

En 1.922 le fué propuesta la secretaría de la legación diplomática en el Brasil, acompañando a su padre que había sido designado Ministro Plenipotenciario del Ecuador en esa nación y cuando todo estaba listo y preparado para el viaje, su padre enfermó gravemente con hemiplejia, cambiaron los planes y no viajó (2 ).

En 1.924 regresó a París tras cuatro años de ausencia. En 1.925 decidió ingresar a la Galería del marchante polaco Leopold Zborowsky donde exhibió en 1.926 su primera muestra personal, pero Zborowsky falleció casi enseguida y entonces entró a la de Leonce Rosemberg donde ya exponían las primeras luminarias de la llamada pintura moderna. Dicha galería llamaba “L'Effort Moderne” y era considerada la mejor y más elegante de Francia, donde Manuel gozó de una sala exclusiva y permanente desde 1.927, como también las tenían otros maestros consagrados de la categoría de Gris, Braque, Picasso, Leger, Gleizes, Metzinger, Severini, de Chirico, Ozenfan, Volier, Modigliani, Picabia y Soutine que formaban la llamada “Ecole de París” que dio tanta grandeza al arte del siglo XX. (3)

Como también era poeta y escritor en ratos de ocio, algunas de sus composiciones aparecieron en el boletín de “L'Effort Moderne”, dedicado a dar noticias de arte. Sus poemas son de una religiosidad interior y están escritos en francés. Esa fue su mejor época pues figuraba en la primera plana de la pintura mundial.

(2) A su arribo en 1.920 al Ecuador Manuel se movía entre el cubismo apaciguado en su deformación y vibrante del color del Braque de postguerra, las formas delicadas entre sensual y espiritualmente alargadas de Modigliani, ciertas aperturas a lo fantástico del superrealismo, los compases cadencioso de movimiento cromático de masas de Delaubay y la sincronía de Mac Donald Wright por esos años en París; era, pues, un pintor conocedor de todo lo nuevo en su arte, culto e intelectualizado.

(3) Leonce Rosenberg pertenecía a una familia judía francesa tanto culta como rica. Su hermano Paul Rosenberg fue uno de los promotores de Picasso y su negocio involucraba grandes sumas de dinero y por ende, personas de las más altas esferas del poder. En cambio, Leonce estaba principalmente interesado en artistas emergentes y a cumplir una fundación en el mundo de la difusión cultural, por ello quizá su fortuna no se incrementó a través de los años como la de su hermano.

Leonce Rosenberg tenía fama en los años entre las dos guerras mundiales (1.918- 1.939) corno promotor de nuevos valores del arte moderno. Su principal artista fue Fernand Léger, con quien mantuvo una relación de negocios por muchos años, y cuya correspondencia fue publicada por Christian Derouet.

Rosenberg dirigía L´Effort Moderne (El Esfuerzo Moderno) tenía todas las características de un movimiento, pues contaba con una galería, un boletín y una editorial de arte. Su célebre local se encontraba en el 19 de la rue Baume, VIII distrito de París. Desde la aparición del primer número del Bulletin de L'Effort Moderne en enero de 1.924, con carátula ilustrada por Georges Valmier (1.923), se mencionan los grandes sucesos de Rosenberg, quien tenía para entonces en exposición permanente en su galería a Georges Braque, Csaky, Juan Gris, Auguste Herbin, Irene Lagut, Henri Laurens, Fernand Léger, Jean Metzinger, Pablo Picasso, Gino Severini, Survage, Georges Valmier y Albert Gleizes. A estos nombres se sumará el de Manuel Rendón a partir de 1.926.

En el boletín No. 29 de noviembre de 1.926 Manuel Rendón es ya un artista de L´Effort Moderne y en dicha publicación se ilustra su obra Le Scaphandrier (El Buzo). Ya en el No. 31 de 1.927 se publica su poesía Dispersión, a la que seguirán otras más hasta 1.930.

Miguel Angel de Ycaza Gómez recogió directamente de Rendón el primer encuentro con Rosenberg, a quien nuestro artista infructuosamente había querido contactar. Un Día fue el propio Rosenberg, y no el mayordomo, quien abrió la puerta y luego de ver los cuadros, al poco tiempo lo convirtió en artista exclusivo de L'Effort Moderne.

Nunca antes en la historia del Ecuador un artista moderno había llegado a formar parte de un grupo cuya fama haya trascendido tan rotundamente en el arte moderno. Las obras de Rendón se conocieron en Francia y figuraron en varios remates, así la galerista daba a conocer a sus artistas.

