ZOILA NARANJO DE NOBOA
ACTIVISTA SOCIAL.-
Nació en Ambato el 27 de Junio de 1.896 y fueron
sus padres legítimos Roberto Naranjo Vásconez
hermano del Dr. Alcides Naranjo Vásconez, prestante
abogado y el más rico ambateño en 1.911
según la "Guía Comercial y Agrícola
del Ecuador" de ese año, y Delia Villota
Arias. Fue la última de una familia compuesta
de cinco hermanos y por eso la llamaban "La Guagua",
apodo que le quedó entre sus descendientes
para toda la vida.
Cursó sus estudios primarios
con las monjas. En 1.909 ayudaba a su madre en las
tareas domésticas y como tenía gran
habilidad para el bordado empezó a confeccionar
artísticos tapetes que vendía en la
feria y desde que se levantaba no descansaba hasta
que se ponía el sol.
Siempre de buen carácter,
aunque a veces tomaba decisiones fuertes, era una
espigada jovencita más bien alta, de piel canela,
ojos café oscuros y pelo negro y rizado, lo
que se dice de buen ver, cuando conoció a Luis
Adolfo Noboa Ledesma, recién llegado de Guayaquil
como empleado de la estación del ferrocarril,
con quien contrajo matrimonio en 1.910. Pronto nacieron
tres hijos.
En 1.918 su esposo partió
a Guayaquil y a Lima en busca de mejores oportunidades,
finalmente siguió a La Serena en el norte de
Chile. En 1.923 tenía consultorio en el pueblo
montañoso de Nogales y mandó a llamar
a los suyos, pronto salió otra vez encinta
y cuando todo parecía sonreírles, su
esposo sufrió una caída de caballo y
murió.
Nuevamente en Guayaquil y en
avanzado estado de gestación, la abuelita de
su esposo la amparó en un primer momento en
su casa en la esquina de Quito y Vélez donde
nació Amanda y empezó a ganarse la vida
vendiendo leche y pan. Fue una época dura pero
pudo sacar adelante a la familia. Sus hijos estudiaban
en el Colegio salesiano Cristóbal Colón
y sus hijas en la Inmaculada.
En 1.929 vivía en Bolívar
y General Córdova. El 32 se cambió a
dos departamentos en 9 de Octubre y Santa Elena e
instaló una residencial familiar que se llenó
de clientela. Sus hijos Luis y Enrique trabajaban
juntos en una pequeña oficina de cambio de
monedas y venta de souvenirs en el boulevard.
El 35 tomó en administración
el Grand Hotel Ritz fundado por Carlos Romero Vélez,
ubicado en el boulevard y General Córdova,
sobre parte del solar que hoy ocupa el Banco Central,
al que denominó Hotel Guayaquil. Muy por la
mañana iba al mercado, regresaba a preparar
los desayunos y a disponer el almuerzo, controlaba
a los saloneros, la limpieza de la cocina, la despensa,
los cuartos, escaleras, corredores y servicios higiénicos
y vigilaba que todo marchara en orden. Por la tarde
hacía cuentas y tras la cena regresaba a su
hogar ubicado en el edificio de los Di Puglia, en
Rocafuerte y Roca, donde su hija María hacía
de ama de casa.
Era la amiga y confidente de
todos aunque guardando las distancias, pero le gustaba
agradar a los demás y ayudaba cuanto podía.
Con el trato diario a extranjeros llegó a entender
el inglés aunque siempre con dificultades para
hablarlo. Religiosa sin aspavientos, rezaba sus oraciones
y en ratos de ocio recitaba poesías más
bien filosóficas y de autores conocidos. Muy
competente, sabía cocinar sabroso, desde los
dulces típicos como el manjar de leche y la
melcocha, hasta ciertos platillos internacionales
y de gran acogida, tales como el arroz a la Chiclayana,
que preparaba con pato, cerveza y culantro.
