GONZALO ORELLANA BARRIGA
MILITAR.-Nació en la ciudad de Quito el 2 de febrero de 1918, hijo del escritor y periodista Gonzalo Orellana Pozo (1) natural de Azogues y de María Isabel Barriga Moscoso, de Latacunga, nieto del Teniente Coronel Delfín Orellana Sisniegas, de las filas liberales de Alfaro y héroe de “ Gatazo” en donde fue ascendido a esa jerarquía en el campo de batalla, autor de “ Estudios Monográficos del Ecuador” en dos tomos 1929-1930 y de Regina Pozo García, también de Azogues.
(1) Gonzalo Orellana Pozo tenia una gran hacienda en Lloa con ganado vacuno y una gran cantidad de ovejas y otra hacienda “Papatena”por las enormes papas que producía, ubicada encima del pueblo de Calacalí, que todavía se conserva en manos de sus herederos, hacia unas enormes fiestas que duraban varios días, se mataba una vaca para los festejos y se les alojaba a los invitados en la gran casa de hacienda, que tiene por lo menos tres siglos de existencia. Fue propietario de uno de los primeros autos en Quito con chofer, sin embargo pasó épocas de necesidad cuando sufría persecuciones y entraban los soldados y con las bayonetas picaban los techos de la casa de San Roque, grande y de tres pisos, y preguntaban ¿Donde esta el señor Gonzalo Orellana Pozo, que tiene orden de prisión? por supuesto se encontraba a buen resguardo en Ipiales; la familia debía ir a vivir en la Magdalena en alguna casa modesta hasta cuando mejoraban las condiciones económicas. Militó sin claudicaciones en el Partido Liberal Radical Ecuatoriano “Por su actividad política tuvo dos confinios en la Costa y la Sierra y en su madurez fue encarcelado en el Panóptico por sus escritos en el diario liberal “El Día” de la capital contra el Presidente electo Neptalí Bonifaz, durante la guerra de los Cuatro Días en 1932. Diputado por el Cañar y Senador por el Obrerismo de la Sierra en la década de los años treinta; subdirector del Partido Liberal Radical Ecuatoriano y Cónsul en Nicaragua, país que le condecoró. Autor de “Patria Intelectual”, de “El Ecuador en Cien años de Independencia” (2 tomos 1931 ) Al final perdió la casa de San Roque, vendió la hacienda de Lloa y hastiado de la política se dedicó a la agricultura en “Papatena”. Allí sembraba maíz, lentejas, fréjol, cebada, morocho, papas, tenia vacas, ovejas, gallinas, cuyes, cerdos. Feliz en el campo con su esposa e hijos, esto produjo una profunda huella en el carácter de sus hijos, sobretodo en Gonzalo, quien ingresó al ejército pero desde el grado de Mayor tenia nostalgia y quería retirarse de la vida militar para dedicarse por entero a la agricultura y hasta hacia planes con la cesantía que obtuviera de las fuerzas armadas pero entonces intervenía su esposa, mujer de carácter fuerte, e impedía el retiro hasta que alcance el grado de General. En Papatena la vida de hogar estuvo matizada por visitas de personajes ilustres, su amigo el gran poeta Remigio Romero y Cordero llegaba al cuarto de huéspedes y se quedaba algunos días, incluso hizo un bello poema a doña Isabel Barriga Moscoso de Orellana.
Inicio sus estudios secundarios en el legendario Colegio Nacional Mejía, hasta el tercer curso en 1.936 que pasó como cadete al Colegio Militar, egresando con el grado de subteniente de caballería en 1939. De 22 años fue trasladado a la frontera con el Perú, como parte del batallón Montecristi y después del grupo de caballería “Febres Cordero”. Durante la guerra ecuatoriano-peruana del 1941 participó en el feroz combate de “Alto Matapalo” formando parte de un destacamento de cerca de 30 soldados que se batieron contra setecientos invasores, por eso solo tres sobrevivieron, el Subteniente Orellana fue uno de ellos. Por esta acción fue condecorado con la “Cruz de Guerra del Congreso” y con la medalla “Abdón Calderón”, recibidas por actuación sobresaliente en campaña.
En el mismo conflicto y a pesar de encontrarse con paludismo participó en la fase de consolidación del combate de “Panupali”, mereciendo una nueva presea por merito de guerra, siendo el único militar con tres condecoraciones en una guerra. Un auténtico héroe nacional (2)
El General Eloy Gaspar Ureta Monte comandaba de la gran unidad operativa, el “Agrupamiento del Norte” creada el 11 de enero de 1941, con su cuartel general en Tumbes y una fuerza total de 14.111 hombres, en lo que correspondía a las Fuerzas de tierra, o sea el Ejército; pero a ella deben añadirse los efectivos de la Marina: los barcos de guerra y sus dotaciones, como también la Aviación de guerra y sus hombres, con lo que la fuerza total lista para atacar al Ecuador aumentaba notablemente.