Rosenberg siempre estuvo seguro del valor de Rendón, como lo evidencia el publicar en el Bulletin tanto sus cuadros como sus poesías. Es más cuando contestó a un abonado mal asesorado, que se había perdido de comprar obras de Gris, Léger, de Chirico y Metzinger, Rosenberg le indicó no cometer el mismo error con Herbin, Ozenfant, Valmier, Viollier y Rendón.
En 1.929 la crisis golpeó terriblemente a los Estados Unidos y Europa. Sus contratos terminaron pero no por ello se conmovió pues era constante su desprecio a las riquezas y comodidades del mundo. "Siempre había gustado del placer de la sobriedad y la pobreza no me asustaba", diría años después en su retiro de San Pablo.

En 1.932 contrajo matrimonio con Paulette Everard Kieffer (1.902- 1.983) hermosa y alta morena, proveniente de una familia campesina de Lila en el norte de Francia, a quien conoció de modelo en una Academia de Arte.

Ella era de una sensibilidad exquisita y de una generosidad y desprendimiento increíbles. Fueron dos espíritus afines unidos por el amor al arte y a la humanidad. Salieron de vacaciones en un bote y recorrieron algunos ríos hasta la isla de Ifen en el mar. La vida libre y de campo en la Turenne pintando, escribiendo, leyendo buenos libros, navegando por el río Cher y sus afluentes, en entera y total libertad, les dió ánimos para sobrellevar los negros nubarrones de odio que se cernían sobre Europa.(4)

(4) Paulette me refirió en cierta ocasión en su departamento de Las Peñas que en 1.914, al inicio de la Gran Guerra, su padre la introdujo a un sótano escondido de la granja familiar para evitar que los soldados de ambos lados Ia violaran pues ya estaba desarrollada a pesar de sus escasos doce años. Desde ese escondite obscuro y hasta tenebroso oía el paso de las tropas francesas y alemanas y se aterrorizaba cuando las marchas eran nocturnas. Al final de la contienda y pasado el peligro fué liberada, viajó a París y encontró trabajo en Montparnasse como modelo de una Academia de Arte. Vivía con amigas, era una trigueña escultural. Se unió a un francés y quedó embarazada. Fue madre soltera. Su hija Olimpiafalleció años después a fines de la década de los años treinta, a causa de tuberculosis y viviendo con su familia paterna, cuando Paulette estaba radicada en Guayaquil. En 1.932 conoció a Manuel y se casaron, convirtiéndose en su modelo preferida, en su asesora, en la compañera de fino gusto y amplia sensibilidad. Severa como crítica pues conocía de arte, nunca ambiciosa, abierta con todos. En sus últimos años se le complicó una antigua asma bronquial. Huía de las alfombras y cortinas, de los animales de pelaje largo. Se asfixiaba por las noches y buscando climas secos se instaló con Manuel en las costas semidesérticas de San Pablo, frente al mar.
De estos años fueron sus contactos en la técnica del Suprematismo de Malévich, geometrizando aún más por el rigor de Bauhaus, sin perder los aportes no convencionales de Klee o Duchamp.

En 1.937 regresó con Paulette a Guayaquil para acompañar a su padre que seguía enfermo. Después de varios meses en el puerto y tras exponer colectivamente con sus obras naturalista en el local del antiguo Correo, con los miembros de la Sociedad de Escritores y Artistas Independientes, viajaron el 38 a las Islas Galápagos..

Por esos días ir al archipiélago era una verdadera aventura, no había hoteles ni restaurants pero todo lo soportaron con alegría pues estaban acostumbrados a las incomodidades. Manuel realizó docenas de dibujos a lápiz, pastel y crayón, mientras Paulette escribía un Diario de Viaje que aparecería después en francés y fue traducido al español por Miguel Angel de Icaza Gómez bajo el título de "Galápagos. Las últimas Islas Encantadas" con hermosas descripciones de los paisajes y la gente.

También son de esta época algunas obras pictóricas de gran originalidad, manifestaciones de lo mejor de la plástica europea junto con la fuerza y el frescor del equinoccio tales como “El Mayordomo” óleo de 1.940, donde las fuerzas telúricas sirven de fondo a la recia figura de los personajes retratados.

En 1.938, nuevamente en Guayaquil, asistían regularmente a las reuniones y actos culturales de la "Sociedad de Artistas y Escritores Independientes". En 1.940 viajaron a Cuenca tras el fallecimiento de Dr. Víctor Manuel Rendón. Su madre viuda María Seminario, pasó al Pensionado del Hospital General y se hizo querer por las monjas de la Caridad, pues era sumamente bondadosa y una de sus hijas pertenecía a esa Congregación.

