LUIS FELIPE HUARACA
DUCHICELA
TRADICIONALISTA.- Nació
en Yaruquíes el 26 de Julio de 1.892, anejo
rural de Riobamba y fue Hijo de Martín Huaraca
natural de Yaruquíes y de Tomasa Duchicela,
dueña de la loma de Puctus y su riachuelo cerca
de la población, en el antiguo camino al asiento
de San Pedro de Cacha, que sembraba con ajos un año
y al siguiente con papas. Eran relativamente pobres,
hablaban en quichua y español aunque casi eran
iletrados y descendían por Huaraca del Cacique
Yana Huaraca, mitimae llegado con Tupac Yupanqui a
la actual provincia del Chimborazo y por Duchicela
de la Casa Real Puruha, que en el siglo XV enlazó
con los Shiris de Quito y luego con los Incas conquistadores.
La Princesa Paccha Duchicela fue una de las esposas
de Huayna Capac y madre de Atahualpa en el Cusco.
Los Mayancela también eran caciques mitimaes
de origen cañari (1).
(1) Su ascendencia conocida es como sigue:
Su madre Tomasa Duchicela (1.858 - 1.908) vecina de
Riobamba, vivió varios años en Quito,
hablaba el español, solía vestir a la
usanza indígena, devota de San Judas Tadeo,
"por su intersección" consiguió
encontrar un lote robado de joyas. Tuvo un hijo natural
en José Manuel Hernández y luego casó
con Martín Huaraca, ambos nativos de Yaruquíes.
Su abuela Margarita Duchicela Chasatul (1.832- ?)
mujer principal en Riobamba, poseyó una casa
cubierta de paja con su respectivo corredor y faltriquera
ubicada en el barrio de Santo Domingo, fue muy respetada
por las autoridades militares y solía visitar
frecuentemente Quito.
Bisabuelos: Tiburcio Duchicela (1.770-?) Cacique de
la parcialidad de Suillac, parroquia de Yaruquíes,
casado con Francisca Yumiseba con hijos. Sabía
leer y escribir y hablaba español., tuvo en
N. Chsatul a su hija Mirgarita, ya mencionada.
Su padre Martín Huaraca (1.860- 1.899) de profesión
agricultor.
Abuelos: Coronel Francisco Javier Mayancela Carrillo,
prócer de la Independencia, casó con
Anselma Lobato Ramírez en quien tuvo nueve
hijos, todos muertos antes que sus padres y sin sucesión,
de suerte que al no tener herederos forzosos dejó
la mitad de su fortuna a su hermana Luisa y a sus
numerosos sobrinos y la
Don Martín llevó al hogar a sus hijos
Xavier, Tomasa y Manuel Huaraca Bustos y Doña
Tomasa a su hijo Lorenzo Hernández Duchicela,
de suerte que al nacer Luis Felipe contaba con cuatro
medios hermanos. Sus hermanos de padre firmaron solamente
Bustos. (Francisco Xavier fue farmacéutico
en Riobamba, Tomasa se unió a un primo de apellido
Vallejo y Manuel se casó en Yaruquíes,
de ellos descienden las familias Bustos de Riobamba
y Yaruquíes).
El matrimonio Huaraca Duchicela
fue bien avenido y todos se criaron en la mayor armonía
hasta que falleció Don Martín en 1.899
y Doña Tomasa en 1.902 y la familia se disgregó.
Mientras tanto el niño Luis Felipe, que había
recibido las primeras letras de su madre y en la escuelita
de Yaruquíes, estudiaba en el colegio de los
padres Salesianos de Riobamba donde terminó
la primaria y aprendió a tocar piano por notas.