Activa y participativa, no
transigía con el error ni la mentira y se movía
permanentemente. Cuando caminaba iba tejiendo con
las manos. Bajo su dirección el Hotel Guayaquil
se convirtió en el hotel de moda, en el preferido
en una ciudad pequeña y de edificios de madera
que no llegaba ni a los 150.000 habitantes. El Hotel
tenía todos los adelantos de la vida moderna:
ventiladores, agua caliente en los baños, luz
eléctrica y precios al alcance de cualquier
bolsillo.
El 32 casó su hija Maria
con Carlos Suárez Pareja, el 36 su hijo Enrique
con Maria Game Santos y se quedaron a vivir con su
madre. El 42 Luis con Isabel Pontón Avila.
El 43 Amanda con Enrique Ponce Luque. Entonces los
Ponce y los Suárez alquilaron dos departamentos
contiguos en Vélez entre Chile y Chimborazo
mientras Enrique y su familia vivían a la vuelta,
arriba del cine Aladino, en Chimborazo entre 9 de
Octubre y Vélez.
La situación económica
había cambiado. Su hijo Luis realizaba espléndidos
negocios en su Piladora Ecuador al sur de la ciudad.
Desde el 47 fue exportador exclusivo de banano para
el mercado norteamericano de la poderosa firma transnacional
Standard Fruit Co. percibiendo excelentes comisiones.
Doña Zoila había adquirido una villa
de cemento en la Ciudadela Victoria de Playas, pero
como siempre estaba ocupada, la destinó para
las vacaciones de sus nietos, que aún recuerdan
con simpatía y nostalgia esos tiempos.
El 48, en un viaje que realizó
a los Estados Unidos, sus hijos aprovecharon para
venderle el Hotel y cuando regresó se encontró
que estaba jubilada a los 52 años de edad.
Entonces realizó un largo recorrido por diversos
países sudamericanos acompañada de su
nieto mayor Mauricio Suárez Noboa que siempre
fue su preferido.
En Agosto de 1.949 ayudó
a los damnificados del terremoto de Ambato desde un
primer momento con la Cruz Roja Ecuatoriana, en el
reparto de víveres; pero viendo que iban a
parar a manos de algunos comerciantes inescrupulosos
de Quito, realizó dos viajes más presidiendo
una caravana de camiones fletados y llenos de víveres
y de carpas, colchas, frazadas y demás prendas
necesarias para combatir las bajas temperaturas en
despampado, en buena parte pagado de su bolsillo,
otra la había solicitado a empresas grandes
como la Universal de los Segale Noreno, Briz Sánchez,
etc. A su hijo Luis le pidió 500 quintales
de arroz y tras varias semanas de recorrer las diversas
poblaciones en ruina en la provincia del Tungurahua,
volvió a su hogar.
Su nieta Isabel cuenta con
mucha gracia que en un viaje a Salinas el auto en
que iban atropelló un chancho que quedó
tendido en la carretera. Entonces Doña Zoila
le gritó al chofer que parara para recogerlo.
Abuelita, si el chancho no es nuestro ¿Cómo
lo vamos a recoger? Hijita, peor es que se desperdicie,
fue la respuesta.
El 54 su hijo Luis la llevó
a vivir a una villa en Cañar y Eloy Alfaro
con amplios patios que iban hasta la calle Chile,
que en Diciembre se hizo famosa por el enorme nacimiento
de más de 300 figuras que exhibía en
la escalera de cemento de la entrada.
Los 27 de Junio celebraba su
santo con un almuerzo típico. Concurrían
sus hijos, nueras, yernos y nietos; así como
numerosas amigas, prolongandose el festejo hasta la
tarde con juegos de cartas y solo a las ocho de la
noche concluía la reunión.
