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LUIS FELIPE HUARACA DUCHICELA
TRADICIONALISTA.- Nació en Yaruquíes el 26 de Julio de 1.892, anejo rural de Riobamba y fue Hijo de Martín Huaraca natural de Yaruquíes y de Tomasa Duchicela, dueña de la loma de Puctus y su riachuelo cerca de la población, en el antiguo camino al asiento de San Pedro de Cacha, que sembraba con ajos un año y al siguiente con papas. Eran relativamente pobres, hablaban en quichua y español aunque casi eran iletrados y descendían por Huaraca del Cacique Yana Huaraca, mitimae llegado con Tupac Yupanqui a la actual provincia del Chimborazo y por Duchicela de la Casa Real Puruha, que en el siglo XV enlazó con los Shiris de Quito y luego con los Incas conquistadores. La Princesa Paccha Duchicela fue una de las esposas de Huayna Capac y madre de Atahualpa en el Cusco. Los Mayancela también eran caciques mitimaes de origen cañari (1).


(1) Su ascendencia conocida es como sigue:
Su madre Tomasa Duchicela (1.858 - 1.908) vecina de Riobamba, vivió varios años en Quito, hablaba el español, solía vestir a la usanza indígena, devota de San Judas Tadeo, "por su intersección" consiguió encontrar un lote robado de joyas. Tuvo un hijo natural en José Manuel Hernández y luego casó con Martín Huaraca, ambos nativos de Yaruquíes.
Su abuela Margarita Duchicela Chasatul (1.832- ?) mujer principal en Riobamba, poseyó una casa cubierta de paja con su respectivo corredor y faltriquera ubicada en el barrio de Santo Domingo, fue muy respetada por las autoridades militares y solía visitar frecuentemente Quito.
Bisabuelos: Tiburcio Duchicela (1.770-?) Cacique de la parcialidad de Suillac, parroquia de Yaruquíes, casado con Francisca Yumiseba con hijos. Sabía leer y escribir y hablaba español., tuvo en N. Chsatul a su hija Mirgarita, ya mencionada.
Su padre Martín Huaraca (1.860- 1.899) de profesión agricultor.
Abuelos: Coronel Francisco Javier Mayancela Carrillo, prócer de la Independencia, casó con Anselma Lobato Ramírez en quien tuvo nueve hijos, todos muertos antes que sus padres y sin sucesión, de suerte que al no tener herederos forzosos dejó la mitad de su fortuna a su hermana Luisa y a sus numerosos sobrinos y la
Don Martín llevó al hogar a sus hijos Xavier, Tomasa y Manuel Huaraca Bustos y Doña Tomasa a su hijo Lorenzo Hernández Duchicela, de suerte que al nacer Luis Felipe contaba con cuatro medios hermanos. Sus hermanos de padre firmaron solamente Bustos. (Francisco Xavier fue farmacéutico en Riobamba, Tomasa se unió a un primo de apellido Vallejo y Manuel se casó en Yaruquíes, de ellos descienden las familias Bustos de Riobamba y Yaruquíes).

El matrimonio Huaraca Duchicela fue bien avenido y todos se criaron en la mayor armonía hasta que falleció Don Martín en 1.899 y Doña Tomasa en 1.902 y la familia se disgregó. Mientras tanto el niño Luis Felipe, que había recibido las primeras letras de su madre y en la escuelita de Yaruquíes, estudiaba en el colegio de los padres Salesianos de Riobamba donde terminó la primaria y aprendió a tocar piano por notas.

En 1.908, teniendo solamente 16 años, movido por el afán de conocer el mundo, salió de Yaruquíes con su medio hermano Lorenzo, usando el pelo largo y el poncho ameno, con plena conciencia de su antigua estirpe de Caciques y luego de varias aventuras arribaron a Guayaquil con poquísimo dinero y muchas ganas de conseguir empleo, por eso trabajaron en todo lo que se les presentó, ahorraron y partieron a una ciudad mayor. Entonces no habían carreteras ni aviones así es que tomaron un motovelero a Piura, donde también trabajaron algún tiempo, siguieron a Lima y estudiaron en el Colegio Santo Tomás de Aquino. En 1.911 se separaron, Lorenzo se quedó de mecánico, pues siempre había tenido especiales aptitudes para ello. En los años 40 al 50 todavía vivía en esa capital, casado, con familia, dueño de

otra mitad al común de indios de Yaruquíes. Desconocemos si legó algo a sus siete hijos naturales llamados Pacífico Arrieta; Martín, Manuel y Anselmo Huaraca habidos en Barbara Huaraca; Benigno y Ventura Adaqui, y Margarita Amán.
Bisabuelos: Manuel Mayancela y Petrona Carrillo - Indios nobles pero no caciques.
un taller automotriz. De vez en cuando se carteaba con sus hermanos Luis Felipe y Tomasa. Bastante sedentario, jamás volvió al Ecuador.

