MARIA AUGUSTA URRUTIA DE ESCUDERO
FILANTROPA.- Nació en Quito el 6 de Febrero de l.901 y fueron sus padres legítimos el industrial Julio Urrutia y Olano ( Hijo de Francisco Urrutia por largos años Ministro Plenipotenciario de Colombia en Quito y de Dolores Olano y Hurtado, ambos de familias payanesas ) concesionario de la primitiva iluminación a kerosene y en l.898 socio de Manuel Jijón Larrea y de Enrique Gangotena Jijón en la Compañía " La Eléctrica " que instaló a principios de siglo la planta de Guápulo y dotó de luz a Quito; sin embargo, el negocio fracasó, fue a la quiebra y sus bienes terminaron embargados, quizá por eso entristeció, lo que no disminuyó la fortuna de su esposa Maria Barba Aguirre, mujer alegre, vivaz, sociable, pues ella había realizado la separación de bienes. Ella era condueña de una casa en la Plaza Grande de las haciendas Rumipamba y La Granja por herencia de su padre Rafael Barba Jijón y de la hacienda La Carolina comprada por si misma. Viuda de Urrutia, casó en segundas nupcias con Manuel Larrea Donoso, latifundista, con quien tuvo dos hijos que murieron de corta edad y poco después volvió a enviudar y heredó.
La niña Maria Augusta comenzó sus estudios en el Colegio de monjas de La Providencia pero no quizo permanecer allí porque como hija única era muy consentida. En l.911 su madre la consagró a la Virgen y cuando poco tiempo después ocurrió su segunda viudez ambas viajaron a Europa y terminó su educación en los diferentes conventos donde se alojaban. Entre ellos recordaría con cariño al Sacre Coeur de Paris.
En las vacaciones recorrían España, Italia y el resto de Francia, por eso aprendió perfectamente el italiano y el francés. En l.915 se fracturó un codo y fue operada por el famoso cirujano Ambrosio Paré. Su madre se aterró tanto que le ofreció a San Francisco de Asis que si la sacaba con felicidad de tan amargo trance, la vestiría un año entero con el sayal franciscano, lo que efectivamente cumplió.
En l.919 pasó una corta temporada en el Convento de Miracruz cerca de San Sebastián al norte de España. Acostumbraba escribir un cuaderno con pensamientos a una amiga imaginaria. En ella, dada la estrechez de su formación, la religión lo era todo. y en una fotografía posando con un periquito al que sostiene cuidadosamente en la mano, aparece de estatura media, llenita sin perder la esbeltez propia de la edad, recatada, pudorosa. El conjunto estático revela a una joven buena, idealista, sensible y hasta sentimental.
Por ese tiempo conoció en Paris al joven Alfredo Escudero y Eguiguren de familias nobles lojanas y heredero de una gran fortuna, con quien se comprometió al gusto de su exigente madre y casó al poco tiempo de su regreso a Quito en Diciembre de l.92l. Enseguida fueron a vivir en la casa de la García Moreno No.760 que él había recibido como obsequio de sus padres. El nuevo hogar fue arreglado cuidadosamente con objetos familiares. En el salón principal lucía un óleo de su bisabuela Virginia Klinger de Aguirre pintado en Europa, pues sentía una fervorosa admiración para dicha antepasada, por su fama de mujer dominadora, de arrestos y carácter. Un enorme árbol de magnolia presidía el patio principal lo que daba a la casa un aspecto algo sombrío pero de gran magnificencia. En el segundo patio existía una pila de mármol. Y dando a la calle las grandes bodegas que se abarrotaban con los productos comestibles que de continuo llegaban a lomo de mula desde las haciendas.