En 1.941 expuso por primera vez en Quito varios cuadros abstractos pero la crítica no se preocupó mayormente de él, creyéndole un pintor afrancesado como muchos que había en el país.

De nuevo en la capital azuaya compraron una casa semidestruida ubicada en uno de los campos cercanos y hasta poder repararla vivieron en una tienda de campaña a las orillas del río Machángara, de donde se aprovisionaban de agua.

Después tuvieron una vaca, una cabra y un perro y empezó a pintar y a componer versos hasta que le dió la curiosidad de saber sus orígenes, para lo cual investigó a conciencia en los archivos parroquiales y en las escribanías de Cuenca y Loja, localizando al primero de su progenie llegado de España.

En 1.944, agobiado por la barbarie que vivía Europa, compuso su célebre poema en francés sobre la destrucción de la Abadía de Montecasino que fuera bombardeada por los aliados para hacerla desocupar de los alemanes, leía mucha filosofía y su espíritu se encontraba estremecido por los crímenes de esa humanidad (5).

Ese año pintó “Madre India” simplificando su línea con sostenido trazo cursivo. Hernán Rodríguez Castelo ha calificado a esta etapa de su pintura como criollista. En el I Salón Nacional de Bellas Artes realizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana en Quito, en 1.945, su óleo "Mayordomo" alcanzó una de las cuatro recomendaciones del grueso público. José Enrique Guerrero destacó el alto valor plástico de los cuadros, su pura arquitectura


(5) Ycaza Gómez al comentar estos versos expresó que eran una ardiente profesión de fe latina y mediterránea. Fragmento: /// No busquéis más, sombras latinas, el camino de vuestro pasado sobre las viejas colinas, de donde las armas lo han borrado…/
de formas, rico y sugerente colorido. El Jurado no se atrevió a premiarlo. Poco después reanudó su correspondencia con Rosenberg en París y llamado por éste viajó nuevamente a Europa.

En 1.947 expuso en París pero la muerte de Rosenberg y los cambios sufridos por la guerra le desilusionaron sobremanera. París ya no era igual como antes. El 48 presentó una muestra en la Casa de la Cultura de Guayaquil con cuadros postcubistas llenos de meandros mágicos y transparencias poéticas. El crítico de arte José Gómez Sicre le invitó a la Galería Panamericana de la OEA en Washington y escribió una hermosa descripción de su arte, valorando sus exigencias. Desde entonces comenzó Manuel a exponer incansablemente por el mundo y utilizando los servicios de la aviación se trasladaba con Paulette a ciudades tan distantes como París (Galería de Art Du Fobourg) Sao Paulo (Muestra de Arte Religioso latinoamericano) y Madrid, con el éxito de siempre pero sus costumbres no cambiaron por ello, siguió siendo un hombre más bien austero. El Museo de Arte Moderno de París adquirió uno de sus cuadros, que vendía a precios módicos explicando a los asombrados compradores que no perseguía ganar dinero sino la paz interior y que era totalmente feliz ¡tal la filosofía de su vida!.

En 1.951 expuso en la Galería Ariel de París y el crítico Robert Vrinat escribió largo sobre él. Ese año ganó la I Bienal de Arte Hispanoamericano de Madrid, premio internacional que le volvió a situar en el primer lugar de la pintura mundial.

Poco después, a causa de la afección bronquial de Paulette, adquirió varios terrenos frente al mar en San Pablo, Provincia del Guayas. Con la ayuda de varios “Cholitos” amigos suyos, construyó en las cercanías de dicho villorio marítimo una pequeña chozita de caña y techo de hojas de bijao trenzadas por esas manos amigas, invirtiendo el dinero que recibió por la venta de su casa en Cuenca, pero a los pocos meses regresaron a Europa.

Instalados en Albufeira, región seca de la costa semidesértica portuguesa del sur de los Algarves, pasó varios años de tranquilidad sin exponer. Sentía cada vez más la vena religiosa de su madre, leía, meditaba, pintaba cada vez más abstracto buscando alcanzar las tres dimensiones y quiza hasta la profundidad de Dios. Sus obras parecían vitrales de antiguas catedrales iluminados por el color. Paulette era más práctica pues realizaba las tareas de la casa, conversaba con el vecindario, amaba a los niños, era, lo que se dice, una activista local.

De esta época quedan hermosas telas con manchas de colores obscuros sabiamente distribuidas, a veces eran cruces disimuladas -siempre la religión presente- aunque no concientemente pues Manuel nunca fue practicante. Creía profundamente, eso si.