En 1.908, teniendo solamente
16 años, movido por el afán de conocer
el mundo, salió de Yaruquíes con su
medio hermano Lorenzo, usando el pelo largo y el poncho
ameno, con plena conciencia de su antigua estirpe
de Caciques y luego de varias aventuras arribaron
a Guayaquil con poquísimo dinero y muchas ganas
de conseguir empleo, por eso trabajaron en todo lo
que se les presentó, ahorraron y partieron
a una ciudad mayor. Entonces no habían carreteras
ni aviones así es que tomaron un motovelero
a Piura, donde también trabajaron algún
tiempo, siguieron a Lima y estudiaron en el Colegio
Santo Tomás de Aquino. En 1.911 se separaron,
Lorenzo se quedó de mecánico, pues siempre
había tenido especiales aptitudes para ello.
En los años 40 al 50 todavía vivía
en esa capital, casado, con familia, dueño
de
otra mitad al común
de indios de Yaruquíes. Desconocemos si legó
algo a sus siete hijos naturales llamados Pacífico
Arrieta; Martín, Manuel y Anselmo Huaraca habidos
en Barbara Huaraca; Benigno y Ventura Adaqui, y Margarita
Amán.
Bisabuelos: Manuel Mayancela y Petrona Carrillo -
Indios nobles pero no caciques.
un taller automotriz. De vez en cuando se carteaba
con sus hermanos Luis Felipe y Tomasa. Bastante sedentario,
jamás volvió al Ecuador.
Luis Felipe, en cambio, tomó
un barco a Panamá, New York y Londres pues
siempre había deseado conocer Inglaterra y
tras las primeras dificultades por su falta del idioma,
trabajó, aprendió mecanografía,
taquigrafía, a leer y a escribir perfectamente
en inglés, fue vendedor de efectos fotográficos,
oficinista especializado en traducciones al español
y Guía experto en la city. De esa etapa un
poco funambulesca ha quedado una hermosa fotografía
en un diario de esa capital, en la que aparece sonriendo,
seguro de si mismo y elegantemente vestido con cuello
de pajarita, chaleco, saco, corbata, bastón
y el siguiente pie de foto "His Royal highness
Duchicela XXVI, a direct descendant of ancient Royal
family of Ecuador, South América". Esta
publicación constituye el más antiguo
testimonio de su nueva caracterización: conocía
el mundo, hablaba quichua, inglés y español,
sabía de instrumentos y de música y
antes de volver a América hizo un recorrido
por Francia e Italia. Finalmente, tras perder la oportunidad
de viajar en el Titanic, lo cual posiblemente hubiere
significado su muerte, volvió a Guayaquil en
1.918, instaló una carpa en la plaza de la
Victoria, comenzó a enseñar inglés
y pronto se hizo conocer como profesor.
Mientras tanto el arqueólogo
Jacinto Jijón y Caamaño había
denunciado a la Historia del Reino de Quito del jesuíta
Juan de Velasco como plagada de errores y tras ello
vino la petición al Ministerio de Educación
para que no permitiera su uso en las escuelas y colegios
del país pues la existencia del reino de Quito
era una simple fábula, pero fue refutado entre
los años 18 y 19 por el lingüista chileno
Joaquín Santa Cruz, por Pío Jaramillo
Alvarado y sobre todo por el Padre Juan Félix
Proaño Castillo y su discípulo el Presbítero
José María Coba Robalino.
Proaño, sobre todo,
con documentos de las antiguas escribanías
de la Provincia del Chimborazo, probó a través
de 26 artículos aparecidos en la prensa de
Quito, Riobamba y Guayaquil, la existencia de las
tradiciones puruhaes, la antigüedad del hombre
en América, los reyes de Quito, los monumentos
incaicos en Palmira, el cementerio de tolas en Macají,
los Caciques Duchicela de Cacha, los monumentos prehistóricos
de Guano; religión, usos y costumbres puruhaes,
el hundimiento del cerro de Cacha, sus fortalezas
indígenas, la familia Lobato Duchicela, etc.
