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ALONSO DE ILLESCAS
GOBERNADOR DE ESMERALDAS.- Nació hacia 1.528 en la región del Cabo Verde en las costas del río Senegal en Africa. De diez años fue capturado por los negreros quienes le llevaron esclavo a España y fue bautizado con el nombre de Enrique.

Al poco tiempo fue vendido en Sevilla al mercader Alonso de Illescas quien lo crió en su casa y en la confirmación le dio su  nombre. Pasó a América con su amo y en el mes de Octubre de l.553 partió de Panamá con otros esclavos rumbo al Callao, pero pasados treinta días de navegación, al llegar al cabo de San Francisco, en una ensenada que se hace en aquella parte que se llama Portete y después fue asiento del pueblo de Canoa, tomaron tierra los marineros para descansar, sacando a diecisiete negros y seis negras a que les ayuden a buscar algo qué comer, dejando el barco sobre un cable. I estando en tierra se levantó un viento y marea que hizo que el barco fuera a dar contra los arrecifes de aquellas costas destruyéndose totalmente. Los treinta y tres esclavos negros, aprovecharon la ocasión para internarse en las selvas, sin propósito de regresar a la servidumbre.

Este primer contingente de personas de color fue acaudillado por Antón, que les llevó a tierras del Cacique Pidi, a cuyas mujeres e hijos indios hizo rehenes para poder mandar. Poco después estos negros entraron en  guerra con los indios Campas, subiendo por sus ríos en balsas, de suerte que para evitar la servidumbre, estos Campas  iniciaron el éxodo hacia las zonas bañadas por los afluentes del río Daule.

Alonso, en cambio, hizo buena amistad con los indios Niguas, que entonces habitaban desde Santo Domingo hasta Esmeraldas. Estos le dieron por mujer a una india hermosa, hija de un principal y muy emparentada, con cuyo fervor de parientes vino a tener mando y señorío entre los negros y los indios, aunque abusó con crueldades pues en cierta ocasión aceptó participar en un gran banquete en la casa de Chiliandauli, Cacique de Dobe, y cuando estos se encontraban borrachos de vino, hizo la señal acordada y dieron de repente sobre los anfitriones, con tanta crueldad, que mataron a casi todos - que fueron cosa de quinientos los muertos - y se apropiaron del tesoro del Cacique, haciéndose señores de los pocos que quedaron con vida.

Alonso de Illescas era ladino porque sabía leer y escribir, astuto y buen guerrero, pronto aprendió las lenguas locales y supo ganarse la amistad y el respeto de los indígenas de la región.

A este Alonso encontró en las playas de Atacames a principios de Septiembre de l.577, el Presbítero Miguel Cabello Balboa, cuando expedicionó a la provincia de las Esmeraldas con el objeto de convertir pacíficamente a sus habitantes, a fin de incorporar dichas tierras a la corona española.

Cabello Balboa llevaba algunos documentos  sobre el indulto general a los negros y mulatos por todas las culpas que pudieran tener pues bien sabía cuanto era su poder, porque Illescas era temido y acatado por todas las tribus indígenas de la provincia, su voluntad obedecida sin réplica y sus quereres se ponían por obra al instante, así es que podía agitar a  la provincia, persiguiendo a los indios o haciéndoles tomar las armas para rechazar a los que intentaban entrar en ella para su conquista.

Hubo misa y sermón en una improvisada capilla, alabando Cabello Balboa los méritos de Illescas por el buen trato que acostumbraba dar a los náufragos españoles. A continuación se dirigieron a la casa pajiza que Cabello Balboa había levantado en la playa, donde les leyó las Provisiones Reales, una  de un general Indulto y otra que le nombraba Gobernador de esas provincias para mantener en justicia a todas las personas que en ella residan. Illescas estaba acompañado de su yerno el naufrago portugués Gonzalo de Avila, tomó las Provisiones  y mirando el sello dijo: Estas son las armas del Rey mi señor que bien las conozco, y besando las Provisiones las puso sobre su cabeza y exclamó “La tierra y cuanto en ella hay es de su Majestad y desde luego os doy la obediencia mía y de los que están a mi cargo”. Después aconsejó a Cabello Balboa que la fundación acordada debía realizarse en la bahía de San Matheo, por ser el mejor sitio para ello y ofreciendo volver se retiró el viernes 27 de Septiembre para traer a más gente.

El 8 de Octubre regresó en una corpulenta canoa seguida de una flota de balsas y desembarcaron cincuenta indios y dos mulatos llamados Enrique y Sebastián, hijos de Alonso de Illescas. Uno de ellos estaba casado con la hija de Chiliandauli. También tenía una hija casada con un esclavo de Andrés Contero, otra hija llamada Justa que Andrés Contero la pudo sacar a Guayaquil y la casó con un esclavo suyo, otra hija Maria que vivía con Gonzalo Dávila y muchos hijos más, pues disponía a su haber de catorce o quince mujeres, según testimonio de Cabello Balboa. En este segundo encuentro se volvieron a leer las reales Provisiones y el Presbítero quiso catequizarlo pero este contestó  “Esto no lo puedo tener ahora, mientras ando ocupado en la redención de estas gentes”. Fue la última entrevista que sostuvieron, porque los indios se levantaron en armas y los experdicionarios españoles tuvieron que retirarse hacia el sur, arribando a Manabí en penosas condiciones.