En 1.963 pasaron a residir en Vilavicosa en procura de mejor clima. El 64 editó su libro "Spirales" y más como distracción realizó otra pesquisa genealógica en la vecina población española de Chiclana de la Frontera hasta lograr los orígenes del Caballero Gil Vela Rendón de Aragón ascendiente más antiguo de esa noble casa. Su pariente Pedro Robles y Chambers estudió dicho trabajo y lo calificó de magnífico. Los originales en tres tomos empastados en cuero se guardaban en el archivo del Instituto Genealógico de Guayaquil en espera de que una mano amiga los publique algún día. El 2.004 el archivo fue vendido a la Municipalidad.

En 1.967 regresaron a un departamento alquilado en casa de la familia Henríques en las Peñas pero nunca se preocuparon de adquirir muebles de suerte que permanecía casi siempre cerrado y como abandonado. Una cama, un ropero, dos veladores, una mesa, una cocina y cuatro sillas nada más. Por las tardes Manuel y Paulelle se sentaban a contemplar el paso de los jacintos del río y hasta le pidieron a su amigo Rafael Díaz Ycaza que escribiera una crónica sobre ellos.

Instalados la mayor parte del tiempo en la choza de San Pablo rodeada de una cerca viva de espinos y convertidos en los patriarcas de la región, eran visitados con frecuencia por amigos de Guayaquil y por los cholitos de los contornos que iban a pedir consejos.

De esta época son numerosísimas obras en cartulina o papel, con tinta, acuarela y crayón, pero sobre todo con tiza y crayón. Manchas informes de tamaño más pequeño que las anteriores. Manuel decía que primero eran sus obras un caos de elementos coloreados, después aparecían líneas y se formaban ciertos campos. Las zonas de color empezaban a originarse y el orden se establecía poco a poco en una composición de curvas, entre verticales, horizontales y diagonales, por entre las cuales emergía. Su papel, como creador, consistía únicamente en ver nacer y en organizar las posibilidades que se ofrecían ellas mismas...

En 1.968 me confesó que cuando comenzaba a pintar pensaba mucho y hasta vacilaba. En ocasiones demoraba en sus creaciones porque eran obras de amor. Lo más difícil, solía explicar, era concebir, crear, plasmar una emoción o un sentimiento utilizando volúmenes, luces, colores. En ello radicaba el misterio de sus creaciones, por eso eran obra más bien divinas que humanas, pues él creía que su participación era solo como instrumento de Dios, no como creador individualista. También le dió por la ecología con un hálito de romanticismo que añoraba la forma de vida natural de la humanidad primitiva y tratando de imitarla, renunció casi totalmente al uso de objetos.

Sus telas comenzaron a cambiar en los años 70 y llegó a molestarle que le consideraran o asociaran su trabajo con el puntillismo francés de fines del siglo XIX, pues él solo acariciaba la superficie de sus obras dejando pequeñas manchas multiformes de colores matizados, que a cierta distancia lucían como puntos luminosos o de tonalidades mates según lo precisara. Con ello lograba un sentido armónico sutilmente texturado, tal como si lo ligara a través de la música o la poesía. Realizaba composiciones sin títulos y formas sobre pastel que repetía incesantemente tratando de encontrar los cientos de variantes posibles, todas muy bellas. En otras ocasiones, cuando trabajaba sobre cartulina, mezclaba el pastel y el crayón persiguiendo la naturalidad final.

Desde 1.970 concibió los dibujos de los murales del edificio del Banco Central de Guayaquil y pintó un gran lienzo para el comedor de la villa de Salinas de Luis Noboa Naranjo. Su obra habíase transformado en totales abstracciones pues apenas insinuaba una que otra forma humana trazada en espirales, en una atmósfera inasible de vitrales borrosos o figuras más bien geometroides y polícromas, cuidadosamente jaspeadas, que servían de fondos.

En 1.979 regresó a Madrid y expuso en la Galería Kandinsky unos óleos de grandes dimensiones con felices juegos y alegorías en formas de espirales violentas y curvas, que anunciaban una última y final revolución interior. Era un mundo en distensión, en ebullición, con un colorido abrillantado por amarillos, rojos y verdes hermosísimos. Se sentía tan cercano a Dios que ambicionaba el reencuentro a través de las pinturas, que de tanto movimiento se tornaron revolucionarias y terriblemente bellas.

