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JOSE ANTONIO CAMPOS MAINGON
ESCRITOR.- Nació en Guayaquil en 1.868. Hijo legítimo de Alberto Campos Coello, miembro de una familia rica en tradición cultural y de Dolores Maingón Iler, guayaquileños. Ella era “matrona verdaderamente virtuosa sin ostentaciones ni excesos. Prudente, muy de su casa, con sus fuerzas sostuvo en mucho a su familia.

Huérfano de padre a temprana edad, estudió en el San Vicente del Guayas donde escribió un periodiquito con Alberto Wither, Luis S. García y Carlos Coello.

En 1.885 pretendió contraer matrimonio con su vecina Mercedes María Morlás Pommier, igualmente huérfana y de sólo catorce años, que se ayudaba cosiendo uniformes y ropa de campaña para los soldados; pero Doña Dolores se opuso a la boda por considerar que ambos eran muy jóvenes. Entonces se fugó y anduvo en el buque de la armada de guerra chilena "Pilcomayo" por más de seis meses, llegando hasta las costas del Japón. A su regreso desembarcó "muy tostado" y logró que se aceptara su matrimonio. Fueron felices y tuvieron once hijos.

Su madre aprovechó la ocasión para vender el único patrimonio familiar consistente en una finca por Daule y tras dejar a los recién casados en su departamento, marchó a Lima, donde vivió veintiocho años (1.888 a 1.916) con su hija Angélica, monja Directora del Correccional de Menores "Santo Tomás" de esa capital, y de sus otras hijas solteras que llevó consigo. Todas ellas cosían y bordaban precioso, según se me ha referido, porque eran habilísimas para las labores de mano.

El 31 de marzo de 1.887 publicó un valiente y altivo comentario del fusilamiento político al héroe liberal Luis Vargas Torres, que apareció en "El Guayas", periódico liberal fundado en esa fecha. El 18 de noviembre del 88 fundó la hoja semanario humorístico "El Marranillo" y a pesar de sus chispeantes artículos de oposición al presidente Caamaño, no fue molestado en razón de su corta edad. Igualmente comenzó a escribir para "El Maravilloso".

Poco después ingresó a la redacción del "Diario de Avisos", publicación seria y antigua que dirigía el gran periodista Manuel Martínez Barreiro. Allí se especializó en artículos de fina y sútil ironía y otros costumbristas de la costa, contando sus experiencias montuvias en la finca familiar dauleña, en las que había pasado largas vacaciones junto al hombre de campo de nuestro litoral, escuchando su habla, los dichos campiranos y sus “salidas” llenas de una aguda filosofía popular.

El género literario llamado costumbrista solo era cultivado en Quito por José Modesto Espinosa, pero ya gozaba de increíble popularidad en España con Juan Valera, Académico de la Lengua, que le había dado elevación y calidad.

En 1.889 dio a la luz pública su única novela conocida "Dos Amores", que la crítica ha calificado de intrascendente, aparecida por entregas tipo folletín.

En el "Diario de Avisos" Campos escribió sin interrupciones hasta que por efecto del Incendio Grande en 1.896, que arrasó con las maquinarias, dejó de salir largo tiempo, reapareciendo a principios del año siguiente. En ese Diario descubrió el venero inagotable de su memoria embellecida por la imaginación, allí comenzó a hacer escenillas costumbristas con personajes tomados de sus recuerdos campesinos, a los que colocaba en situaciones que siempre permitían extraer una moraleja.

El 89 fundó "El Cóndor" publicación de cortísima duración. El 91 colaboró en "El Tiempo" que estaba en su primera etapa y en "La Nación". Era un periodista a tiempo completo, que tenía que ganarse la vida en diversas publicaciones, pues, como siempre ha sucedido en nuestra patria, las Bellas Letras no dan para vivir y los periódicos pagan poco.

