CAYETANO RAMIREZ DE
LA FITA
CANONIGO.- Nació
en Latacunga el 16 de Noviembre de l.776 y fueron
sus padres legítimos Mariano Ramírez
y Beatriz de la Fita y Carrión, hermana entera
de Monseñor Francisco Xavier de la Fita y Carrión,
III Obispo de Cuenca
Recibió el Orden Sacerdotal
hacia 1.801 y desde Enero de 1.805 fue Cura de Montecristi,
desempeñándose hasta el 10 de Septiembre
de 1.843, un total de treinta y ocho años y
ocho meses. Wilfrido Loor ha escrito: Buen párroco,
los jueves celebraba misa solemne en obediencia a
un auto del Obispo de Cuenca, José Carrión
y Marfil y los domingos por la tarde con el Santísimo
expuesto, cantando el Trisagio. Era cuidadoso en el
aseo del templo y renovaba frecuentemente las formas
sacramentales, tan fáciles de deteriorarse
en los climas húmedos y cálidos. Defendió
con celo la integridad de las tierras de su curato
en un litigio que duró varios años,
desde 1.806, en el sitio San José, por otro
nombre Manantiales, que Jipijapa lo creía suyo.
En 1.818 se ausentó por breves meses a Lima
y cuando en Septiembre algunos marinos ingleses despojaron
a la iglesia de Montecristi de sus tesoros, denunció
el asunto a su regreso, gestionando ante el Gobernador
de Guayaquil la recuperación de esos bienes.
(1)
(1) En épocas recolombinas
el Cerro de Montecristi era considerado el Adoratorio
principal de la diosa "Umiña" o diosa
de la fertilidad de las tribus manteñas-huancavilcas.
Simbolizaba la madre tierra y era representada por
una estela de piedra caliza marina en cuyo rostro
existía una gran esmeralda, posiblemente extraída
de las minas de M (actual Colombia) gema que fue arrebatada
por los expedicionarios de Pedro de Alvarado en 1.534
y enviada al Emperador Carlos V, cuya Corte se encontraba
por esos días en Viena, donde quedó
depositada. Luego formó parte de la joyas de
la corona austriana perdiéndose su historia
tras la destruccióndel Imperio Austro-Hungaro,
tras la Primera Guerra Mundial en 1.918.
En 1.820 se hallaba en Cuenca con motivo de la provisión
de Curatos y sabedor de la independencia en Guayaquil,
lanzó proclamas de su puño y letra para
enardecer los ánimos que dejó preparados
y el 28 de Octubre regresó a Guayaquil, a ponerse
a las órdenes del Cor. Gregorio Escobedo y
solicitarle armas y hombres. José María
Vásquez de Noboa proclamó el 3 de Noviembre
la independencia. El 2 de Febrero del 21 estaba de
regreso en Montecristi dedicado a enviar gente a la
lucha y dinero para los gastos. Alimentó, vistió
y dió albergue en grandes ramadones especialmente
construidos a los numerosos batallones colombianos
llegados desde Buenaventura y desembarcados en Manta,
para seguir por tierra a las campañas libertadoras
que terminaron en Junín y Ayacucho.
En 1.822 conformó el
Colegio Electoral como representante de Montecristi
y luchó ardorosamente por la incorporación
de Guayaquil a Colombia. Su actividad y cultura le
distinguieron de los demás Diputados. El 23
Bolívar regaló al Tnte. Cor. Vicente
Castro las tierras baldías de Portoviejo y
Montecristi, por deudas en servicio de la causa de
la independencia. Ramírez de la Fita se opuso
porque tales tierras pertenecían al pueblo
y como de todas maneras salieron a remate, las compró
para el cabildo de Portoviejo y las Cofradías
de la iglesia de Montecristi, entregándolas
al uso gratuito del vecindario. Por eso jamás
hubo latifundios en esa zona. El 20 de Octubre de
1.824 abandonó su curato al dirigirse al Congreso
de Bogotá como representante de la nueva provincia
de Manabí y no regresó sinó en
Enero del 27.