El Teniente Coronel Leonardo Chiriboga Ordóñez, afirma basándose en las plantillas de guerra del Perú que la fuerza que intervino en las hostilidades contra nuestro país, llegaba a 18.848 hombres” versus “1.053 hombres, sin Estado Mayor, sin armamento antiaéreo y antitanque y sin unidades de servicios” según otras fuentes se piensa que la fuerza peruana estaba constituida por 30.000 hombres.
La superioridad de Ureta era de 17 a 1 y a las 5.30 de la mañana lanzó al ataque a su infantería sobre todo el frente. Pese a la tremenda preparación de su artillería y sus morteros, la ofensiva de la infantería peruana encontró dura resistencia en las fuerzas ecuatorianas aferradas a sus posiciones, que causaron fuertes bajas. Pasadas las 14 horas, luego de once horas y media de lucha desigual, fuerzas peruanas lograron penetrar por Corral Viejo, virar hacia el Norte, caer por la espalda sobre Alto Matapalo y progresar por Rancho Chico, en combinación con otro esfuerzo que consiguió penetrar por la Quebrada del Arenal hacia Quebrada Seca y Poza de las Lajas.
(2) En su libro “Las agresiones peruanas el Ecuador”. El 5 de julio arrancó la agresión peruana que promovió el conflicto bélico. Se inició en las inmediaciones del río Zarumilla, entre Huaquillas y Chacras, para luego extenderse a otras guarniciones fronterizas. En los días subsiguientes, el laborioso meditado plan peruano, largamente revisado en sus detalles a nivel de gabinete, fue puesto en el terreno por los generales Manuel Odría y Eloy Ureta, al frente de una fuerza combinada con apoyo aéreo de treinta mil soldados. Los batallones de infantería ecuatorianos Cayambe y Montecristi, al mando de los mayores Luís A. Rosero Revelo y José Félix Vega Dávila, en el orgánico de frontera que presidían los coroneles Luís A. Rodríguez Sandoval, comandante de Zona y Octavio Alberto Ochoa Ochoa, jefe de Frontera, con una reducida fuerza, sin apoyo alguno, dejaron la decisión de las armas en suspenso. El 15 de julio es atacado el archipiélago de Jambelí y el 23, el Perú lanza su ofensiva aérea con bombardeos y ametrallamiento a las indefensas poblaciones fronterizas, reincidiendo en su desprecio a los acuerdos de cesar el fuego.” El Comandante del Escalón de Seguridad, teniente coronel Octavio Ochoa sobre la situación de nuestras tropas de frontera ante los preparativos peruanos, dice “Desde el 5 de julio (1941) nuestra tropa no podía materialmente dormir. Sus días fueron de continua vigilia, incompatible con la salud de las personas, pues mientras las tropas peruanas hacían sus relevos cada seis horas y siempre con tropas frescas, las nuestras la hacían cada doce turnándose los mismos contingentes, ya que los que salían del servicio a las seis de la mañana debían volver a las seis de la tarde, por lo que la tropa desgastada físicamente en la noche no podía recuperar sus fuerzas descansando durante el día. La misma tropa tenía que cooperar en la defensa de la línea, en cada ocasión que las circunstancias obligaban a reforzar nuestras posiciones. Los destacamentos peruanos de Matapalo atacaron a las 18 y 40 horas a los puestos ecuatorianos de Alto Matapalo (el jefe era el subteniente Gonzalo Orellana Barriga) y Rancho Chico, donde se combatió bravamente con buen éxito para nuestras tropas, mientras que el enemigo se retiró con pérdidas. El ataque era un reconocimiento por la fuerza, para pulsar la resistencia de nuestro dispositivo. El día 19 de julio la situación era de verdadera tensión. En casi todo el frente del dispositivo se revelaban intentos de forzar el paso del río, que originaban reacciones continuas de nuestra parte. El día 20 en la madrugada se capturó en Alto Matapalo a dos soldados peruanos desertores. Ellos y algunos más regresaban a sus casas”, dijeron. El 23 de julio el Perú lanzó su gran ofensiva, la batalla de Zarumilla, como la llama el Perú. El 23 de julio de 1941 las fuerzas peruanas atacaban desde el alba en todo el frente del Zarumilla. Heroica resistencia de las tropas ecuatorianas del Escalón de Seguridad, escasas, mal dotadas y enfermas. Desde las 2.30 hasta las 4.30 de la madrugada, durante dos horas de ese día 23 de julio, el Agrupamiento del Norte, imitando los pérfidos procedimientos puestos en practica por los nazis en 1939, sin previa declaración de guerra, desarrolló un intenso fuego de preparación con su artillería contra los posiciones defensivas de nuestro Escalón de Seguridad, que quedaron desprovistas del único medio de enlace hasta entonces disponible: la línea telefónica Puerto Hualtaco-Corral Viejo. A ese fuego de preparación de artillería se sumaron los fuegos de morteros y de armas automáticas de la infantería peruana, dirigidos a destruir o a desarticular las fuerzas y las posiciones organizadas por la defensa ecuatoriana y a ablandar su moral. No lo consiguieron. Nuestras tropas, que no disponían de morteros, de ametralladoras pesadas, ni de armas de defensa antiaérea y antitanque, tampoco dispusieron desde entonces de transmisiones, pues la línea telefónica fue interrumpida por el bombardeo enemigo.
