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LAURO GUERRERO
HEROE.-Nació en Catacocha, Provincia de Loja, en l.873. De familia distinguida, creció en esa población que se yergue a los pies del cerro Pisaca.

Al estallar la revolución liberal del 5 de Junio de l.895 en Guayaquil, se enroló en el ejército liberal y asistió al combate de Loja el 29 de Julio siguiente contra el gobierno conservador del Presidente encargado Arístides Rivadeneira Ponce. El 29 de Agosto de l.896 combatió en Cajanuma contra la reacción ultramontana del centro de la república. Después peleó en Tulcán contra los guerrilleros del Obispo Pedro Schumacher que habían repasado la frontera norte y amenazaban avanzar a Quito. En esas ocasiones demostró ser un Oficial de valor.

A principios de l.903 estaba de guarnición en el Napo cuando se supo que el gobierno peruano pretendía la zona del río Aguarico. El día l3 de Mayo  cuatro ecuatorianos tomaron posesión de la desembocadura del Curaray con el objeto de establecer una aduana. El gobierno peruano despachó tropas que apresaron a los ecuatorianos y los llevaron a Iquitos donde en breve obtuvieron su libertad. El 23 de Mayo, el Dr. Melitón Porras, Ministro peruano en Quito, provocó una conferencia con el Canciller Miguel Valverde, para demarcar una línea provisoria de frontera en las tierras del bajo Napo. Poco después diez soldados ecuatorianos llegaron al punto de Angoteros. Enterados los peruanos de este avance, salieron noventa soldados de Iquito a bordo de la lancha Cahuapanas. El 25 de Junio se produjo el combate, cuatro ecuatorianos murieron, otros cuatro fueron tomados prisioneros y quedó destruido el establecimiento - también llamado hacienda - propiedad de Ignacio F. Peñafiel y avaluado en 77.700 pesos. Hubo reclamaciones diplomáticas, se llegó a un acuerdo y el asunto fue sometió al arbitraje, que vino a quedar sin efecto.

A principios de l.904 el Comandante Guerrero recibió 10.000 sucres en Quito para el pago de los sueldos de los empleados de la región del Napo, pero a causa de un descuido de los tripulantes de la canoa en que viajaba, ésta zozobró perdiéndose el dinero, Guerrero salvó milagrosamente la vida a pesar que no sabía nadar. Sus superiores en Quito le ordenaron que regrese al oriente con doce soldados de cada uno de los batallones Carchi, Guardia de Honor y Pichincha, a fin de impedir la continuación del avance peruano por el río Napo. Salieron el 27 de Junio Guerrero y sus treinta y seis hombres, por la zona de Tumbaco a Papallacta y luego a Baeza y tras largas caminatas arribaron al río Aguarico con víveres, armamentos, municiones y un pequeño cañón marca Wilfort con sistema de antecarga y que al ser usado no cumplió con su cometido. Encontrado el Comandante territorial Carlos A. Rivadeneira, éste envió el 26 de Julio una Nota al Comandante peruano acantonado en el sitio Torres Causana o Solano, recientemente bautizado por ellos como Bolognesi, conminándole a desocupar dicho sitio. Contestó el Jefe Juan F. Chávez Valdivia diciendo que se hallaba en tierra peruana.

El día 27 Guerrero recibió la insinuación del Sargento Manuel Ortiz, mayordomo de la hacienda del litigio, de atacar esa misma noche para tomar desprevenido al enemigo, entonces los ecuatorianos tomaron un atajo por la selva a fin de sorprenderlos y a las nueve de la mañana del 28 de Julio, que celebraban el día nacional, fueron avistados.

El Jefe ecuatoriano envió al Comandante Vicente M. Bravo intimando la desocupación del lugar, pero le dijeron que pronto llegaría el Prefecto de Iquitos con quien tendría que hablar. Con esta respuesta, Rivadeneira dispuso el combate porque tenía órdenes expresas del gobierno para realizar el desalojo y dividió a su gente en dos guerrillas. La primera bajo las órdenes de Guerrero y la segunda con Vicente M. Bravo a la cabeza.

Iniciado el choque armado los ecuatorianos desalojaron a los peruanos pero se iban quedando sin municiones. El ruido hizo que los soldados del destacamento peruano Santa Maria, arribaran a marcha forzada dos horas más tarde y esto decidió la suerte del combate. Los ecuatorianos  tuvieron que retirarse ordenadamente al interior de la selva. Mientras tanto Guerrero, que había visto izada la bandera peruana, se acercó herido y logró arriarla y cuando iba a izar el pabellón tricolor ecuatoriano, una descarga de fusilería le tendió en el suelo.

Terminado el combate los peruanos repasaron a los muertos y heridos con bayoneta calada. Más tarde consiguieron kerosene y quemaron los cadáveres, pero no tuvieron el valor necesario para internarse en la selva a perseguir a los nuestros en su honrosa retirada.

En Torres Causana murieron veinte jóvenes soldados ecuatorianos y los Comandantes Lauro Guerrero y Adolfo Saa Rivadeneira. Nuevamente hubo la consabida reclamación diplomática peruana en Quito y de no haber sido por el arribo de Ramón Menéndez Pidal, Comisionado del Rey Alfonso XIII de España en virtud del arbitraje de l.887, debido a la exaltación del populacho en las principales ciudades del Perú y Ecuador, ambas naciones habrían ido a la guerra.