PEDRO J. MONTERO MARIDUEÑA
JEFE SUPREMO.- Nació en la hacienda Bulubulo propiedad de su padre en el cantón Yaguachi, el 29 de Junio de l.862 y fue bautizado con los nombres de Pedro Jacinto en honor a su padre y por el santo del lugar. Hijo legítimo del Coronel Pedro Montero Ramos militar de carrera y propietario agrícola y de Mercedes Maridueña de familia oriunda de Popayán.
Tuvo una infancia feliz con sus hermanas Mercedes y Rosa y como se vivían los últimos años del garcianismo, jugaba a Curuchupas y Liberales. En l.87O fue matriculado en Guayaquil donde el preceptor Tomás Martínez. Sus hermanas entraron al Colegio de los Sagrados Corazones. El 75, al culminar la primaria, decidió iniciarse en las duras faenas agrícolas para las que sentía una gran pasión. En la zona montañosa que riega el río Bulubulo desgajó los espesos bosques para extraer gruesos troncos de Pechiche y fabricar alfajías que vendía en Guayaquil. Después las llevó a Panamá donde tenían mejor precio y allí conoció al General Eloy Alfaro, con quien hizo una excelente relación de amistad.
El l5 de Abril de l.883, iniciada la campaña militar contra la dictadura del General Ignacio de Veintemilla, se alistó en el Batallón Sagrado del Coronel Emilio Alvarez, de las fuerzas del General José Maria Sarasti y pusieron sitio a Guayaquil. Vadeando peligrosamente el Estero Salado el 9 de Julio, entraron en la ciudad. Entonces su tío el Tte. Cor. Vicente Maridueña, que estaba en el ejército Regenerador de Alfaro, lo llevó al Piquete Yaguachi, donde se mantuvo hasta la desmovilización decretada el 7 de Noviembre, mientras la Asamblea Nacional Constituyente reunida en Quito con amplia mayoría conservadora, elegía nuevo Presidente al Dr. Plácido Caamaño.
En l.884 Alfaro amagó la costa norte de Manabí a bordo del buque “Alajuela”. El 28 de Octubre, José Maria Terán Guerrero formó una Columna guerrillera en su apoyo con Montero y otros jóvenes costeños, pero al conocer el fracaso de la expedición naval de Alfaro, se dispersaron tras algunos combates sin importancia. Ya era Sargento graduado.
La noche del 6 de Febrero de l.886 y bajo las órdenes de Alfredo González entró sorpresivamente en Yaguachi con otra partida de guerrilleros y sorprendieron al Presidente Caamaño, a dos de sus Edecanes y a varios miembros de la Comitiva, en momentos que esperaban una embarcación en el muelle, para seguir a Guayaquil. En la lucha Caamaño mató a un asaltante de un pistoletazo y se lanzó al agua protegido por la oscuridad de la noche, nadando hasta unos matorrales cercanos en la orilla opuesta, donde permaneció varios minutos, despistando a sus enemigos que le buscaban para asesinarle. Uno de sus Edecanes resultó muerto y el otro quedó malamente herido. A la mañana siguiente hubo serios disturbios en Guayaquil y murió el Capitán César Guedes de las fuerzas leales al gobierno. De allí en adelante, en la Columna Vengadores de Moncayo y como Capitán de la Compañía Cazadores, siempre con González, perturbó el joven Montero la paz de los campos en bien concertado plan de guerrillas.
En el sitio la Aurora del río Daule asaltaron al vapor Bolìvar que conducía 3OO hombres al mando del Cor. Modesto F. Burbano. Después siguieron a Quevedo con el Cor. Domingo Luna y el Tte. Cor. Valentín Alava y sitiaron a 4OO soldados, pero tras cuatro largas horas de intensos tiroteos, tuvieron que retirarse. De los l50 guerrilleros solo quedaron 20, tal la mortandad.
Huyendo por las montañas en las noches y descansando de día, siguieron hacia el noroeste hasta tocar el río Calceta y en el punto denominado Camarones, con los Coroneles Enrique Morales Alfaro, Zenón Sabando, Juan M. Triviño y Domingo Luna envolvieron en feroz batalla a 300 soldados, que por la sorpresa emprendieron veloz retirada.
El l de Mayo recibieron refuerzos en el cerro del Peludo y puestos en camino, al tocar el punto San Antonio, atacaron a 7OO soldados de línea con resultados inciertos, luego de lo cual se desarticularon. Las montoneras liberales, rezago de la revolución de los Chapulos, causaron la intranquilidad en los campos costeños y debilitaron al gobierno de Caamaño, preparando la conciencia nacional hacia el gran cambio que vendría con la revolución liberal.
