PEDRO RAFAEL GONZALEZ
CALISTO
ARZOBISPO DE
QUITO.- Nació en Quito el 24 de Octubre de
1.839 y fueron sus padres legítimos el Coronel
José Miguel González Alminate, chileno,
Ministro de Estado en el Ecuador y María Calisto
y Arteta de familia quiteña adherida al realismo
español, fue su padrino el Presidente de la
República. Juan José Flores.
Realizó sus primeros
estudios en el Seminario de San Luis y habiendo demostrado
desde pequeño una innata inclinación
religiosa, sus padres le hicieron recibir las primeras
órdenes y la tonsura de escasos doce años
en 1.851, de manos del Arzobispo Francisco Xavier
Garaicoa. A los 15 quedó huérfano de
padre, pero como la situación económica
de su familia era estable, prosiguió sus estudios
y en Noviembre del 57 se graduó de Maestrescuela
en Filosofía y Literatura en la Universidad
Central.
Continuó con los cursos
de Filosofía en el Seminario y cuando había
terminado el segundo año, "le fueron hechas
muy atinadas insinuaciones por sus profesores, especialmente
por el Dr. Ignacio Checa y Barba, en atención
a las cuales se trasladó en Marzo del 59 a
Roma, a fin de continuar su aprendizaje en el Colegio
Pío Latinoamericano" regentado por los
jesuítas y que fundara poco tiempo atrás
el chileno Monseñor Ignacio Eyzaguirre, S.
J. Después terminó los Cursos de Teología
Moral y Dogmática en la Universidad Gregoriana.
En 1.864 fue ordenado en la
basílica de San Juan de Letran por el Cardenal
Patrizi, celebró su primera misa en uno de
los altares laterales de la Basílica de San
Pedro sobre las reliquias de los santos apóstoles
y tuvo de padrino de capa a Monseñor Vicente
Pastor y de vinajeras al Dr. Antonio Flores Jijón.
Enseguida peregrinó a Tierra Santa en compañía
del Dr. Camilo Restrepo que más tarde sería
Obispo de Pasto.
Nuevamente en Roma Pío
IX le designó en 1.866 Protonotario Apostólico
y Asistente del Solio Pontificio (Prelado Doméstico
de Su Santidad) con título de Monseñor
y derecho a vestir de morado.
De vuelta a Quito tras seis
años de ausencia en Europa, le nombraron Capellán
del Colegio de niñas de las Monjas de los Sagrados
Corazones y Defensor de Matrimonios en 1.868. Su fama
de orador sagrado creció en Quito y fue Profesor
de Teología en el Seminario. Al siguiente año
-el 69- concurrió al II Concilio provincial
quitense y se desempeñó como teólogo.
Diputado por Imbabura al Congreso
de 1.871 y nuevamente a la Convención Nacional
reunida en Ambato en 1.878, descolló en ambas
legislaturas como expositor sencillo y claro que siempre
se ajustaba a la realidad y fue tenido por todos,
como sacerdote desprovisto de fanatismos, pues su
continente elegante y severo escondía una natural
bonhomía y su pensamiento la placidez de toda
alma grande.
En 1.872 comenzó a dictar
clases de Escrituras Sagradas en el Seminario Conciliar
y su amigo el Arzobispo Checa y Barba le eligió
Canónigo Teologal por oposición, luego
Examinador Sinodal para las Canongías vacantes
y el 75 fue Vicario General del Arzobispado.
A la muerte de Monseñor
José Tomás de Iturralde Grande- Suárez,
Obispo de Ibarra, fue propuesto por la Junta ocasional
de Quito para sucederle y habiendo arribado las Bulas
de Roma, el Arzobispo Ignacio Ordóñez
Lazo le consagró en la Catedral en Diciembre
de 1.876 y se posesionó en Febrero del 78.
En Ibarra presidió dos
Sínodos Diocesanos, estableció el Colegio
Seminario y la escuela de los Hermanos Cristianos
a quienes llevó de Quito, erigió el
Apostolado de la Oración, los Colegios de las
Hermanas de la Caridad y de las Hermanas Betlemitas
y el Hospital. Y como la iglesia parroquial, el palacio
de los Obispos y la Capilla se habían destruido
para el terremoto de 1.868, los reconstruyó
a su peculio. Igual hizo con la casa de los curas
del centro y la de los ejercicios espirituales, así
como la iglesia de San Agustín.
En 1.885 viajó a Chile
a fin de conseguir nuevos sacerdotes. Ese año
también concurrió al IV Concilio provincial
quitense y fue electo Senador por el Pichincha.
En 1.893 enfermó gravemente
el Arzobispo Ignacio Ordóñez Lazo y
habiendo pedido un Obispo Auxiliar con derecho a sucesión,
González Calisto fue electo por León
XIII con el título de Arzobispo de Cinnade.
Para entonces era Capellán Castrense pero como
Ordóñez Lazo falleció casi enseguida,
le sucedió directamente el 94, ante que le
llegara el episcopado auxiliar.