Tantas publicaciones y comentarios
sobre un tema que se relacionaba íntimamente
con su pasado genealógico le causó una
viva emoción y el deseo de rehabilitar sus
ancestros le quitó muchísimas noches
de sueño. Jamás los había olvidado
y los retomó a través de la correspondencia
sostenida con el Padre Manuel Guzmán, S. J.
autor de una "Gramática de la lengua quichua"
con el subtítulo "Dialecto del Ecuador",
publicada en la Prensa Católica, Quito 1.920.
En su ejemplar consta tachadas de su puño y
letra las palabras "Dialecto del Ecuador"
y ha puesto encima "Idioma del Tahuantinsuyo",
lo cual es históricamente justo y por supuesto
mucho más apropiado. Lamentablemente, no siendo
historiador ni teniendo los medios para investigar,
estructuró como pudo una genealogía
hasta Atahualpa, que resulta incoherente en los siglos
XVII al XVIII es decir, que las dos puntas son ciertas,
los orígenes y los finales, no así la
mitad y por eso mejor hubiera sido un árbol
genealógico tribal, en donde cada nombre no
representa obligatoriamente una generación
sino una o varias como sucede en la Biblia.
En 1.922, dió un importante
paso en su vida profesional abriendo una Academia
de aprendizaje de Idiomas y de piano en un departamento
alto, alquilado en 6 de Marzo No. 704 entre Aguirre
y Luque, que bien puede considerarse una de las más
antiguas de esta ciudad y entre sus alumnas tuvo a
la señorita Mercedes Ramírez Castro,
profesora primaria en la escuela de la Sociedad Filantrópica
del Guayas, natural de Zaruma y mayor a él
en cuatro años, quien le hizo cortar el cabello
largo y sacarse el poncho que había vuelto
a adoptar. Desde entonces vistió de saco y
corbata.
Y lo que fue al principio una
mera simpatía se transformó con el trato
cotidiano de las siguientes semanas en algo más
hondo, surgió el amor y se casaron en 1.924.
El matrimonio fue bien avenido, al año siguiente
nació su hijo Luis Felipe Calvino, este último
nombre le fue puesto en honor del Presidente de los
Estados Unidos Calvin Coolidge.
El 26 subministró a
la editorial Ecuador, propiedad del historiador y
periodista chileno Braulio Pérez Merchant,
su genealogía real indígena hasta Atahualpa,
quien la publicó íntegramente en 1.928
entre las págs. 188 y 193 del "Diccionario
Biográfico del Ecuador" con los rostros
dibujados de sus antepasados, su fotografía
y la de su hijo. Era la primera vez que figuraba en
una publicación nacional como Emperador del
Tahuantinsuyo.
Trabajaba en su Academia, daba
clases de inglés en el Colegio Tomás
Martínez y su esposa continuaba de profesora
en la Filantrópica, pero en el invierno de
1.930, ella concurrió resfriada a unos exámenes
de sus alumnos, se mojó durante un fuerte aguacero,
le sobrevino fiebre y falleció de bronconeumonía
fulminante, dejando huérfano a su hijo de cinco
años.
El viudo quedó inconsolable,
más sus amigos, que los tenía numerosos
y le apreciaban bien, decidieron llevarlo a las Sociedades
obreras de la ciudad, donde dictó cursos gratuitos
de inglés por muchos años. Por eso su
figura fue muy querida por el obrerismo guayaquileño.
El 33 contrajo nuevo matrimonio
con Guadalupe Solís, natural de Bajada de Chongón,
a quien conoció en Guayaquil y también
tuvo un matrimonio feliz pues era un esposo cariñoso
y un pedagogo serio, culto, responsable, de trato
amable y hasta cortesano, cualidades que le servían
para ganar afectos y voluntades. En estas segundas
nupcias tuvo Cuatro hijos.