En l.887 estaba restituido a su zona de Bulubulo, donde permaneció semiescondido hasta el ascenso a la presidencia de Antonio Flores Jijón, quien decretó una Amnistía total. De allí en adelante, dedicado únicamente a su trabajo y a su familia, vivió casi ocho años, que fueron económicamente del todo productivos, pues llegó a amasar una regular fortuna.
A mediados de l.894 se produjo el escándalo nacional de la venta de la bandera al crucero chileno “Esmeraldas” para que pudiera ser entregado al Japón, pues como Chile había decretado su neutralidad en la guerra Chino-Japonesa, requería de la bandera de un paìs amigo para disfrazar esa operación. La prensa nacional acusó a Caamaño, entonces Gobernador del Guayas, de haber pactado una comisión de 8O.OOO libras esterlinas con la Casa Flint de New York, que hacía de intermediaria en la venta, pues la dueña del vapor era la banca Morgan de New York. El país se levantó indignado contra el Progresismo y hubo numerosos mítines en Guayaquil y hasta un levantamiento armado en las calles de Quito.
En la madrugada del l2 de Febrero del 95 Enrique Valdez Concha se sublevó en Milagro a la cabeza de 28 montoneros, entre los cuales se encontraba su amigo Montero. Tomaron la vía férrea entre Yaguachi y la hacienda Conducta, cortaron los rieles, ocuparon Yaguachi que encontraron desprotegida y siguieron a la hacienda Venecia, pero el l7 fueron derrotados por fuerzas regulares del ejército y tuvieron que internarse por las montañas de Chilintomo, para seguir hacia la provincia de los Ríos, donde se unieron a las fuerzas del joven guerrillero Plutarco Bowen.
El Gobernador Gabriel Luque Benites declaró el estado de sitio, implantó la censura de prensa y despachó al Coronel Montero Ramos, quien se hallaba reponiendo su salud en el Hospital de Guayaquil, ordenándole develar la revuelta. Montero Ramos era un valeroso oficial de carrera y padre de Pedro J. Montero como ya se ha visto. El día l8 entró en Yaguachi y todo volvió todo a la normalidad. Este fue el primer levantamiento armado que registró el país.
Pero la guerrilla no estaba derrotada, simplemente se había retirado al interior de los campos y el l8 de Mayo Bowen atacó Babahoyo, entrando por la hacienda Palmar del Ingenio San Pablo, pero fue rechazado. Sabedor de estos acontecimientos Montero pasó subrepticiamente a Yaguachi y con sus amigos Enrique Valdés y Francisco de Paula Avilés Cerda , aprovechando otra ausencia de su padre el Coronel Montero Ramos, tomaron nuevamente Yaguachi, mientras el 24 - tras intensos combates- Bowen ocupaba Babahoyo con 3OO hombres, poniendo en jaque al gobierno; pues avanzó sobre Daule y con ese triunfo facilitó la revolución en Guayaquil el 5 de Junio.
La ciudad llamó a Alfaro que se hallaba en Centroamérica, Bowen entró pacíficamente en Guayaquil y se alojó en casa de Maria Gamarra de Hidalgo, quien le distrajo para dar tiempo a que arribara Alfaro días después. Montero se le presentó en la Gobernación y fue asimilado al Ejército liberal como Primer Jefe de la Escolta de Honor de la Caballería.
El 24 de Julio se inició la movilización hacia la sierra y el l4 de Agosto peleó en Gatazo. Tres días después Alfaro entró vencedor en Riobamba y el 4 de Septiembre en Quito. Montero fue designado Jefe del cuartel ubicado detrás del Palacio de Gobierno, donde permaneció varios meses hasta que se produjeron los levantamientos armados de los jefes conservadores Antonio Vega Muñoz en el Azuay, y Pedro I. Lizarzaburo y Melchor Costales en el Chimborazo, que hicieron peligrar al gobierno de Alfaro. Entonces marchó bajo las órdenes del General Juan Francisco Morales con los batallones Guayas y lO de Agosto hacia Riobamba y tomando por las alturas siguieron al puente de Quimiag, mientras Leonidas Plaza y los batallones Vargas Torres y Boliche, en movimiento de pinzas, cercaban a los insurrectos a las seis de la mañana del 4 de Julio de l.896, causándoles una gran derrota.
