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JOSE ANSELMO GARCIA CAJAMARCA
REFUGIADO ORENSE.- Nació hacia 1.892 en la población de Arenillas, provincia de El Oro y fueron sus padres legítimos José Anselmo García, de ancestros colombianos pero natural de Santa Rosa, agricultor que tenía gran facilidad para versificar y hasta dejó un cuaderno de poemas hoy perdido, falleció en el incendio de Santa Rosa de 1.910 y Aurelia Cajamarca Chuchuca, también de Arenillas, condueña de los sitios Arenillas y Cayancas, que murió casi centenaria en Santa Rosa en 1.938 a consecuencia de una caída que le produjo la rotura de su brazo derecho, cuando un perro asustó al caballo que montaba.

Fue el segundo de una familia compuesta de cuatro hermanos que crecieron en Arenillas. Estudió en la escuelita del lugar hasta el octavo grado, pero al fallecimiento de su padre decidió trabajar en el campo porque alguien tenía que velar por su familia, para lo cual seccionó en Pocitos y Cucharetas vastas extensiones de terreno de su familia materna y con su hermano Melchor abrieron una trocha de verano entre Arenillas y Hualtaco y sembraron tabaco. Con el tiempo dotaron a esta última población de la línea telefónica e hicieron frontera viva con el Perú. Por esos días contrajo matrimonio con Alicia González Mesa, de solo catorce años de edad, a quien conoció y trató cuando pasaba por la hacienda El Sauce de los padres de ella ubicada en esos contornos, procrearon doce hijos, de los cuales diez llegaron a la mayoría de edad..

En los años 20 y en razón del negocio vivía en las plantaciones y tenía a su familia en una casa de madera en Huaquillas, que era como un hotel porque allí se alojaban las autoridades militares y encontraban generosa hospitalidad los viajeros de paso al Perú.

Para mejorar sus cultivos hizo venir de Cuba a los tabacólogos Vicente Quintana y Juan Yanes ( éste último falleció años después en Santa Rosa a causa de una aguda peritonitis) y dotó a sus plantaciones de jurones donde apilaban las hojas de tabaco en moños y de prensas para envolverlas en paquetes de un quintal de peso. También le ayudaban dos italianos llamados Augusto Piovesan y Giuseppe N. que sembraban banano, coles, zapallos y hortalizas porque la tierra en Arenillas era propicia para toda clase de cultivos, llovía en invierno y conservaba la humedad en verano, al punto que crecía bien alto el pasto Janeiro, abundaba el ganado de engorde(l) el comercio con el Perú era intenso y los arrieros procedentes de Tumbez y Piura arribaban con sus recuas de mulas cargadas de productos que cambiaban por tabaco, arroz y cacao, de suerte que su economía era solvente y llegó a pagar una profesora para que enseñara a los niños de Huaquillas hasta que con Arturo Pereira Larrea obtuvo de la Municipalidad de Santa Rosa la creación de la primera escuela municipal en Huaquillas, cuyo local solía visitar los domingo de mañana a fin de controlar el desenvolvimiento de las labores pedagógicas y cada fin de curso obsequiaba cortes de tela y pares de zapatos entre los alumnos indigentes.

En Noviembre del 32 el gobierno peruano inició una política agresiva, de penetraciones armadas, que intranquilizaron la región. Un nutrido contingente de individuos pertenecientes a la Guardia Civil abusivamente se llevaron la cosecha de tabaco de Pocitos para venderla en su país. Ya el comercio se había mecanizada. Reinerio Frias y Gumercindo Maldonado poseían camiones para el transporte de mercaderías.

El 35 falleció su hija Ulbia de solo cinco años de edad porque la epidemia de bubónica que azotaba el norte peruano también atacó a Huaquillas cobrando numerosas víctimas. Para colmos, una tarde de ese fatídico año se observó en el horizonte de Huaquillas una gran luminosidad provocada por el incendio de las cercanas plantaciones de

(1) La zona se ha vuelto un desierto amarillo porque tras la invasión de 1.941 el Perú hizo construir una compuerta y represó el río Aguas Verdes, llevándose el líquido vital a otras zonas.
tabaco. De inmediato salió García con gente a caballo. Todos llevaban carabinas de dos cañones para repeler cualquier ataque, pero al llegar al lugar del siniestro en Pocitos comprobaron que el fuego había consumido la mayor parte de los sembríos y que los peruanos habían regresado a su territorio; al poco tiempo volvieron por las zonas de Chacras y Arenillas, obligando a los campesinos ecuatorianos a dejar abandonados sus cultivos y viviendas. Unos se replegaron al norte, otros volvieron a sus lugares de orígen y en Huaquillas el éxodo casi se volvió general cuando una mañana vieron que numerosos soldados peruanos ocupaban la orilla opuesta del río y rodilla en tierra apuntaban con sus fusiles hacia la población. Mi madre enloquecida envolvió en sábana lo que pudo, diría después uno de sus hijos.(2)

