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JOSE DE LA RIVA AGÜERO Y OSMA
ERUDITO.- Nació en Lima en 1.885 en el seno de una de las principales familias pues descendía del Mariscal de ese apellido que ocupó la Presidencia del Perú en l.823 y recibió una magnífica educación en los mejores colegios de Europa, de suerte que a su regreso, de 22 años de edad, poseía una hermosa apariencia viril, gran fortuna, conocía el mundo y hablaba diversos idiomas y hasta sorprendió a los pocos meses a la crítica literaria con un valioso estudio sobre su antepasado José de Baquíjano y Carrillo de Albornoz, Conde de Vista Florida, literato de ideas “inficionadas” por los enciclopedistas franceses y que le cantó las claras a un Virrey. Poco después editó “La Historia en el Perú” revelando el cuadro de la cultura peruana con admirables dotes de crítico. En l.915 “Diego Mexia Fernangil”, el 16 “Elogio del Inca Garcilaso” polemizando hasta cierto punto exitosamente con el padre Manuel González de la Fuente, el 19 “Un Cantor de Santa Rosa” y el 2l “El Perú histórico y artístico” pero donde cosechó sus mejores lauros fue en “Paisajes peruanos”.

Allí reveló en toda su grandiosidad el paisaje andino y obligó a José Carlos Mariátegui y a los pensadores de su generación a interesarse por el alma andina de la serranía, motivando un nacionalismo amerindio que antes no tenían ni habían sentido. “Todo lo demás también está reflejado en esta obra; la presencia titánica de los Andes, la sonrisa de los valles costeños y la severidad de la puna, el dulce kechua y el áspero aymará, los elementos telúricos, las fuerzas históricas, la sierra grave, dura, esquiva, la costa bullidora, holgazana, frívola, ingeniosa, la altanería de las casas blasonadas, la pobreza y el misterio de las moradas indígenas, los padres ríos trasmutados en dioses como en Homero, la montaña que como en la floresta de Kipling se escucha rumor de génesis y centuplican antiguos gérmenes su misión germinadora, los páramos, los desiertos sobre los cuales impera un sol implacable como el Dios de Israel y de Mahoma.”


Su libro generó un sentimiento de nacionalismo a ultranza: en los izquierdistas el respeto al terruño y deseos por liberar a la raza mestiza y en los derechistas un querer al pasado como sea porque fue mejor y en medio de ellos Riva Agüero transitaba como erudito peleón pues desde 1.921 encabezaba al fascismo en América del Sur con singulares bríos y sin temer a nadie. Para unos era un sólido pensador cristiano, teórico de lo imposible, colonialista hispanizante de un país de raza india, lleno de prejuicios arraigados y superviviente de un sistema que aún existía en su época por aquellas rarezas de la historia. Para otros un Quijote, ideólogo formidable que había demostrado que la cuna de la civilización andina estaba en la sierra, escritor de estilo culto, atildado, metafórico, erudito y vital.

En l.931 ascendió al Ministerio de Gobierno y clausuró los diarios apristas reaccionando contra el éxito de dicho partido nacionalista de izquierda. Fue el choque estéril de dos nacionalismos, hizo apresar a los dirigentes principales y los lanzó al destierro, numerosos apristas vinieron a Guayaquil, entre otros Luis Alberto Sánchez, Alberto Ugolotti Dansay, Benjamín Urrutia, a tiempo que – como buen erudito – daba sus últimos toques a un libro sobre la lengua Guaqui desaparecida varios siglos atrás. Su devoción casi maniática por el pasado hizo que resucitaran los estudios heráldicos y genealógicos y creciera a su alrededor una pleyade de investigadores valiosos, muchos de ellos auspiciados económicamente por él. También hacía poemas de corte horaciano pues fue un humanista a la antigua como se debe ser.

Entre el 36 y el 38 se alzó a mayores pactando secretamente con Japón y Alemania el reparto de Sudamérica, para lo cual hizo valer sus influencias ante esas embajadas en Lima, de suerte que si los países del Eje hubieran ganado la II Guerra Mundial, el área andina compuesta del norte de Chile y Argentina, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia hubieran dependido del Japón, mientras Brasil, Venezuela y el resto de Chile y Argentina pasaban al control alemán. La capital del área japonesa iba a ser Lima donde es notorio que desde el siglo pasado existen muchos ciudadanos de raza amarilla descendientes de inmigrantes de ese país. Riva Agüero hubiera dado un nuevo empuje a la cultura andina, se habría reestructurado el Tahuantinsuyo con sus antiguas regiones clásicas, pero al perder terreno el Eje en Europa se comenzó a deteriorar su salud y falleció en l.944 en Lima, de solo 59 años de edad, dejando la mayor parte de su fortuna para la creación de un Instituto de investigaciones históricas que funciona con su nombre y desde l.978 publica sus Obras Completas.

Su inclusión en este Diccionario, aparte de la importancia de sus obras, muchas de las cuales se relacionan directamente con la historia de la actual república del Ecuador, se debe a la innegable influencia que ejerció sobre algunos de nuestros pensadores. Jacinto Jijón y Caamaño por ejemplo, le admiraba a raíz de su destierro de l.924 en Lima, de suerte que su obra “Política Conservadora”, titulada así, discretamente, para dar los principales señalamientos al neofascismo sudamericano, debe ser considerada en mucho como fruto de la lectura de las ideas políticas de Riva Agüero expuestas en “Origen, desarrollo e influencia del Fascismo” que apareció en la Revista de la Universidad Católica de Lima.