El 90 mantuvo una columna diaria en "El Globo Literario" y trabajó en la primera época de "El Radical". El 91 comenzó en la redacción de la revista semanal de literatura, ciencias y arte "Guayaquil" que dirigía el Dr. Cesáreo Carrera Padrón, en "El Diarista" y en "El Grito del Pueblo" donde los lunes aparecían sus "Rayos Catódicos" artículos de chispeante humor bajo el seudónimo de "Jack", su nombre en inglés, que luego cambió a "Jack the Ripper” -Jack el destripador - célebre asesino de las calles de Londres, porque según él mismo decía, sus crónicas hacían destripar de risa a los lectores.

Con la revolución del 5 de junio de 1.895 reafirmó su antiguo ideario liberal radical. Poco después perdió todos sus enseres durante el Incendio Grande y pidió posada con su mujer e hijos en casas de diversos parientes; mientras que con dinero prestado y la ayuda de un carpintero, él mismo construía una casita de caña en Gómez Rendón y Noguchi y se daba tiempo para escribir "Crónica del Gran Incendio de Guayaquil en 1.896" que constituyó un best seller en toda la República y le permitió ganar unos cuantos sucres.

Ese año comenzó una colaboración diaria en '"El Telégrafo" que iniciaba su segunda época. El 99 escribió para "La Democracia". En 1.900 figuró de Director de la revista semanal ilustrada de letras, ciencias, artes y variedades "Guayaquil Artístico" ayudado por Pedro Pablo Garaycoa, publicación que trabajó por el desarrollo intelectual del país. En 1.901 fue designado profesor de Literatura del Vicente Rocafuerte y lo fue por siete años. También en 1.901 comenzó a escribir en "El 9 de Octubre" y desde 1.903 lo hizo para la Revista "Olmedo" y para "El Ecuatoriano" de Ricardo Cornejo, con quien siempre fue muy amigo, a pesar que este último era conservador recalcitrante.
Entre 1.903 y el 7 dirigió "El Grito del Pueblo" dando dos ediciones diarias y mantuvo su columna que trataba sobre el hombre de campo del litoral y la vida urbana, vistos a través de un espíritu festivo. En ese sentido, fue el creador de un género que alcanzó increíble popularidad; el del cuento satírico, con los temas indicados y con un desenlace en forma de moraleja política; producción que se ha salvado de la vida efímera del diarismo porque pudo recogerla a través de varios libros.

"Campos caló hondo en el alma del trabajador del campo costeño sin excluir deliberadamente sus miserias, destacando la responsabilidad de quienes le mantienen como víctima, si bien no fue una actitud de acusación airada sino de burla a ratos inocente a ratos amarga".

En 1.904 escribió para "El Patriota" y editó "Los Crímenes de Galápagos, El Pirata del Guayas" en 154 págs., narrando los luctuosos sucesos ocurridos en esas islas y las violentas muertes.

En 1.906 lanzó en 205 págs. su primer lomo de "Rayos Catódicos y Fuegos Fatuos" que alcanzo sonado éxito, al punto que el 7 apareció el segundo tomo y en 1.911 la segunda edición de ambos tomos en 342 págs. cada uno, mostrándose un hábil narrador que manejaba el habla costeña en sus aspectos léxico y fonético. Por esta obra, años más tarde, José de la Cuadra le confirió el título de "abuelo espiritual de la novela vernácula ecuatoriana". Rodríguez Castelo, al tratar de Campos anota que ha dejado un registro de folclore poético, narrativo, lingüístico, social y ergológico y que es el verdadero iniciador de léxico y fonética en la literatura costeña, siendo más rico y más exacto que cualquiera de los relatistas del grupo de Guayaquil de los años treinta.

En 1.907 escribió por pocos meses en "La Reacción" y después lo volvió a hacer durante la segunda época de ese impreso en 1.912. Entre el 7 y el 11 fue Director de Estudios de Guayaquil y miembro del Consejo Escolar, fundando en 1.907 el "Boletín de las Escuelas Primeras", publicación pedagógica con lecturas seleccionadas.