Don José Anselmo, su esposa e hijos se fueron en un camión hasta Hualtaco y en una lancha llamada La Mela arribaron de noche a Puerto Bolìvar donde encontraron fondeado al cazatorpedero Libertador Bolívar, todo iluminado porque transportaba al Ingeniero Federico Páez, Jefe del Gobierno ecuatoriano. El avance peruano dio lugar a reclamaciones diplomáticas pero los invasores no renunciaron a sus nuevas posiciones en las orillas del río Aguas Verdes, que era correntoso y luego fue secado.


(2) "En l.935 un solo hombre guarnecía nuestra frontera en Huaquillas, era un legendario policía rural cuya lema, escrito en la ancha cinta tricolor que adornaba su gorra, era vencer o morir. La zona solo contaba con un maestro de escuela llamado el manco Remigio Gómez, porque le faltaba el brazo izquierdo, pero todos los domingos se preparaban los habitantes en estricta formación frente a la casa de los García, para cantar el Himno Nacional y realizar ejercicios militares ya que se veía venir la guerra. Una tarde de ese año arribó a Huaquillas el batallón de caballería Cazadores de los Ríos. Entraron a galope tendido con gallardetes y banderolas agitadas al viento y al mando de un Oficial Rodas, envueltos en nubes de polvo que levantaban los rápidos corceles, pues se había regado la noticia que los peruanos planeaban un ataque inmediato y como nada pasó, a los quince días llegó una orden de Quito y tuvieron que volverse, perdiéndose en la curva que el camino hacía al pasar frente a la casa del colorado Palacios, sombrerero del pueblo."
Desde entonces se perdió para el Ecuador la amplia zona del río Zarumilla, así como las pocas esperanzas que aún restaban de vivir en paz con el vecino del sur.

Don José Anselmo, ya sin las plantaciones de tabaco ni razón alguna para seguir en la frontera, se trasladó a vivir con su familia en una casa propia en el centro de la población de Santa Rosa y siendo un buen ciudadano, pensó que era su deber patriótico alertar a la opinión pública nacional sobre el inminente peligro peruano; pero únicamente consiguió que un Ministro de Gobierno le amenace con llevarlo preso al penal García Moreno "si seguía alarmando al país."

Desde el 35 participó en varios negocios y ocupó la Jefatura Política y luego la Subgerencia del Banco Hipotecario en Santa Rosa, pero ya no disponía de los recursos económicos de antaño. Sus hijos mayores vivían en Guayaquil al cuidado de su hermana Maria Elvira García de Mendoza en un departamento alquilado en Eloy Alfaro y Avenida Olmedo y estudiaban la secundaria en el Vicente Rocafuerte.

Y tal como lo había predicho se realizó, pues casi seis años después, el domingo 6 de Julio del 41 los peruanos atacaron las posiciones ecuatorianas en el sitio El Bramador cercano a Huaquillas, generalizándose las operaciones bélicas en toda la zona porque la aviación enemiga bombardeó Chacras y en el sitio Guabillo se libró un duelo de artillería hasta altas horas de la noche. La Cancillería peruana acusó a los ecuatorianos de ser los agresores. El Martes 8 el Subsecretario de Defensa del Ecuador, Cor. Eleodoro Sáenz, informó al país que acababa de recibir un telegrama del Comandante Luis Octavio Ochoa, Jefe de la frontera sur, quien indicaba que todo estaba tranquilo, habían cesado los fuegos y que las fuerzas ecuatorianas no cedieron posiciones. El Miércoles 9 los diarios anunciaban alarmantes preparativos y movilizaciones de de tropas peruanas en la frontera. El Viernes 11 la Municipalidad de Guayaquil entregaba S/. 10.000 como cuota inicial para la compra de dos aviones en los Estados Unidos, ofreciendo abonar el saldo al momento en que dichos aviones estuvieren listos. El Sábado l2 los diarios seguían anunciando que el Perú acumulaba soldados y material bélico en la frontera. Los aviadores Carlos Dávila Vásquez y Víctor Hugo Meneses Ontaneda, presos en el penal García Moreno desde la revuelta de los aviadores de 1.940, en favor del candidato presidencial Velasco Ibarra, solicitaron al Presidente Arroyo del Río, se les permitiera marchar a la frontera como pilotos graduados o como los últimos soldados de la Patria y prometían en caso de sobrevivir a la contienda, que volverían a ocupar sus respectivas celdas; pero ni siquiera obtuvieron una contestación.

