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ANTONIO JOSE DE SUCRE Y ALCALA
SACERDOTE.- Nació en Cumaná Venezuela, hacia 1.831, hijo legítimo de José Manuel de Sucre y Ramírez de la Guerra, primo hermano del Gran Mariscal de Ayacucho y de María del Rosario de Alcalá. Recibió las primeras letras en el hogar y luego en una pequeña escuelita de su ciudad natal. Antes de cumplir veinte años ingresó al ejército e intervino en algunas guerras civiles de poca monta. En 1.854 fue desterrado a Nueva Granada (Colombia) donde se enroló en las huestes conservadoras del General Julio Arboleda y participó en la toma del cuartel de Guaduas, poco después viajó a Bogotá donde conoció a una de las hijas del pudiente caballero Raimundo Sáenz de Santa María y enamorado de ella la pidió en matrimonio, siendo rechazado por razones económicas. Despechado del mundo ingresó al Seminario, cursó estudios y fue ordenado en 1.857 por el Arzobispo Dr. Antonio Herrán y Zaldúa, quien lo protegió con su amistad. Ese mismo año ascendió a Vice Rector del Seminario, cargo que desempeñó hasta 1.860 cuando fue promovido al Rectorado con general beneplácito. Por estos tiempos fue electo Canónigo Racionero de la Catedral, escribió el folleto '"Instrucción sobre la dignidad y las prerrogativas del Obrero", dirigió el periódico "El Catolicismo" y allí publicó una circular en que pedía el cambio del candidato conservador a la presidencia de la República, Gen. Pedro Alcántara Herrán. Esta división permitió el triunfo de los liberales, con su caudillo el Gen. Tomás Cipriano de Mosquera, enemigo de la familia Herrán.

Mientras tanto el Arzobispo había declarado apócrifa la circular, desautorizó a su director el Canónigo Sucre y aconsejaba al clero que evitara los peligros que entrañan las pasiones políticas y diera a los fieles ejemplos de moderación. Sucre aguantó el chubasco y ante el triunfo de Mosquera, sin esperar siquiera su ingreso a Bogotá, le llenó de improperios. Mosquera lo amenazó con montarlo en una burra y despacharlo a Venezuela, tildándolo de clérigo extranjero y de otros no menos donosos epítetos, a los que Sucre contestó diciendo "No soy extranjero"… puedo pasearme desde las bocas del Orinoco hasta las fuentes del Pilcomayo, seguro de excitar con la simple enunciación de mi nombre simpatías inevitables para el corazón que ame las glorias de la independencia y de la libertad hispanoamericana". Poco después fue apresado y confinado en el Castillo de Bocachica, en Cartagena; pero logró huir a Caracas donde lo designaron Arcediano y profesor del Seminario en 1.863. Cinco años después figuró como asistente mitrado. En 1.870 inició una ardua campaña contra el dictador Gen. Guzmán Blanco por causa del destierro del Arzobispo de Caracas y tuvo que huir a la Isla Trinidad y luego a los llanos, instalándose en Ciudad Bolívar. En estas carreras estuvo desde Octubre de 1.870 hasta Diciembre de 1.871, fecha en que lo hallamos en el Perú, en calidad de fraile del convento limeño de los sacerdotes de los Sagrados Corazones, con el nombre de Padre Manuel.

Allí vivió algunos años gozando de la paz conventual y sin intervenir en las lides políticas de las que era tan aficionado; pero algo había en su carácter que le inquietaba el ánimo muy dado a reacciones viólentas. Cuéntase que tuvo que abandonar el convento por haberse arrojado al cuello del superior de dicha comunidad Padre Justiniano, muy conocido por su mansedumbre y humildad, debido a que en un mal momento dicho superior había manifestado que "los venezolanos debían ser cobardes para soportar las tropelías de la dictadura de Guzmán Blanco". Este gesto de Sucre lo presenta en su verdadero retrato "violento, sincero, valiente, arrebatado y siempre íntegro".

En 1.889 vivía nuevamente en Bogotá, considerado y querido por todos, en su calidad de desterrado de la dictadura de Mosquera. El Gobierno lo acomodó de Capellán de la Universidad, con buen sueldo y mucha influencia y sin embargo meses después entró en polémicas con el Ministro Casa Rojas, de Instrucción Pública, a quien acusó de desconocer hasta los rudimentos de la Pedagogía Moderna.

