JOSE MARIA AGUIRRE
MORENO
ORADOR.- Nació
en la población de El Valle, cercana a Cuenca
el 21 de Diciembre de 1.851 y le bautizaron con los
nombres de Miguel Tomás Vicente. Sus primeros
años los pasó bajo la protección
de su tía Francisca Moreno. Muy Joven cursó
Humanidades Latinas en el Colegio Seminario apasionándose
por la Filosofía y los idiomas al punto que
aprendió francés con la ayuda de un
Diccionario.
En 1.869 entró a la
recién creada Facultad de Jurisprudencia, formó
parte de la Sociedad de la Esperanza, colaboró
en su órgano "La Aurora" y al terminar
la carrera rápidamente y con brillantez, se
sintió atraído por la vocación
religiosa y viajó el 71 a Quito, pidiendo su
ingreso en el templo franciscano y se le vió
desde entonces en los claustros, pero su salud se
resintió con la estrictes de la regla y los
superiores le aconsejaron que no continuara. Matriculado
en la escuela Politécnica de los sabios jesuitas
alemanes tampoco persistió, pues su vocación
era humanística y no científica, aunque
tenía la inteligencia abstracta.
Su amigo, el Obispo de Cuenca,
Remigio Estévez de Toral, que conocía
su talento, le invitó a abrazar el estado sacerdotal
y concedió el diaconado en 1.872, año
en que se trasladó a Chile para lograr el Doctorado
en Teología y Derecho Canónico, que
finalmente alcanzó el 76, recibiendo el Presbiterado
y finalmente el Sacerdocio en la iglesia de Santa
Clara de Vitoria el 8 de Octubre, de manos del Obispo
de La Serena, José Manuel Orrego, quien le
solicitó con insistencia que se quedara en
Santiago a ejercer su ministerio, propuesta que le
formuló en varias ocasiones, pero Aguirre no
aceptó.
En 1.879, nuevamente en Cuenca,
su figura delgada y como recortada por el ascetismo,
pronto se hizo popular. Nicanor Aguilar, entonces
solamente estudiante, le recordaría años
después con la siguiente frase: Sacerdote inolvidable
el Dr. Miguel Aguirre, los de mi generación
teníamos conocimientos que él existía...
Llegaba tras muchos años de extrañamiento
y enrolóse para el magisterio... Con que respetuosa
y amable curiosidad contemplábamos al joven
sacerdote que pasaría apenas de los treinta
años. Su fisonomía aguileña y
devota solo inspiraba atención y miramientos.
Nada igualaba la amenidad de su trato y el atrayente
aticismo de su insuperable gracia, tan inofensiva
como cautivadora. Desde el principio las asignaturas
que dictaba correspondían a su fama: Filosofía
racional y Sagrado dogma, en el Colegio Seminario.
Mas, el renombre del catedrático sin igual,
llenando los espacios de la gallarda y amplia escuela,
llegaba hasta los niños minoristas y supimos
que en su método insuperable la doctrina que
exponía en cada clase se le ocupaba en escasa
media hora y después le era imposible al estudiante,
por talentoso que fuese, el aventurar objeción
alguna que no estuviese resuelta de antemano en la
exposición del luminoso maestro. Director espiritual
del único y notable Colegio de señoritas
que funcionaba en esta ciudad, el de los Sagrados
Corazones, desde 1.877. El recuerdo de su catequesis,
de sus lecciones y su celo perdura sobre el tiempo.
En ese mismo plantel y entre la juventud masculina
preparaba y dirigía con exquisito gusto literario,
los actos que tanto lustre procuraron a las clases
estudiosas. En faenas, así útiles, espirituales
y cultas, empleaba la mayor parte de su tiempo y se
atraía irresistiblemente el profundo aprecio
de la sociedad. La predicación del señor
Aguirre en época de tanta fé y entusiasmo
religioso, constituía en Cuenca la admiración
del pueblo. Cuando se anunciaban sus sermones rebosaba
la multitud el templo; pues, apto para todas las disciplinas
de la inteligencia, el cumplido sacerdote, singularmente
lo fue, para la santa predicación.