En 1.908 y el 10 editó dos folletos con sus "Informes Anuales" como Director de Estudios. En 1.909 saltó "Estadística de la Vacunación Antipestosa". En 1.910 ingresó por pocos meses a "El Guante", que dejó de aparecer por la guerra civil de fines de ese año, pero reingresó a la redacción nuevamente en 1.912, durante la segunda época de esa publicación.

En 1.911 reinició su columna diaria, esta vez en "El Grito del Pueblo Ecuatoriano", que se editó hasta 1.918. Entonces pasó con igual éxito a escribir a "El Guante". Dichas crónicas eran mordaces, vivas y llenas de diálogos que mantenían el hilo de la trama o desarrollo temático, acentuados con versos y coplas que ponían la sal del realismo filosófico criollo. Sabio a lo Sancho Panza le dijeron en varias ocasiones sus émulos; mas, el público, seguía con delectación sus escritos, que se comentaban favorablemente en todos los corrillos de la ciudad y por eso era considerado con Nicolás Augusto González y Manuel J. Calle como los máximos exponentes del periodismo en el Ecuador.

En 1.912 escribió para "El Nacional", el 13 para "El Diario Ilustrado". El 15 publicó con su amigo Modesto Chávez Franco tres volúmenes titulados "El Lector Ecuatoriano" con lecturas provechosas para la niñez y colaboró esporádicamente en "La Lucha".

En 1.913 y luego el 23 fue electo Consejero Municipal de Guayaquil. El 15 fue Administrador de la Imprenta Municipal. El 16, con Camilo Destruge, recomendó al Cabildo la adopción del pabellón de la Provincia libre de Guayaquil como emblema oficial. El 18, en su calidad de Secretario del Banco del Ecuador, publicó sin su firma el ensayo histórico-económico titulado "Banco del Ecuador, historia de medio siglo, desde 1.868 hasta 1.918" en 231 págs. Todos esos empleos hablan claramente de sus apuros y estrecheces económicas para mantener a su dilatada familia, con suelditos de periodista y pequeñas remuneraciones por sus labores intelectuales. Era, como ahora se dice, un subempleado, que para mantenerse debía desempeñar varias ocupaciones al mismo tiempo.

Hacia 1.918 escribió un artículo en broma sobre el Corazón de Jesús y se corrió la voz que iba a ser excomulgado por el Obispo. Los Universitarios hicieron una manifestación de respaldo y la policía estuvo a punto de lanzarles chorros de agua, pero el incidente no prosperó. El era católico sólo de nombre por descreído y porque jamás iba a misa como era entonces usual entre los liberales radicales que habían sufrido los abusos de la iglesia antes del 95 y se habían vuelto anticlericales furibundos. Su esposa era lo contrario, pues desde las cinco de la mañana estaba en la iglesia de la Merced oyendo misa y hacía novenas. Entonces habitaban una casa alquilada en Luque y Pichincha.

En 1.919 editó "Cintas Alegres", bajo el subtítulo de proyecciones cómicas de la vida culta y de la vida rústica, en 165 págs. que apareció sin fecha, con una nueva serie de artículos humorísticos.

En 1.920 comenzó a escribir y a editar en sociedad con Carlos Manuel Noboa que hizo de capitalista y agente comercial, varios tomos de "América Libre", publicación gráfica y conmemorativa del centenario de nuestra independencia.

El 21 fundó la “Revista del Banco del Ecuador”. El 24 recibió la condecoración de la Orden Nacional al Mérito de Primera clase que le confirió su amigo el presidente José Luis Tamayo.

Al morir el Cronista emérito de Guayaquil Camilo Destruge en 1.926, el Centro de Investigaciones Históricas reclamó tal título para Campos, que se hallaba atareado en escribir una historia de Guayaquil.

En 1.929 editó " Cosas de mi tierra", humoradas de la vida cívica y de la vida rústica, en 191 págs. con una selección de sus artículos publicados y añadidos a los que se encuentran en otras colecciones, fruto de las observaciones de largos años.