El 55, tras la experiencia
de Ambato, fundó con varias personas amigas
el movimiento "Justicia Social", nacido
al rescoldo de su gran corazón, que deseaba
para los niños y jóvenes del país
una preparación técnica de acuerdo con
el cambiante mundo moderno que se comenzaba a vivir
en Guayaquil. Creó una escuela y un dispensario
médico en el suburbio y otro en Cerecita, a
donde también hizo construir una escuela y
una capilla y hacia allá viajaba semanalmente
para los repartos de ropa y alimentos.
"Justicia Social"
cumplió con la comunidad y cuando se inició
la campaña presidencial del 56, cometió
el error de aceptar la invitación que le hizo
una delegación de Quito para auspiciar al candidato
conservador Dr. Camilo Ponce Enríquez, pues
su movimiento había nacido apolítico
y aunque siempre repetía que era una Católica,
apostólica y romana, se sentía y actuaba
como una cristiana de avanzado criterio social.
Y cuando el candidato conservador
entró en Guayaquil le aplaudió desde
el balcón de nuestro departamento en el boulevard
y lo hizo con tanto fervor, que su pulsera de oro
cayó a]a vereda, perdiéndose entre la
multitud. En estas labores políticas la secundaban
Guillermo Molina Defranc, Vicente Bravo Malo, Guillermo
Constante Illingworth entre otros dirigentes de la
derecha de entonces.
Una persona que la trató
en dicho período me ha referido que en su barrio
de Eloy Alfaro y Cañar vivía un padre
de familia que no era poncista. Doña Zoila
le fue a visitar con ropa y alimentos y él
le aclaró su posición política..
Ella no le contradijo. Semanas después le volvió
a visitar y como al mes le hizo una tercera entrega.
Entonces el buen hombre le dijo - Yo quisiera afiliarme
a su comité ¿Cuanto debo aportar? pues
era costumbre pagar S/. 10 al CFP cada mes. Doña
Zoila le aclaró que no quería ni su
dinero ni su afiliación, con lo cual ganó
un partidario y también un excelente y respetuoso
amigo.
Durante la presidencia de Ponce
siguió en sus repartos sin recibir un solo
centavo del gobierno, que nada hizo para engrandecer
el movimiento, que cesó en 1.960 cuando el
Presidente fue pifiado en el estadio Modelo de Guayaquil
ante 50.000 espectadores y hasta corrió el
riesgo de ser linchado. Entonces sus hijos rogaron
a Doña Zoila que no siguiera en esos ajetreos
peligrosos para su salud.
Tenía solamente 64 años
de edad y había encanecido pero conservaba
las fuerzas y el carácter y se había
ganado la buena voluntad y admiración de la
ciudad, así corno la malquerencia de los que
veían diariamente disminuir el número
de sus adeptos, por eso los cefepistas de Don Buca
tenían por costumbre boicotearle los repartos
de víveres. Un sábado a las doce del
día la atacaron a piedras y sin ningún
motivo en la Atarazana mientras realizaba uno de sus
repartos de alimentos preparados por ella misma, el
Intendente Carlos Alarcón Burbano tuvo que
salvarla de las iras de los contrarios, que finalmente
se dieron por satisfechos cuando se apoderaron de
la comida.. En dicha batalla campal Alarcón
salió herido en la cabeza y tuve que auxiliarle
pues le acompañaba por ser su vecino.
Tantos contratiempos eran para
ella algo normal pues siempre hacía el bien
sin esperar resultados políticos ni premio
a su conducta. Su frase preferida era "Viva,
viva" que denotaba su habitual optimismo y que
supo trasmitir a su hijo Luis.. Ella, como mujer práctica,
creía que al vivo hay que ayudar y al muerto
solo con oraciones al cielo, con lo cual sintetizaba
su filosofía de vida, al tiempo que no descuidaba
visitar el Hospital de ancianos los domingos de mañana,
costumbre que conservó por años, haciéndose
acompañar de sus nietas, a quienes enseñaba
a dar de comer a los más viejecitos en la boca,
pues ya no podían manejarse por si solos. Los
domingos de tarde concurría a la Cárcel
Pública Municipal a entregar panes y dinero
a los presos.