El matrimonio fue bien avenido aunque sin hijos por lo que viajaron a Europa con el propósito de intentar algún tratamiento médico. El se dedicaba por entero al manejo de sus numerosas propiedades agrícolas y ganaderas: Solanda en Quito, San Agustín y la Umbría en Machachi y ella a agradarle con exquisiteces culinarias pues le encantaba entrar a la cocina; pero, a finales de Febrero de l.93l, después de atender a un indígena en una de las haciendas él cayó enfermo, se agravó pese a los cuidados y atenciones que se le prodigaron y finalmente murió el 1 de Marzo de l.93l. La viuda permaneció inconsolable y hasta intentó ingresar al convento de clausura de las monjas Carmelitas pero su madre se lo impidió con justísima razón pues la prisa de los tiempos modernos no admite la vida contemplativa.
¿Qué hacer en tales circunstancias? ¿ Dedicarse a la caridad? ¿Cuidar a los niños? Y así fue como surgió su generosa iniciativa de brindar en los bajos de su casa un almuerzo diario a niños pobres y para ampliar el patio hizo derribar el árbol central, sembrando en su lugar plantas pequeñas, dos grupos, unas buganvillas, geranios y miramelindas, también compró una gran cocina alemana para leña y finalmente, al siguiente año. pudo inaugurarlo con capacidad para 60 niños, después lo ampliaría a 80 y más, de suerte que utilizando los comestibles de sus abarrotadas bodegas, realizó un gran bien relativamente a bajo costo.
Los niños eran en su mayor parte huérfanos o hijos de hogares destruídos. "Vienen y se lavan las manos porque siempre ha habido servicios, agua caliente y todo para que tengan comodidad. Hasta que se reúna un número tal juegan, después se les hace formar y se toma lista, se les hace rezar una pequeña oración (generalmente un Padre Nuestro y un Ave Maria) para dar gracias a Dios por el almuerzo que van a tomar. Entran y se sirven. Este trayecto es una media hora. Por cada mesita de diez personas hay un niño cuidador que vigila que no peleen, que no se pateen por debajo, que no ensucien mucho la mesa, porque eso si, son bien malcriados los pobres. Los cuidadores tienen esa misión de verles. Entre ellos mismos hay uno por semana que lava los platos, otro las cucharas y otros los jarros de leche, tres niños lavan la vajilla toda la semana. El día Viernes se hace la limpieza general y allí son cinco los niños que ayudan a lavar bien los pisos, las mesas y las sillas y se les gratifica con alguna cosita, un yogurt más o alguna otra cosita."
En l.933 llegó de España el padre Eduardo Vásquez Dodero, S.J. que por estar débil de los pulmones fue enviado a buscar mejoría en las alturas de los Andes. Era un jesuita de la vieja guardia, formado en el conocimiento de los clásicos antiguos pero arribó al país traumatizado por la violencia que vivía su Patria. En lo personal era fino y. delgadísimo, de caminar rápido y erguido, poseía la tez blanca, la nariz perfilada y una calvicie incipiente; mas, en sus labios casi siempre apretados y en constante tensión afloraba el rictus del intelectual intemperante y fanático que venía escapando de una España en plena efervescencia, donde los unos se mataban con los otros solo porque si.
Ni bien en nuestra Patria, discretamente obtuvo el privilegio de utilizar uno de los confesionario de la Iglesia de la Compañía y con sumo tacto y decoro comenzó a guiar las conciencias de las damas más pudientes de la alta sociedad quiteña, entre ellas a Da. Maria Barba Aguirre, quien lo recomendó de inmediato a su hija y desde entonces fueron Maria Augusta y el padre Eduardo un solo pensamiento y una sola acción, pues a través de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola que se convirtieron en el eje fundamental de la vida de Maria Augusta, el confesor "supo moldear su espiritualidad" hacia una serie de obras de claro tinte político y doctrinario, encaminadas a imponer el dominio de la Iglesia Católica sobre la conciencia democrática del sencillo pueblo ecuatoriano, habitante de un país bucólico, eglógico, democrático y mansamente liberal.