La tenaz resistencia de veinte días de la fuerza de cobertura, así como de las pequeñas dotaciones del aviso Atahualpa y cañonero Calderón en el mar, no había cedido terreno significativo hasta el 25 de julio. El paso del río Zarumilla, por el ejército peruano, operación durísima de avances y repliegues, amén de los contraataques del batallón Cayambe del Mayor Rosero Revelo y del Montecristi del Mayor Vega Dávila, en Quebrada Seca, obligaron al enemigo a solicitar el urgente pedido de reservas.
En el extremo fronterizo, una fuerza combinada con artillería y morteros atacó a los pequeños destacamentos ecuatorianos comandados por el subteniente Raúl Espinosa entablándose duros combates en el frente Macará-Vado Limón, los días 25, 26, 28 y 31 de julio. Las reducidas dotaciones de la compañía independiente Loja, más un puesto de policía de cinco hombres al mando del subteniente Humberto Parra y una escuadra del batallón España con el sargento Carlos Cueva, resistieron bravamente, causándo una veintena de bajas”
La tropa peruana capturó Macará el 25 de julio y la ecuatoriana la recapturó el 26, concentrándose en el sector de Vado Limón donde la resistencia se consolidó con los apoyos del batallón España, comandados por el capitán Juan Baquero y el subteniente Alejandro González Vacacela. El tramite de las operaciones, que dejó muertos y heridos ecuatorianos, permaneció descononocido, dado que el centro de gravedad operativo residía en la provincia de El Oro.
Superada la guerra, cuando los investigadores y los analistas de las acciones bélicas establecieron la verdad, hizo posible rescatar varios escenarios de los combates de Casitas y la Bomba, los días 23 y 24 de julio de 1941.
En el sector Limón-El Cruce-la Bomba-Casitas-Cochas del Caucho, los comandos menores y sus tropas quedaron totalmente desconectados de su mando natural en Quebrada Seca por obra de la dura geografía y carencia absoluta de comunicaciones; más aún, roto todo enlace elemental desde comienzos de julio, cuando el ataque peruano dislocó el extendido cordón militar del batallón Montecristi. El teniente Jorge Chiriboga Donoso, con su pequeña fuerza en el destacamento de la Bomba, combatió tres días hasta el último tiro, cinco hombres perecieron y diez y siete quedaron heridos, entre ellos el propio teniente Chiriboga, en el cuello y la rodilla, y el subteniente Vicente Moscoso Tamariz del destacamento de Limón, herido con esquirlas. En esa jornada de caracteres increíbles, de valor y sacrificio, se inscribe la conmovedora actuación de las bravas “Tres Marías”: María Jara, María Angulo y María Ayala, guarichas”, símbolo y recuerdo perdurable. Esas heroicas mujeres no pidieron cuartel
Cuando todo estuvo perdido, en el límite del honor y el cumplimiento del deber, el teniente Chiriboga Donoso recogió sus heridos y reagrupó a los soldados del sector para un repliegue activo y ordenado. Fue el último en abandonar ese aislado teatro de operaciones sur occidental.
