IGNACIO DE MORETA Y CENTENERA
SACERDOTE.- Nació el 24 de Julio de l.929 en Manila, capital de las islas Filipinas y fue el décimo primer hijo legítimo de Emilio Maria de Moreta, natural de Guam, y de Maria Paz Centenera, filipina, ambos de origen español.
La familia se compuso de quince hijos de los cuales uno falleció accidentalmente en el Colegio cuando era niño. Muy cristianos, de misa y rosario diario, vivían en Manila. El padre era activista de la Conferencia de San Vicente de Paúl, una vez a la semana repartía víveres a los pobres y en l.920 había fundado la Adoración Nocturna Filipina. Con tal ejemplo no es de extrañar que siete de sus hijos (cinco varones y dos mujeres) abrazaran la vida religiosa.
El joven Ignacio sintió a los catorce años el llamado a la vocación mientras paseaba por la azotea de su casa a la hora de la siesta y desde entonces no dudó en su futuro. El 41 estudió seis meses en un Colegio jesuita, iba a misa todos los días y cuando podía hacía de monaguillo, pero pronto su familia comenzó a dispersarse. Su hermano Angel ya estaba en el Noviciado de Loyola, después le seguirían dos más que habían partido en l.936 a España, a fin de unirse a las tropas franquistas.
El 7 de Diciembre Japón declaró la guerra a los Estados Unidos y dos días después desembarcaron las tropas japonesas en nueve puntos de las Filipinas. Pronto comenzó la pobreza, su familia tuvo que dedicarse a vender comidas preparadas pero como se acababan los víveres, la población empezó a sembrar y a fabricar para autoabastecerse. Más tarde aparecieron las guerrillas en todo el país, se dejó de sembrar y se acabó el ganado, la miseria se enseñoreó en todos los hogares. La gente moría en las calles, unos por enfermedad y otros por desnutrición.
El 44 comenzaron los bombardeos masivos, su padre empezó a vender las tierras y hasta los muebles de su oficina para poder alimentar a los suyos. Finalmente el ejército americano rodeó Manila, se incendió la casa de los Moreta y estos tuvieron que refugiarse en una pileta del jardín, donde permanecieron varias horas viendo como se quemaba la casa de madera.
Entonces decidieron fugar hacia el lado americano, el 11 de Febrero del 45 sufrió una herida de bala en la cabeza, felizmente sin consecuencias graves, pues el proyectil solo le rozó la frente. De allí en adelante vivieron en diferentes refugios. El día 18 se acogieron al edificio de la Parroquia, donde pudieron gozar de ciertas comodidades tras varios meses de graves penurias. Finalmente terminaron alojados en una iglesia parcialmente destruida, donde esperaron para trasladarse a España
En Junio estaban en Barcelona, días más tarde pasaron a Yunqueras de Henares, un pueblo cercano a Guadalajara, donde había nacido su abuelo materno. Fueron días de alegría, sus parientes les recibieron con los brazos abiertos, pero Ignacio sentía que esa vida no era para él, por eso se unió a un campamento ambulante de Pax Romana y recorrió con ellos el Escorial, Segovia y toda Guipúzcoa en un mes. De regreso solo pensó en hacerse jesuita y el 8 de Agosto se dirigió con su hermano Luis a Loyola, donde hizo los votos dos años después. De allí en adelante estudió para jesuita muchos años.
En Diciembre del 61 solicitó al Papa Juan XXIII un permiso especial para ordenarse sacerdote antes de la fecha que le correspondía porque quería celebrar la extremaunción a su padre, quien estaba muy enfermo y falleció después de sufrir con resignación varios infartos. Enseguida se trasladó a terminar sus estudios de teología en Florencia pues los había iniciado en Oña. El 63 vivió en Los Teques, Venezuela, el 64 se cumplieron sus deseos y fue enviado a la leprosería de la isla de Culión en Filipinas, donde se mantuvo doce años, que fueron de duras pruebas pues todo estaba por hacerse, tanto en el Colegio para 900 alumnos como en la parroquia, donde llegó a conocer el amor en el sufrimiento y aprendió a ser más humano y menos legalista. Para colmos, en l.970 la isla fue arrasada por un tifón que sembró la muerte y destrucción masiva. No quedaron árboles ni casas, pero en Manila se formó un Comité de ayuda y la isla renació de entre las ruinas. El 76, presa del strees, fue trasladado a Venezuela, donde llegó en estado lamentable, sin fuerzas ni voluntad para nada, pero tras un descanso reparador reinició sus labores pedagógicas y todo volvió a la normalidad.