Ese año, al acercarse
el IV centenario del fallecimiento del Inca Atahualpa,
contrató los servicios profesionales de su
amigo poeta y abogado Dr. José María
Egas Miranda y el 8 de Abril presentó una demanda
ante el Juez Segundo principal de la parroquia urbana
Ayacucho, Dr. Carlos Espinoza Ayala, con un interrogatorio
y lista de testigos, para que luego de la recepción
de sus testimonios y de los informes que presentaren
los peritos designados por el propio Juzgado, se dicte
sentencia, declarándole descendiente directo
y sucesor del Inca Atahualpa, con el nombre de Luis
Felipe Huaraca Duchicela XXVI y el título de
Emperador del Tahuantinsuyo.
El Universo, El Telégrafo
y la Prensa le concedieron páginas enteras
y el asunto fue calificado de proceso sensacional
porque de numerosas partes del país salieron
a refutarle algunos historiadores, como el propio
interesado lo reconoce en las págs. 6 y 7 de
la obra "Huaraca Duchicela desciende de Atahualpa",
con el subtítulo de: Interesantes documentos
auténticos que lo prueban, con un breve resúmen
sobre la historia de la dinastía de los Duchicela,
en cuarto y 110 págs. editado en la empresa
periodística Para Todos, Tipografía
Popular, Guayaquil, 1.933; sin embargo la sentencia
fue dictada el 18 de Mayo en base a las declaraciones
juramentadas de los testigos Juan Tigse Morocho y
Virgilio López, naturales de Yaruquíes,
albañil y cargador respectivamente, que a pesar
de su rusticidad testificaron sobre asuntos de cuatro
siglos de antigüedad; y de los peritos "Históricos"
Julio Vivar y César Cordero, que sólo
se remitieron a unos papeles escritos por el propio
peticionario. Ejecutoriado el fallo, fue protocolizado
por orden del Alcalde segundo Cantonal, Dr. Aurelio
Armando Bayas Argudo, en la Escribanía Quinta
a cargo del Dr. Pablo F. Corral. (2)
Por esos días solicitó
al gobierno un donativo pecuniario, al Municipio de
Guayaquil un terreno y una beca de estudios para su
hijo Luis Felipe. El gobierno no respondió
y la Municipalidad se asesoró con el Centro
de Investigaciones Históricas, que pidió
informes al Presbítero Juan Félix Proaño,
fruto de lo cual fue una publicación de Bolívar
Monroy Garaycoa en la que negábase los pretensos
derechos del peticionario porque no existía
ninguna familia Duchicela descendiente directa de
Atahualpa y porque el peticionario no había
comprobado su parentesco con los Duchicela de Yaruquíes.
Convertido en una celebridad
y lo era en efecto, por su controvertida personalidad
y don de gentes, por el proceso y porque en numerosas
ocasiones gustaba usar el poncho andino que sirve
de enseña, casi de uniforme, en estos pueblos,
su figura se tornó conocida y respetada. El
29 de Agosto de 1.933 ofreció una solemne misa
en el Sagrario de la
(2) De la vista del proceso se puede concluir que
la genealogía presentada es cierta hasta Tiburcio
Duchicela y que en Yaruquíes y sus contornos
existía una antiquísima tradición
sobre los Duchicela de esos lugares, miembros de la
familia real Puruhá que en tiempos de la gentilidad
entroncó con los Shirys de Quito y luego con
los Incas del Perú.
Que el peticionario Luis Felipe Huaraca Duchicela
había oído contar del parentesco cercanísimo
de los suyos con el R. P. redentorista Juan Gualberto
Lobato Huaraca, a quien creía su primo hermano
y en realidad lo era de su padre por ser hijos de
dos hermanas llamadas Bárbara y Tomasa Huaraca-
esta última casada con Anselmo Lobato.
