VOLVER A LOS TOMOS
..............................................................................................................................................................

JOSE MIGUEL CARRION Y VALDIVIESO
POLITICO.- Nació en Loja el 17 de Diciembre de1.782 y fueron sus padres legítimos el Maestre de Campo Baltasar Carrión y Aguirre, Regidor y Alcalde Ordinario de Loja e Ignacia Valdivieso de la Carrera, vecinos acaudalados de la nobleza de esa provincia.

Educado con profesores privados en su ciudad natal, viajó a Quito, ingresó de Colegial al Seminario, estudió Filosofía con José Mejía, recibió las primeras órdenes de manos del Obispo José Carrión y Marfil y en 1.803 logró el título de Maestro en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, después prosiguió con los cursos de Jurisprudencia Civil y Canónica, recibió el Subdiaconado de manos de su tío Francisco Javier de la Fita y Carrión, recién llegado para consagrarse Obispo de Cuenca, quien le regaló la Sacristanía Mayor de la Iglesia Matriz de Loja.

En 1.805 fue examinado por el célebre teólogo Joaquín Miguel de Araujo, quien le encontró "bien instruido y suficientemente impuesto en la lengua latina". En l.806 recibió el sacerdocio de manos del Obispo de Quito, José Cuero y Caicedo, pasó a Cuenca, fue nombrado Canónigo Medio Racionero y después Racionero de esa Catedral y el 23 de Enero de 1.810 firmó celebrando los méritos del Obispo Andrés Quintián Ponte de Andrade por su ayuda contra la revolución patriótica del 10 de Agosto del año anterior.

Entre 1.815 y el 18 prosiguió sus estudios de Jurisprudencia en Quito hasta graduarse de Bachiller, Licenciado y Doctor en Cánones. Enseguida viajó a Cuenca y gobernó esa Diócesis como Provisor y Vicario Capitular por fallecimiento del Obispo Ignacio Cortázar y Requena.

En Octubre de 1.820 formó parte de la Junta patriótica designada para gobernar Cuenca, pero se excusó para no herir susceptibilidades, pues no quería un sacerdote politizado ni deseaba malquistarse con los sacerdotes de ambos bandos; mas, de nada le sirvió, porque a los pocos días los realistas ocuparon la ciudad y sufrió persecuciones.

Su carrera política comenzó durante la Gran Colombia a los 42 años de edad. A fines de 1.824 fue designado Rector de la Universidad de Santo Tomás y Diputado por la provincia de Loja. Prefirió lo segundo, viajó a Bogotá, amistó con el Vicepresidente Santander quien le elevó a la categoría de Dean de la Catedral de Quito y tras casi tres años de ausencia regresó y ocupó por cortos meses el rectorado universitario. Entonces firmó una Acta de respaldo a la dictadura de Bolívar y se trasladó a Loja donde vivió casi un año, poniendo en orden sus propiedades agrícolas hasta que ocurrió la invasión peruana acaudillada por el Mariscal José Domingo de Lamar y Cortázar.

Nuevamente en Quito, fue premiado con el Deanato de la Catedral, pero algunos émulos le salieron al paso con varios remitidos acusatorios contra su hermano Manuel, por haber aceptado la gobernación de Loja y prestado auxilios a las tropas peruanas. En 1.830 el nuevo Obispo de Quito José Lasso de la Vega le nombró Rector del Seminario de San Luis. Por sus vínculos de parentesco con la aristocracia era considerado una de las primeras figuras sociales de la capital.

Proclamada la República en Mayo de 1.830 asistió a la Constituyente de Riobamba, luchó con otros eclesiásticos para que no se aceptara la Ley del Patronato eclesiástico expedida por el Congreso de 1.824 y fue candidatizado a Consejero eclesiástico del Estado pero triunfó Nicolás Joaquín de Arteta y Calisto en reñida lid. Esta derrota le significó la pérdida de ese obispado.

En 1.833 nuevamente fue electo Diputado por la provincia de Loja, asistió al Congreso y mereció algunos votos para ocupar la presidencia y la vicepresidencia de esa institución. Laboró en las comisiones de Régimen Interior y Negocios Eclesiásticos, fue nominado Arcediano de la Catedral y con los diputados Vicente Flor y Eguez y Francisco Fernández-Madrid se opuso a la concesión de las facultades extraordinarias al Presidente de la República. Producida la pugna entre el Diputado Vicente Rocafuerte y el Presidente Juan José Flores, renunció a su condición de Diputado al mismo tiempo que lo hacía el jefe de la oposición Vicente Rocafuerte.

De allí en adelante los sucesos se multiplicaron. Los patriotas de "El Quiteño Libre" fueron asesinados, se apresó y envió fuera del país a Rocafuerte, pero al llegar a la costa le liberó el Coronel Pedro Mena y Rocafuerte se hizo fuerte en Guayaquil, iniciando la llamada revolución de los Chihuahuas. El Presidente Flores pasó a combatirlo y aprovechando su ausencia en la capital, los nacionalistas al mando del Dr. José Félix Valdivieso tomaron el poder, mientras se sucedían varios combates en el golfo de Guayaquil entre las fuerzas de Rocafuerte y Flores, que al final se unieron, formando un frente común contra los de Quito.