En 1.930 vivía en su casa propia, escribiendo de contínuo, tijera y goma en mano, arreglando sus artículos en diferentes álbumes que numeraba y tenía guardados en su rica biblioteca. Lamentablemente la noche del 30 de agosto de 1.930, día de Santa Rosa, se incendió la casa vecina de propiedad de Gustavo Vallarino Febres-Cordero y el fuego contaminó la de Campos, que también era de madera. Ambas estaban ubicadas en Juan Montalvo y Libertad (Hoy Panamá). El incendio arruinó todas sus pertenencias dejándole en la indigencia por segunda vez en su vida y destruyendo íntegramente sus libros y colecciones que con tanto afán, esmero y cuidado había formado y no le quedó más remedio que vivir con uno de sus hijos. Entonces fue invitado a ocupar la Dirección de la Redacción y a sacar los editoriales de "El Universo" donde también escribió con su seudónimo una página alegre cada miércoles y laboró ocho años ininterrumpidamente.

En 1.931 cerró sus puertas el Banco del Ecuador y perdió ese empleo. De esa época fue una diabetes, primero incipiente y luego declarada, que amargó los últimos años de su vida. De joven había sido robusto aunque nunca obeso pero enflaqueció a causa de su enfermedad. Goloso y comilón, se cuenta que le servían cinco huevos al día. Dos en el almuerzo, otro hecho tortilla con ostiones y dos en la cena acompañando la carne.

Cuando podía, viajaba de vacaciones a Posorja o al Morro, en balandra y con toda su familia. Llevaba fiambre para las seis horas del viaje. En el Morro tenía varios cholos amigotes suyos, con quienes conversaba interminablemente y cuaderno en mano, para apuntar sus jocosos dichos, versos y ocurrencias. Entre ellos estaba Ramón Lindao, los Bohorquez, Luis Vega, uno que le decían de apodo Papita rellena porque era gordito y bajito y el cholo Cacao que era oriundo de Palmar y pasaba por "pueta".

En 1.936 fundó y presidió el Círculo de Periodistas de Guayaquil. El 37 colaboró en el Boletín del Centro de Investigaciones Históricas. El 38 se acogió a la jubilación que alcanzó de S/. 500 sucres mensuales. "El Universo" le tributó un caluroso homenaje. El Centro de Investigaciones Históricas lo designó miembro correspondiente. La Municipalidad le honró en vida imponiendo su nombre a la pequeña y antigua calle Zaruma. Entonces escribió "Lo que reclamo para mí es el intento de hacer literatura nacional, es decir, algo que reproduzca las figuras típicas y las costumbres populares del país de modo tal que al tener cualquiera de los nuestros el libro en sus manos, sienta la cariñosa impresión de la tierra nativa y se encuentre con paisajes familiares a su vista y con tipos conocidos que despierten su interés y aviven sus recuerdos, con las modalidades propias de la vida regional".

Más para distraerse y también por necesitarlo, siguió escribiendo su columna ahora llamada "Jueves Alegres", que iluminaba con sus caricaturas Virgilio Jaime Salinas.

Vivía en casa de su hijo Raúl, esquina de Boyacá y P. Ycaza y sus visitantes más usuales eran su yerno Enrique Ycaza Toral, Manuel María Valverde, Modesto Chávez Franco y Nelson Matheus Amador, a los que mantenía riendo con sus ocurrencias y graciosos dichos y modismos.

Nunca había viajado a la sierra y por la vía férrea sólo conocía hasta Milagro, población que le agradaba mucho. Tampoco quería a los serranos, aunque nunca los atacó por la prensa.

Practicaba la rarísima costumbre de jamás apagar la luz, que entonces se pagaba por cada foco y no por consumo global como ahora. Dormía irregularmente, por ratos y siempre en hamaca; cuando se despertaba escribía en una libreta lo que se le ocurría en ese momento.

Siempre tenía cerca un termo con café puro y numerosas colillas al pie de su hamaca denunciaba que era un fumador empedernido, pues las tiraba despreocupadamente.