El 78 realizó un corto viaje a las Filipinas para despedirse de su madre que había enfermado de gravedad y estaba desahuciada por los médicos, oportunidad propicia para ver a sus hermanos. Nuevamente en Cumaná, se enteró que la Compañía de Jesús requería voluntarios para el Ecuador y se ofreció.
En Enero del 80 arribó a Manta donde pasó tres años y medio. De Manta fue destinado a la residencia San José en Guayaquil y pronto se involucró en la renovación carismática, en la parroquia San Ignacio del cerro de Mapasingue y en la parroquia de Milagro. El 84, por ayudar al Padre Durana, S. J. que estaba muy cansado, se hizo cargo del programa de Fe y Alegría y pudo conocer la pobreza de los suburbios. El 86 le pasaron al Colegio Javier por estar más cerca de su parroquia en Mapasingue, pero allí le sucedió algo curioso pues sin querer descubrió el mundo de los chamberos, en el botadero municipal de basura.
Esta gente vive recogiendo desperdicios para vender a terceras personas. En otras palabras, reciclan cartones, botellas de vidrio y envases de plástico, en medio de la podredumbre más espantosa. Con ellos organizó tres veces la comercialización, no sin superar pruebas y trabajos, pues los propios chamberos eran renuentes al cambio, sin embargo, a través de la “Asociación Jesús Divino reciclador” hoy en día les ha cambiado la vida. La Asociación tiene varios Camiones y una bodega para guardar el material, se les dá cupones diarios que luego cambian por dinero el fin de semana. En l.989 creó la “Fundación Asistencia Social Madre Dolorosa” que con la ayuda de egresados del Colegio Javier viene realizando una gran labor social, pero no todo ha sido agua de rosas pues ha tenido que superar numerosos tropiezos, mas es fiel a su frase preferida “Gastarme y desgastarme por ellos, aunque por amarles más sea amado menos.
En l.992 regresó a las Filipinas, visitó la leprosería y le recibieron como a Presidente de la República (sic.) Actualmente sigue en Guayaquil trabajando por los más desprotegidos.
Como dato anecdótico y quizá hasta folklórico, cabe mencionar que estando en Guayaquil le dio por interesarse en los exorcismos y hasta le tocó conocer a numerosos feligreses de ambos sexos que presentaban conductas inusuales y creyendo que eran casos de posesión del demonio obtuvo un permiso especial de la Curia ( por ser un presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad de vida ) para intervenir en varios casos, siempre exitosamente según lo indica, aunque a decir de los psiquiatras se trata de sujetos con perturbaciones de personalidad y como no se ha completado un seguimiento a dichos enfermos, se ignora si mejoraron o continúan dizque endemoniados.
Tanto esfuerzo le cansó mucho al punto que en Noviembre del 2.005 exorcizó por última ocasión pues no resistió tal esfuerzo, sufriendo una operación de corazón abierto que le mantuvo varios meses en estado delicado. Desde entonces ha abandonado los exorcismos.
Alto, delgado, de físico aparentemente frágil, ojos claros, pelo escaso y plateado, querido y respetado por todos quienes tienen la suerte de conocerle y tratarle. Incansable en todo, ejemplo de superación para cualquier sacerdote. Su carácter afable y risueño le hace propicio para la confianza, sabe motivar a sus feligreses y devuelve con obras todo el amor que atesora por el prójimo.