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DANIEL ELIAS PALACIO MORENO
ESCULTOR.- Nació en Loja en 1.908 y fueron sus padres el Presbítero Belisario Moreno autor de la novela "Naya o la Chapetona" fallecido en 1.917 y Rosa Eloína Palacio Vélez, lojanos.

Huérfano y siendo su hogar muy pobre, tuvo que trabajar desde su más tierna edad para ayudar a su madre que cosía y a Alfredo, su hermano menor, haciendo primorosas figuritas de mantequilla para adorno de las buenas mesas de los festejos de matrimonios y todo ello sin maestros ni guías, pues su habilidad para el dibujo y la escultura eran innatas y hasta parecía que había nacido enteramente artista. Pronto trascendió en la pequeña ciudad como el joven entusiasta que daba expresión y vida a los trabajos en el barro ceroso que recogía en el barrio de San José en las afueras de la población, mientras estudiaba en la segunda escuela Miguel Riofrío que hubo en Loja, a cargo de los Hermanos Cristianos; después siguió la secundaria en el Colegio Bernardo Valdivieso y de catorce años triunfó en un Concurso Municipal de Arte. Tres años después, en 1.925, al promover el Concejo otro evento de iguales características, volvió a obtener el Primer Premio con un grupo escultórico de barro bronceado que sorprendió a los miembros del Jurado y siendo el premio una beca para ir a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Quito, viajó a la capital, donde ya vivía su madre protegida de su prima María Teresa Aguirre Palacio de Mora Bowen, dueña de una quinta en la Avenida Diez de Agosto. (1)

En la Escuela encontró un excelente ambiente, estaba de Director el pintor Víctor Mideros Almeida, había ochenta alumnos matriculados y una docena de profesores bastantes técnicos y de gustos clásicos y por sus


(1) Doña Eloína salió de Loja en 1.917 dejando a sus dos hijos al cuidado de una hermana. En Quito se ganó la vida cosiendo y falleció en la década de los años 30.
cualidades artísticas fue seleccionado para la beca concedida por el Rey Alfonso XIII reputada una de las mejores de Europa y la más completa de España.

En 1.926 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes San Fernando y con el tiempo se especializó en su Escuela de Cerámica, aprendiendo la técnica del vidriado y a trabajar piezas de loza y porcelana fina, sin descuidar por ello el dibujo y la escultura, de suerte que también hizo hermosos retratos como el del periodista Benigno Barella, y llegó a merecer elogiosos comentarios de artistas del renombre de Mariano Vellura, Eduardo Chicharro y Víctor Macho.

El 31, tras cinco largos años de estudios, pensó en volver a América, pues la caída de la monarquía había desestabilizado el orden interno de España; pero el Director de la Escuela de Cerámica se lo impidió, ya que aún le faltaban los cursos de organización fabril para una proyectada fábrica en el Ecuador. Finalmente culminó el pensum, logró el ansiado título de Escultor y viajó a Quito el 35. Tenía 27 años de edad y había vivido 9 en España.

El Ministro de Educación, Carlos Zambrano Orejuela, le contrató para fundar en Riobamba una Escuela de Cerámica, como paso previo a la instalación de una fábrica del estado, proyecto ambicioso que ameritaba cierta preparación. La Escuela tuvo buenos comienzos pero se deshizo por la intromisión de un sujeto designado por el siguiente Ministro, que hizo que se retirara Palacio, quien pasó el 38 a Guayaquil donde estaba instalado Alfredo, su hermano menor, también pintor y escultor.

El 39, mientras se encontraba en Guayaquil, hizo sociedad con el alemán Luis Steyer e instalaron una fábrica de servicios higiénicos de porcelana en Riobamba, que no salieron con la perfección adecuada por cuanto el polvo de la ciudad se incrementaba en la superficie de porcelana de las piezas formando puntos negros. Este defecto hizo que Steyer abandonara el negocio. El 40 casó en Quito con Eve Marie Collman Duerselem, hijastra de Steyer, pintora y escultora ella misma, y tuvieron cuatro hijos. El 46 vendió sus acciones en Riobamba a Pablo Emilio Chiriboga en solamente S/. 8.000 y pasó a Quito donde le contrató el Dr. Julio Arauz, Director del Laboratorio Químico del Banco Central, para volverlo a poner en funcionamiento, pues sus piezas estaban desgastadas e inútiles. Palacio las torneó y adecuó en pocas semanas y el laboratorio volvió a la normalidad, ganando S/. 30.000. Entonces se dió cuenta que sus habilidades artísticas iban a la par de las mecánicas, fundió las turbinas marca "Fans" para la Empresa Eléctrica de Riobamba e instaló una pequeña fábrica de pinturas.