En el Destacamento de Alto Matapalo, el joven Orellana Barriga estuvo cerca de una año, antes de la brutal agresión peruana, la vida en el destacamento era la típica de cualquier recinto militar pequeño, la instrucción militar, el mantenimiento de las armas, los ejercicios físicos, las horas del rancho para tomar las tres comidas principales, las tareas administrativas, incluyendo los partes a los superiores, ocasionalmente una carta a los padres, con un correo pésimo y lento, que duraba varios meses, el mantenimiento de las trincheras y ejercicios en casos de ataques, la tertulia del comandante con sus subalternos, el juego de voley y muchas veces el grito del comandante del Destacamento peruano Matapalo al frente en la otra orilla del río. ¡ Orellana! juguemos un partido de voley y así se lo hacía en una franca camaradería dentro de los términos que deben haber entre tropas de diferentes países y sobre todo con aquellas que habían mantenido conflictos pasados. Sin embargo meses antes de la agresión y guerra no declarada por el Perú, se iniciaron ametrallamientos de las casas del destacamento ecuatoriano por parte del destacamento peruano y se inició un período de tensa calma…
El día 23 de julio, día del ataque, tenía paludismo al igual que la mayoría de soldados, sin embargo el ánimo y la moral de la tropa eran buenos, se prepararon todos en las trincheras, con su pistola de dotación los oficiales, el sargento más viejo con la ametralladora ZB y entonces se dio la invasión, acudían los soldados peruanos por cientos en contra de treinta hombres o menos, que se defendieron estoicamente, con dignidad. El sargento fue herido en el pecho, pero siguió disparando hasta caer muerto, con las manos apretando su ametralladora y el dedo aplastando el gatillo, hasta cuando los peruanos bajaron la bandera ecuatoriana e izaron la peruana, tres sobrevivientes ( Orellana Barriga ) dos soldados se lanzaron al río y con unas cerbatanas respiraban desde el fondo, así permanecen varias horas hasta cuando cayó la noche y empezaron una penosa caminata aguas arriba para reagruparse con otros sobrevivientes. Después el Teniente Coronel Jorge Maldonado (el chagra por ser de Latacunga) le reclutó nuevamente en el Grupo de Caballería Febres Cordero a pesar del paludismo y el agotamiento de veinte días de lucha y participó en la fase de consolidación del combate de “Panupali”.
La sistemática burla al cese de fuegos por parte del Perú que continuaba ganando terreno sin defensa, movió al grupo de caballería Febres Cordero a frenarlo y castigarlo,
a través de un destacamento de tres oficiales y cuarenta y uno de tropa y exhortados por sus comandantes, los Mayores Rubén Armendáriz y Jorge W. Maldonado Egas, partió la tropa a cumplir su deber.
Como soldado y como jefe os pido la decisión y el sacrificio necesarios en esta noble jornada de valor en defensa de nuestro suelo patrio exclamaba el capitán Moisés Oliva Ojeda. Nuestro próximo campamento será Panupali, la patria requiere que sus hijos la defiendan, llevemos en nuestras mentes la consigna de vencer o morir ¡Viva el Ejército Ecuatoriano! decía el teniente Leonidas Plaza Lasso, en tanto el subteniente Manuel Zurita Miranda enardecía con su consigna de no regresar sin honor.
En el sector suroocidental de la provincia de El Oro, en la mitad del itinerario entre la ciudad de Piñas y la población de Piedras, se levanta el caserío Platanillos. Es un terreno de planicie que cae en una considerable depresión; vale decir que Panupali, al fondo, está rodeado de colinas configurando un anfiteatro natural, propicio para la sorpresa que la pueda dar quien domine las alturas. Al medio día del 18 de septiembre de 1941 se produjo el ataque ecuatoriano y el subsiguiente combate con la fuerza peruana del regimiento No 5 de caballería. Producida la sorpresa, que cobró una treintena de muertos, innúmeros heridos, siete prisioneros y la dispersión y captura del ganado caballar, así como de armas, municiones, equipo y más medios de vida y de combate, la derrota peruana fue total: presas del pánico y en completo desorden, los invasores corrieron hacia Piedras. Un aparte del informe del alférez Máximo Pimentel el 25 de septiembre, reza: A partir del día 7 de septiembre el contacto con el enemigo fue constante, dada su proximidad, siendo inminente un encuentro, hasta el día 18 del mismo mes en que el enemigo logró infiltrarse por los bosques abriendo fuego violento y simultáneo de las alturas que circundan mi posición, en circunstancias en que el personal a mi mando tomaba su rancho de medio día. El Febres Cordero perdió las vidas del sargento Rafael Grau Guzmán, del cabo Miguel Vaca y del conscripto Jacinto Flores Amay. Gravemente herido quedó el soldado Alfonso Alvarado Jara.
Conseguida la fulminante victoria y producido el relevo de la fuerza combatiente, el escuadrón comandado por el capitán Carlos Cabrera Sevilla, con los subtenientes Manuel Pinto Cadena y Oswaldo Montaño Pintado, en primera instancia, y luego el teniente Juan Ignacio Pareja y el subteniente Gonzalo Orellana Barriga ,más el valerosos cuerpo de clases y soldados, consolidó perentoriamente la situación y vigiló el abandonado campo de batalla.