Poco después se conoció
en todo el país el negociado de la bandera
y comenzó la agitación política
contra el régimen progresista de Luis Cordero,
que terminó por renunciar tras la revolución
que le hicieron en Quito el 10 de Abril de 1.895 y
le sucedió interinamente Vicente Lucio Salazar
y Cabal hasta el 9 de Junio porque se conoció
la revolución liberal de Guayaquil y como estaba
con derrame cerebral, encargó el poder en esa
fecha al Presidente de la Cámara de Diputados
Carlos Matheus y Pacheco, quien se mantuvo hasta el
29 de Junio que los conservadores impusieron nuevamente
al valetudinario Salazar a fín de que nombrara
Ministro del Interior a Aparicio Rivadeneira Ponce,
que gobernó interinamente y convocó
a elecciones, siendo el seguro triunfador, según
todos los pronósticos, su primo Camilo Ponce
Ortíz, jefe de los conservadores.
El día 14 de Abril González
Calisto había lanzado una Pastoral que comenzaba
así: "El enemigo llama a las puertas de
la República del Sagrado Corazón de
Jesús" y concluía con un llamamiento
a la guerra santa: "Tomad las armas y tened buen
ánimo, porque más vale morir en el combate
que ver el buen término de nuestra nación
y el santuario" y luciendo su antiguo celo más
brillante que nunca, pues la revolución amenazaba
las puertas de Quito, trató de unir a los partidos
contra el liberalismo, autorizó a las Comunidades
religiosas a que entregaran en préstamo sumas
ingentes de dinero al gobierno, a fin de levantar
tropas para combatir al liberalismo. El 20 de Julio
salió con el gobierno, los ministros, el clero,
la municipalidad y mucho pueblo hasta Chimbacalle,
a recibir al Batallón Cuarto de Línea,
que venía escapando por las selvas de Chone
y Santo Domingo perseguido por las guerrillas liberales
de Esmeraldas y fue el primero en abrazar en Machachi
a Monseñor Pedro Schumacher, Obispo de Portoviejo
y campeón de la ultraderecha en el país,
a quien alojó en Palacio con todas las consideraciones
a su alto rango eclesiástico, hasta que tras
la batalla de Gatazo, Schunacher, Rivadeneira y algunos
más abandonaron Quito, ciudad a la que ingresaron
el 20 de Septiembre Alfaro y los suyos. Entonces,
González Calisto sintiéndose aterrado,
dispuso que los sacerdotes de la Arquidiócesis
no recen ya la oración pro paz sino la pro
tribulaciones y a los cinco días permitió
a Víctor León Vivar que imprimiera en
la imprenta del Clero el primer número del
periódico "La Ley" que fue un éxito,
al día siguiente apareció el segundo
numero con más ataques contra el gobierno.
Era la primera ocasión
que se levantaba la oposición y esa noche,
una turba encabezada por León Valles San Andrés
penetró al Palacio Arzobispal, destruyó
la imprenta, prendieron fuego al archivo, saquearon
las habitaciones y finalmente le hicieron arrodillar
para que gritara "Viva Alfaro" ante lo cual
el Arzobispo solo atinó a decir "Que viva
hasta que se muera". El 1 de Octubre conferenció
con Alfaro en la Casa Azul y una hora después
el Presidente le pagó la visita. Fruto de ello
fue la formal promesa del Arzobispo, que los sacerdotes
no tomarían parte en los actos sudversivos,
mientras Alfaro declaró que respetaría
los bienes de la iglesia y pagaría S/. 3.500
de indemnización por los daños ocasionados
en la imprenta. Tiempo después, en el valle
de los Chillos, a donde vacacionaba, dirigió
una Exhortación, que lejos de calmar los ánimos
los avivó, tras lo cual vino la expulsión
de la mayor parte de los Hermanos Cristianos de nacionalidad
francesa y de los Capuchinos del Colegio de Ibarra,
y como su presencia en Quito podría ser en
sumo grado peligrosa, dedicó el resto del año
a visitar las parroquias de su Arquidiócesis,
que las recorrió enteramente. En 1.896 nada
hizo para impedir las guerrillas conservadoras en
el centro y sur de la sierra.
En 1.899 asistió al
Concilio plenario de la América Latina en Roma
y presidió algunas sesiones. De regreso, permaneció
algún tiempo en España y recibió
numerosas demostraciones de afecto y cortesía.
El 27 de Diciembre de 1.901 celebró sus Bodas
de Plata Episcopales, tras lo cual empezó su
salud a decaer a causa de una larga y dolorosa enfermedad
que le mantuvo postrado hasta su fallecimiento, ocurrido
en Quito a las 8 y 1/2 de la noche del 27 de Marzo
de 1.904, de solamente 64 años de edad, a causa
de un cáncer al estómago.
De carácter suave y
amable; unía a su vasta preparación
doctrinal una agradable presencia que le ganaba las
simpatías de quienes tuvieron oportunidad de
conocerle, pero su falta de formación política
le impidió tener una línea de conducta
coherente frente "a la inexorable caída
de todo un sistema de gobierno, de todo un partido
político, de multitud de intereses sociales
y religiosos y del ascenso del liberalismo en triunfo",
titubeando, equivocando caminos y permitiendo una
guerra civil innecesaria, pues la ultra reacción
continuó amagando la frontera norte, así
como también el centro y el austro de la serranía,
a un elevado costos de vidas. Y estando en sus manos
el detener la barbarie, nada hizo al respecto, encasillado
en viejas ideas y en trasnochadas tendencias propias
del antiguo régimen. Por eso le correspondió
cerrar el siglo XIX de la iglesia ecuatoriana en forma
poco inteligente y elegante dejándole a su
ilustre sucesor Federico González Suárez
una herencia caótica, de infructuoso enfrentamiento
con el poder civil, sin considerar la problemática
social.