VOLVER A LOS TOMOS
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Decepcionada del amor regresó a Guayaquil y se retiró a Salinas, donde un mañana conoció al comerciante y Cónsul General de Suecia Iván Bohman. Julieta estaba en la playa por el sol, con un vestido blanco dos piezas, Bohman se sintió inmediatamente atraído y hubo matrimonio.

Instalados en Guayaquil, al principio fueron muy felices, pero las diferencias de caracteres, él sueco y hermético y ella italiana y extrovertida, hizo que la unión terminara en divorcio, con un hijo.

Entonces su hermana Norma se la llevó a vivir con ella en Quito, a una casa alquilaba en la González Suárez, donde Julieta inició una intensa vida de sociedad y desde el 45, a través de la señora Corina del Parral de Velasco Ibarra, quien las invitaba a todas partes, eran infaltables en las recepciones diplomáticas. A fines de año sus cuñados Leonardo Stagg Durkop esposo de Gioconda Descalzi y Carlos Guevara Moreno de Norma Descalzi, ocuparon los Ministerios de Finanzas y de Gobierno respectivamente y cuando arribó de los Estados Unidos el Adjunto Militar Jack Sotham Braden, sobrino del General Braden, y conoció a Julieta en una fiesta, preguntó ¿Who is that beautifull woman? Siendo respondido !It is a nazi! ¡I like that woman! Enseguida se hizo presentar y se casaron en New York donde vivía la familia Sotham, emparentada con lo mejor de la sociedad de Connecticut.

Primero se establecieron en Ray, Julieta puso a su hijo Peter Bohman a estudiar en la Piskil Military Academy en Connecticut, hasta que su esposo el Comandante fue trasladado en 1.953 de Agregado Militar a la Embajada americana en La Habana.

Eran los tiempos del dictador Batista, vivían en el exclusivo barrio de la Copa, concurría diariamente al Habana Yacht Club, allí conoció a la mejor sociedad cubana, entre otras a la Marquesa de Montoso (2) a las Núñez de Villavicencio, a las Casa Montalvo, a las Menoscal, a las O'Farril, a las Márquez, Sterling, a las de la Torriente, que ahora viven en Miami. Por eso Julieta viaja constantemente a esa ciudad y su llegada ocasiona grandes recibimientos y fiestas.
El 57 su esposo abandonó el servicio diplomático y pasó a desempeñar una de las Vicepresidencias de la Compañía Remington Rank en New York, pero Julieta prefirió quedarse en Miami. Su esposo le adquirió la casa más lujosa de la Avenida Grenada en Coral Gable y la iba a visitar todos los meses. Peter estudiaba en la Ramson School de Miami. En ocasiones Julieta viajaba a New York y hacía vida deportiva en el West Chester Country Club donde él era socio.

En Miami le sustrajeron sus joyas pero el seguro pagó todo y no hubo perjuicio. Gastaba su tiempo libre en visitar y ayudar a sus amigas cubanas del exilio, eran los primeros tiempos y estaban en situación, por eso la quieren tanto.

El 63 decidió vivir en Rapallo, donde adquirió una casa en la riviera italiana. Estaba nuevamente divorciada. El 65 pasó a Madrid, fue atendida por su amigo Jacobo Moreno, Conde de Santa Marta de Vabio, divorciado de una de sus primas Mercado de Quito. España atravesaba una dé las peores épocas de pudibundez y se hacía el vacío social a las divorciadas; su amigo le previno sobre este punto, aconsejándole que dijera – como él - que era viuda, pero Julieta jamás ha consentido con la mentira, ni siquiera con las medias tintas y a la primera dama que le preguntó su estado, se lo dijo.

A los pocos meses regresó a Italia donde vivió algún tiempo pero queriendo acercarse a los suyos hizo un viaje a Guayaquil. Su madre había fallecido en 1.950, sus hermanos también, ya no encontró la vieja casa donde fueron tan felices. Se decepcionó al tratar otra vez a la sociedad provinciana de Guayaquil, llena de tonterías, como eso de reunirse dizque a

(2) Amistad que se ha mantenido a través de los años pues en 1.988 Julieta consiguió que Víctor Pino Yerovi escribiera la vida de Albertina O' Farril y de la Campa, quien estuvo casi treinta años prisionera de la dictadura comunista por haber sido secretaria de su tío el ultimo Ministro de Defensa de Batista. La obra constituyó un best seller en Miami y claro, no pudo ser vendida en Cuba donde toda lectura libre está expresamente prohibida y hasta perseguida, especialmente la anticastrista¬.
rezar el rosario cuando la verdad es que pierden su tiempo en inútiles repeticiones, se hartan de golosinas y chismean de todo el mundo. No encontró Opera, ni Conciertos, las exposiciones eran repetitivas. Finalmente volvió a los Estados Unidos y se ubicó en San Francisco, consideraba desde siempre la ciudad más sofisticada de ese país, donde vivió la cultura a plenitud, tratando a personalidades de fama mundial.

Y así, entre San Francisco y Miami estuvo hasta 1.970 que decidió regresar de todas maneras a Guayaquil por vivir cerca de su hijo, nuera y nietas.

Aquí no ha cambiado sus diarios ejercicios gimnásticos, ni ha dejado un solo día de nadar cien piscinas reglamentarias, para conservar no solamente la esbeltez del cuerpo sino también la buena salud general.