Luis Felipe, en cambio, tomó un barco a Panamá, New York y Londres pues siempre había deseado conocer Inglaterra y tras las primeras dificultades por su falta del idioma, trabajó, aprendió mecanografía, taquigrafía, a leer y a escribir perfectamente en inglés, fue vendedor de efectos fotográficos, oficinista especializado en traducciones al español y Guía experto en la city. De esa etapa un poco funambulesca ha quedado una hermosa fotografía en un diario de esa capital, en la que aparece sonriendo, seguro de si mismo y elegantemente vestido con cuello de pajarita, chaleco, saco, corbata, bastón y el siguiente pie de foto "His Royal highness Duchicela XXVI, a direct descendant of ancient Royal family of Ecuador, South América". Esta publicación constituye el más antiguo testimonio de su nueva caracterización: conocía el mundo, hablaba quichua, inglés y español, sabía de instrumentos y de música y antes de volver a América hizo un recorrido por Francia e Italia. Finalmente, tras perder la oportunidad de viajar en el Titanic, lo cual posiblemente hubiere significado su muerte, volvió a Guayaquil en 1.918, instaló una carpa en la plaza de la Victoria, comenzó a enseñar inglés y pronto se hizo conocer como profesor.

Mientras tanto el arqueólogo Jacinto Jijón y Caamaño había denunciado a la Historia del Reino de Quito del jesuíta Juan de Velasco como plagada de errores y tras ello vino la petición al Ministerio de Educación para que no permitiera su uso en las escuelas y colegios del país pues la existencia del reino de Quito era una simple fábula, pero fue refutado entre los años 18 y 19 por el lingüista chileno Joaquín Santa Cruz, por Pío Jaramillo Alvarado y sobre todo por el Padre Juan Félix Proaño Castillo y su discípulo el Presbítero José María Coba Robalino.

Proaño, sobre todo, con documentos de las antiguas escribanías de la Provincia del Chimborazo, probó a través de 26 artículos aparecidos en la prensa de Quito, Riobamba y Guayaquil, la existencia de las tradiciones puruhaes, la antigüedad del hombre en América, los reyes de Quito, los monumentos incaicos en Palmira, el cementerio de tolas en Macají, los Caciques Duchicela de Cacha, los monumentos prehistóricos de Guano; religión, usos y costumbres puruhaes, el hundimiento del cerro de Cacha, sus fortalezas indígenas, la familia Lobato Duchicela, etc.

Tantas publicaciones y comentarios sobre un tema que se relacionaba íntimamente con su pasado genealógico le causó una viva emoción y el deseo de rehabilitar sus ancestros le quitó muchísimas noches de sueño. Jamás los había olvidado y los retomó a través de la correspondencia sostenida con el Padre Manuel Guzmán, S. J. autor de una "Gramática de la lengua quichua" con el subtítulo "Dialecto del Ecuador", publicada en la Prensa Católica, Quito 1.920. En su ejemplar consta tachadas de su puño y letra las palabras "Dialecto del Ecuador" y ha puesto encima "Idioma del Tahuantinsuyo", lo cual es históricamente justo y por supuesto mucho más apropiado. Lamentablemente, no siendo historiador ni teniendo los medios para investigar, estructuró como pudo una genealogía hasta Atahualpa, que resulta incoherente en los siglos XVII al XVIII es decir, que las dos puntas son ciertas, los orígenes y los finales, no así la mitad y por eso mejor hubiera sido un árbol genealógico tribal, en donde cada nombre no representa obligatoriamente una generación sino una o varias como sucede en la Biblia.