En 1.829 fue nuevamente elegido
para el Congreso Admirable. El 29 de Septiembre recibió
instrucciones de los manabitas sobre la conveniencia
del gobierno monárquico moderado y que fuere
Bolívar el primero en ocupar el trono de la
Gran Colombia; pero como los diputados liberales del
ala de Santander tomaron el mando, el proyecto no
pudo ser presentado
El 13 de Mayo de 1.830 se produjo
la separación del Distrito Sur de la Gran Colombia.
Manabí se adhirió al nuevo estado el
30 de dicho mes y Ramírez de la Fita asistió
a la primera Constituyente celebrada en Riobamba,
con los Presbíteros Manuel Rivadeneira de Portoviejo
y Manuel García Moreno de Jipijapa. y fiel
a los dictámenes de su conciencia y a la petición
del Obispo Lasso de la Vega, pidió la derogatoria
de la ley del Patronato, aunque solo obtuvo el apoyo
del Dr. Mariano Veintimilla, representante de Cuenca.
Con este consiguió la prohibición de
ingreso de libros prohibidos, la vigilancia sobre
la circulación de impresos, pero fracasó
al mocionar que la nueva República se dividiera
en provincias y no en departamentos, que el Presidente
de la República fuere designado por Asambleas
electorales, que dicha función recaiga en un
ecuatoriano de nacimiento, que el Congreso fuese bicameral,
que se restableciera las municipalidades suprimidas,
etc. y no sin grandes trabajos consiguió la
habilitación de los puertos de Manta y Bahía
que había sido cerrados.
Designado nuevamente Diputado
por Manabí, asistió en 1.832 al Congreso
de Quito, atacó el proyecto de aumentar los
bienes del estado con rentas eclesiásticas,
defendió a los indios de nuevas contribuciones
y en la sesión del 22 de Octubre se opuso a
que el estado adoptara al niño Juan Fabricio
Flores Jijón, hijo del Presidente Flores. Por
todo ello se ganó la animadversisión
de éste, que lo tuvo entre sus opositores de
consideración.
En 1.833, después de
los asesinatos de los patriotas del Quiteño
Libre, apoyó la revolución de los Chihuahuas
y a Rocafuerte, pero cuando éste se unió
a Flores, luchó contra los dos, logrando el
23 de Septiembre de 1.834 que la Provincia de Manabí
apoye al gobierno de José Félix Valdivieso.
Ese año, durante la guerra civil, los soldados
de Rocafuerte y Flores robaron dos mil cabezas de
ganado a la Cofradía de Nuestra Señora
de Monserat por un valor de 32.462 pesos, suma altísima
para la época. El Gobernador de Manabí,
Coronel Carlos Vincedón, le tomó preso
y remitió a Guayaquil, donde Rocafuerte le
desterró al Perú.
En Lima permaneció hasta
Septiembre del 36 y para evitar que pudiere concurrir
a nuevos Congresos. Rocafuerte hizo aprobar en el
reglamento de elecciones una cláusula por la
cual se prohíba a los Párrocos ser electos
Diputados. Sin poder político y relegado a
una zona poco importante, rumió rencor hasta
Abril del 39, en que amistado nuevamente con Flores
le solicitó reemplazar al Dr. Miguel Rodríguez,
que había renunciado por edad al Deanato de
la Catedral de Guayaquil. El 41 salió electo
Senador por Loja y por Manabí. El Congreso
no puso sesionar por falta de quorum, Ramírez
de la Fita propuso que se le confiera la facultad
al Presidente para convocar un Congreso extraordinario
y así se aprobó. Flores decidió
complacerle por esta actuación política,
pero como el nombramiento debía conferirlo
de acuerdo con el Consejo de Estado y previa aprobación
del Senado, tardó algunos meses. Finalmente
el 18 de Marzo de 1.842 le designó Dean y tomó
el Juramento el 27 de ese mes.
El Obispo de Guayaquil Javier
de Garaycoa se opuso a esta intromisión del
ejecutivo puesto que, por la Bula de creación
de la Diócesis en 1.837, el título significaba
también el curato de la iglesia catedral y
era condición que éste se efectuara
por Concurso.
Mientras tanto el 20 de Mayo
de 1.842 se había producido el gran incendio
de Montecristi. Se quemó la casa de Ramírez
de la Fita, la casa parroquial donde estaban almacenadas
algunas arrobas de plata propiedad de la iglesia.