Su muerte ocurrió el jueves 29 de junio de 1.939, a los 71 años de edad, porque se bebió tres frescos azucarados donde Olivares en Posorja y le sobrevino el coma diabético. Le dieron un purgante alemán que siempre le revivía en esos trances y hasta le inyectaron insulina, pero todo fue inútil. Su cadáver fue traído a Guayaquil y como siempre había sido algo retraído, que no gustaba de fiestas ni sarao, su viuda se negó a dejar que lo velaran en "El Universo", pero el velorio duró día y medio, dada la cantidad de público que concurrió a la casa.

Es una de las más altas cumbres del periodismo ecuatoriano de todos los tiempos y el primer tradicionista del litoral porque trató temas populares aunque nunca hizo recolección científica. Por eso se ha opinado que no llegó a ser un folcklorista en el entero sentido de la palabra. Aún más, se ha llegado a decir que nunca quiso serlo, limitándose a hacer una literatura nacional, copiando los cuadros mas originales de la vida real visto por el lado amable y pintoresco. De allí que sus trabajos han sido calificados de una colección de artículos o cuentos festivos, nada más.

Como humorista, en cambio, "fue excepcional y descubrió la gracia que casi siempre salta tras la aparente tontería del montubio, así como la sapiencia del chiquillo travieso, irritante. Todo va a dar en esa conversación sabrosa que retrata con precisión a los costeños hasta en el vuelo del diálogo".

Isaac J. Barrera ha dicho "Para su trabajo de prensa, la política estaba contenida en las doctrinas, en los principios, en las ideas, y sobre ellos gravitaba su personalidad firme y honorable, sin extenderla a los fines interesados de su partido. Los comentarios, al saberse que eran escritos por campos, merecían -no la expectación del escándalo- sino la atención respetuosa de quienes sabían que su pluma estaba guiada por una sana intención patriótica".

Hablaba en voz baja y siempre clara, mirando fijamente a los ojos de su interlocutor con los suyos, azules, pequeñitos, vivaces. Cuando comenzaba a escribir no le agradaba que le cortaran el hilo con interrupciones. Por eso se ha dicho que fue "el escritor más popular de su tiempo, que llegaba especialmente en la costa a todos los rincones, por medio del periódico y más tarde del libro".

Ismael Pérez Pazmiño en su libro Poliedro Literario lo recuerda así: "La charla de D. José Antonio era un encanto por su amenidad, sencillez, variedad y gracia. Todos los asuntos que tocaba resultaban pintorescos, sabrosos e interesantes. Mil y mil episodios de la vida nacional del ambiente periodístico guayaquileño o relacionados con su propia vida de escritor, afluían a su memoria en sucesión interminable (...). Cuando escribía adoptaba sobre la silla una posición de lo más original e inusitada: cruzaba las piernas como lo hacen al sentarse los niños, encima del asiento, de tal modo que el pie derecho le quedaba preso debajo de la asentadera izquierda; y sólo a ratos dejaba descansar los pies en el suelo (...) El lápiz fue el instrumento favorito para trazar artículos. Pero nunca lo aguzaba sirviéndose de los sacapuntas mecánicos; porque afirmaba, tenía la impresión de que haciéndolo con el cortaplumas las ideas como que le afluían con más espontaneidad y abundancia. Nunca dijo ni escribió deliberadamente una inexactitud; y sentía repugnancia invencible por la gente mendaz".

En 1.944 la Sociedad Filantrópica del Guayas editó su "Linterna Mágica" en 164 págs. en 1.960 la “Biblioteca Ecuatoriana Mínima”, en su tomo 25, le hizo constar entre los mejores narradores de todos los tiempos, y en 1.970 apareció parte de su obra en los "Clásicos Ariel".

Su "Historia de Guayaquil" escrita en 1.931 sigue en la dirección de la Biblioteca Municipal que finalamnte la publicó en adición y restringida, su obra está disgregada en numerosos impresos, esperando la hora en que alguna institución cultural proceda a editar sus "Obras Completas".