En l.583 la Audiencia volvió a tratar la pacificación de Esmeraldas y envió con tal objeto a Fray Alonso de Espinosa, religioso trinitario, quien arribó a las costas y fue recibido por uno de los numerosos hijos de Illescas, a quien dieron nuevamente el tratamiento de Gobernador.

También se conocen como hijos de Alonso de Illescas al Capitán Alonso Sebastián de Illescas, señor de la región de Campas y Coache, de aproximadamente cincuenta y cuatro años, y a Baltazar Antonio de Illescas, también mencionado en la Relación de l.600 que escribió en Quito el Capitán Pedro de Arévalo para conocimiento del Oidor de la Audiencia, Dr. Juan del Barrio Sepúlveda.

Hijo de Alonso Sebastián era Juan de Illescas, por entonces mozo de dieciocho años. Igualmente era su cuñado el Cacique Juan Mangache, hijo de Andrés Mangache y de una india nicaragüense su mujer, quienes llegaron a la provincia de Esmeraldas huidos de un barco español anclado en la bahía de San Matheo y fueron al puerto de Dobe donde reinaba el Cacique Chiliandauli. Posteriormente Alonso de Illescas asesinó a Andrés Mangache para consolidar su dominio absoluto sobre la zona.

El Capitán Francisco de Arobe, era hijo del negro Andrés Mangache y había sido bautizado en l.577, en la doctrina de San Matheo por Fray Juan Salas, miembro de la expedición de Cabello Balboa.  En l.598 viajó a Quito con dos de sus hijos mayores llamados Pedro de veintidós años y Domingo de Arobe de dieciocho y fueron  retratados por orden de la Audiencia, por el notable pintor Adrián Sánchez Galque, para que el Rey Felipe III tuviera en la Corte la prueba fehaciente de la pacificación de los negros y zambos de la provincia de las Esmeraldas.

En l.600 los hermanos Alonso Sebastián y  Baltazar Antonio de Illescas,  también pasaron a Quito en compañía del Capitán Alonso Sánchez de Cuellar y diez o doce españoles y negros que se habían perdido. El Oidor del Barrio les envió caballos y bastimentos y la exótica comitiva entró en la ciudad ante la curiosidad del vecindario. El objeto del viaje era hacerse cristianos y dar la paz y la obediencia al rey. El Obispo los confirmó en la iglesia de  San Blas en presencia del Presidente de la Audiencia, los Oidores y el Fiscal, así como del General Diego de Portugal, Corregidor de Quito y de los Regidores de ese Cabildo y del Eclesiástico, y de numerosos religiosos de las órdenes. El Dr. del Barrio hizo de padrino de Alonso Sebastián y el Fiscal Blas de Torres Altamirano de Baltazar Antonio de Illescas y a todos se les brindó alojamiento y comida, así como numerosos regalos y tras permanecer  doce días, obtuvieron licencia para volver  a Esmeraldas, como efectivamente lo hicieron el 19 de Julio de l.600, en compañía del Capitán Pedro de Arévalo y de Fray Juan Bautista de Burgos, nombrado Vicario de San Matheo. (1)

En l.620 el Capitán Martín Fuica informaba que los negros y mulatos que se dicen Illescas han prevalecido en esas costas de Esmeraldas, por ser más valientes y alentados que los indios a quienes tienen bajo su mando y servicio. Viven en los ríos que salen a la mar, usan embarcaciones pequeñas y se sustentan de las mismas pesquerías, sementeras y mucho más, así   como  pajarería  y frutas  de  la  tierra.  Han  conservado  el  nombre  de

 

(1) El retrato del Capitán Francisco de Arobe y dos de sus hijos es una notable obra de arte fechada y firmada en l.599 y  constituye un valioso documento etnográfico, pues los tres personajes aparecen elegantísimos en sus ropas de Corte ( capas, sombreros, gorgeras, etc. ) y al mismo tiempo portan lanzas, usan narigueras, collares y aretes de oro fino, demostrándose un proceso de aculturización. Bien entendido que en sus tierras andaban medios desnudos por el clima  y vestían solamente unas mantas que ellos mismos confeccionaban.  Este retrato se conserva  en el Museo Etnográfico de América, Sala II, Madrid, España.
cristianos que sus padres tenían. Son soberbios y belicosos y continuamente están con lanzas y rodeles y otras armas en las manos por las diferencias que tienen con los indios. Siempre se han mostrado aficionados a los españoles y cuando algún navío y sus gentes han llegado a sus costas, les han ayudado y socorrido hasta ponerles a salvo, de manera que se ha tenido mucho cuidado en conservar la amistad, comunicación y trato con ellos. Ya tienen iglesia en Coaque y en Canoa o Cabo Pasado pues la doctrina mercedaria se ha preocupado de ellos, se les bautiza y enseña el evangelio, aunque no están muy asentados pues llegan cuando quieren y no tributan al Rey.

El Padre Rafael Savoia ha opinado que estos Arobe poblaron la bahía de San Matheo y la zona del río Guayllabamba y los Illescas las zonas de Coaque y Canoa. Pero no todos los negros descienden de ellos, pues existió desde siempre una comunicación abierta con Tumaco e Izcuandé en el Chocó colombiano,  tierra de placeres auríferos con lavaderos y minas de oro, donde se empleaba por miles la mano esclava.