El victorioso combate de Panupali impidió la progresión enemiga hacia Piñas y Loja, que de consumarse habría significado una profunda penetración de real amenaza a la zona del interior. Un brazo de la pinza operativa del Perú fue cortado, como lo fue el otro que apuntaba a Cuenca, desde Porotillo, el 11 de septiembre de 1941. En el marco de la guerra detenida, pero aprovechada por el enemigo para sus avances en el suelo ecuatoriano, el grupo Febres Cordero estuvo a punto de lanzar una contraofensiva limitada para expulsarlo de Piedras. Esta maniobra que hubiera cambiado el curso de la guerra y puesto en otros términos el Acuerdo de Talara, del 2 de octubre de 1941,quedó frustrada por el inoperante y miope mando militar que conducía las operaciones a control remoto desde Quito. El coronel Carlos Mancheno Cajas, forjador del plan reinvindicador, fue “cortada las manos” y relevado del comando (profunda decepción en los comandos y sus tropas causó el retiro del coronel Mancheno, de gran ascendiente militar)
De 32 años de edad, como Capitán, obtuvo el primer premio del Concurso Histórico Nacional promovido por el Presidente Galo Plaza Lasso, teniendo como uno de los miembros del jurado a Isaac J. Barrera y al General Ángel Isaac Chiriboga.
En 1956 era segundo jefe del batallón de caballería Yaguachi, cuando se dieron las elecciones presidenciales, que ganó por estrecho margen el candidato liberal Raúl Clemente Huerta, sin embargo el triunfo fue adjudicado al conservador Camilo Ponce Enríquez, produciendose una conmoción nacional. De pronto llega a la casa de la Floresta Carlos Guevara Moreno y pregunta ¿Donde esta el mayor Gonzalo Orellana Barriga? Ela esposa responde que en el cuartel y perpleja le dice que para que lo necesita, Guevara le indica que desean dar un golpe de estado en contra del fraude y que él se encargará de dar el apoyo con las masas especialmente en la costa, pero necesitaba que el Mayor se declare dictador. Entonces ella le dijo a Guevara Moreno “No puede administrar ni la casa peor un país”, días después el Mayor Orellana apoyó a Camilo Ponce quien se posesionó de la presidencia sin problemas.
En 1958 gano el primer premio del concurso hípico nacional montando en el legendario caballo “Fugitivo”; en 1960 cuando estaba en Riobamba, donde hizo muchos amigos amantes de la hípica, realizó el concurso nacional de equitación, interviniendo en salto en la categoría mas alta, sin embargo el palafrenero no ajustó adecuadamente las riendas y cuando saltó el primer obstáculo las riendas “volaron” por los aires, pero como la prueba no tenia tiempo, con una tenacidad increíble paso todos los obstáculos sin cometer ninguna falta, por supuesto que se cayó en cada uno, pero ganó el concurso, lo que demuestra un férreo carácter.
De simple Teniente Coronel y primer Jefe del Grupo de Caballería Yaguachi, asentado en el Valle de los Chillos, le dio 24 horas de plazo al Presidente de la República Carlos Julio Arosemena Monroy para que rompa relaciones con Cuba o se levantaba en armas, como así sucedió; por supuesto, inmediatamente lo pasaron de Jefe de Protocolo y Prensa del Ministerio de Defensa Nacional (sin mando de tropas) en donde se relacionó con el mundo civil del periodismo, en ese entonces escrito y radial, la televisión apenas iniciaba sus primeros pasos y con el Cuerpo Diplomático, pero no le juzgaron en Consejo de Guerra dada la debilidad del régimen
Fue Jefe del Estado Mayor de la primera Zona Militar en Quito y le dieron la misión de llevar a los tres miembros de la Junta Militar de Gobierno, para que se entrevisten en el Puente de Rumichaca con el Presidente de Colombia el Dr. Guillermo León Valencia. La población de Tulcán se encontraba enardecida contra los dictadores, pero había que cumplir la orden y se puso al frente de la tropa sin ninguna protección, los soldados en V invertida protegían a los miembros de la Junta que iban en medio y así llegaron entre tiros y manifestaciones a la entrevista pactada.
Siendo jefe del Estado Mayor de la I Zona actuó como conductor del movimiento que defenestró a la dictadura en 1966 para lo cual contó con el respaldo del General Antonio Moral, su amigo leal. El caso fue que por expresa disposición del Comandante General del Ejército Gral. Aguiñaga (lo llamaban el trompudo Aguiñaga) recibió la orden de invadir los predios de la Universidad Central. Ante tan absurda medida pidió por escrito la malhadada orden y tuvo que proceder.