El 21 de Julio de 1.834 el nuevo gobierno quiteño le comisionó con el Dr. Pablo Merino para dirigir a Flores una comunicación ofreciendo la paz. Los comisionados se reunieron en Babahoyo el 4 de Agosto con los Drs. José Joaquín de Olmedo y Luis Fernando Vivero quienes propusieron una Convención, pero los delegados floreanos replicaron proponiendo un Congreso Extraordinario para que éste la acordase, entendiéndose que si no se llegaba a reunir el Congreso se procedería a instalar la Convención. Merino rechazó la conciliación y llamado Rocafuerte convino en la reunión del Congreso ofreciendo influir en Flores para que la aceptara, pero este se negó y las conferencias cesaron. Entonces marcharon las fuerzas unidas de Flores y Rocafuerte a enfrentar a las nacionalistas de Valdivieso y tras la sangrienta batalla de Miñarica, lograron el control político de la República.

Por su condición sacerdotal Carrión se había declarado neutral en la guerra civil; mas, dado su cercano parentesco con Valdivieso, apareció como sujeto sospechoso a los ojos de los vencedores y Rocafuerte le arrebató el Arcedianato de la catedral de Quito que entregó al Canónigo Pedro Antonio Torres.

A finales de 1.836 nuevamente fue electo Diputado por Loja, presidiendo la sesión preparatoria del Congreso que recién se instaló el 3 de Enero de 1.837. Fue designado miembro de la Comisión de Infracciones eclesiásticas, se opuso a la desmembración de la Diócesis de Cuenca para crear la de Guayaquil por razones meramente económicas y tomó parte en numerosas deliberaciones, sobre todo en el juicio contra el Ministro de Hacienda, Francisco Antonio Tamariz, que a la postre fue censurado. Igualmente se opuso a la intervención del estado en los asuntos eclesiásticos y contradijo a Rocafuerte cuando clausuró el Convictorio de San Fernando de los padres dominicanos, reabierto meses más tarde como Colegio público del estado (1)

En 1.839 nuevamente concurrió al Congreso y el Arzobispo Arteta pidió un Obispo Auxiliar, designación que recayó por unanimidad de votos en Carrión, quien también fue nombrado Consejero de Estado. En 1.840, tras 35 años en los Coros de las catedrales de Quito y Cuenca, solicitó la jubilación y recibió las bulas de Obispo de Botren y auxiliar de Quito. El 42 fue solicitado para el Obispado de Cuenca pero surgió la oposición de parte

(1) El Presidente Rocafuerte acostumbraba asistir a los exámenes finales de los Colegios y Universidades del país. Cuando le tocó el turno al Convictorio de San Fernando, se presentó, fue recibido y tomó asiento en el Tribunal. El profesor de Física, sacerdote dominicano como todos los demás, preguntó al alumno cual era el sistema planetario. El alumno respondió que la tierra era el centro del universo y que el sol, los planetas y las estrellas giraban a su alrededor. El Profesor le felicitó pues en el Quito de l.837 aún se enseñaba el sistema tolemaico. Rocafuerte se levantó airado y clausuró el Convictorio, que meses después fue reabierto con un programa de estudios remozado y profesores nombrados por concurso de oposición en la Universidad Central. Los dominicanos, por supuesto, perdieron hasta el edificio, pero no les importó mucho la cosa pues estaban sumergidos en el oscurantismo.
de varios eclesiásticos. Entonces fue consagrado Obispo de Botren y se posesionó de auxiliar de Quito. En el agasajo que se ofreció con tal motivo el Presidente Flores le colmó de elogios y calificó de dilecto amigo.

En 1.843 inició la Visita oficial a los conventos de Quito, mantuvo pendencias con los franciscanos por asuntos domésticos y al discutirse la nueva Constitución argumentó por cuestiones puramente semánticas que hoy resultarían intrascendentes. En efecto, se había adoptado la siguiente fórmula: La religión de la República será la católica con exclusión de cualquier otro culto público. Y una declaración tan sencilla fue tomada como contraria a la religión católica, pues, según se dijo, la equiparaba con otros cultos públicos y tácitamente permitía la existencia de cultos privados.