Durante la epidemia de fiebre amarilla, que en Montecristi
no tuvo las consecuencias catastróficas de
Jipijapa y Guayaquil, se portó humanitariamente.
Por ello el Gobernador, Manuel Alvarez del Barco,
certificó su buena conducía, indicando
que fue de los pocos curas que no cobró derechos
eclesiásticos por los entierros. El Presidente
Flores, para ayudarle, había solicitado al
Papa la separación del Deanato del Curato y
tuvo Monseñor Garaycoa que designarlo Dean
interinamente el 2 de Julio del 44 hasta tanto se
resolviera el asunto en Roma.
Entre Julio del 44 y del 45
fue Cura de la Catedral, pero su carácter vivo
y desenvuelto le atrajo la envidia de los miembros
del Cabildo Catedralicio que no tenían sus
altas ejecutorias ni la facilidad de palabra que tanto
le distinguía. El 13 de Abril del 45 accedió
Roma a los deseos del gobierno y separó el
Deanato del Curato. El 12 de Agosto Garaycoa le dió
posesión del Deanato en propiedad, su protector
el General Flores se encontraba en el exilio a causa
de la revolución marzista.
Poco después se presentó
como candidato a Diputado a la Constituyente de Cuenca
por las provincia de Manabí y Pichincha. En
esta última le tildaron de patriota pero viejo.
De Manabí tampoco recibió el apoyo deseado
y entonces viajó a Loja y consiguió
la elección pues aún le sobraban arrestos
como antaño. De allí pasó a la
Convención en Cuenca y formó parte del
bloque de apoyo a Vicente Ramón Roca, quien
ganó la presidencia tras reñida lid
con el liberal José Joaquín de Olmedo.
El joven Gabriel García Moreno, que era olmedista,
le insultó como a los demás sacerdotes
convencionales, en un periodicucho que sacó
en Quito bajo el nombre de "El Zurriago".
Durante los debates sobre los tratados de la Virginia
tomó partido contra su antiguo protector por
entonces en desgracia.
En 1.848 entró nuevamente
en disputas con el Obispo Garaycoa de Guayaquil cuando
este nombró Canónigo Penitenciario al
Dr. Mariano Sáenz de Viteri y para llenar la
vacante dejada por Viteri designó Garaicoa
al Dr. José Tomás de Aguirre Anzoátegui.
Ramírez de la Fita creía
honestamente que el Obispo no se hallaba facultado
para hacerlo, pues tales designaciones eran de competencia
del Cabildo eclesiástico. El asunto pasó
en consulta a Roma y fue fallado a favor de Garaycoa.
En 1.850, al producirse la
revolución de Diego Noboa Arteta contra el
Vicepresidente Manuel de Ascázubi Matheus,
fue designado con el Dr. Francisco Marcos y Crespo
para entenderse con los comisionados de éste
último, finalmente no se llegó a ningún
acuerdo.
En 1.851, al ascender Garaycoa
al Arzobispado de Quito, quedó vacante el obispado
de Guayaquil y hasta la designación del nuevo
propietario debía designarse un vicario capitular.
Ramírez de la Fita se encontraba ausente en
Cuenca. El cabildo eclesiástico guayaquileño
estaba conformado por Sáenz de Viteri y por
Aguirre como ya se dijo, por Luis de Tola y Avilés
de vacaciones en Lima y por José de la Cadena
y José María Aragundi. Reunidos Sáenz
de Viteri, Aguirre, de la Cadena y Aragundi se tomó
votación y de la Cadena logró tres votos,
y habría obtenido unanimidad si no hubiera
dado su voto por delicadeza, en la persona del Dr.
Manuel Salazar, Párroco de la Concepción
de Ciudavieja. Su elección fue aprobada por
el Gobernador José García Moreno. Monseñor
Cadena era un buen sacerdote aunque no pasaba de simple
cura, por ello surgieron voces de protesta y el asunto
se tornó litigioso.