En 1.922, dió un importante paso en su vida profesional abriendo una Academia de aprendizaje de Idiomas y de piano en un departamento alto, alquilado en 6 de Marzo No. 704 entre Aguirre y Luque, que bien puede considerarse una de las más antiguas de esta ciudad y entre sus alumnas tuvo a la señorita Mercedes Ramírez Castro, profesora primaria en la escuela de la Sociedad Filantrópica del Guayas, natural de Zaruma y mayor a él en cuatro años, quien le hizo cortar el cabello largo y sacarse el poncho que había vuelto a adoptar. Desde entonces vistió de saco y corbata.

Y lo que fue al principio una mera simpatía se transformó con el trato cotidiano de las siguientes semanas en algo más hondo, surgió el amor y se casaron en 1.924. El matrimonio fue bien avenido, al año siguiente nació su hijo Luis Felipe Calvino, este último nombre le fue puesto en honor del Presidente de los Estados Unidos Calvin Coolidge.

El 26 subministró a la editorial Ecuador, propiedad del historiador y periodista chileno Braulio Pérez Merchant, su genealogía real indígena hasta Atahualpa, quien la publicó íntegramente en 1.928 entre las págs. 188 y 193 del "Diccionario Biográfico del Ecuador" con los rostros dibujados de sus antepasados, su fotografía y la de su hijo. Era la primera vez que figuraba en una publicación nacional como Emperador del Tahuantinsuyo.

Trabajaba en su Academia, daba clases de inglés en el Colegio Tomás Martínez y su esposa continuaba de profesora en la Filantrópica, pero en el invierno de 1.930, ella concurrió resfriada a unos exámenes de sus alumnos, se mojó durante un fuerte aguacero, le sobrevino fiebre y falleció de bronconeumonía fulminante, dejando huérfano a su hijo de cinco años.

El viudo quedó inconsolable, más sus amigos, que los tenía numerosos y le apreciaban bien, decidieron llevarlo a las Sociedades obreras de la ciudad, donde dictó cursos gratuitos de inglés por muchos años. Por eso su figura fue muy querida por el obrerismo guayaquileño.

El 33 contrajo nuevo matrimonio con Guadalupe Solís, natural de Bajada de Chongón, a quien conoció en Guayaquil y también tuvo un matrimonio feliz pues era un esposo cariñoso y un pedagogo serio, culto, responsable, de trato amable y hasta cortesano, cualidades que le servían para ganar afectos y voluntades. En estas segundas nupcias tuvo Cuatro hijos.

Ese año, al acercarse el IV centenario del fallecimiento del Inca Atahualpa, contrató los servicios profesionales de su amigo poeta y abogado Dr. José María Egas Miranda y el 8 de Abril presentó una demanda ante el Juez Segundo principal de la parroquia urbana Ayacucho, Dr. Carlos Espinoza Ayala, con un interrogatorio y lista de testigos, para que luego de la recepción de sus testimonios y de los informes que presentaren los peritos designados por el propio Juzgado, se dicte sentencia, declarándole descendiente directo y sucesor del Inca Atahualpa, con el nombre de Luis Felipe Huaraca Duchicela XXVI y el título de Emperador del Tahuantinsuyo.

El Universo, El Telégrafo y la Prensa le concedieron páginas enteras y el asunto fue calificado de proceso sensacional porque de numerosas partes del país salieron a refutarle algunos historiadores, como el propio interesado lo reconoce en las págs. 6 y 7 de la obra "Huaraca Duchicela desciende de Atahualpa", con el subtítulo de: Interesantes documentos auténticos que lo prueban, con un breve resúmen sobre la historia de la dinastía de los Duchicela, en cuarto y 110 págs. editado en la empresa periodística Para Todos, Tipografía Popular, Guayaquil, 1.933; sin embargo la sentencia fue dictada el 18 de Mayo en base a las declaraciones juramentadas de los testigos Juan Tigse Morocho y Virgilio López, naturales de Yaruquíes, albañil y cargador respectivamente, que a pesar de su rusticidad testificaron sobre asuntos de cuatro siglos de antigüedad; y de los peritos "Históricos" Julio Vivar y César Cordero, que sólo se remitieron a unos papeles escritos por el propio peticionario. Ejecutoriado el fallo, fue protocolizado por orden del Alcalde segundo Cantonal, Dr. Aurelio Armando Bayas Argudo, en la Escribanía Quinta a cargo del Dr. Pablo F. Corral. (2)

Por esos días solicitó al gobierno un donativo pecuniario, al Municipio de Guayaquil un terreno y una beca de estudios para su hijo Luis Felipe. El gobierno no respondió y la Municipalidad se asesoró con el Centro de Investigaciones Históricas, que pidió informes al Presbítero Juan Félix Proaño, fruto de lo cual fue una publicación de Bolívar Monroy Garaycoa en la que negábase los pretensos derechos del peticionario porque no existía ninguna familia Duchicela descendiente directa de Atahualpa y porque el peticionario no había comprobado su parentesco con los Duchicela de Yaruquíes.