Posteriormente combatió en Chambo y el 23 de Agosto, tras la capitulación de Cuenca, estuvo entre los jefes liberales que entraron en esa ciudad con Alfaro, su cuñado Juan Francisco Morales y el representante de los vencidos David Neira. El día 27 parte del ejército liberal volvió a Guayaquil. Montero siguió hacia la provincia del Chimborazo y persiguió a las últimas partidas rebeldes acaudilladas por Melchor Costales y Pacífico Chiriboga, derrotándolas en el sitio Carcavón de la Parroquia San Andrés. También estuvo en el combate de la Cruz de Igualata el 25 de Abril de l.897 bajo las órdenes del General Flavio Alfaro Santana.
El 2 de Mayo, como Jefe del Cuartel de Caballería, situado donde hoy funciona el Colegio Maldonado en Riobamba, intervino en la prisión de los padres Jesuitas y en la notificación del confinio al Obispo Arsenio Andrade, contumaz cabecilla de los insurrectos. El dia 4 la guerrilla conservadora atacó Riobamba y para repelerla combatió a las órdenes del General Pedro Pablo Echeverría, Gobernador de esa Provincia, llevando a los Jesuitas a su Cuartel, en calidad de detenidos.
Terminada la campaña del centro regresó a su cuartel en Guayaquil y se acogió al retiro. Avecinado en Yaguachi, su nombre prestigiado en los campos de batalla, adquirió ribetes de heroicidad y el pueblo gustaba referir sus hazañas.
El l5 de Enero de l.9O6 estuvo en el combate de Chasqui con el General Eloy Alfaro, quien volvió a detentar la Presidencia de la República. Montero fue designado Jefe de Zona en Riobamba. En Febrero ascendió a Teniente Coronel, en Noviembre a Coronel graduado y en Febrero de l.907 a Coronel Efectivo y pasó en Comisión Especial a Guayaquil, donde permaneció hasta Junio, que fue designado Inspector del Ejército del Centro. Desde entonces actuó de Comandante General de la División del Centro de la República hasta que en Junio fue trasladado con iguales funciones a la III Zona Militar en Guayaquil. Ya estaba casado con la dama quiteña Isabel Beatriz Barahona Jurado. En l.9O8 nació su hija única Mercedes Montero Barahona, así llamada en honor a su abuela paterna.
Para el Centenario de la Independencia en l.9O9 fue ascendido a General. Su Hoja de Servicio decía: Valor Heroico. Conducta Honorable. Instrucción Buena. Capacidad Buena. Estado Casado. Salud Robusta.
En Julio de l.9lO se realizaron las elecciones presidenciales y triunfó el candidato oficialista Emilio Estrada con l03.024 votos contra 3.7O8 del General Flavio Alfaro y 2.583 de Alfredo Baquerizo Moreno. El 3 de Agosto el Senado negó la solicitud planteada por algunos incondicionales de Alfaro, para que fuere designado General en Jefe del Ejército y se pensó que asumiría la dictadura, pues el distanciamiento con Estrada era más que evidente. Se repetía el problema suscitado en l.9Ol con Leonidas Plaza.
Los estradistas decidieron adelantarse a los acontecimientos y el 11 estalló el cuartelazo contra Alfaro en Quito. El pueblo asesinó en el panóptico al Coronel Luis Quirola, que guardaba prisión por el crimen de Emilio Maria Terán.
Montero reconoció a Estrada y el día l3 se pronunció por la vigencia del Orden Constitucional con los demás jefes militares de la II Zona de Guayaquil., a tiempo que Alfaro partía al destierro. Montero tuvo el gesto de delicadeza de irle a recibir en la estación de Naranjito y le escoltó hasta Durán, donde Alfaro tomó el vapor Cotopaxi con destino a Panamá.
El l de Septiembre Estrada asumió el mando pero como estaba cardiaco y se sabía que su gobierno no podía durar mucho tiempo, algunos políticos comenzaron a conspirar. La noche del 2l de Diciembre sufrió un infarto y falleció de contado. Carlos Freile Zaldumbide, Presidente del Senado, se hizo cargo del poder, pero siendo un hombre de carácter irresoluto, comenzó a gravitar bajo el ala del placismo, mientras se lanzaban las candidaturas de los Generales Leonidas Plaza, Julio Andrade y Flavio Alfaro.
El dia 28 de Diciembre, frente ala gravedad de la situaciòn,numerosos liberales proclamaron la Jefatura Suprema de Montero en Guayaquil. El golpe debía darse en favor de Flavio Alfaro que era popularísimo en toda la República, pero a última hora se impusieron los viejos militares con Montero a la cabeza, que deseaban llamar al Viejo Luchador.