Al día siguiente concurrió a la I Zona Militar y no regresó a la casa, únicamente por la radio y después de varios días se supo que tenía orden de prisión por parte de los dictadores, acusado de subversivo, pues se había sumado a un grupo de altos jefes militares que había querido encargar el poder al Gral. Gonzalo Coba Ministro de Defensa, quien en principio no acepto por timorato, pero después se arrepintió y regresó a la I Zona Militar, en donde el Coronel Orellana Barriga – dadas sus buenas cualidades de condecorado, simpático y pundonoroso – contando con el respaldo de sus camaradas, había asumido el comando de todas las tropas acantonadas en Pichincha, esto es, los batallones y unidades, que consultados estuvieron de acuerdo en que los dictadores tenían que irse a sus casas. Al último momento Coba se decidió y dijo que aceptaba ser el encargado del poder pero ya era demasiado tarde, pues la Junta Militar de Gobierno estaba caída y los militares de Quito habían perdido el control de la situación porque la plaza de Guayaquil no aceptaba órdenes, de manera que la subversión pasó a ser dirigida por el pueblo guayaquileño, pero una Junta Cívica formada en Quito por políticos placistas se interpuso y aprovechando el momento, designó entre gallos y medias noches al nuevo dictador civil con carácter de Presidente Interino.
Entonces fue nombrado jefe de la III Zona Militar en Cuenca y fue acogido por la sociedad civil debido a su obra en beneficio del desarrollo de la provincia y mantuvo la estabilidad del gobierno del presidente Clemente Yeroví Indaburo.
En 1.967 fue jefe del Estado Mayor Terrestre y Comandante General del Ejército encargado y desempeñó un papel de vital trascendencia para que el presidente Otto Arosemena Gómez pudiera terminar su mandato y se den las elecciones de 1968 que ganó el Dr. José María Velasco Ibarra.
En 1969 con el grado de Coronel y de 51 años se hizo acreedor al primer premio del Concurso de Historia Militar, auspiciado por la Fuerza Aérea Ecuatoriana. Ese año fue Agregado en Colombia, logró un acercamiento entre las unidades de caballería de ambos países y unas relaciones muy cordiales entre las cúpulas militares.
En el mes de junio de 1970 se producían varias reuniones de alto nivel. El Ministro de Defensa Nacional, Jorge Acosta Velasco manifestó que el Presidente y Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas se hallaba maniatado e impedido físicamente para gobernar debido a las grandes presiones de los opositores y que solicitaba el respaldo suficiente de los militares para poder actuar con mayor libertad. Los Comandantes Generales de Fuerza habían conversado ya con el Dr. Velasco Ibarra y estaban de acuerdo con que se le debía respaldar, pero que de todos modos era necesario auscultar el criterio de los miembros de los respectivos Estados Mayores y de los Comandantes de las grandes Unidades. El General Nilo Alfredo Villagómez, íntimo amigo y colaborador del señor Jorge Acosta Velasco (experto solamente en el negocio de la leche) había sido reincorporado al servicio activo de las armas luego de un largo periodo de separación, justamente por su simpatía hacía el Dr. Velasco Ibarra, era el Comandante General del Ejército y promovió varias reuniones, en las que demostró la conveniencia de que se respalde las actuaciones del gobierno, de manera que en 1.970 Velasco Ibarra, contando con los militares, se proclamó dictador civil.
El General Villagómez fue uno de los elementos decisivos para la transformación política, sin embargo, muy pronto comenzaron a circular mal intencionadas acusaciones en su contra, por parte del régimen y como el Dr. Velasco Ibarra era de un temperamento violento y fácil presa de los chismes, dio credibilidad a los mismos y sin más trámites separó al General Villagómez de las Fuerzas Armadas, con lo cual perdió un verdadero amigo.
En 1971 Velasco Ibarra cometió un gravísimo error político al colocar en disponibilidad a nueve Coroneles que estaban en funciones de Agregados en los países hermanos y que constituían la cúpula militar, entre ellos Orellana Barriga, a quien sin embargo ascendió a General por Decreto (3)
Después de salir del servicio activo de las FF.AA éstas le llamaron para el Consejo de Seguridad Nacional del Estado en donde estuvo un año, luego fue nombrado Director de Historia y Geografía del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y empezó una investigación seria de todos los documentos imbricados con la historia militar del Ecuador produciendo libros valiosos pues tuvo una vocación muy grande en el área de la docencia, en la enseñanza-aprendizaje a las nuevas generaciones de oficiales, por lo que fue profesor de Historia Militar en la Academia de Guerra Terrestre, en la Escuela de Perfeccionamiento de Oficiales y en la Escuela Superior y Colegio Militar, así como de Seguridad Nacional y Estrategia General en el Instituto de Altos Estudios Nacionales y en la Academia de Guerra Aérea, durante más de quince años.