Convertido en una celebridad y lo era en efecto, por su controvertida personalidad y don de gentes, por el proceso y porque en numerosas ocasiones gustaba usar el poncho andino que sirve de enseña, casi de uniforme, en estos pueblos, su figura se tornó conocida y respetada. El 29 de Agosto de 1.933 ofreció una solemne misa en el Sagrario de la


(2) De la vista del proceso se puede concluir que la genealogía presentada es cierta hasta Tiburcio Duchicela y que en Yaruquíes y sus contornos existía una antiquísima tradición sobre los Duchicela de esos lugares, miembros de la familia real Puruhá que en tiempos de la gentilidad entroncó con los Shirys de Quito y luego con los Incas del Perú.
Que el peticionario Luis Felipe Huaraca Duchicela había oído contar del parentesco cercanísimo de los suyos con el R. P. redentorista Juan Gualberto Lobato Huaraca, a quien creía su primo hermano y en realidad lo era de su padre por ser hijos de dos hermanas llamadas Bárbara y Tomasa Huaraca- esta última casada con Anselmo Lobato.
El redentorista fue cacique de Yaruquíes en 1.877 en virtud del testamento otorgado en favor de su hermano Francisco Javier por impedirle el ejercicio de su estado eclesiástico, declarando que le venía el mando como descendiente de la real familia Duchicela de Cacha, población que se hundió para el terremoto de 1.639, al punto que después no se sabía donde habían estado sus propiedades, pues todo quedó enterrado bajo el cerro de Cacha que se desplomó y hubo que reconstruirla de nuevo. Los Lobato descendían del español Juan Lobato de Sosa casado en Quito con Isabel Yarucpalla, una de las esposas del Inca Atahualpa, a quién sobrevivió. Los Lobato probaron que en el siglo XVIII su ascendencia real indígena puruha y mantuvieron la condición de Caciques de Yaruquíes y otras parcialidades en la provincia de Chimborazo.
Si bien es difícil una investigación en los archivos parroquiales y en las escribanías del Chimborazo para llenar los vacíos genealógicos existentes entre los actuales Duchicela de Yaruquíes y Atahualpa, es muy probable que se consigan datos que bien pudieran arrojar un resultado favorable.
Catedral en memoria de su antepasado el Inca Atahualpa por conmemorarse el IV centenario de su muerte. Asistió con su esposa e hijos de riguroso luto y la Municipalidad de Santa Elena le donó al descendiente de Atahualpa, profesor y amigo, una manzana de 250 metros cuadrados de extensión en el sector de la Ensenada de Chichipe en Salinas, terrenito que nunca pudo ocupar pues en Enero del 42 fue violentamente expropiado -manu militari- como todos los de ese enorme sector, por el gobierno del Presidente Carlos Alberto Arroyo del Río, para la Base Militar de los cinco mil soldados norteamericanos que sin aviso previo acababan de instalarse allí.

En esos años construyó un chalecito de madera y caña en un terreno municipal alquilado que después le compró su hijo mayor, en Gómez Rendón No. 2.225 y Tungurahua, prácticamente en los extramuros de la ciudad de entonces, donde vivió en compañía de su esposa e hijos, subsistiendo pobre pero dignamente de su trabajo de profesor de idiomas. En la parte posterior hizo un cuarto para sus libros, revistas y papeles, pues nunca perdió la costumbre de cartearse con amigos del exterior. Un escritorio, varias sillas, su infaltable máquina de escribir y numerosos retratos copaban el pequeño ambiente, que se fue llenando de comunicaciones y recortes de prensa hasta transformarse en un verdadero archivo, donde recibía a las personas que iban a saludarlo y en ratos de ocio solía dedicarse a la Jardinería en el patio posterior que sembró de legumbres y frutas.