En Cuenca llegó a ocupar
el Vicerrectorado del Colegio Seminario y si llamaba
la atención por la eficacia en el método
y la amplitud de conocimientos que diestramente transmitía
a sus discípulo, mayor admiración despertaba
su manera de conducirse y el modo ejemplar que observaba
en las practicas del culto, aunque lo más importante
de su persona era, como ya se dijo, las dotes oratorias.
El Sermón más recordado, de los que
predicó con admiración de todas las
clases sociales, fue el de la Octava del Santísimo
Sacramento, en la catedral, el 16 de Junio de 1.884,
sobre Jesucristo, el pobre del tabernáculo.
Por eso, a la sola noticia de que iba a predicar,
las gentes acudían en tropel y ponían
suma atención, profundo silencio, interrumpido
solo por sollozos y lágrimas. Y sintiéndose
Aguirre objeto de la expectación, y no queriendo
provocar escándalo salió poco menos
que escondido y pasó nuevamente al convento
franciscano de Quito como simple lego; él,
que tenía títulos doctorales y gran
mundo por sus viajes y cátedras.
Entre el 85 y el 86 hizo el
Noviciado en San Diego y el 29 de Noviembre adoptó
el nuevo nombre de José María con promesa
de ejercitar invariablemente la humildad, pobreza
y castidad.
En 1.888 escribió un
artículo necrológico con motivo del
XIII aniversario de la muerte de García Moreno,
publicado en 26 pags. en la Imprenta del Clero y predicó
en San Francisco. Pronto fue considerado el primer
orador sagrado de la capital y aunque no poseía
las dotes histriónicas que tanto habían
distinguido al agustino Manuel Salcedo,tenido por
el mayor orador sagrado de su siglo y con quien se
le comparaba de continuo, en cambio era más
profundo, más conocedor de la doctrina y poseía
una sensibilidad casi musical cuando hablaba, que
igualmente atraía las multitudes.
Un testigo de la época
le ha descrito así: En la tribuna sagrada su
figura tornábase imponente: alta, cenceña,
algo inclinada hacia tierra como rendida al peso de
la modestia, retrataba la tranquilidad interior en
el ademán reposado y en la armoniosa ternura
de su voz. No clavaba la mirada en el auditorio pero
lo dominaba con el peso de la humildad, pues muchos
quedaban cautivos de esos ojos bajos que parecían
entrecerrados por constantes vigilias y que los rescataban
los lentes cuya armadura descansaba en la corva nariz.
Tan buenas disposiciones le habían abierto
el camino a la cátedra de Religión en
la Universidad Central y de la Historia Eclesiástica,
Escritura Sagrada, Teología Dogmática
y Moral, Literatura y Filosofía de su comunidad.
Sus sermones eran reproducidos en Quito y Cuenca a
través de las revistas de "'El Sagrado
Corazón de Jesús" y "El reinado
eucarístico del Sagrado Corazón de Jesús",
en el periódico "El Pueblo" y en
la imprenta del Clero, por eso gozaba de gran aceptación,
pero su pensamiento encasquillado en una ortodoxia
ya superada en Europa y los Estados Unidos excepto
en España por supuesto - de ideas basadas en
el gobierno teocrático y absolutista de García
Moreno, le daba una tónica de ultra derecha.
El 10 de Agosto de 1.893 pronunció
un célebre discurso con motivo del 84 aniversario
de la Independencia nacional, editado en 19 pags.
en la Imprenta Clero.
A principios de 1.895, al iniciarse
las montoneras liberales en la costa en protesta contra
el negociado de la venta de la bandera, cometió
el error de tomar partido y como Guardián del
Convento de San Francisco organizó frecuentes
procesiones por las calles con solemnes rogativas.
