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PEDRO MARTINEZ GUERRERO
EDUCADOR.- Nació en Guayaquil en Junio de 1.872 y fueron sus padres legítimos Gregorio Martínez Jiménez, asturiano llamado por unos parientes al puerto principal, y Juana Guerrero Rolando, guayaquileña. Fue el segundo de una familia compuesta de siete hermanos que crecieron en un hogar feliz hasta que por el fallecimiento del padre pasaron a la orfandad.

Educado en el Colegio de los Hermanos Cristianos demostró ser bien dispuesto para todo, aprendió piano y guitarra de oído y en matemáticas no había quien le ganara; por su sincera religiosidad, se hizo querer y hasta admirar de sus maestros, que quisieron que ingresara en la Comunidad, excusándose por falta de una verdadera vocación. En cambio llegó a descubrir su amor a la niñez, cuya enseñanza le atraía por su índole y naturaleza pacífica, buen carácter y exquisita paciencia para escuchar los pequeños y grandes problemas y decidióse por el abnegado ministerio de la enseñanza.

Primero comenzó dando clases privadas a domicilio. No tenía aún 16 años pero dada su pobreza requería ganar algún dinero para ayudar a los suyos. Por eso se ha dicho que se entregó desde los muy tempranos años de su vida a la noble causa de la niñez.

El 1 de Enero de 1.893, tras cumplir la mayoría a los 21 y ganar un concurso publico de merecimientos, ingresó de profesor a las escuelas de la Sociedad Filantrópica del Guayas, donde comenzó una brillante carrera. Para el Incendio Grande no sufrió daño alguno porque vivía en la calle Chanduy No, 908 entre Sucre y Colón. El 99 conoció a la joven Ofelia Macias Delgado, natural de Chone, durante un oficio religioso en la Capilla del Colegio de la Inmaculada. Era huérfana y se educaba interna. Surgió el amor, advino el matrimonio. Durante los siete primeros años no tuvieron hijos pero desde entonces comenzaron a llegar cada año y medio hasta completar quince, de los cuales sobrevivirían doce a pesar de las enfermedades infantiles. El matrimonio siempre fue bien avenido y la alegría reinaba en el hogar.

En 1.901 recibió el titulo de Instructor de primera Clase conferido por el estado. El 5 de Junio de 1.902 fue ascendido a la dirección de la escuela Municipal de la Parroquia Olmedo, después transformada en escuela fiscal media.

En 1.903, decidido a dar cuanto de sí le era posible para el mejor resultado de su profesión, comenzó a publicar varias obras didácticas que le dieron Justa fama. Primero sacó "Elementos de Aritmética. Curso elemental" con numerosos ejercicios y problemas. En 1.904 "Elementos de Aritmética. Curso Medio" para uso de los alumnos de las escuelas primarias, que vería una segunda edición en 1.913.

En 1.905 apareció su "Elementos de Aritmética. Curso Superior". En 1.907 "Cálculo Aritmético - Geométrico". En 1.908 "Sistema Métrico Decimal", tratado teórico práctico premiado con Medalla de Oro en la Exposición escolar promovida ese año por el Consejo Superior de Instrucción de la Provincia del Guayas, cuya segunda edición salió en 1.949 y la tercera el 55 en la imprenta Reed and Reed, pues se usó por más de medio siglo.

En 1.913 editó la mejor de sus obras "Cálculo Mercantil" en 278 págs. para uso de los Cursos de Contabilidad Mercantil y Teneduría de Libros. Por esos textos era el autor más buscado en las escuelas y colegios guayaquileños de principios de siglo. Tenía método pedagógico adecuado a la mentalidad de los niños y jóvenes, facilidad expositiva y hasta un cierto estilo literario y lógico que hacia fácil la asimilación.

En 1.914 ejerció la presidencia de la Sociedad General de Preceptores y el 18, queriendo complacer a un nutrido grupo de padres de familia que continuamente le solicitaban un Liceo, fundó con algunos profesores amigos suyos el Liceo Juan Montalvo, en una amplia casa de madera de propiedad de su compadre el Dr. Alfredo Valenzuela Valverde, en Sucre y Chimborazo.

Pronto el Liceo se llenó de voces juveniles que Martínez Guerrero encauzó por las sendas del saber. Junto a él figuraron sus colegas Luis Mariano Guevara Villalta, Fermín Vera Rojas, los hermanos Hurtado, Luis Aníbal Mendoza, etc. El 28 se cambió a una casa de los herederos de Pancho Urbina en Chile y Ballén, cuyos arriendos cobraba Luis Vernaza. En una parte del edificio instaló su hogar y en la otra funcionó el plantel.

El Juan Montalvo había comenzado con dos secciones: una primaria y otra mercantil y pronto tuvo secundaria; más, en 1.928, a consecuencia de un incidente administrativo baladí, por su condición de hipertenso le sobrevino una subida de presión y consecuente derrame cerebral y a pesar de los solícitos cuidados de sus amigos los Dres. Isaías Medina, Gabriel Burbano Súñiga y Juan Montalván Cornejo, que lo trataron con cariño y presteza, ya no pudo volver a caminar.

Sus dos hijas mayores: María Angélica y María Luisa, recién graduadas de Normalistas, se hicieron cargo del Liceo; sin embargo, así inválido, por las mañanas se hacia llevar en silla de ruedas para vigilar personalmente el orden y aseo; la disciplina y enseñanza, sintiéndose orgulloso del espléndido rendimiento de sus hijas y poco a poco fue volviendo paulatinamente a la normalidad.

En las tardes le agradaba abrir las chazas del balcón y contemplar las grandes arboledas del parque Seminario, deleitándose con la naturaleza, pues siempre había gozado de ella, sobre todo en las vacaciones anuales que viajaba a Paita con su familia, a bordo de algún pailebot. Después lo hacia en el ferrocarril a la costa de Salinas.

A comienzos de Enero de 1.930, estando como de costumbre en el balcón, empezó a llover muy fuerte y se mojó la espalda. Al día siguiente amaneció con fiebre y le sobrevino una violentísima bronconeumonía, de la cual falleció en la cercana clínica Guayaquil el día 30, a las doce de la mañana. Contaba solamente 57 años de edad y cuando aún se podía esperar mucho más de su claro talento. "Su última y larga enfermedad había sido ocasión para enseñanza práctica de entereza de ánimo. Murió lleno de consuelo viendo los buenos frutos de su larga familia. "Religioso, pacifico, agradable, alegre y optimista. Muy hogareño y amante de los suyos, gustaba de la música y se deleitaba con ella. Estudioso, elegante y pulcro en el vestir, su porte alto y grueso, llenito como se diría hoy".

Protegía económicamente a su anciana madre de las estrecheces propias de la viudez y repetía frecuentemente a sus hijos que no esperaran bienes de fortuna como herencia, sino una buena y sólida educación, obligándoles -incluso con castigos- a que siguieran una carrera profesional de acuerdo a sus vocaciones.

Como prueba de su meticulosidad y ahorro dejó dos pequeñas propiedades. Un chalet de madera en Santa Elena y 6 de Marzo y un terrenito en Colón y Alcedo. Tal su retrato físico y moral.