Salido de la Universidad, aceptó el Curato de Lenguazaque, cercano a la capital, pero también lo abandonó poco antes de la visita arzobispal. Por aquellos días se dirigió al Presidente de la República, Dr. Holguín, pidiéndole su representación para viajar a Caracas durante los festejos del I Centenario del nacimiento del General Páez, que se iban a celebrar con inusitada pompa. Obtenida tan alta representación ocurrió un desagradable incidente en que Sucre quedó mal parado y la prensa bogotana, que conocía su carácter, lo criticó acervamente.

En Octubre de 1.890 escribió a Salvador Camacho Roldán, presidente de La Junta del Centenario del nacimiento del General Santander, manifestándose interesado en dichas celebraciones. Santander fue Jefe de la facción liberal colombiana que intentó asesinar a Bolívar la noche septembrina de 1.827 y habiendo existido una hermandad de pensamiento entre Bolívar y Sucre, no cabía que el sobrino segundo de este último y para colmos, que llevaba sus nombres y apellidos, se interesara en celebrar el nacimiento del enemigo de ambos. Aún eran frescos los recuerdos de las luchas de esos tiempos y las opiniones estaban polarizadas entre liberales santadereanos y conservadores bolivarianos.

La reacción a su carta fue enorme y levantó una polémica por los diarios y revistas de toda Colombia. Unos apoyando la "generosidad de Sucre" al olvidar viejos rencores y concurrir gallardamente al homenaje. Otros, los más según parecía, le endilgaban duros epítetos, mofándose de su "traición". Críticas, chascarrillos procaces y hasta cuentos verdes aparecieron entre octubre y noviembre de 1.890, siendo de los peores un artículo titulado "Brochazo cuasipatriótico, inexactitudes históricas", pero hubo otros más "La defensa católica" y "Los perfiles históricos de la defensa católica". El diario "El Orden" de Bogotá denigró sistemáticamente a Sucre, que a la postre emprendió nuevo viaje, esta vez a su tierra, para escapar al escándalo. Bien se ve a las claras, decía un escritor del siglo pasado, que "el doctor Sucre es como el huracán, que siembra la violencia y la discordia a la sola enunciación de sus ideas y por el ilustre linaje que ostenta". Otro escritor le espetó "este doctor promueve cuestiones en el centenario de Santander, con entusiasmo estático, como si se tratara de la canonización de un santo".

Ya en Caracas, apreciado por sus conciudadanos debido al ingenio de su carácter, muy dado a la oportuna réplica y al fino y gracioso comentario conque siempre acompañaba sus ideas, permaneció tranquilo por cortos meses, pero de inmediato se le ocurrió encontrar los restos de su ilustre tío el gran Mariscal de Ayacucho, que se suponía enterrado en una iglesia o convento de Quito hasta donde había sido conducido en secreto por su viuda la Marquesa de Solanda y tanto pidió al gobierno venezolano que en 1.894 recibió el honroso cargo de representar al país en la ansiada búsqueda.

Con tal fin viajó a Guayaquil y fue recibido con honores de Ministro plenipotenciario en misión especial, se alojó en la residencia del Gobernador y luego en la de sus primos hermanos Antonio José, Carmen, Obdulia y la poetisa Dolores Sucre y Lavayen, donde fue cumplimentado por la sociedad con grandes muestras de simpatía; sin embargo la situación política no estaba para este tipo de investigaciones por el escándalo nacional de la venta de la bandera, así es que meses después, en 1.895, viajó a Quito con el otro comisionado Guerra Marcano, a buscar en la iglesia de San Francisco. La investigación asumió proporciones de conflicto religioso, político y social. Las autoridades, los frailes de San Francisco y los miembros de la pesquisa, chocaron contra el Padre Sucre, éste elogió al Presidente Cordero y fue ofendido por sus enemigos; contestó con un folleto muy recio y altivo y sostuvo polémicas con el Padre Argelich. Al final salió de Quito sin encontrar los restos y dijo "regresaré por esto a la patria, con el dolor inconsolable de no volver al suelo natal las reliquias tan ardientemente ansiadas, pero por vía de desquite llegaré allá con el alma henchida de reconocimiento y admiración hacia este pueblo tan benemérito y digno de la paternal predilección conque le favoreció su inmediato libertador. Bien supo éste lo que hizo al escoger esta sección grancolombiana para lugar de su reposo".

Durante su viaje de regreso cayó enfermo de fiebre amarilla y murió a los poco días en Babahoyo, el 17 de julio de 1.895, lejos de su patria y sin poder cumplir su cometido. Los restos del Mariscal fueron hallados en el convento del Carmen Bajo en 1.900 y trasladados a la Catedral de Quito donde aún reposan.