Nuevamente en Vilavicosa, falleció de un ataque cardiaco el 2 de Noviembre de 1.980, de casi 86 años de edad, cerca de la histórica villa de Ebora en la región portuguesa de Alentejo. En sus últimos años había sufrido de la vista pero jamás se quejó por ello, pintando casi siempre de mañana y hasta que se lo permitía el sol. Su entierro fue pobre y solemne como a él le hubiera gustado. Algunos vecinos, pocas mujeres de negro, Paulette, un sacerdote de pueblo y su tumba está cubierta por una sencilla lápida de mármol rosa bajo matas de flores lilas y amarillas, con los versos finales del poema en francés que dió título a buena parte de su inspiración: Spirale// La espiral, cual secreto conocimiento y ritmo fecundo de los años, sembrará el polvo" que dedicó a Paulette con los siguientes versos de introducción// Oh mujer que lloras la nostalgia del punto del cual el número surgió./ ¡Cómo para tí resucitar/ la unidad en lo múltiple,/ I revelar en la cadencia/ Del corazón, una inmutable esencia!//

“Rendón ilustra la grandeza de la escuela de París” y constituye el mayor y el más alto exponente de la pintura ecuatoriana del siglo XX. Honesto, no comerciante ni majadero, jamás estafó a su clientela con cuadros trabajados al apuro o por ayudantes que nunca hubiera aceptado tener. En sus obras pueden encontrarse formas y volúmenes parecidos, tal su estilo, pero no un mismo tratamiento ni una textura igual. Todos llevan su impronta y son obras maestras de paciencia y creatividad.

En lo físico era de contextura más bien musculada, estatura mediana tirando a baja, trigueño y curtido por el sol. De porte y cara siempre fue muy parecido a sus primos hermanos los Seminario Puga aunque menos feo. De hablar lento y mesurado aunque seguro. Fácil para alegrarse con las cosas. Nunca chistoso ni agorero. En varias ocasiones que me invitó a almorzar en San Pablo, pues era primo segundo con mi padre y me estimaba mucho, el menú fue casi frugal. Ensalada, fruta y alguna otra cosa sencilla. Su vestido invariablemente el mismo: pantalón caki y camisa blanca manga corta. Nunca más de dos mudas porque según decía nadie necesita más que eso para vivir con decencia, sobre todo al pie del mar.

Desprendido y hasta descuidado con lo material. Filántropo con la juventud y niñez. Obsequió varios valiosos terrenos frente al mar al Ministerio de Previsión Social y Trabajo para ser destinados a Guarderías de niños huérfanos o a casas de colonias vacacionales lo que hasta la presente no ha ocurrido. Generoso al extremo, obsequiaba con sencillez lo suyo. A mí me entregó varios recuerdos de familia salvados del Incendio Grande de 1.896 porque estaban en París. Con la clientela igual, nunca cobraba caro ni negaba sus cuadros a desconocidos. Los pintores de Guayaquil fueron en cierta ocasión a visitarle para que elevara sus precios pues estaba rompiendo el mercado de arte de la ciudad. Para el año 68 cobraba solamente S/7.000 por sus grandes cartulinas con acuarelas.
Tuvo diferencias con su padre cuando escogió la carrera de pintor, porque aspiraban a convertirlo en diplomático, que después se limaron llegando a ser excelentes amigos. Un día se asombró en San Pablo al recibir la Orden Nacional al Mérito en el grado menor de caballero que le enviaba el mezquino y torpe, por no calificarle de otra cosa peor, Canciller Carlos Tobar Zaldumbide desde Quito y la aceptó con humildad solamente porque a su padre le hubía gustado que la tuviera. (6)

Pintó muchos óleos, pasteles, acuarelas, crayones. Sus líneas eran trazadas con rápida seguridad, le agradaba detallar la textura, también pintó al carboncillo, eran estas sus obras menores y viéndolo bien y con detenimiento, también eran obras maestras. Sufrió por la humanidad doliente, detestó la guerra y la miseria, amó al pueblo y vivió con él, sin distingos, como uno más entre ellos. Siempre fué un hombre llano, un demócrata desprejuiciado. Tuvo amigos que lo quisieron y respetaron. Sus pocas palabras eran acatadas; más hablaba con gestos, asentimientos y miradas, pues prefería escuchar. Así le conocí frente al río, en las Peñas, en una soleada mañana que compartimos. También en las ocasiones que le fui a visitar. Entonces jugueteaba con mis hijos como cualquier abuelito lo hubiera hecho.