(3) El 22 de junio el Dr. Velasco Ibarra trocaba una vez más su Poder en la Constitución por el Poder de las Fuerzas Armadas y asestaba un nuevo golpe a la democracia, colocando al país en un derrotero de predecible desenlace. Meses antes el General Villagómez fue retirado de las filas castrenses y sin saber cómo pasó a remplazarlo el coronel Julio Sacoto Montero, uno de los Coroneles menos antiguos del escalafón, quién fue ascendido de inmediato a General y nombrado Comandante General del Ejército ( sin respetar el escalafón ) en ese entonces el primer Coronel del Ejército era Gonzalo Orellana Barriga, el segundo el Coronel Jorge Rodríguez (el perro como le decían sus amigos de promoción, con cariño) Velasco Ibarra decapitó una vez más al ejército, dando de baja y dejando en la situación más precaria, difícil y antirreglamentaria a los nueve Coroneles que ocupaban los cargos diplomáticos como Agregados militares en los países americanos. Oficiales superiores distinguidos que habían cumplido con sus requisitos para el ascenso y que su preparación habían costado mucho dinero al pueblo. Unos fueron ascendidos a Generales en el mismo decreto que se les daba de baja, dejándoles en grave situación ante las autoridades militares y los gobiernos de los países amigos y otros ni siquiera fueron ascendidos como les correspondía.
Caído el dictador civil Velasco Ibarra en 1.972, se proclamó la dictadura del General Guillermo Rodríguez Lara. Tres años más tarde, para el 1 de septiembre de 1975, Rodríguez Lara había caído en el descrédito ese día se levantó en armas el General Raúl González Alvear.
Fracasado el movimiento, su cabecilla se refugió en la Embajada de Chile y pidió asilo, quedando una gran cantidad de oficiales y tropa detenidos y presos en el penal. Orellana Barriga no tuvo ninguna participación ni tampoco conocía el complot, pero cometió el error de aceptar la designación de Defensor Especial de los implicados que le ofreció mañosamente la dictadura, pero a poco comprendió que dicho juicio era el arma del dictador para cobrar venganza y condenarles, de manera que renunció el encargo. Esta actitud le costó la animadversión del dictador y la pérdida de los cargos que tenía en ese momento, Director del Departamento de Historia del Estado Mayor Conjunto, la cátedra en la Academia de Guerra del Ejército y en la Academia Aérea.
El domingo 28 de septiembre de 1975 el Dr. Jorge Crespo Toral concurrió a la Embajada de Chile, en donde el General Raúl González Alvear se encontraba asilado y le solicitó constituirse en su defensor, para efectos del juzgamiento al que iban ser sometidos los Oficiales del golpe. Se estableció la necesidad de iniciar un alegato dirigido al Juzgado de Instrucción de la Primera Zona Militar en vista de las declaraciones hechas a la prensa el día anterior, 27 de Septiembre, por el Ministro de Defensa. El martes 30 de Septiembre, aparecía en el diario El Telégrafo de Guayaquil la siguiente Carta abierta suscrita por los Generales Araujo Proaño y Solís Rosero y los coroneles Jorge Cevallos Salazar y Efendy Maldonado Mosquera, dirigida al General Julio Orellana Barriga.
“Los oficiales presos en el penal García Moreno, rendimos nuestro homenaje de admiración al militar pundonoroso, que desde el primer momento estuvo dispuesto a defender la Verdad, sacrificando su bienestar general y que, al darse cuenta de que el juez de instrucción de la Primera Zona Militar, cumpliendo órdenes superiores, seguramente del General Rodríguez Lara, quería utilizarlo como instrumento para cumplir una infamia jurídica o dar curso a consignas protervas entre este grupo de Oficiales, que con el movimiento del 1 de septiembre, lo único que pretende es salvaguardar la dignidad y la existencia de las Fuerzas Armadas y devolver al pueblo soberano el derecho de elegir libremente sus gobernantes, ha renunciado al cargo de Defensor Especial que el gobierno quiso imponerle. Recomendamos a los miembros de las FF.AA. en servicio activo y pasivo, el ejemplo de rectitud y hombría del señor General de División Gonzalo Orellana Barriga quien ha preferido el sacrificio, antes que la comodidad pasajera y banal que la dictadura habría podido brindarle. Penal García Moreno, a 28 de septiembre de 1975, firmado: Alejandro Solís GENERAL DE BRIGADA Juan L. Araujo Proaño, GENERAL DE BRIGADA Jorge Cevallos S. CORONEL DE E.M.Efendy Maldonado M. CORONEL DE E.M.
