En l.928 presidía la
Sociedad General de Crédito, cuyo Vicepresidente
era el Dr. Pedro Miller y Gutiérrez, esposo
de Mercedes Wright Aguirre, prima hermana de Marcos
Aguirre. Eran sus Gerentes su hijo Juan Xavier Marcos
Aguirre y Carlos León P.
El joven Noboa diría:
Mi trabajo consistía en pasar papeles, engomar
sobres, poner en orden los escritoríos. Como
dato curíoso cabe indicar que nunca le dieron
un escritorío para despachar y que al ordenar
cada quincena los billetes de banco que recibirían
los empleados en sus respectivos sobres, se iba al
servicio higiénico y encerrado con llave se
sentaba a trabajar en la taza de baño
Como mensajero tenía
la responsabilidad de entregar la correspondencia
que se despachaba a diferentes sectores de la ciudad
, también le hicieron cargo del almacén
y en cada ocasión que un empleado le solicitaba
un canutero nuevo, debía exigir el usado, como
control. Lo mismo con el papel secante y con los demás
útiles de oficina. El ahorro se practicaba
en el Banco por principio y no por otra razón.
"Pronto me quisieron todos
mis compañeros que dada sus edades bien podían
ser mis padres. El propio Gerente Juan X. Marcos me
tomó aprecio y a veces me hacía sentar
a su lado, pudiendo observar cómo se realizaban
las transacciones en la ciudad."
En la edad de los primeros
juegos, Luis A. Noboa Naranjo, como empezó
a llamarse desde entonces, no tuvo juguetes ni amigos,
trataba con personas mayores y aprendió rápidamente
a ser como ellos. Pero ni las injusticias ni nada
pudieron acibarar su vida, pues estaba hecho para
los más elevados sentimientos de bondad. Años
después, un miembro íntimo de su familia
comentaría alegremente que su mayor virtud
era la mansedumbre de corazón, pues perdonaba
agravios con gran facilidad y no recordaba ofensas.
ESTUDIOS DE CONTABILIDAD MERCANTIL
En 1.929 inició un curso
nocturno de contabilidad en el Colegio Mercantil del
Profesor Marco A. Reinoso Siempre le habían
atraído los números y las matemáticas;
era un ser inteligente, rápido, trabajador
y simple, que no se complicaba con problemas filosóficos
ni existenciales porque las durezas de la orfandad
le había hecho muy práctico Tenía
una notable destreza para los números pues
podía sumar, restar, multiplicar o dividir
cantidades de 5, 6 y 7 cifras con una aproximación
casi matemática.
REMATISTA EN LA ADUANA.-
"Tenía apenas seis
meses trabajando cuando le solicité al joven
Marcos un préstamo por S/. 3.ooo. En tres meses
tendrá Ud. de vuelta su dinero y una ganancia
de S/. 3.ooo" Deslumbrado por la audacia del
muchacho le concedió el préstamo Llegada
la fecha, teniendo solamente trece años, pagó
hasta el último centavo y pidió S/.
6.ooo en iguales condiciones. Finalmente fueron S/.
loooo, suma crecida para la época, por eso
el joven Marcos, antes de concederselo, le preguntó
sorprendido ¿En qué negocios somos socios?
y al saber que su joven empleado se enteraba de los
remates en la aduana y que invertía en aquello
que tenía mejor salida, con lo que lograba
más utilidad, gustosamente le concedió
el crédito, pues se había dado cuenta
que estaba frente a un gran comerciante y a un empresarío
en ciernes.
A LAS PUERTAS DEL CORREO
Y al margen de estas actividades,
a fin de ganar algo más para ayudar al sostenimiento
de su hogar, donde ya era el jefe, se propuso utilizar
su buena caligrafía desde las seis de la tarde
en adelante, cuando las oficinas del Correo cerraba
sus puertas. Entonces se sentaba en una de las esquinas
y por dos sucres escribía cartas, que los indígenas
y policías en su mayor parte iletrados, enviaban
a sus familiares de la sierra. En dicho precio estaba
incluído el papel, el sobre y la estampilla
que sacaba de su bolsillo Había noches que
hacía hasta treinta cartas. Los fines de semana
y días de fiesta salía a la calle en
busca de algún negocio, que casi siempre encontraba
porque era un zahorí en esa matería
y tras cinco años de trabajar en la Sociedad
General, fue por corto tiempo vendedor al mayoreo
y por comisión en la Unión Azucarera
, también de los Marcos. Empezaba a abrirse
campo por su propia cuenta y quedaban atrás
sus tiempos de canillita, de buhonero, de conserje,
de escribidor.