Calvo y grave pero no prosaicamente serio, observador más que curioso del mundo, rehusaba asumir posturas y estridencias que hubiera menoscabado su apreciación de lo humano. Por eso llegó a decir: Toda mi vida ha sido consagrada al arte en una soledad dedicada a los trabajos diarios de la pintura, de la casa, del campo, en medio de la naturaleza, soledad que para nuestros temperamentos de artistas no son iguales y cada uno tiene su verdad propia, que trata de expresar a su manera... Por eso se

(6) Cuando la intelectualidad guayaquileña se enteró que la Cancillería había nombrado Caballero a un artista de la categoría mundial de Rendón, lanzó un grito de protesta pues así no se trata a un creador, casi un genio.
ha escrito que en su obra siempre estará presente el silencio, una constante en la última etapa. Es un silencio que respondía a su paz interior, a su conciencia reflexiva, a su desinteresada contemplación de sí mismo y de la vida. El silencio le remitía al espacio abierto y al no menos concreto del espíritu creador, que precisa una cosmovisión y una concepción del arte, que desecha sonidos exteriores para poner los de su alma.


SIMBOLOS PARA LA MEDITACIÓN (De Spiral)

“Creo que todo artista verdadero tiene que ser solitario, en sus adentros si no lo es aparentemente, y si siente profundamente esta vocación monacal”.

Bien al contrario, en la soledad, el hombre tiende a destruir en sí lo individual, lo que le hace sencillamente diferente de los demás, para abarcar la unidad de la naturaleza humana, es decir, lo que une a todos los hombres en un solo ser, que es el Hombre Universal...

Quisiera que mis cuadros sean símbolos para la meditación y el conocimiento del hombre y del universo, una llamada al amor, a la ternura, a la fraternidad, a la paz, en fin a la búsqueda de la luz, manifestación de lo desconocido, destello luminoso que nos ha dado la vida, fuego que permanece ardiendo en el centro de nuestro planeta, como en el centro de nuestros seres se esconde la llama, clave real del conocimiento, porque el espíritu en la conquista sintética del universo, no alcanzará el Todo, sino bajo el aspecto de la desintegración.

Según la ley de armonía ¿no debería el cuadro tender hacia la unidad, punto central de toda manifestación humana o cósmica, en el cual desaparece la multiplicidad ilusoria? ¿Unidad en el colorido cuando la mezcla óptica de la superficie pintada debiera reconstruir la luz del rayo solar, descompuesta en los colores del prisma?
Y unidad entre las dos facetas del cuadro: la forma, aspecto exterior que atrae la contemplación y que es la más importante, porque el cuadro debe ser antes de todo un conjunto bien logrado de colores y líneas, y el mensaje, manifestación de la verdad del pintor, que compone la obra de arte completa. (Manuel Rendón Seminario) (7)

Van dos poemas de Manuel escritos en francés y traducidos al español por Yanna Hadatty Mora.

SOMBRA CHINA

La bujía
junto a ti al desvertirse
por su magia
preludia, estrella que vacila
la imagen,
sobre la pared,
de tu silueta desnuda.
Como una nube,
se eleva y disminuye.
Esta fiesta,
donde libre, tu cuerpo se distrae,
te refleja,
ebrio secretamente en este extraño espejo,
no veo, a pesar de la sencilla cadencia
de tu gozo,
sino una inquietante danza
¡una lucha

(7) Luigi Fontana, pintor Italo-argentino, publicó en Milán entre 1.948 y el 49, dos manifiestos: El blanco y el espacial. En éste último habla de la espiral como la forma de captar el espacio sideral.
llena de espanto contra una luz
que te persigue!
¡Cuan rápido
acogiendo mi plegaria
este vaho
se adelgaza y luego se borra
la que yo amaba
entretanto en la blanca superficie!


LA DURMIENTE

En un lecho ardiente de arena,
mortaja al borde de este espacio
que un suspiro mide, revelándolo,
una durmiente sepulta su gracia
en el polvo de los granos de arena
de los que se cubre la superficie dorada.
La playa atrapa los reinos
de la indolente prisionera
del sueño, y fiesta para la vista
es su reposo sobre la feliz orilla
donde todo admira a la simulatriz
pendiente de su sueño. Ella duerme
estatua fingida con venas que hincha
la savia, y que no obstante imita la muerte.

El crítico de arte Juan Castro y Velásquez, que es quien más ha estudiado a Rendón, a escrito sobre él y sobre su obra, lo siguiente:

Manuel tenía ya más de 70 años y lo que primero sorprendía de él era la sencillez de su vida que parecía aparejarse con la de su temperamento. Pero tenía un carácter firme, no brusco; comprensivo, no débil, que reflejaba lo vivido y sentido a lo largo de una vida extensa. Ese modo de ser suyo tenía, sin embargo, espacios para el humor, para una suave ironía que subrayaba antes que anatemizar, para una comprensión crítica del entorno, para distinguir y discernir sobre lo importante o no de la vida contemporánea.