Durante una sesión sindical los miembros de la mesa directiva le cedieron la presidencia, que no quiso asumir hasta que no le fuera reconocida su calidad de Emperador del Tahuantinsuyo, pues algunos compañeros le hacían bromas al respecto Joaquín Gallegos Lara le reconoció de viva voz y todos aplaudieron, tras lo cual presidió el acto.

En 1.938 abrió un pequeño comercio de accesorios para fotografías, pues siempre le había atraído ese arte, pero con el inicio de la II Guerra Mundial no pudo seguir importando y sus activos y efectivos disminuyeron hasta que cerró. La empresa Créditos Económicos usaba sus servicios de traductor comercial. En los meses anteriores a la revolución del 28 de Mayo de 1.944 estuvo junto a sus compañeros sindicalistas en la lucha contra el gobierno del Presidente Arroyo del Río aunque jamás quiso afiliarse a partido político alguno, diciendo "soy lo que soy, no puedo entrar en banderías".

El 48 falleció su segunda esposa a causa de una bronquitis dejando a sus cuatro hijos pequeños. El mayor, único del primer matrimonio, acababa de ingresar a la compañía Bananera, filial en el país de la UNITED Fruit. propietaria de la gran hacienda Tenguel, ganaba bien y como siempre fueron muy unidos le ayudaba económicamente y adquiría los comestibles en el comisariato de la empresa donde todo era barato. El 50 se casó en la iglesia de la Merced con Olga Isabel Santa Cruz Salazar en medio de un gran despliegue de publicidad, pues se trataba del heredero del Tahuantinsuyo.

Gran cantidad de público se dió cita en las puertas del templo pensando que los novios irían vestidos a la usanza indígena pero no fue así, el novio ingresó al templo en compañía de su padre y del brazo de su madrina Carmencita Duroy de Bruignac y Garbe, Baronesa Duroy de Bruignac, amiga muy respetada de su padre. La boda salió reseñada en los periódicos (3)

El 52 tuve el agrado de conocerlo. Regresaba del Colegio y mi padre me detuvo en la puerta de nuestro departamento para presentarme a Don Luis Felipe, quien me pareció un señor bajito y llenito, dentadura perfecta y completa, ojos y pelo lacio y negro, hablantín, simpático, extrovertido y hasta gracioso, quien no tuvo inconveniente en hacerme una muy seria como erudita explicación sobre la forma de saludar con los tres dedos centrales de la mano derecha símbolo de la divinidad del Inca, sobre el llauto emplumado, la mascapaisha, el idioma quichua y su noble ascendencia. El asunto debió ser muy interesante y a pesar de los 45 años transcurridos me parece estarlo viendo. Cuando se retiró de nuestra casa mi padre hizo un recuento de los méritos de su amigo, a quien respetaba como caballero honestísimo y muy trabajador. Años después Pedro Robles y Chambers me explicó que "el señor Huaraca Duchicela -le trataba con marcada consideración - aunque no había probado su ascendencia hasta Atahualpa, provenía de familias de antiguos y nobles caciques en la sierra".

Cuando el 53 su hijo le trajo de Riobamba a su hermana Tomasa, a quien no veía desde hacia 41 años, se abrazaron llorando. La viejecita llegó vestida de follón y anaco como era usual en la sierra y cuando la sacaron de