En eso regresó Ramírez
de la Fita y tanto insistió en la nulidad de
esta elección que terminó Cadena por
renunciar. Entonces convocó a una nueva elección
y como Sáenz de Viteri se hallaba ausente en
el campo convaleciendo de paludismo, le hizo volver
a Guayaquil. Cadena pensó que la finalidad
de Ramírez de la Fita era hacerse elegir con
los votos de Sáenz de Viteri y de Aragundi
que había sido su coadjutor en Montecristi,
y molesto retiró su renuncia. Entre tanto Noboa
había sido depuesto de la presidencia, que
ocupaba el general José María Urbina,
viejo amigo de Ramírez de la Fita. Quizá
por eso el Dr. Francisco de Marcos y Crespo comunicó
al cabildo eclesiástico que el Presidente se
oponía a que Cadena ocupe la Vicaría
Capitular y que por lo tanto debía precederse
a efectuar una nueva elección, la que se realizó
con el siguiente resultado: Sáenz de Viteri
votó por Ramírez de la Fita y éste
por aquel. Uno cada uno. Los otros concurrentes: Aguirre
y Cadena votaron por Luis de Tola y Avilés,
pero como ninguno obtuvo la mayoría de tres
votos, volvió el asunto al tapete de las discusiones
y en Quito decidieron en favor de Tola por tener un
grado doctoral y haber sido Vicario.
El Presidente Urbina no se
conformó con lo efectuado y el 28 de Agosto
de 1.852 apeló a Roma, de suerte que el asunto
siguió siendo escandaloso por muchos meses
más, hasta que el Papa Pío IX desde
el 29 de Mayo, en atención a la petición
de Tola y el cabildo, había concedido amplias
facultades al Arzobispo Garaycoa para la solución
de la controversia, quien zanjó toda discusión
designando Vicario Apostólico a Fray José
María Yerovi Pintado, sacerdote manso de espíritu
que solo permaneció un año en esas funciones
alejándose de Guayaquil en 1.853 para entrar
a un convento de Pasto. Entonces Garaycoa le reemplazó
con el rector del Colegio Seminario Dr. José
Tomás de Aguirre, ya sin las discusiones de
antaño. De todo esto quedó un profundo
resentimiento entre Garaycoa y Ramírez de la
Fita, como se desprende de varias comunicaciones cursadas
entre ambos.
Cabe anotar que en 1.851, poco
antes de su caída, el Presidente Diego Noboa
Arteta, en uso de las atribuciones del Patronato,
había designado a Aguirre para ocupar el obispado
vacante de Guayaquil y a Ramírez de la Fita
para el de Cuenca. La Asamblea Nacional reunida en
Guayaquil, eligió el 16 de Septiembre del 52
a Fray Vicente Solano para el obispado de Cuenca,
al Dr. José María Riofrío Obispo
Auxiliar de Quito y a Ramírez de la Fita para
el de Guayaquil. Se excusó Solano pensando
que en Roma no harían caso de una decisión
nacida en la voluntad de un gobierno que acababa de
expulsar a los jesuítas. Ramírez de
la Fita, en cambio, aceptó el Obispado y se
posesionó cuatro días después,
pero el asunto recién se resolvió el
53 cuando el Papa eligió Obispo de Guayaquil
a Aguirre, y auxiliar del Arzobispado de Quito a Riofrío.
Sin sede quedó Ramírez de la Fita, únicamente
por la oposición de Garaycoa.
Estaba viejo y debilitado,
tenía 77 años y sufría dos dolencias
relativamente graves, de las que posiblemente murió
el 14 de Abril de 1.854 en Guayaquil y fue sepultado
en la iglesia Catedral.
Numerosos autores han estudiado
sus actuaciones públicas y privadas. Fue un
político de elevado criterio y patriotismo
por lo que sufrió un destierro y varias persecuciones.
Como sacerdote le han acusado de ser urbinista como
si ello fuere un delito. Modelo de virtudes: generoso,
sabio, altruista. Mantecristi le debe mucho. Es una
de las más altas figuras de la iglesia ecuatoriana
del siglo XIX y debe ser revalorizado a la luz de
la crítica imparcial, que le hará justicia,
poniéndole entre los grandes jerarcas del catolicismo
nacional de todos los tiempos pues fue un personaje
social, en Montecristi defendió a los pobres
y ayudó a los indígenas, cobró
fama como orador, actuó en política
y se le consederaba todo un carácter.