En l.939 murió su madre y Maria Augusta quedó sin su protección. En lo material fue su segunda herencia, recibió las haciendas La Granja , Rumipamba, la Carolina y una fortuna en efectivo. Después recibiría otras herencias más. Entonces comprendió que había llegado el momento oportuno y con el padre Vásquez Dodero, autor de la idea y redactor de los estatutos, creó una Fundación que pensó llamar Barba Aguirre para perpetuar la memoria de su madre, aunque a última hora aceptó el nombre de Mariana de Jesús solo por complacer al Padre Vásquez Dodero. Sus familiares pobres, que si los tenía, vieron con espanto como escapaba de sus manos la fortuna. En cambio, los miembros de la nueva Fundación, comenzaron amanejarla. Así es la vida. Durante los primeros años sesionaban en la sala de su casa pero al fallecer su tía Carolina Barba Aguirre, adquirió el edificio del frente que había sido de ella y allí instaló las oficinas, pues se avecinaban grandes proyectos y numerosos trabajos, según se lo tenía indicado el padre Vásquez Dodero y con el paso del tiempo, cada vez más imbuída en el espíritu ignaciano, fue traspasando a la Fundación la totalidad de sus bienes, compuestos de varias haciendas, una de las cuales - La Granja - lindaba con Quito y como la ciudad crecía la Fundación se fue volviendo cada vez más opulenta. (1) Su fundadora tenía pensado destinar parte de los terrenos de la Granja para una ciudadela de hasta cien casas para otros tantos hogares obreros, pero el plan tuvo diversos altibajos y finalmente fue desechado en ese lugar. Ese año de l.939 la Fundación donó a la Municipalidad de Quito más de la mitad de la hacienda Rumipamba para levantar el parque de la Carolina , así llamado en homenaje a Carolina Barba Aguirre, tía de Doña Maria Augusta.
En l.940 hizo trasladar los restos de su bisabuela Virginia Klinger que reposaban con otros miembros de su familia en la Capilla del Tejar. La nueva sepultura fue ubicada en el interior de la Capilla de San Carlos que dicha bisabuela había fundado en l.874 para Noviciado de las Hermanitas de la Caridad y Asilo de Huérfanas pobres.
En l.942 entregó a la Municipalidad el uso de las fuentes de las haciendas La Granja y Rumipamba para subsanar la falta de agua de Quito. Posteriormente donaría los terrenos necesarios para el funcionamiento del Departamento de Agua Potable. Al mismo tiempo creó el Hogar Javier para Universitarios donde estos pudieran comer y dormir, esta institución hoy es conocida como la Congregación Mariana para la formación cristiana de quienes quieran comprometerse aún más en el apostolado , pues no bastaba "una formación espiritual honda y seria, también se requería una repercusión apostólica" entiéndase política, pues el padre Vásquez Dodero, admirador incondicional de la dictadura falangista, perseguía el control total del Estado, como había ocurrido en su Patria, donde la iglesia Católica lo era todo.
En l.944 empezó a funcionar la Casa de Ejercicios Espirituales en la hacienda San Agustín en Machachi para estudiantes de los sextos cursos de los Colegios católicos de Quito, después fue ampliando el radio de acción a políticos, intelectuales, profesionales, bachilleres, universitarios, solteros, casados, etc. a fin de obtener católicos comprometidos en la defensa de una religión que nadie atacaba.
El 8 de Diciembre de l.945 suscribió la fundadora un convenio con la Compañía de Jesús, concediendo al Padre Provincial la presidencia de la institución y la autoridad para elegir y nombrar a los miembros del directorio, es decir, el manejo absoluto de la Fundación , transformada en el eje de acción de los jesuitas en Quito. Jaime Acosta Velasco ejerció durante algunos años la jefatura de los doce miembros del Directorio, también conocidos como los doce apóstoles y como además era hijo del Gerente del Banco del Pichincha y sobrino del cinco veces Presidente ecuatoriano Dr.
(1) Expropiada y derrocada con otras edificaciones aledañas en los años cincuenta para construir el Palacio Municipal.
José Maria Velasco Ibarra, la Fundación captó un enorme poder. Por esto se dijo y aún se repite que la Compañía de Jesús dominó la vida social, económica y política de Quito entre l.945 y el 75 principalmente a través del manejo de los cuantiosos bienes de la Fundación Mariana de Jesús. (2)
Mientras tanto - a finales de los años 40 - Maria Augusta había seguido heredando entre otros bienes la casa de la Plaza Grande de su tía Inés Barba Aguirre y allí empezó a funcionar una amplísima biblioteca fundada por el Padre Vásquez Dodero con los antiguos fondos bibliográficos del Centro de Estudios Católicos.