El 29 Montero lanzó una Proclama al país y conformó su Gabinete de la siguiente manera: En Gobierno y Policía el Dr. Manuel Tama Vivero, ilustre jurisconsulto y hombre de más que regular fortuna. En Hacienda y Crédito el Dr. Juan Borja Sánchez. En Guerra y Marina el Dr. Francisco Martínez Aguirre. En Relaciones Exteriores el Dr. Modesto Chávez Franco y en Instrucción Pública el Dr. Alfonso de Arzube Villamil. Este gabinete tuvo vida precaria y sus miembros terminaron por salir al exilio en Enero siguiente.
El Encargado Freile Zaldumbide dispuso una movilización general de sus fuerzas. Plaza lanzó una Proclama como General en Jefe del Ejército Constitucional y en una Circular a los Gobernadores, Jefes de Zona y Delegados Militares declaró traidor a Montero, pero fue respondido con el recuerdo de varios episodios vergonzosos de su carrera militar y vida política.
Los Constitucionales se movieron rápidamente a Huigra y Alausi que son los dos pasos más rápidos para bajar a la costa, pues se temía que la presencia de las primeras lluvias impidiera la consumación de la Campaña., mientras Alfaro hacía su arribo el 4 de Enero de l.9l2 y ocupaba la plaza de Guayaquil, que le entregó Montero. El 5 llegó Flavio Alfaro y se pusieron de acuerdo tío y sobrino y el 11 las fuerzas de este último se batieron con los Constitucionales sin éxito. Julio Andrade ocupó Huigra y Flavio Alfaro retrocedió a Yaguachi, mientras Montero se convertía en pasivo espectador de los sucesos.
El l4 nuevamente se enfrentaron los ejércitos, en esta ocasión en Naranjito. Al día siguiente Enrique Valdes Concha plegó con su gente del Ingenio Valdes al Ejército del Interior y decidió la suerte de la guerra, pues el l8, cuando el ejército de Plaza y Andrade atacó Yaguachi, las fuerzas de Flavio Alfaro estaban a la defensiva y aunque opusieron tenaz resistencia y Flavio Alfaro resultó herido, fueron desalojadas de todos los frentes.
El l9 Eloy Alfaro se proclamó Director Supremo de la Guerra ante la renuncia masiva de los Ministros flavistas del Gabinete de Montero que salieron del país como ya quedó dicho. Plaza exigió la rendición de Guayaquil que Montero rechazó; mas, el día 2O, comenzaron las negociaciones y el 22 Montero y Plaza suscribieron el Tratado de Duran, llamado también de Exponsión, por el cual se garantizaba ante los Cónsules de los Estados Unidos y la Gran Bretaña, amplias garantías a los civiles y militares, excepto a los que hubieren incurrido en responsabilidad penal por la comisión de delitos comunes, se licenciaría a las tropas guayaquileñas pudiendo permanecer en el ejército los que así lo quisieran y cesarían las hostilidades, entregándose todo el elemento bélico existente. Igualmente se pondría en libertad a los presos políticos y a los prisioneros. Por Exponsión se entiende en lenguaje castrense, no una rendición, ni una capitulación, situación en las que los beligerantes conservan sus posiciones. Montero recibió un Salvoconducto de manos de Plaza para circular libremente por la ciudad.Ese mismo dia pasaron a Guayaquil Enrique Valdes Concha, Manuel Velasco Polanco, Leonidas Plaza , Julio Andrade y ocuparon sin problema la Gobernación.
A las 9 y l/2 de la noche el General Plaza, movido por esa forma de conducta que le había singularizado siempre, irrespetando el Tratado, hizo capturar al General Eloy Alfaro que se hallaba alojado en los bajos de la casa de la familia Renella y comenzó la tenaz persecución de sus principales colaboradores entre los que se contaron en un primer momento Adolfo Páez y Pedro J. Montero, quien había ido a visitar a su Jefe y había ingresado al servicio higiénico, pero al darse cuenta de que llevaban detenido al Viejo Luchador, abrió la puerta y dijo a los sorprendido guardias: “Aquí estoy, quiero seguir la suerte de mi antiguo Jefe”
Al conocerse las prisiones el Cónsul de Chile protestó por el atropello y los de los Estados Unidos y la Gran Bretaña reclamaron airadamente por el incumplimiento del Tratado pactado bajo sus garantías. Lo mismo hizo Julio Andrade, pero sin resultados, porque Plaza era tenaz en sus planes y proyectos.
El Martes 23 arribaba a Guayaquil el Ministro de Guerra, General Juan Francisco Navarro, con el propósito de reorganizar el ejército y la marina Ese día continuaron las capturas y fueron apresados Luciano Coral y Medardo Alfaro. El Miércoles 24 hubo mitines pidiendo el fusilamiento de Montero. El Jueves 25 cayeron Manuel Serrano y Flavio Alfaro, mientras Plaza organizaba el Consejo de Guerra contra Montero por el crimen de alta traición, designando al Fiscal Militar, al Presidente y Vocales.