(3) Su hijo Luis Felipe Calvino Huaraca - Duchicela Ramírez XXVII creció huérfano de madre, criado por su madrastra a quien decía mamá, estudió la primaria en el Cristóbal Colón y la secundaria en el Vicente Rocafuerte. Bachiller el 43, buen deportista, nadaba al el Estero Salado, entró de oficinista en la Compañía Bananera y por su contracción al trabajo y dominio del inglés ascendió con el tiempo a Contralor. Siguió dos años de Jurisprudencia por consejos de su padre, pero se cambió al Colegio Andrés Matheus y el 48 fue Contador. Ese año quiso casarse más su padre le dijo que primero construyera una casita en un terreno vecino. El 50 se casó y tuvieron seis hijos. El 61 construyó una villa en Urdesa con un préstamo hipotecario en el Seguro. Entre el 65 y el 71 trabajó en el Campamento Golfito en Costa Rica. La villa de Urdesa quedó alquilada a la familia Portaluppi Reyes que la habitó muchos años. Entre el 71 y el 84 laboró en el Changuinola de la Chiriqui Land Co. en Panamá, ambos de la Standard, con sueldo en dólares y becas para sus seis hijos que recibieron espléndida educación. Querido y apreciado por sus superiores, siempre fue un excelente hijo, respetuoso de las ideas paternas y un esposo y padre admirable. Su único defecto consistía en fumar mucho, lo que a la postre le llevó al sepulcro. A principios de Septiembre de 1.984 cayó enfermo en el campamento, a la semana fue internado en la Clínica Paitilla de Panamá donde le diagnosticaron un violentísimo cáncer al pulmón y llevado al Hospital Universitario de Galveston en Texas, se mantuvo en Terapia intensiva solo una semana y falleció el día 21 en su entero juido. La viuda trajo los restos a Guayaquil. Estatura mediana, blanco mate, ojos café, bigote y pelo lacio y negro, a la altura de la nuca tenía un lunar de pelo rubio. Inscrito como Luis Felipe Calvino Huaraca Duchicela XXVII, en el exterior abrevió el nombre a Luis Felipe Duchicela y dejó dispuesto que su hijo mayor el Arq. Luis Felipe Duchicela Santa Cruz le sucediera con el numero XXVIII, como efectivamente ha ocurrido.
noche a pasear por el boulevard y admiró en la plaza de San Francisco los primeros letreros luminosos de neón, se arrodilló en media vereda y exclamó casi llorando "Gracias Dios mío, por permitirme ver las maravillas del mundo.." y hubo que levantarla porque ya se arremolinaba la gente. Así éramos de buenos e inocentes los ecuatorianos de antaño. En Guayaquil permaneció un mes al lado de su hermano, comiendo motes y habas que a ambos les gustaba tanto. (4)

El 55 nació su primer nieto suceso que comunicó a sus amistades de sudamérica y de Bolivia le enviaron de obsequio un cajón de juguetes al heredero. Sus hijos del segundo matrimonio crecían a su lado y como era un excelente maestro, a todos hizo personas de provecho y titulados universitarios.

En su casa hablaba a veces en inglés para que sus hijos aprendieran y en otras ocasiones en quichua. Su nuera Olga Isabel que vivía cerca y le visitaba diariamente, acostumbraba saludarle diciéndole "My Inca Father" y el viejecito se llenaba de sano orgullo y cuando el 61 su hijo se cambió a Urdesa, acostumbraba visitar a sus nietos caminando desde Gómez Rendón y Tungurahua hasta V. E. Estrada e Ilanes porque decía que era un buen ejercicio y que le ayuda a conservarse activo.

Por entonces se le hizo costumbre los días sábados recoger a los niños del barrio y sentarlos a su alrededor a hablarles del pasado con palabras comprensibles para ellos, les daba consejos y al final regalaba una monedita a cada uno. Los chicos le querían bien porque era un viejecito bondadoso, maestro añejado en los achaques de la pedagogía y que sabía ganar sus confianzas.

(4) Doña Tomasa firmaba solamente con su apellido materno Bustos y sus hijos los Bustos viven en Riobamba y administran las tierras en la loma de Puctus.
Un domingo del 63, a eso de las 11 de la mañana, pasando por el frente de la Ciudadela Universitaria con una bolsita de guineos en la mano, fue asaltado por una pandilla de adolescente que le quitaron la fruta y los zapatos haciéndole caer al suelo. Herido en la cabeza, pudo tomar un bus y llegar a su destino. Aparentemente sano, no se hizo exámenes médicos, pero al poco tiempo comenzó a perder la memoria y le temblaban las manos. El Dr. Emiliano Crespo Toral diagnosticó un tumor por traumatismo en el cerebro. Su hijo mayor le llevó a vivir en su villa, allí permaneció varios meses casi inconsciente pero sin molestias ni dolores, tratado por el Dr. Avelino Arteaga, hasta que falleció en Mayo del 65 de 73 años de edad. Sus restos reposan en el Cementerio General de Guayaquil.

Fue un hombre positivo pues supo conducir inteligentemente a sus cinco hijos, sintió el sano orgullo de quien conoce las glorias de sus mayores, sirvió al sindicalismo y a los humildes, tuvo ideas progresistas, vivió un sueño y les inculcó a los suyos la mística de un pasado histórico - sobre todo al mayor - Hoy sus descendientes se reúnen una vez al año en el valle de Cacha, en patriótico peregrinaje de recuerdo a sus mayores.