El redentorista fue cacique de Yaruquíes en
1.877 en virtud del testamento otorgado en favor de
su hermano Francisco Javier por impedirle el ejercicio
de su estado eclesiástico, declarando que le
venía el mando como descendiente de la real
familia Duchicela de Cacha, población que se
hundió para el terremoto de 1.639, al punto
que después no se sabía donde habían
estado sus propiedades, pues todo quedó enterrado
bajo el cerro de Cacha que se desplomó y hubo
que reconstruirla de nuevo. Los Lobato descendían
del español Juan Lobato de Sosa casado en Quito
con Isabel Yarucpalla, una de las esposas del Inca
Atahualpa, a quién sobrevivió. Los Lobato
probaron que en el siglo XVIII su ascendencia real
indígena puruha y mantuvieron la condición
de Caciques de Yaruquíes y otras parcialidades
en la provincia de Chimborazo.
Si bien es difícil una investigación
en los archivos parroquiales y en las escribanías
del Chimborazo para llenar los vacíos genealógicos
existentes entre los actuales Duchicela de Yaruquíes
y Atahualpa, es muy probable que se consigan datos
que bien pudieran arrojar un resultado favorable.
Catedral en memoria de su antepasado el Inca Atahualpa
por conmemorarse el IV centenario de su muerte. Asistió
con su esposa e hijos de riguroso luto y la Municipalidad
de Santa Elena le donó al descendiente de Atahualpa,
profesor y amigo, una manzana de 250 metros cuadrados
de extensión en el sector de la Ensenada de
Chichipe en Salinas, terrenito que nunca pudo ocupar
pues en Enero del 42 fue violentamente expropiado
-manu militari- como todos los de ese enorme sector,
por el gobierno del Presidente Carlos Alberto Arroyo
del Río, para la Base Militar de los cinco
mil soldados norteamericanos que sin aviso previo
acababan de instalarse allí.
En esos años construyó
un chalecito de madera y caña en un terreno
municipal alquilado que después le compró
su hijo mayor, en Gómez Rendón No. 2.225
y Tungurahua, prácticamente en los extramuros
de la ciudad de entonces, donde vivió en compañía
de su esposa e hijos, subsistiendo pobre pero dignamente
de su trabajo de profesor de idiomas. En la parte
posterior hizo un cuarto para sus libros, revistas
y papeles, pues nunca perdió la costumbre de
cartearse con amigos del exterior. Un escritorio,
varias sillas, su infaltable máquina de escribir
y numerosos retratos copaban el pequeño ambiente,
que se fue llenando de comunicaciones y recortes de
prensa hasta transformarse en un verdadero archivo,
donde recibía a las personas que iban a saludarlo
y en ratos de ocio solía dedicarse a la Jardinería
en el patio posterior que sembró de legumbres
y frutas.
Durante una sesión sindical
los miembros de la mesa directiva le cedieron la presidencia,
que no quiso asumir hasta que no le fuera reconocida
su calidad de Emperador del Tahuantinsuyo, pues algunos
compañeros le hacían bromas al respecto
Joaquín Gallegos Lara le reconoció de
viva voz y todos aplaudieron, tras lo cual presidió
el acto.
En 1.938 abrió un pequeño
comercio de accesorios para fotografías, pues
siempre le había atraído ese arte, pero
con el inicio de la II Guerra Mundial no pudo seguir
importando y sus activos y efectivos disminuyeron
hasta que cerró. La empresa Créditos
Económicos usaba sus servicios de traductor
comercial. En los meses anteriores a la revolución
del 28 de Mayo de 1.944 estuvo junto a sus compañeros
sindicalistas en la lucha contra el gobierno del Presidente
Arroyo del Río aunque jamás quiso afiliarse
a partido político alguno, diciendo "soy
lo que soy, no puedo entrar en banderías".
El 48 falleció su segunda
esposa a causa de una bronquitis dejando a sus cuatro
hijos pequeños. El mayor, único del
primer matrimonio, acababa de ingresar a la compañía
Bananera, filial en el país de la UNITED Fruit.
propietaria de la gran hacienda Tenguel, ganaba bien
y como siempre fueron muy unidos le ayudaba económicamente
y adquiría los comestibles en el comisariato
de la empresa donde todo era barato. El 50 se casó
en la iglesia de la Merced con Olga Isabel Santa Cruz
Salazar en medio de un gran despliegue de publicidad,
pues se trataba del heredero del Tahuantinsuyo.