Inevitablemente está en su obra que, como pocas, refleja con sentido cabal la naturaleza de su ser. Y esa naturaleza era nada afecta a la vacuidad, al despilfarro intelectual, a ciertas expresiones de la vida social.

Descubre el Ecuador en los años veinte en uno de sus aspectos de esencialidad: el ser humano. Esa revelación se produjo a través del campesino, de quien fija su carácter mediante lsus rasgos. Lo que, a no dudarlo, le sedujo, es el modo con que ese hombre enfrentaba la vida y que se transmitía en la parquedad de sus gestos, en la intimidad de la mirada, en la desnudez de la expresión.

Manuel era un apasionado de la realidad física y sus múltiples viajes tuvieron la ocasión de brindársela con sus particularidades geográficas. Sin embargo, en su obra -muy pocos paisajes, salvo los varios dibujos de su etapa en las Galápagos- la naturaleza física está presente como ambientación real o imaginativa del sujeto verdaderamente importante para él: el ser humano.

A este lo trata ya como realidad concreta, ya como forma o espíritu, y está en el principio y fin de su trabajo. Si la serie de óleos de la década del 30 entroniza la primera mención, las del 40 y 50 es el inicio de un período que, a partir de los años 60, apuntará a una reflexión más intensa y, por lo mismo, profunda. Esta reflexión la percibo como la suma de su vida, aquella que cada quien, por sus razones, aboca por necesidad propia. En el caso de Manuel es despojarse de lo innecesario y fútil, de lo intrascendente y epidérmico. Había, sin duda, llegado a la conclusión de que lo importante era el que, para muchos, es el más arduo de los acuerdos: la paz consigo mismo.

A partir de la publicación del Catálogo Razonado de Manuel Rendón Seminario 1.894-1.980 de la autoría de Juan Castro y Velásquez, en 1.995, ha seguido reuniendo información sobre obras, documentos y anécdotas sobre este ilustre ecuatoriano, cuya figura va más allá de las artes visuales, proyectándose también en la literatura por su importancia como poeta, con obras publicadas en Francia desde 1.927.

Muy joven todavía, abandonó la molicie del hogar paterno para vivir en un medio muy pobre, entre los artistas bohemios de Montparnasse. Allí fue amigo de Modigliani y Soutine, que en aquella época vivían casi al borde de la miseria. De estos años de formación se exhibió una “Naturaleza muerta con peras y guitarra” de 1.916, el más antiguo óleo conservado del artista; dos dibujos de modelos desnudas, realizados en la Academia Libre de la Grande Chaumière, y el magnífico oleo “Desnudo en azul”, de 1.918. Dos naturalezas muertas de diferentes años completan la visión del artista en su período formativo, durante el cual se relacionó con intelectuales de tendencias izquierdistas, entre ellos el comunista Henri Barbusse, lo que motivó la indignación paterna.

Cuando tenía ya veintiséis años, Rendón vino a América, en compañía de sus padres y hermanos solteros, para la celebración del Centenario del 9 de Otubre. Durante los cortos días que pasó en Panamá frecuentó la bohemia local, realizando su primera obra americana: “Burdel en Panamá”. Ya en Ecuador conoció, finalmente, las legendarias haciendas cacaoteras a orillas de los mansos ríos de la cuenca del Guayas, quedando subyugado por la luz tropical y la belleza de la raza de bronce de nuestros montubios. El impacto del Nuevo Mundo caló muy hondo en el arte de Rendón, y así podemos ver obras como “Familia de montubios”, en la que el pintor capta los colores del trópico y la humedad del ambiente. Son pocos, infortunadamente, los cuadros que se han conservado de esta época. Sin embargo, los rápidos dibujos de los montubios en las haciendas familiares son un testimonio tanto artístico como documental, solamente comparable, en literatura, con la obra de José de la Cuadra.

Entre 1.920 y 1.925, Manuel Rendón hace repetidos viajes entre Francia y Ecuador. Un dibujo de 1.922 testimonia su temprano cultivo del surrealismo, movimiento que con fragor irrumpió en la Europa de posguerra. No figura entre los firmantes de los célebres manifiestos surrealistas, pero es, sin duda, el primer surrealista sudamericano.