El Lunes 14 el Perú anunció que solo aceptaría la mediación Tripartita. El Martes 15 tropas peruanas volvieron a atacar Chacras y abrieron fuego en los sitios Uña de Gato y La Delicia. Benjamin Wells, hijo del Canciller de los Estados Unidos Summer Wells, arribó en avión a Santa Rosa y recorrió la frontera. El Jueves 17 el Perú anunció que aceptaba la desmilitarización de la zona comprendida entre el río Zarumilla y la quebrada de Cazaderos, así como la suscripción de un Pacto de Paz y Amistad, El Viernes 25 se produjo el combate de Jambelí frente al muelle de Puerto Bolívar, entre el Abdón Calderón y el destructor peruano Almirante Villar, que quedó tan dañado que tuvo que ser remolcado al Perú por otra nave. Esta victoria le permitió al Ecuador la conservación del dominio del golfo de Guayaquil. El Domingo 27 se pensaba que habían cesado las hostilidades pero el Miércoles 30 la aviación peruana bombardeó Machala, Puerto Bolívar y El Pasaje con un saldo de cien personas muertas entre ellas varias mujeres y menores de edad. El Jueves 31 los peruanos entraron a Machala y se dedicaron al pillaje y saqueo. Poco después bombardearon Santa Rosa sin importarles que dicha población lleva el nombre de la Santa limeña y provocaron un gigantesco incendio que comenzó entre las casas de Manuel Espinosa y la de José Anselmo García Cajamarca desapareciendo 120 edificios.

Los pobladores de Santa Rosa se internaron en las montañas y tras numerosos peligros y contratiempos llegaron al puerto de Tendales y por allí emigraron a Guayaquil en balandras. A principios de Agosto arribó la familia García al muelle No. 8 y tras una corta estadía fueron destinados a Riobamba. Allí se les acomodó en la Escuela 11 de Noviembre a una cuadra del hospital San Vicente de Paúl que les brindaba gratuitamente la comida. Un mes después pudieron arrendar un cuarto en S/. 30 en la calle Villareal. Mucha gente les trataba con cariño, sobre todo la familia de la viuda Filomena de Galliani y la de Juan Tormen. Don José Anselmo consiguió trabajar como Jefe de obra en una Urbanización, pero a medida que transcurrían los meses el calificativo refugiado orense se volvió en extremo incómodo, casi una mala palabra. Así las cosas, llegó la paz en Enero del 42 con la suscripción del írrito protocolo de Río de Janeiro.

Al finalizar el curso lectivo en Julio del 42 su esposa e hijos viajaron a Quito, creyendo hallar mejores oportunidades pero no fue así y había días que no tenían qué comer. Por esa época arrendaban un departamento en la Olmedo, casa del Maestro Sixto Maria Duran, al que ya le faltaban los dedos de una mano no podía tocar su piano y quizá por eso se había dado a la bebida. Después alquilaron en la calle Alianza cerca de San Diego y finalmente en la Imbabura, casa de Bolívar Guerra. Ya don José Anselmo había regresado a trabajar en Arenillas pero la sequía que azoló esa zona hasta 1.945 terminó por arruinarle.

El 46 fue Subaministrador de Aduanas en Huaquillas. El 47 se trasladó definitivamente a Guayaquil y arrendó un departamento en la Avda. del Ejército y Colón. Sus hijas mayores trabajaban y ayudaban al mantenimiento del hogar. El 52 comenzó a trabajar para Alcides Ollague Loayza, exportador de banano y frutas (naranjas sin pepas cultivadas en la hacienda La Esperanza en Santa Rosa, que se exportaban a los Estados Unidos) pero desde el 54 sufrió una enfermedad progresiva y degenerativa a la médula que le postró en cama y terminó por paralizarle. Había enflaquecido sin perder su bondad ni su sonrisa espontánea.
Alquilaba en Luque entre Boyacá y García Avilés y falleció rodeado del amor de los suyos el 19 de Marzo de 1.956, de solamente 64 años de edad, quien había vivido tratando de ser útil a su país y a sus semejantes. Más bien alto y robusto y aunque en sus años postreros sufrió lo indecible –pobreza, enfermedad, dolores y parálisis final- nunca se le vio llorar pues era estoico y resignado.