Gran cantidad de público
se dió cita en las puertas del templo pensando
que los novios irían vestidos a la usanza indígena
pero no fue así, el novio ingresó al
templo en compañía de su padre y del
brazo de su madrina Carmencita Duroy de Bruignac y
Garbe, Baronesa Duroy de Bruignac, amiga muy respetada
de su padre. La boda salió reseñada
en los periódicos (3)
El 52 tuve el agrado de conocerlo.
Regresaba del Colegio y mi padre me detuvo en la puerta
de nuestro departamento para presentarme a Don Luis
Felipe, quien me pareció un señor bajito
y llenito, dentadura perfecta y completa, ojos y pelo
lacio y negro, hablantín, simpático,
extrovertido y hasta gracioso, quien no tuvo inconveniente
en hacerme una muy seria como erudita explicación
sobre la forma de saludar con los tres dedos centrales
de la mano derecha símbolo de la divinidad
del Inca, sobre el llauto emplumado, la mascapaisha,
el idioma quichua y su noble ascendencia. El asunto
debió ser muy interesante y a pesar de los
45 años transcurridos me parece estarlo viendo.
Cuando se retiró de nuestra casa mi padre hizo
un recuento de los méritos de su amigo, a quien
respetaba como caballero honestísimo y muy
trabajador. Años después Pedro Robles
y Chambers me explicó que "el señor
Huaraca Duchicela -le trataba con marcada consideración
- aunque no había probado su ascendencia hasta
Atahualpa, provenía de familias de antiguos
y nobles caciques en la sierra".
Cuando el 53 su hijo le trajo
de Riobamba a su hermana Tomasa, a quien no veía
desde hacia 41 años, se abrazaron llorando.
La viejecita llegó vestida de follón
y anaco como era usual en la sierra y cuando la sacaron
de
(3) Su hijo Luis Felipe Calvino Huaraca - Duchicela
Ramírez XXVII creció huérfano
de madre, criado por su madrastra a quien decía
mamá, estudió la primaria en el Cristóbal
Colón y la secundaria en el Vicente Rocafuerte.
Bachiller el 43, buen deportista, nadaba al el Estero
Salado, entró de oficinista en la Compañía
Bananera y por su contracción al trabajo y
dominio del inglés ascendió con el tiempo
a Contralor. Siguió dos años de Jurisprudencia
por consejos de su padre, pero se cambió al
Colegio Andrés Matheus y el 48 fue Contador.
Ese año quiso casarse más su padre le
dijo que primero construyera una casita en un terreno
vecino. El 50 se casó y tuvieron seis hijos.
El 61 construyó una villa en Urdesa con un
préstamo hipotecario en el Seguro. Entre el
65 y el 71 trabajó en el Campamento Golfito
en Costa Rica. La villa de Urdesa quedó alquilada
a la familia Portaluppi Reyes que la habitó
muchos años. Entre el 71 y el 84 laboró
en el Changuinola de la Chiriqui Land Co. en Panamá,
ambos de la Standard, con sueldo en dólares
y becas para sus seis hijos que recibieron espléndida
educación. Querido y apreciado por sus superiores,
siempre fue un excelente hijo, respetuoso de las ideas
paternas y un esposo y padre admirable. Su único
defecto consistía en fumar mucho, lo que a
la postre le llevó al sepulcro. A principios
de Septiembre de 1.984 cayó enfermo en el campamento,
a la semana fue internado en la Clínica Paitilla
de Panamá donde le diagnosticaron un violentísimo
cáncer al pulmón y llevado al Hospital
Universitario de Galveston en Texas, se mantuvo en
Terapia intensiva solo una semana y falleció
el día 21 en su entero juido. La viuda trajo
los restos a Guayaquil. Estatura mediana, blanco mate,
ojos café, bigote y pelo lacio y negro, a la
altura de la nuca tenía un lunar de pelo rubio.