LA RESIDENCIAL DEL BOULEVARD
En l.93O la situación
familiar había mejorado Dña. Zoila llevaba
varíos años preparando y vendiendo comida
a domicilio Finalmente pudo instalar una pequeña
residencial en un departamento alquilado en el boulevard
entre Rumichaca y Santa Elena, frente a la Zona Militar,
para lo cual tuvo que vender las dos libras esterlinas
que le quedaban en S/. l.6oo y aumentó su capital
a S/. 8.ooo Instalada la residencial para familias
serranas que arribaran en tren a Guayaquil, como la
comida era buena y abundante, el trato siempre cortés,
existía orden e higiene en los cuartos, estaba
situada en pleno centro de la urbe y sus precios eran
asequibles a todos los bolsillos, pronto se llenó
de clientela.
"El negocio prosperó,
me gustaba mucho, al poco tiempo arrendé el
departamento de al lado, porque era una especie de
entretención permanente. Por las noches Adolfito
lustraba los zapatos de los huéspedes y ganaba
algún dinero extra."
ALQUILA EL HOTEL TIVOLI
En l.932 juntó nuevamente
sus ahorros y tomó en alquiler el Hotel Tívoli
fundado por Carlos Romero Véles en una casa
de madera de tres plantas, una baja y dos altas, pintadas
de color verde, en parte del extenso solar donde hoy
se levanta el edificio del Banco Central del Ecuador,
en el boulevard 9 de Octubre y Pichincha esquina.
Para entonces el Tívoli era de Evangelista
Calero Gaibor que como no sabía de administración
hotelera se lo dió barato a Doña Zoila
y finalmente terminó vendiendoselo Sin embargo
el asunto se presentaba difícil en sus comienzos
pero con perseverancia y trabajo ella logró
salir adelante.
Las jornadas comenzaban a las
6 de la mañana. A esa hora concurría
al Mercado Sur a comprar los alimentos. A las siete
abría el Comedor y principiaba a servirse el
desayuno, se arreglaban los cuartos y los salones
principales. Revisaba diaríamente estas labores,
discutía el menú del día con
el cocinero, instruía y dirigía a los
saloneros en el trato que debían mantener con
los huéspedes. El almuerzo se servía
desde las doce en punto y el comedor se cerraba a
las tres. Desde esa hora hasta las siete solo había
atención en el bar. El Comedor se volvía
a abrir a las siete de la noche para servir la cena.
A las nueve finalizaba la atención al público
y solo entonces doña Zoila regresaba al hogar
donde su hija María hacía sus veces.
Casi siempre la acompañaba su hijo Luis Adolfo,
en otras ocasiones era Enrique, pero nunca volvía
sola porque a pesar que la ciudad no ofrecía
peligros, era mal visto que una dama transitara por
las noches sin la presencia de un caballero de la
familia.
Su hijo Luis Adolfo tenía
diecisiete años, el carácter extrovertido,
la mirada inteligente, los gestos rápidos y
acostumbraba socializar con los huéspedes del
hotel. Con Víctor Manuel Toral Illescas, cuencano
y de profesión vendedor, solía trotar
a las seis hasta el Estero Salado, donde se refrescaban
con un saludable baño en las frías y
saladas aguas. El regreso era igualmente al trote
justo a tiempo para una ducha fría antes del
desayuno
CAMBIO DE MONEDAS Y VENTA DE SOUVENIRS
En Enero de l.933 estableció
una oficina en el boulevard 9 de Octubre No 113 entre
Malecón y Pichincha, cerca de los bancos, pues
el dinero tiene que buscar al dinero Su amigo Nelson
Uraga Suarez le garantizó el contrato de arrendamiento
Era un negocio de cambio de monedas, venta de loterías,
souvenirs turisticos, sombreros de paja toquilla y
pequeñas representaciones - las plumas Parker
entre otras - en general todo lo que tuviera pronta
salida. Se inscribió en la Cámara de
Comercio e hizo las veces de Gerente, Contador, Cajero
y Conserje, funciones que desempeñó
simultáneamente, como diría con mucha
gracia en su vejez. Pronto la Oficina comenzó
a ser conocida como "La Funeraría"
por la costumbre de su dueño de no cerrar nunca
y trabajar hasta muy tarde incluso sábados
y domingo; pero se daba tiempo para reunirse con varíos
amigos: Gustavo Medina Vallejo, Carlos D´Ortignacq,
Marcos Lamota, Martin Arellano, Víctor Salgado,
Alberto Ruiz de Banegas entre otros y mientras hablaban
de muchachas y otros temas del momento, él
sacaba su libreta y lápiz y se abstraía
en cálculos.
Una vez, al despedirse, Vallejo
pronosticó "Este Noboa es de la madera
de los millonaríos... Quizá por eso
pronto comenzó a prosperar.