Cada fin de semana "sus
panaderos" preparaban los panes que ella se encargaba
de repartir, en muchas ocasiones majando lodo en el
suburbio. Después de 1.960 los panes se hacían
en unos hornos que hizo instalar en la Molinera Noboa,
con harina que su hijo le obsequiaba; pues, sus caridades,
como las llamaba, eran en gran escala. El día
de la Madre obsequiaba en el suburbio un billete de
S/. 5 - que entonces eran bastante - y un Pan de Pascua
(de dulce con frutas deshidratadas) a cada madre pobre
que encontraba a su paso. En las navidades los panes
se entregaban en canastas que contenían diferentes
víveres, eran sus Pascua a los más pobres
y a los ancianos; sin embargo, la mas hermosa de sus
obras eran las visitas al hospital de aislamiento
de LEA. que realizaba puntualmente y sin ningún
temor al contagio. En ellas hablaba con los enfermos
para infundirles ánimo y les obligaba a recibir
una transfusión de sangre para ganar fuerzas,
llevando a los donantes de la Piladora, la Molinera
o de cualquier otra parte, por simple solidaridad.
El 67, durante un viaje a New
York y a causa de su presión arterial elevada
sufrió un derrame cerebral. Atendida a tiempo,
fue traída en avión ambulancia a Guayaquil
y su hijo Luis le compró una villa de cemento
en Nicolás Augusto González No. 101
y Rosa Borja, contigua a la de su hija Amanda, para
que se acompañaran. Dicho predio había
sido construido por Eduardo López Proaño,
uno de los promotores del barrio del Centenario.
Al poco tiempo, recuperada
enteramente, pudo volver a su vida normal, caminando,
tejiendo, visitando a los suyos por las mañanas
y las tardes pues no descansaba nunca. Los sábados
tenía por costumbre pasear en carro por el
carretero a Daule. Salía a eso de las once
con algún familiar, compraba frutas pues le
agradaban los mangos, almorzaban en el trayecto. El
regreso era a las 3 de la tarde.
Con sus hermanos de Ambato
siempre muy unida: Mercedes de Brando, Rosa de Suárez,
Jorge e Isabel de Viteri. A todos escribía,
llamaba por teléfono y ayudaba en lo que podía,
pues gozaba siendo útil.
El 75 falleció su hijo
Enrique en el Ochsner Foundation Hospital de New Orleans
a consecuencia de un cateterismo mal realizado. El
deceso le fue ocultado, se encontraba muy viejecita,
pero ella lo adivinó cuando empezó a
notar la falta de su hijo y hasta se atrevió
a interrogar en cierta ocasión a su nieta Zoilita
¿Donde está tu papá? Creo que
ya no existe...
El 76 le repitió el
derrame y no se recuperó por varias complicaciones
al corazón y los riñones. Su hijo Luis
le trajo un especialista de los Estados Unidos, quien
dejó el tratamiento para que lo aplicara el
Dr. Miguel Coello. En la madrugada del 24 de Junio
de 1.977 se levantó para ir al baño
y posiblemente sufrió otro derrame que le hizo
caer al suelo. El golpe despertó a la veladora,
fue conducida a la cama sin recuperar el conocimiento
y falleció a las cuatro de la mañana,
faltándole solamente tres días para
cumplir los 80 años de edad.
A su sepelio concurrió
toda clase de personas, desde autoridades, amigos,
parientes, funcionarios y empleados de su hijo, hasta
los más humildes habitantes del suburbio que
no habían olvidado sus desvelos por mejorar
la suerte de los pobres.
Y aunque no fue una feminista
en el entero sentido de la palabra, está considerada
una de las mujeres más importantes del siglo
XX ecuatoriano por su movimiento "Justicia Social",
precursor de otros muchos que han surgido después,
a la sombra de su ejemplo.