Como es fácil de suponer el juicio se volvió escandaloso y la opinión pública se volcó en defensa de los implicados. El Dictador comprendió que el sainete tomaba mal camino y resolvió después de la defensa de los Generales Jorge Aulestia Mier, Julio Espinosa Pineda, Galo Latorre y Julio Gonzalo Orellana Barriga y de los abogados civiles entre los cuales destacaba el expresidente Carlos Julio Arosemena Monroy, dictar sentencia por decreto, condenando a los alzados y persiguiendo a sus defensores.
Fueron tomados presos los generales Aulestia y La Torre y enviados a Panamá con la ropa puesta y sin un centavo; Arosemena viajó a Colombia en donde Alfonso López Michelsen le negó el asilo ( a pesar de que algunos años atrás Arosemena le acogió a López en el Ecuador)
En esos días, durante las primeras horas de la mañana sonó el teléfono de la casa del General Orellana Barriga, era el periodista Diego Oquendo, quien le indicó que iban hacia la casa unos agentes para detenerle; en principio decidió que se entregaba preso pues no tenía ningún temor por cuanto poseía la verdad, pero tras varios minutos de conversación con su hijo pensó que no había razón para dejarse pisotear por un dictador mediocre con un perfil militar muy bajo y que mejor se asilaba en la residencia del Embajador de Colombia, de manera que a toda velocidad partió a dicha residencia, en la avenida 6 de Diciembre, donde solo encontró a una empleada, quien dijo que el embajador estaba en Guayaquil y que inmediatamente le iba a llamar por teléfono.
El Embajador Gilberto Echeverri Mejía arribó esa tarde en el primer avión y recibió con mucha cordialidad al ilustre asilado ( Echeverri Mejía sería Ministro de Defensa y murió asesinado por las FARC )
El asilo solo duró 15 días, hasta cuando Rodríguez Lara indicó que no tenía ningún problema y que podía abandonar la Embajada, mientras el último defensor del Consejo de Guerra General Julio Espinosa se encontraba en la clandestinidad (con el paso de los años, Orellana Barriga y Rodríguez Lara saludaban muy cordialmente en encuentros casuales)
Durante su estancia en la Embajada fueron a visitarle muchos políticos, ofreciéndole que sea candidato a la presidencia. Muy cortésmente les indicó que un militar no debía hacer política así este retirado y que prefería seguir escribiendo, meses más tarde Rodríguez Lara fue aparatosamente depuesto por Poveda, Durán Arcentales y Leoro. Entonces fue llamado para Director Nacional de Museos Militares y después fue Director Nacional de Desarrollo de las FF.AA. cargo en el que estuvo hasta 1995.
En el plano cultural en 1980 obtuvo el segundo premio del Concurso Internacional de ensayo histórico promovido por el Ateneo de New York. Fue representante de las Fuerzas Armadas por las Ciencias Militares ante la Casa de la Cultura Ecuatoriana por varios años. Los representantes de las Instituciones ante ésta Casa lo eligieron miembro del Consejo Nacional para la Cultura por seis años consecutivos. Fue miembro de la Comisión para los festejos por los Quinientos Años del Descubrimiento de América .Representó al Ecuador en forma oficial en diferentes reuniones de carácter histórico, militar, cultural, como conferencista cultural en diversas reuniones militares realizadas en Argentina, México, Venezuela, Colombia, Puerto Rico, Guatemala, Costa Rica, Chile y Panamá.
Miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia desde 1991 publicó los siguientes libros: 1.- Significado de la Batalla de Tarqui. 2.- Las Guerras Intestinas del Ecuador. Obra con la cual ganó el primer premio del Concurso Histórico Nacional, en 1951. 3.- Apuntes de Historia Militar Universal. 4.- Historia Militar del Ecuador (hasta 1800) 5.- Las Agresiones Peruanas al Ecuador. 6.- El Arma de Ingenieros en el Ecuador. 7.- Historia Militar del Ecuador. Los héroes del siglo XX (Inédito, es un estudio de investigación biográfica de todos los combatientes fallecidos en actos de guerra a lo largo del siglo XX. 8.- Anécdotas militares, con las vivencias dentro de la vida en los recintos militares, especialmente en los batallones de caballería) 9.- En el Consejo de Seguridad Nacional redactó en cuatro tomos los “Documentos Primarios de la Nacionalidad” que se encuentran en el Banco Central.
Falleció en Quito, de 81 años de edad, en l.998.