La exposición retrospectiva ha reunido en una sala un representativo número de obras de distintas fechas entre 1.927 y 1.930 que pertenecieron a la Galería de L´Effort Moderne de Rosenberg, entre ellas el primer retrato conocido de Paulette. Otras obras de gran importancia son “La joven negra”, “Los llorones”, “El guerrero inca”, “Hombre en un paisaje”, “Cabeza de mujer”, y el poderoso “Cabeza de negro”, obra totalmente inédita de Rendón.

Estos magníficos cuadros han despertado gran interés entre los visitantes por ser la obra menos conocida de Rendón. Es importante mencionar que un conjunto de 8 cuadros, entre los cuales hay varios en exhibición, apareció recién hace menos de dos años en la bóveda de un banco en Suiza. Estas extraordinarias piezas, que Rosenberg puso a buen recaudo del fascismo antisemita que se que desarrollaba en Europa, fueron adquiridas por coleccionistas guayaquileños, que han demostrado un gran amor al arte al salvaguardar estas obras para la patria.

Manuel y Paulette abandonaron Francia en 1.937 y retornaron al Ecuador, donde vivieron al principio en la casa paterna, que todavía se conserva, y que hoy un grupo de guayaquileños desea convertir en Museo Manuel Rendón Seminario. Pero los problemas con el padre continuaron, es más, se agudizaron por las diferencias sociales entre Manuel y Paulette, mujer de extracción campesina, hija de una actriz. De estos incómodos años, en que el artista conoció a Miguel Angel de Ycaza Gómez, su mejor amigo y primer biógrafo, data una de sus más sublimes pinturas, “La cholita Panchita”, obra poseedora de reminiscencias cubistas y que muestra el rostro de una niña con increíbles rasgos precolombinos.

En 1.938, Manuel y Paulette emprenden un viaje a las entonces remotísimas islas Galápagos. Allí los Rendón habitan primitivamente durante 6 meses, él dibujando el paisaje, la flora y a los poquísimos habitantes, Paulette realizando fotografías y redactando un diario de viajes que publicaría más tarde con el título Galápagos, las últimas islas encantadas.

Nuevamente los problemas familiares son el motivo de que Manuel y Paulette busquen otro lugar de residencia. Pasan a vivir cerca de Cuenca, en completa soledad. Allí, Manuel Rendón replantea su pintura hacia nuevas formas y cromática, si bien capta también de manera figurativa a los indígenas en obras como “Antonio Quishpe, el hombre de poncho rojo” y “Cabeza de mujer”, esta última, la única obra que recibiera un premio en Ecuador. Durante estos años, en que el mundo está sacudido por la Segunda Guerra Mundial y escasean los materiales de pintura en Ecuador. Rendón realiza obras prodigiosas, como sus acuarelas entre 1.940 y 1.942. y obras de una propuesta modernísima, con segmentos superpuestos de colores y formas como en “Muchacha soñando”, “El pájaro vencedor”, “Descendimiento”, “El relato”, que culminan en “Bailarinas descansando”, que el pintor obsequió a la Casa de la Cultura de Guayaquil. También se autorretrata, plantado en medio de los paisajes, el europeo y el americano.

En 1.950, Manuel y Paulette vuelven a Europa, pero se encuentran con un ambiente artístico distinto. París ha dejado de ser el centro cultural del mundo, ahora trasladado a la babilónica Nueva York. Sin embargo, su producción realizada en la soledad del Austro puede empatarse perfectamente con las propuestas de artistas pensadores, como Auguste Herbin y Michel Seuphor, dentro de la abstracción geométrica.
También emprenden viaje a Portugal, donde residen un tiempo en Albufeira, frente al mar. No tardan en conocer la pequeña ciudad de Vila Vicosa, cuyo clima seco es tan beneficioso para la asmática Paulette. Allí realiza Manuel una serie de dibujos de figuras alargadas, como premonitorios de la muerte.

Por aquellos años, entre 1.950 y 1.960, viajan constantemente, y residen por temporadas cerca del pueblo de pescadores en San Pablo, en la península de Santa Elena, en una rústica choza sobre pilotes. Por ello, en Francia se habla de Rendón como de un “nuevo Gauguin”. En 1.970 pasan a residir largo tiempo en Ecuador, en San Pablo y Guayaquil, donde la pintura de Rendón llegará a la total abstracción, pero volviendo repetidamente a composiciones figurativas, muchas de ellas como vitrales.

Este período, el más conocido en Ecuador, estuvo documentado en la muestra retrospectiva con varios importantes ejemplos de aquella variadísima producción, que empezó a ser adquirida por los ecuatorianos, al punto que Rendón mantenía una lista de espera para satisfacer una creciente demanda.