Tiene la costumbre de almorzar y cenar con amigas fuera de casa los fines de semana, de recibir en su departamento del Edifico Rocamar, antes estuvo en el Valdra, en pequeñas veladas que ella llama "mis cenas", pues a veces ofrece un plato de espaguetis con salsa a la bolognesa abundante parmigiano y vino tinto, quesos y postres. En otras es un jamón con piña y duraznos, arroz con champiñones, petit poises y postre. Siempre varía, nunca se repite.

Mas, lo principal, es su presencia que agita, pues es piedra de toque en cualquier punto que se trate, teniendo siempre acertadísimas opiniones y por supuesto muy personales. Y cuando las reuniones comienzan a decaer ella pone la nota de humor con sus juegos de prendas inventando las más inverosímiles penitencias para los que pierden. Al punto, que me ha dejado varias veces sorprendido por su inagotable imaginación, por su tremendo poder para que la gente le obedezca ciegamente, para que le disculpen hasta sus equívocos, pues viniendo de Juliet, como le dicen sus íntimos, todo es permitido. Recuerdo hace años que de entrada en un coktail en el Valdra salió disfrazada de Manola con una flor entre los dientes y bailó un zapateado. Acto seguido la concurrencia comenzó a imitarla y se armó la fiesta a todo dar por varias horas; incluso conozco personalidades que en sociedad son incapaces de soltar una alegre carcajada y que a lado de Julieta realizan penitencias como revolcarse inocentemente en la alfombra de su sala a la vista y paciencia de los demás invitados.

Ha pasado por loca, pero así fue también con Manuela Saénz y Marietta de Veintemilla, otras mujeres que vivieron fuera de su tiempo, pues toda mujer que impone su estilo merece el reproche de la sociedad, siempre gobernaba por la hipocresía, la gazmoñería y la media voz.

Suyas son estas confesiones:

"He amado mucho y no me arrepiento pues solo se vive una vida. Creo en la existencia de un Dios que es todo energía y amor, que cuida a sus criaturas hasta cierto punto, pues la libertad se hizo para usarla no para ignorarla por conveniencia, y si volviera a nacer tuviera más hijos pues el que tengo ha sabido llenar mi existencia. Los hijos son la sal de la vida.

No me arrepiento de nada pero hubiera querido estar más tiempo al lado de mi santa madre, toda dulzura para con nosotras, todo amor y comprensión, por eso le he dedicado un poema muy íntimo que se lo rezo en secreto por las noches. Mi padre fue un Cavalieri encantador, con su barba en punta, sus finas maneras, la forma señorial de su proceder siempre y sobre todo por la protección a ultranza que sabía dispensarnos. Ambos hicieron que nuestros caracteres fueran naturales, sin afectaciones ridículas ni pueblerinas.

He vivido fuera de mi tiempo, muchas cosas que hice de joven y que despertaron tantos reproches ahora serían consideradas unas nonadas. Los tiempos han cambiado, lamentablemente mis casi 90 años limitan todo lo que me falta por hacer. Tengo muchas amistades que visitar, ahora mismo estoy planeando un viaje a Miami donde mis amigas queridas. Ando con bastón para no caerme, no me importa que ahora me digan vieja, lo soy a mi manera por supuesto.

He sido bella, bellísima, jamás nadie ha dicho lo contrario, pero mi mayor belleza era interior, mi trato con los demás sin apocamientos ridículos, ni pudibundeces hipócritas. He fumado, ya no lo hago ahora. He bebido con moderación por el gusto de paladear licores finos y sabrosos, no para emborracharme y si me he casado cuatro veces no más, ha sido con extranjeros, que son diferentes a nosotros los ecuatorianos en casi todo.

Mi familia Descalzi siempre ha hecho historia, mi tatarabuelo consta en los Diccionarios Biográficos de la Argentina como el descubridor del Río Negro en el estuario del Plata, fue un gran navegante al servicio de la Corona de España. Mi primo Ricardo fue escritor famoso en Quito. Yo hubiera podido escribir pero siempre fui una gran deportista, en eso gastaba mis energías.

Les aconsejo a las mujeres del presente y del futuro que no se dejen de sus maridos, que por encima de todo sean libres e independientes pues esa es la única vía digna de llegar a la felicidad.

Quiero vivir mis últimos años antes de cumplir los cien junto a la gente, oyendo conversaciones sabrosas, escuchando opiniones doctas. Adoro las tertulias, el intercambio de ideas de provecho, pues solamente así se aprende. Más sabe el que trata a la gente que el que lee muchos libros.

En los tiempos de la tostada, aya por los años 30, fui indiscutiblemente la reina de la sociedad guayaquileña. Esa corona nadie me la ha discutido nunca y me da risa pensar que solo la conseguí por ser yo misma, sin tapujos ni falsos prejuicios".

Yo agrego de mi parte que en los años que llevo haciendo biografías solo he conocido a dos mujeres libres en todo sentido; la Nela Martínez en Quito y Julieta Descalzi en Guayaquil. Las restantes pueden ser muy inteligentes, cultas, artistas, todo lo que se quiera, o valen por sus maridos o se escudan en ellos para la respetabilidad social. En este contexto no entra Norma Plaza que es docta y valientísima.

Y la entrevista finalizó a las ocho de la noche en el balcón de su departamento. Julieta despachó hace varias horas al chofer para atender a su amigo el cronista como solo ella sabe hacerlo, con elegancia y chic. En un kaftan marroquí original y de seda, planeando nuevas aventuras como la que emprenderá en ocho días a los Estados Unidos, esta jovencita de 87 años de edad se queja que le falta tiempo para sus actividades de siempre pues ya no puede realizarlas con la prontitud de antes. Pero de todas maneras nado, camino y viajo, me dice desde la puerta, al despedimos. ¡Así es ella!.

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