El 30 de Junio, sabedor que la revolución había
triunfado en Guayaquil, realizó la mayor de
ellas con la participación del Arzobispo Pedro
Rafael González Calisto y las demás
comunidades religiosas y aprovechó la ocasión
para explicar desde la cátedra sagrada que
"Satanás, salido del infierno o algún
emisario suyo de las logias - en clara alusión
al ex Presidente Antonio Flores Jijón –
había dividido al único partido Católico
de la República, el Conservador (terrorista
o garciano) fraccionándolo con el Progresismo....
Prendida la tea de la discordia se acercan el demonio
y sus secuaces y cantan y bailan al fulgor del incendio..!
Brillante ejército de mártires, venid
y enseñad a este pueblo cómo se derrama
la sangre para defender la fe. Antonio de Padua, hermano
mío, martillo de los herejes, ven a destruirlos!
El pueblo, absorto y embobaliconado, respondía
Amen.
El 20 de Julio, al arribar
a Quito el terrible Obispo de Manabí Pedro
Schumacher y el batallón Cuarto de Línea
al mando del Coronel Ricardo Cornejo, tras una aparatosa
retirada huyendo de las guerrillas liberales de Manabí
y Esmeraldas unidas, estuvo entre los que conformaron
la comisión de recepción y el Obispo
ingresó entre el Nuncio y el Arzobispo, guirnaldas
y arcos. El 7 de Agosto Alfaro triunfó en Gatazo
y el 4 de Septiembre entró victorioso en Quito.
Angustiado por sus anteriores
imprudencias, Aguirre emprendió el voluntario
camino del ostracismo y fue a parar al Convento franciscano
de Cali donde se mantuvo siete años, que no
fueron del todo desaprovechados pues le sirvieron
para emprender dos viajes a Lima y dos a Europa, donde
también se hizo conocido por sus notables facultades
admirando a los auditorios más selectos y cultos
de varias capitales
En 1.902 regresó a Quito
tras acogerse al Decreto de Amnistía del Presidente
Leonidas Plaza. Manso y humilde volvió al convento
franciscano. Habían pasado los tiempos de las
cruzadas, existía otra visión, recién
comenzaba el siglo XX pero ya la gente no se ocupaba
de la cátedra sagrada ni esos oradores tenían
alguna importancia. Su fama ya no volvió a
ser lo mismo, pues la modernidad es enemiga del dogma.
De allí en adelante
y fiel a su ministerio, volvió a ocupar la
cátedra sagrada pero discretamente. En 1.903,
al crearse en Roma la Comisaría General de
la Orden Franciscana en el Ecuador, le fue concedida
tal dignidad, que ocupó por muchos años
porque los padres Dionisio Schuler y Pacífico
Monza, Ministros Generales de la Seráfica Orden
en Roma, le tenían en elevadísimo concepto.
En 1.910 pronunció una
célebre Alocución patriótica
con motivo de la bendición de la bandera del
Batallón No. 7 que marcharía a la provincia
de El Oro durante la movilización nacional.
El 17 fue designado Visitador General de la Provincia
franciscana en el Perú, comisión delicadísima
que ejecutó con inteligencia y sagacidad.
Murió en el convento
quiteño el 13 de Febrero de 1.919 de solo 67
años de edad, a causa de una congestión
pulmonar, pues siempre había sido de contextura
más bien delicada. El Partido Conservador dictó
un encomiástico Acuerdo en su memoria y el
14 de Marzo se celebraron sus exequias en el templo
de Santo Domingo de Cuenca. Nicanor Aguilar tomó
la palabra.
En 1.924, gracias a la munificencia
de Jacinto Jijón y Caamaño se editaron
en Quito sus "Obras Oratorias" en tres volúmenes
de 456,512 y 515 págs. de suerte que a través
de ellas se puede establecer su pensamiento, que dedicó
casi por entero a asuntos religiosos y dogmáticos,
aunque por ser orador de mérito no es lo mismo
leerlo hoy en día, que escucharlo, como cuando
atraía las masas a los templos donde iba a
predicar.