Se vivía los primeros conflictos de la Ley del Patronato que sujetaba a los religiosos y eclesiásticos a la autoridad del poder civil, derecho heredado por las nuevas repúblicas americanas; de suerte que el clero estaba reacio a tal sujeción. Carrión y otros eclesiásticos se negaron a prestar el juramento a la Constitución, pero los Obispos Arteta de Quito y Garaycoa de Guayaquil la juraron, lo mismo que el Provisor Mariano Vintimilla de Cuenca. En el convento quiteño de San Francisco la polémica cobró características alarmantes. El Provincial estuvo por el juramento y el Guardián se negó a prestarlo. Igual división se notaba en otros conventos y hasta llegaron a circular numerosas publicaciones. Fray Vicente Solano escribió largo sobre el tema y llegó a afirmar la siguiente tontería: Tolerancia es la permisión y disimulo de lo que no se debiera sufrir sin castigo del que lo ejecuta; por consiguiente, el que jura sostener la tolerancia, jura sostener un mal... y aunque la legislatura les concedió a los renuentes un plazo para el juramento, éste no se prestó por excusas de unos y viajes de otros. Carrión se ausentó a Loja y allí se mantuvo en polémicas por haber aceptado a varios sacerdotes dominicanos que no tenían el permiso de sus superiores, hasta que tras la revolución del 6 de Marzo de l.845 que produjo la caída de Flores, vacó la sede cuencana y estuvo entre los candidatos para ocuparla, pero se excusó. (2)
Entonces tres provincias le designaron Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de Cuenca en Octubre del 45 y le correspondió oficiar la solemne Misa de instalación en la catedral. En la elección para presidirla obtuvo 15 votos frente a 19 de Pablo Merino que salió electo. En cambio logró la Vicepresidencia con 24 votos y cuando se discutió la validez de los tratados de la Virginia suscritos por los revolucionarios con los delegados del Presidente Flores, votó porque se los desconociera por haber sido impuestos bajo la continuidad de una sangrienta guerra civil. Luego se mostró intransigente y pidió la modificatoria de los artículos constitucionales que trataban sobre la religión del estado y la vigencia del Patronato. Finalmente estuvo porque se borrara del escalafón a los militares floreanos y votó para la presidencia de la República por el diputado Vicente Ramón Roca que a la postre salió electo. Gabriel García Moreno comenzaba a intervenir en política y le insultó por ello en su periodiquito "El Zurriago" calificándole soezmente. Al votarse la elección del nuevo Vicario Capitular de Cuenca, puesto que había sido abandonado por el Dr. Mariano Vintimilla, empató con el Dr. Tomás Toral, quien finalmente resultó electo.

Poco después se discutió la designación del nuevo Obispo de Cuenca. Rocafuerte, presidente del Senado, ensalzó los méritos de Fray Manuel Plaza de la Tejera, misionero durante largos años en las zonas afluentes del río Ucayali, quien ocupó esa silla, postergándose nuevamente el ascenso de Carrión a ese Obispado.


(2) Julio Tobar Donoso, que es quien más ha estudiado la vida de Carrión, cuenta que a tal extremo se llevó la discusión sobre la declaración religiosa, que ciertos soldados al ser llamados a jurar la nueva Constitución en Cuenca lloraron de dolor temiendo manchar con un acto ilícito la pureza de su creencia sacrosanta, la virginidad de la fe, la exquisita delicadeza de los sentimientos (sic.) No podemos imaginar la escena pues no corresponde al carácter de los rudos soldados de esos tiempos llorar por complejos conceptos abstractos, a menos que se les hubiere asustado previamente con las penas del fuego eterno.

Sus continuos viajes a Loja y sus actuaciones políticas le habían indispuesto con el Arzobispo Arteta y Calisto, de quien era su Auxiliar. Arteta era un Obispo seco y fanatizado, que no poseía las dotes sociales e intelectuales de Carrión, su fluida oratoria, su atractiva personalidad que ganaba tantos amigos y le distinguía sobremanera en los Congresos. Por eso chocaban ambos eclesiásticos y Carrión salía continuamente de la capital.

En el Congreso de l.847 se suscitó la declaratoria de vacancia por el Congreso del Dean de la Catedral de Quito, Pedro Antonio Torres; quien había vuelto a su tierra, lo que fue considerado una renuncia tácita de su adquirida nacionalidad ecuatoriana. Carrión fue designado para sucederle; mas, el Nuncio en Bogotá manifestó que no se requería tener la nacionalidad del país para ocupar un deanato. El asunto tomó vuelo pero como todo se reducía a la aplicación de las leyes del Patronato, aunque el escándalo fue grave y muy prolongado, terminó por ser olvidado.

A principios del 48 realizó un viaje a la provincia del Imbabura y vuelto de ella le acometieron unas fiebres que lo llevaron al sepulcro el 16 de Febrero, de solo 65 años de edad, posiblemente con paludismo. Sus exequias fueron celebradas por el Arzobispo Arteta y le enterraron en la Catedral.

Fue un celoso defensor de los fueros de la iglesia en una época en que se iniciaban los conflictos con el nuevo poder civil representado por el estado ecuatoriano. Brilló en los Congresos con fuego vivo por su palabra acertada y amena, por el nerviosismo que sabía imprimir a todos sus actos.

Su figura era altiva, poseía una cabeza bien formada, un cuerpo fuerte, más bien atlético, que descollaba en los cenáculos por su aspecto marcial. "Fogoso, aborrecedor de la blandura, cáustico y acerado en ocasiones, le faltó sin embargo el genio de la caridad y la simpatía para cautivar en pro de la doctrina a las almas de sus adversarios."