Esa tarde, a las 6 y 45 se llevó a cabo el acto en el segundo piso de la Gobernación. A Montero no se le guardó la consideración debida a su alto rango de General, pues menudearon las burlas y sátiras infames y los maltratos de obra. Unos le tiraban del pelo, otros le empujaban hacia delante con burlas obscenas y sátiras infames. Plaza se presentaba de cuando en cuando a gozar con la agonía de su víctima, alentando indirectamente a los del batallón Marañón y a los de la Artillería Bolívar, que vestidos de paisanos, copaban el salón. A las 8 y 3O de la noche se leyó la sentencia condenatoria a pena de l6 años de prisión previa degradación militar. El Juicio había sido una farsa pues fue presidido por el Coronel Alejandro Sierra, enemigo personal de Montero y su reemplazo en la Jefatura de Zona. Era, pues, un hombre de la entera confianza del gobierno. Su actuación fue tan inicua que hubo un momento en que el propio Sierra, saliendose de su papel de Juez incitó a la multitud preguntándoles: Pueblo guayaquileño. ¿Sabrás responderme si os consta que el General Montero es reo de alta traición a la Patria y sus instituciones? A lo que la oficialidad placista que ocupaba enteramente el salón respondió con un formidable si. Y quien solicitó la pena de muerte contra Montero fue su propio defensor Tácito Núñez, también hombre de confianza de Plaza.
Al momento de terminarse la lectura, algunos de los asistentes se precipitaron contra Montero, quien les contuvo diciendo “Daré mi vida, si, pero mañana”... No, ahora mismo, le contestaron y el Sargento Primero, Alipio Sotomayor, de la Primera Compañía del Batallón No. l Guayaquil, que gozaba de fama de buen tirador, intempestivamente sacó su revólver y sin previo aviso le disparó un tiro a quemarropa, que le entró por la frente, matándole de contado, pues la víctima cayó fulminada. Varios más le clavaron sus bayonetas y un tal Samaniego, del Marañón, le dio de silletazos.
Enseguida lo pasaron por encima de las cabezas y fue arrojado desde una de las ventanas que daban a la calle Ballén. Entonces, al toque de dianas de una banda militar le condujeron a rastras por la calle Aguirre hasta la Plaza de San Francisco, mientras le mutilaban los órganos sexuales, le sacaban el corazón del pecho y arrancaban la cabeza, que enarbolaron en lo alto de una bayoneta. Su hija Mercedes, años después contaba que como vivían cerca de la Gobernación, su tía Mercedes Montero Maridueña vio el cadáver y la cabeza y que de la impresión perdió completamente la razón, no recuperó jamás y murió años después completamente enajenada.
El valiente Montero fue incinerado al pie del monumento a Rocafuerte, con unos cajones de madera empapados de kerosene que la turba sacó a empellones de la tienda del italiano Castagneto, en la esquina de Pedro Carbo y Vélez. Hubo fiesta, bailes y risas en espectáculo macabro.
A las diez de la noche, cuando se había calmado la turba, Plaza se hizo presente en el sitio de los sucesos para reprender a los que continuaban divirtiéndose con los despojos y ordenó apagar el fuego que aún ardía en la pira de cajones. Horas después la esposa de Montero pidió en uno de los cuarteles la devolución de la cabeza y el corazón, llevados como trofeos; mientras su amigo Carlos Bayona, a petición de su hermana Rosita Bayona de Peña, recogía los restos para depositarlos en una tumba del cementerio.
El crimen de Montero causó estupor en la República y la noticia apareció en grandes titulares en la prensa latinoamericana, ocasionando la natural conmoción que esta clase de sucesos provoca, con los detalles sádicos que contienen. Esa misma madrugada, Viernes 26 de Enero, Alfaro y sus tenientes fueron embarcados en Durán con destino a Quito, donde terminarían igualmente sus vidas.
Montero fue un militar de gran valor aunque de escasa cultura. Tampoco fue el ignorantón que algunos escritores han presentado. De estatura baja, blanco mestizo, de grandes mostachos y fama de valiente hasta la temeridad, por eso el ilustre escritor liberal colombiano José Maria Vargas Vila, le puso “El tigre de Bulubulo”.
En los combates atrevido, en la vida de cuartel afectuoso con sus compañeros, de allí el gran respeto y consideración que le profesaban sus subalternos. Como liberal siempre practicó la moderación en sus actos pues era su norma de conducta vivir con decencia y honor.