NEGOCIOS CON ESTRADA
La vecindad al Banco La Previsora
le había amistado con su Gerente Víctor
Emilio Estrada Sciacaluga, personaje inteligentísimo
pero malgenioso y cascarrabias, con quien se saludaba
diaríamente. Estrada era un hombre superíor
y gran conocedor del corazón humano y viendo
al joven Noboa tan activo y seguro de sí mismo,
le quizo llevar a una de las subgerencias del banco,
que este no aceptó por cuanto jamás
le interesaron los empleos de escritorío; pero
era tal su personalidad vivaz y extrovertida que decidió
no perderlo "Este joven vale oro" decía
para si y le ofreció hacerle su socio como
accionista minoritarío en "Comercio y
Mandato" después transformada en "Comandanto
S.A.", empresa importadora y de representaciones
- sobre todo norteamericanas - que acababa de fundar.
Era la gran oportunidad esperada,
tenía crédito abierto, pero había
que trabajar duro para introducir los nuevos artículos
en el mercado La Previsora era un banco comercial,
al revés de la Sociedad General que se dedicaba
a representaciones bancarías, navieras y de
seguros, administrar propiedades, guardar valores
y a respaldar los negocios privados de los Marcos,
padre e hijo; sin tener sección comercial.
Estrada le ofreció el
33% de las acciones, que no era poca cosa dada la
terrible pobreza reinante en el país desde
la crisis del cacao, agravada con la crísis
política provocada por la revolución
del 9 de Julio de l.925 que ocasionó el cierre
del Banco Comercial y Agrícola. En Noviembre
del 29 se produjo la quiebra de la Bolsa de Valores
de Wall Street donde el Banco del Ecuador perdió
sus depósitos oro y ya sin ese respaldo entró
en liquidación voluntaría el 3l. Todo
indicaba que se vivía la peor crisis en la
historía del país y efectivamente lo
fue. Los negocios decayeron, las construcciones se
paralizaron, la campesinos desesperaban viendo a las
ricas plantaciones de cacao transformarse en simples
manchas.
Por ello aceptó la oferta
de Estada y en l.934 asumió la gerencia sin
cerrar su oficina, que continuó funcionando
administrada por su amigo Miguel Macías Burham.
Y talcomolo había pensado
Estrada, su joven socio logró llevar a Comercio
y Mandato algunas representaciones de importancia
como Penetro, la General Motor Co fabricante de la
Chrysler, y sobre todo gestionó en Atlanta,
Estados Unidos, con los dueños de Coca Cola,
la licencia para producirla y embotellarla en Guayaquil
a través de una planta que quizo tener propia,
pero falto de capital terminó cediendola a
Estrada. Lamentablemente el carácter explosivo
de ambos, que no estaban hechos para mantener sociedades,
les separó a los ocho meses solamente, aunque
quedaron de amigos. "No congeniabamos, estallabamos."
EL ANILLO DE LA BUENA SUERTE
Nuevamente solo, en l.935 le
ocurrió la siguiente anécdota. Un joven
marino recién llegado al puerto y necesitado
de dinero, le vendió su anillo de graduación
con un rubí y aunque le quedaba grande, desde
entonces se acostumbró a usarlo en la mano
derecha porque pensaba que le traía suerte.
La gema era legítima, hermosa, valiosa, pero
lo de la buena suerte era cosa de su dueño
que con sus acciones ganaba oportunidades y capitales,
pues de su madre había aprendido a trabajar
duro, franco y a fondo El triunfo es el triunfo del
trabajo, nada más.
Coincidencialmente "conseguí
para mi la representación de la firma de automotores
De Soto y fui expandiendo mi modesta oficina con el
negocio de compra de arroz en los campos. Apenas lograda
la representación de los automóviles,
llegué con un hermoso carro para mi madre.
En dicho automóvil pasearon los hijos, los
sobrinos y también los amigos de los sobrinos
por muchos años, pues era un vehículo
fuerte, durable y de lujo"
Mientras tanto doña
Zoila seguía atareada en el Hotel, su hija
María había contraído nupcias
con Carlos Suarez Pareja y tenía tres hijos
llamados Vilma, Mauricio y Sixto Viuda casó
años después con Giacinto Coopmans Saporiti,
hijo del Conde Yoldi, sin hijos. Enrique trabajaba
en el Ingenio Isabel María. Amanda estudíaba.
Por eso se ha dicho que en los años 2O la familia
Noboa Naranjo sufrió pobreza extrema, en los
3O por el esfuerzo de sus miembros les mejoró
notablemente la situación, al punto que en
los años 4O ya existían dos miembros
ricos: Doña Zoila y su hijo Luis, aunque primero
se hizo rica ella, tal su genialidad. Así,
pues, las grandes penurías y necesidades habían
quedado olvidadas en el cajón de los recuerdos
En cuanto al Hotel, Doña
Zoila comentaría que durante uno de sus viajes
a los Estados Unidos, en l.946, sus hijos aprovecharon
su ausencia y se lo vendieron para que pudiera descansar.