En l.949, al leer la biografía de García Moreno que escribió y publicó ese año el ilustre historiador Luís Robalino Dávila, se interesó muchísimo en salvar la memoria de su bisabuela, puesta en discusión por sus amoríos con el mencionado mandatario.. Por tal motivo solicitó opiniones de personas ancianas que hubieren conocido a Dña. Virginia - por lo menos en sus últimos años de vida de ella que fueron sosegados - y por supuesto nadie osó opinar desfavorablemente.
Por un interesantísimo folleto publicado por la Fundación sabemos que su vida privada comenzaba a las cuatro y media de la mañana para concurrir a la misa de las cinco en la Iglesia de la Compañías. A las ocho, ya de regreso, se realizaba el arreglo de las habitaciones mientras desayunaba a solas en su habitación.
Las mañanas eran dedicadas a sus asuntos mercantiles y legales que nunca descuidó. Revisaba las cuentas, giraba los cheques, hacía los pagos, hablaba con los abogados. Tenía administradores pero estaba al tanto de todo pues era una gran administradora y estupenda trabajadora. También disponía el menú del día pues le gustaba mucho ir a la cocina y preparar, sobre todo hacía pasteles. A las doce venían los niños, a la una almorzaban y comían en silencio y cada uno retiraba sus platos porque era bien estricta, a
(2) La Fundación Mariana de Jesús en Quito es comparable en poder con la Junta de Beneficencia de Guayaquil, solo que ésta jamás ha tenido el carácter doctrinal que Vásquez Dodero le imprimió a dicha institución en Quito.
las dos todos volvían a sus labores y al terminarlas comenzaban a zurcir y a coser en el cuarto de costuras o en el corredor del frente del segundo piso para recibir el sol de la tarde. Para los ornamentos religiosos de la Compañía y de la Casa de ejercicios había una bordadora que tenía a cargo las casullas... Cuando estaban haciendo las costuras se leía en alta voz libros místicos como la vida de Santa Teresa. A las cinco tocaban las campanas y les daban el entredía a la servidumbre. A las seis tocaban de nuevo y terminaban las labores. Se rezaba el rosario, cenaban a las siete. Ella lo hacía en la cama porque se acostaba temprano. "Era muy recta, enérgica y ocupaba su sitio. Los espacios estaban separados, el personal de servicio no podía pasar hacia la parte de adelante, únicamente a saludarle y a despedirnos a las nueve de la noche cuando ya nos íbamos a dormir" Cada una debía estar en su sección, no podía pasarse a otra ni estar conversando. La casa era una especie de convento. Mimi Gangotena Jijón y Lola Lasso Chiriboga eran sus mejores amigas con quienes se conectaba constantemente por teléfono para contarse sus problemas e historias de Quito antiguo, pero no hacía vida social pues era de continuo reservada y calladita, rehuía las invitaciones, no salía de su casa, no ayudó jamás a sus parientes y eso que tenía algunos muy pobres.. Tenía por médico y amigo al Dr. Eduardo Villacís. Su dama de compañía era Olga Rosero Plaza, antigua doméstica de Carolina Barba.
En l.950 la Fundación entregó el terreno para la construcción del Filosofado San Gregorio de la Compañía de Jesús. En l.957 donó a la Biblioteca de los padres jesuitas de Cotocollao su valiosa colección de cartas autógrafas que el Mariscal Antonio José de Sucre dirigió a su tatarabuelo el General Vicente Aguirre Mendoza. El 60 la Fundación volvió a donar a la Municipalidad , esta vez fueron más de veinte hectáreas, para diversos usos. (3)
En los años 60 estaba pletórica y comenzó a faltarle la respiración y tomaba oxígeno permanentemente. Su médico le recetó cortisona, mejoró pero se volvió diabética y dependiente de la insulina Sufrió de tifoidea y luego de bronquitis.