Inscrito como Luis Felipe Calvino Huaraca Duchicela
XXVII, en el exterior abrevió el nombre a Luis
Felipe Duchicela y dejó dispuesto que su hijo
mayor el Arq. Luis Felipe Duchicela Santa Cruz le
sucediera con el numero XXVIII, como efectivamente
ha ocurrido.
noche a pasear por el boulevard y admiró en
la plaza de San Francisco los primeros letreros luminosos
de neón, se arrodilló en media vereda
y exclamó casi llorando "Gracias Dios
mío, por permitirme ver las maravillas del
mundo.." y hubo que levantarla porque ya se arremolinaba
la gente. Así éramos de buenos e inocentes
los ecuatorianos de antaño. En Guayaquil permaneció
un mes al lado de su hermano, comiendo motes y habas
que a ambos les gustaba tanto. (4)
El 55 nació su primer
nieto suceso que comunicó a sus amistades de
sudamérica y de Bolivia le enviaron de obsequio
un cajón de juguetes al heredero. Sus hijos
del segundo matrimonio crecían a su lado y
como era un excelente maestro, a todos hizo personas
de provecho y titulados universitarios.
En su casa hablaba a veces
en inglés para que sus hijos aprendieran y
en otras ocasiones en quichua. Su nuera Olga Isabel
que vivía cerca y le visitaba diariamente,
acostumbraba saludarle diciéndole "My
Inca Father" y el viejecito se llenaba de sano
orgullo y cuando el 61 su hijo se cambió a
Urdesa, acostumbraba visitar a sus nietos caminando
desde Gómez Rendón y Tungurahua hasta
V. E. Estrada e Ilanes porque decía que era
un buen ejercicio y que le ayuda a conservarse activo.
Por entonces se le hizo costumbre
los días sábados recoger a los niños
del barrio y sentarlos a su alrededor a hablarles
del pasado con palabras comprensibles para ellos,
les daba consejos y al final regalaba una monedita
a cada uno. Los chicos le querían bien porque
era un viejecito bondadoso, maestro añejado
en los achaques de la pedagogía y que sabía
ganar sus confianzas.
(4) Doña Tomasa firmaba
solamente con su apellido materno Bustos y sus hijos
los Bustos viven en Riobamba y administran las tierras
en la loma de Puctus.
Un domingo del 63, a eso de las 11 de la mañana,
pasando por el frente de la Ciudadela Universitaria
con una bolsita de guineos en la mano, fue asaltado
por una pandilla de adolescente que le quitaron la
fruta y los zapatos haciéndole caer al suelo.
Herido en la cabeza, pudo tomar un bus y llegar a
su destino. Aparentemente sano, no se hizo exámenes
médicos, pero al poco tiempo comenzó
a perder la memoria y le temblaban las manos. El Dr.
Emiliano Crespo Toral diagnosticó un tumor
por traumatismo en el cerebro. Su hijo mayor le llevó
a vivir en su villa, allí permaneció
varios meses casi inconsciente pero sin molestias
ni dolores, tratado por el Dr. Avelino Arteaga, hasta
que falleció en Mayo del 65 de 73 años
de edad. Sus restos reposan en el Cementerio General
de Guayaquil.
Fue un hombre positivo pues
supo conducir inteligentemente a sus cinco hijos,
sintió el sano orgullo de quien conoce las
glorias de sus mayores, sirvió al sindicalismo
y a los humildes, tuvo ideas progresistas, vivió
un sueño y les inculcó a los suyos la
mística de un pasado histórico - sobre
todo al mayor - Hoy sus descendientes se reúnen
una vez al año en el valle de Cacha, en patriótico
peregrinaje de recuerdo a sus mayores.