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PEDRO DE LA GASCA
PACIFICADOR.- Nació en 1.493 en la Villa de Navarregadilla, Avila, España, de familias de alguna consideración, fue colegial en la Universidad de Alcalá de Henares y Examinador de Licencias en Artes hasta que se produjo la guerra de los Comuneros en Castilla. Entonces persiguió a las bandas alzadas contra Carlos V, tras lo cual, como no habían estudios de Derecho Civil en Alcalá, en 1.531 logró matricularse en la Universidad de Salamanca, se ordenó de sacerdote y graduó en ambos Derechos (Civil y Canónico) entró al magisterio, fue Maestro de Artes, Juez de Estudios y Rector del Colegio Mayor de San Bartolomé en dicha Universidad.

En 1.535 obtuvo una de las Canongías de la Catedral de Salamanca, el 36 fue juez metropolitano de la Catedral de Toledo. El 37 Vicario en Alcalá y le ascendieron a miembro del Consejo Supremo de la Inquisición haciéndose notable por su dinamismo y afán de servicio. Entonces pasó de Visitador del Tribunal de Valencia, trabajó en la fortificación de las costas amenazadas por el pirata Barbaroja, y en las islas Baleares

En 1.545 fue escogido entre varios candidatos a fin de pacificar los reinos del Perú que comprendían desde el norte de Chile hasta la región de Panamá. Arribó en Junio del 46 a Santa Martha revestido de facultades omnímodas que podía perdonar delitos, repartir y encomendar tierras e indios, otorgar premios, dar recompensas, nombrar Gobernador y demás funcionarios, hacer Ordenanzas y declarar a los súbditos rebeldes.

Ni bien llegado a Centroamérica se enteró de la trágica muerte del Virrey Blasco Núñez de Vela y que Panamá estaba ocupada por las tropas rebeldes de Gonzalo Pizarro, quien además tenía una poderosa flota que dominaba el mar del Sur.

Los biógrafos de La Gasca están de acuerdo en manifestar que era un hombre feo de rostro, flaco y de piernas larguísimas, siendo la parte superior de su cuerpo encogida hasta la desproporción y que puesto a caballo hacia una figura un tanto más ridícula que excitaba a la mofa.

En el pueblo de Nombre de Dios sentó sus reales y comenzó a desplegar una infinita paciencia, ganándose el ánimo de todos con un trato amable y sereno, por eso logró atraerse a los principales Capitanes y hasta envió a un fraile dominicano con Cartas para Gonzalo Pizarro y otros personajes que se encontraban en Lima. También escribió a Nicaragua y Guatemala pidiendo ayuda y pronto logró hacerse del control de la plaza de Panamá.

A los Obispos de Lima y Santa Martha les retuvo a su lado. A Lorenzo de Aldana mandó al Callao con cartas para los cabildantes, que surtieron buenos efectos porque empezó el desbande de los pizarristas.

Francisco de Carvajal era partidario de aceptar el perdón general, el Lic. Cepeda rechazó la idea y Gonzalo Pizarro -siempre práctico- reunió un ejército de casi mil hombres dispuestos a resistir hasta las últimas consecuencias.

En Abril del 47 La Gasca arribó a las costas de Tumbes, siguió a Trujillo, penetró en Jauja donde destacó a Hernando de Hinojosa con el grueso de las tropas leales, mientras ordenaba a Lorenzo de Aldana ocupar Lima, ciudad que los pizarristas habían abandonado.

En eso ocurrió que Diego Centono se había insurreccionado contra Pizarro en el Cusco y como éste salió a combatirlo, se produjo el choque armado el 20 de octubre en Guarina y merced a las ardidel de Carvajal el triunfo fue de los pizarristas, pero La Gasca ni se inmutó del fracaso y prosiguió su marcha a Guamanga.

El 18 de Marzo de 1.548 estuvo en Abancay y tras tomar algunas precauciones logró vadear el río y situarse en la orilla opuesta, mientras Pizarro le esperaba fortificado en Sacsahuaman. El 9 de Abril se encontraron ambos ejércitos y tal como lo había previsto La Gasca, desde el primer momento numerosos pizarristas se pasaron al lado de los leales y los muertos no ascendieron a más de veinte. Pizarro se resistió a huir y prefirió entregar su espada. Carvajal fue apresado horas después y se les condenó a ser degollados como traidores al rey. También hubo muchas otras ejecuciones porque La Gasca, inquisidor al fin, creyó oportuno imponer el terror entre los vencidos y no resultaron escasos los que terminaron sus días en galeras o desterrados a España.

El 11 de Abril hizo su solemne ingreso al Cusco, autorizó en Guaynarima al Obispo Loayza para que repartiera las tierras y encomiendas a los vencedores, prosiguió a Lima que ocupó entre vivas y música el 17 de Septiembre, asistiendo a las solemnes fiestas decretadas en su honor. Allí empezó a gobernar como Presidente de la Audiencia, nombró a los Visitadores, dictó leyes en beneficio de los indios pero éstas nunca se aplicaron ni tuvieron cumplimiento. Hizo acopio de dinero, pagó las sumas recibidas en préstamo y destinó al rey un millón trescientos mil ducados. Embarcó el dinero, encargó el gobierno de la Audiencia al Oidor Cianca, partió a Panamá el 27 de Enero de 1.550, arribó a Cádiz y solicitó a su amigo el Arzobispo de Sevilla, Fernando de Valdés, que le alojara en su casa porque iba desprovisto de fondos para si. Igualmente tuvo que solicitar al Emperador que mandara a pagar los cuarenta y seis mil pesos del viaje. Tales muestras de desinterés indudablemente emocionaron al monarca, que vió en este súbdito el prototipo de la honestidad en sus reinos y no dudó en premiarle presentándolo para el obispado de Palencia, también le dió muchas comisiones diplomáticas en Alemania, que desempeñó a cabalidad, pues era detallista en extremo.

Años después su hijo el Rey Felipe II le elevó a Obispo de Siguenza, donde celebró un sínodo y falleció el 13 de Noviembre de 1.567, de 74 años de edad, en opinión de docto y prudente, de costumbres morigeradas y estricto cumplidor del deber.