El 70 donó diez hectáreas al Consejo Provincial del Pichincha. En l.974 viajó a operarse las cataratas en Bogotá acompañada de su mérito personal y acordándose del comedor infantil regresó cargada de caramelos por estar cerca la navidad. Ese año aún seguía pensando en construír un barrio obrero pero en terrenos de su hacienda Solanda con unos planos que le fueron subministrados en l.942 del Uruguay. El 74 varios miembros de la Fundación tomaron contacto con el Ministerio de la Vivienda de Colombia.
El 24 de Julio de l.975 visitó el Monasterio de Santa Catalina para observar los restos recién descubiertos de García Moreno, de quien tenía en el cuarto costurero un pequeño óleo mandado a confeccionar por ella. El Padre Rigoberto Larrea, Oblato comisionado por el Cardenal Pablo Muñoz Vega, quien no quizo concurrir a la ceremonia que indudablemente tenía un transfondo político, le obsequió ese día un pequeño pedazo arrancado de la casaca del cadáver, como si se tratara de la reliquia de un santo. Así era el asunto de confuso.
A principio de los 80 la Fundación donó más de cien hectáreas para la construcción del Plan Solanda de viviendas destinadas a familias pobres y para otros menesteres sociales.
En l.982 fue condecorada por el gobierno del Presidente Oswaldo Hurtado Larrea con la Orden Nacional al Mérito. Al agradecer habló del plan de vivienda. El 85 falleció su amigo el padre Vásquez Dodero de 83
(3) Los nuevos tiempos cambiaron por completo las reglas de juego en la historia ecuatoriana. Primero fue el ascenso del castro - comunismo en l.959 en Cuba y su difusión por hispanoamérica que dislocó la clásica división entre liberales y conservadores, luego vinieron los profundos cambios doctrinales del Concilio Vaticano II en l.962, siguió la Reforma Agraria de l.964 que a pesar que en la sierra se dejó sentir menos que en la costa si llegó a tener trascendencia y finalmente la aparición del petróleo en la economía nacional, cuya producción y venta enriqueció al Estado y restó importancia a la economía de las familias tradicionales quiteñas. Otra causa, esta vez interna, fue el alejamiento de numerosos jesuitas jóvenes, los mejores por cierto, que salieron a consecuencia de la gravísima crisis generacional agudizada por la vejez de quienes la venían conduciendo desde los años 30. No está demás destacar que ante la profunda penetración de " La Obra " desde los años 70 en las elites económicas de Quito y Guayaquil, la Compañía de Jesús ha preferido dedicar su esfuerzo en el Ecuador a la educación, la cultura y la obra social. Por eso es respetada hasta por sus antiguos detractores.
años de edad, respetadísimo por sus múltiples merecimientos, que los tuvo en grado superlativo, aunque su saber - sobre todo en materia política y sociológica - resultaba un anacronismo, un rezago de pasadas épocas.
En sus últimos tiempos Maria Augusta sufría de diversas dolencias ninguna de ellas grave. Sus severas costumbres de antaño habían dado paso a otras menos graves. Cuando algún doméstico entraba a su cuarto, si estaba almorzando compartía lo que tenía a mano, un puñadito de maíz tostado, un pan. Cualquier cosa. A finales de l.987 empezó a agravarse a consecuencia de una perforación del intestino y falleció el 5 de Diciembre. Tenía 86 años, estaba lúcida, se la veía fuerte. Sus restos fueron depositados junto a los de su marido en la cripta de la Compañía de Jesús y bajo el altar mayor. Su casa ha sido convertida en museo, en el dormitorio se aprecia una serie de siete arcángeles pintados por Mideros, todos los rostros son muy parecidos entre si e inventados por cierto como no puede ser de otra manera. En el hall de entrada hay dos cuadros malísimos del mismo Mideros, uno de Venecia en color celeste desteñido, escena más bien hierática.
Fue una dama buena y generosa, sencilla y entregada a la religión.