El 52 fundó y dirigió la Escuela Industrial Carlos Cisneros de Loja y dictó clases en el Instituto Daniel Alvarez Burneo. El 55, separado de su esposa, siguió a Portovelo, por la Compañía Minera CIMA. a fin de abrir un taller de cerámica para los trabajadores, pero el proyecto fracasó ante la falta de preparación comercial de ellos.

El 56 fue llamado a trabajar a Cuenca por el Canónigo Manuel María Palacios para construir las dos grandes puertas de bronce de la nueva Catedral. Instaló un taller de fundición en esa ciudad pero por dificultades económicas de la Curia solo terminó la primera que es bellísima. El 59 comenzaron sus problemas de salud a causa de una úlcera sangrante.

Vivía modestamente una existencia de retiro en deliciosa sencillez, cálida entrega y relativa pobreza de acuerdo en todo con sus tranquilos y sosegados hábitos. Su carácter no había perdido la natural dulzura con los años. Siempre risueño y jovial, sin embargo a veces perdía la paciencia y sufría accesos de rabia, sobre todo cuando el medio anodino le negaba la amplitud que su emoción y sensibilidad requerían, pues tenía que hacerlo todo, desde confeccionar sus herramientas de precisión hasta dibujar, esculpir, vaciar y fundir, por eso le decían que era cerebro que pensaba y brazo que ejecutaba.
Sereno, digno, creativo y sobre todo trabajador incansable, nunca buscaba la figuración y perseguía únicamente la compañía de otras almas elevadas, amantes del arte y la amistad, que como bien se sabe son siempre las menos. Ya peinaba canas pero su figura delgada y viril no demostraba su cercanía a los setenta años.

En Cuenca inició el negocio de la confección de Monedas y Medallas conmemorativas para lo cual poseía una máquina troqueladora, también hacía Placas decorativas e históricas y gozaba de una bien merecida fama de escultor figurativo que no hacía concesiones a la mediocridad ni a lo puramente externo, alegórico ni abstracto. Sus hijos Paúl, Hans y Wolfram eran tan artistas como él y le admiraban y querían, eso le llenaba de justo orgullo.

De esa época son sus estatuas de José Peralta y Rafael María Arizaga para Cuenca, símbolos de su entrega generosa y creativa en la forja de la nacionalidad. Para Loja había trabajado los bustos de Segundo Cueva Celi y Cristóbal Ojeda, un Bolívar a pie con capa y espada y la estatua ecuestre del Capitán Alonso de Mercadillo, fundador de dicha ciudad en el siglo XVI, calificada como su obra de mayor volúmen y más intensa fundición. (2)

El 77 Luis Cordero Crespo comentó en "E1 Comercio" sus obras y le calificó de grande y patriota. El 78 la Casa de la Cultura de Loja y su amigo Arturo Armijos Ayala editaron un folleto de 12 págs. en cuarto, como homenaje a su "Modestia y grandeza admirables".

(2) "El conquistador está cabalgando un brioso corcel de formas enérgicas, aparejado y enjaezado de borduras prolijas, a la usanza de los arneses de esa época. El personaje tiene figura aguileña, cubierta la cabeza de un yelmo igualmente preciosa y denotando el conjunto una postura que parece comunicarle vida".
El 81 sufrió su primer infarto y acompañado por su hijo Hans se hospitalizó dos meses en Baltimore. Completamente restablecido visitó a su hermano Alfredo que dirigía la Escuela Municipal de Bellas Artes en Guayaquil y siguió a Cuenca. De esta época, la última de su vida, existen numerosos trabajos que muestran una renovada intensidad creadora, hasta que otros infartos por coavulos, uno de los cuales le dejó casi ciego de un ojo, anunciaron su cercano fin.

Entonces, sintiéndose muy decaído, volvió a Loja a morir, dos meses después le llevaron al hospital del IESS y falleció el 21 de Noviembre de 1.990, a los 82 años de edad, rodeado de sus familiares, en paz consigo mismo y con el mundo. Está considerado uno de los mayores escultores ecuatorianos de este siglo por la calidad y cantidad de sus obras, intensidad e idealismo lírico. Fue un espíritu superior, un artista completo por el elevado sentido que encierra esa altísima calidad.