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PEDRO PABLO CARBO BRIONES
VICARIO DE LA DIOCESIS DEL GUAYAQUIL.- Nació en Vinces el 32 de febrero de 1.825. Hijo legítimo de José Joaquín Carbo Mesa y de Damiana Briones Guilino, que tenían varias haciendas en esa zona y vivían en Guayaquil en una gran casa con patio y jardín, ubicada a la altura del primer puente de Ciudavieja -hoy calles Panamá e Imbabura- con sus numerosos hijos, parientes y personal de servicio. Justamente para ellos don José Joaquín escribió el 22 de enero de 1.848 un "Reglamento" compuesto de 14 artículos "para el régimen doméstico de mi familia", documento único en la historia porteña por minucioso y porque da una idea cabal de cómo vivían las familias pudientes en el Guayaquil de mitad del siglo pasado.

En 1.840 ingresó al Seminario de Guayaquil y el 19 de Febrero recibió las órdenes menores. El 1° de Agosto de 1.843 ascendió a Capellán. El 3 de mayo de 1.846 a Subdiácono y el 14 de mayo del siguiente año a Diácono, en ceremonia celebrada en la Capilla episcopal. En 1.848 fue Presbíterio y luego Sacerdote.

En 1.849 estuvo de Capellán de Coro, el 50 fue Secretario del Obispado. El 23 de febrero de 1.853 y ante el Dr. Antonio Gómez de la Torre Gangotena, Rector de la U. de Quito, rindió el grado de Maestro en Filosofía con la máxima nota de tres A. De allí en adelante inició su ministerio en los campos comarcanos de Vinces. Su figura se vuelve patriarcal, las gentes de las haciendas lo llaman "Taita Padre" y las de la ciudad "Papa Carbó".

En 1.853 salió electo diputado por el Guayas y concurrió al Congreso. En 1.857 fue Tesorero de la Catedral. En 1.863 su antiguo maestro en el Seminario Monseñor José Tomás de Aguirre, que ocupaba el Obispado de Guayaquil, lo designó Prebendado Menor y en 1.864 Prebendado Mayor de la Catedral. En 1.867 nuevamente fue electo Diputado por el Guayas y asistió a las sesiones del congreso que fue memorable en muchos aspectos, no solamente por la calidad de los sujetos que lo compusieron sino también por las medidas que asumieron y leyes que dictaron. Al año siguiente volvió a la Cámara de Diputados, fue electo Canónigo de la Catedral de Guayaquil y Rector del Seminario. En 1.869 figuró entre los opositores al golpe de estado de García Moreno que desestabilizó el régimen democrático de entonces.

También actuó de "consejero y confesor de Mercedes de Jesús Molina", pero como no le quiso mandar penitencias ni ayunos muy severos dada su condición de señorita; ella lo abandonó por el Padre García Bovo, Jesuita italiano recién llegado al país.

En 1.870 hizo causa común con su primo Luis de Tola y Avilés injustamente postergado por García Moreno para llenar la vacante dejada por Monseñor Aguirre. El recién llegado Obispo de Guayaquil, José Antonio de Lizarzaburo y Borja apeló a la bondad de Tola y de Carbó y consiguió disuadirlos. A Carbó premió con el título de Protonotario Apostólico y Tola fue designado I Obispo de Portoviejo, superándose el cisma en el clero guayaquileño.

En 1.872 era Sacristán Mayor de la Catedral y vocal del Comité para la erección de la estatua de Bolívar. En 1.874 fue electo miembro de la "Sociedad Humanitaria del Guayas" que antecedió a la actual Junta de Beneficencia. En 1.875 figuró como Canónigo Penitenciario de la Catedral y allí continuó hasta 1.887, que fue ascendido a Tesorero del Cabildo eclesiástico. Ese año se posesionó el nuevo Obispo Dr. Roberto María del Pozo Marín y nombró Canónigo al Dr. Miguel Ortega Alcócer; el Coro Catedralicio no aceptó tal designación por no haber sido consultado y los canónigos apelaron a Roma.

Mientras tanto el Obispo del Pozo se ausentó a Puná dejando de Vicario al Presbítero español Dr. Joaquín Salvadores, sujeto de pocas pulgas, que trató de alejar de Guayaquil a los Canónigos Pío Vicente Corral y Leonardo Sotomayor, dándoles los curatos de Puná y Milagro respectivamente. Ambos interpusieron reclamaciones eclesiásticas y Corral hasta se negó a viajar, siendo suspendido por Salvadores, que nombró en su reemplazo al Dr. Miguel Ortega Alcócer.

El 15 de Octubre ingresó Salvadores al Coro de la Catedral mientras los Canónigos se encontraban rezando los oficios divinos y en presencia de un Escribano y dos testigos llevados a propósito, dio posesión a Ortega. Este escándalo conmocionó a la urbe. Al día siguiente el mismo Salvadores ordenó al Tesorero Carbó el inmediato pago de emolumentos para el nuevo Canónigo; Carbó se negó y entabló juicio de competencia, que le fue contrario y apeló ante la Corte Superior. Ya por entonces el asunto se había convertido en escándalo nacional.

La Corte pidió los autos para estudiarlos y emitir dictamen. Salvadores se opuso mediante un escrito muy descortés y fue multado con veinte sucres, que se negó a pagar.

Los Ministros ordenaron apremio real sobre sus bienes hasta por el monto de la multa. Salvadores excomulgó a los Ministros firmantes del auto Dres. Espiridión Dávila y Joaquín Febres-Cordero y también al Canónigo Carbó. Las damas guayaquileñas protestaron en "La Nación" y durante dos días, 23 y 24 de enero de 1.888, las turbas apedrearon el Palacio episcopal y la casa del Abogado de la Curia. Dr. Ignacio Neira, a quien se conocía desde tiempo atrás con el apelativo de "El Picaro Neira" por las tropelías que cometía en el ejercicio de su profesión. El 24 hubo disparos y murieron cinco jóvenes de la sociedad. El 25 amaneció sombrío, se había formado el "Comité de la Tumba" y rumorábase que iba a producirse una masacre. El Intendente de Policía fue a buscar al Dr. Salvadores y lo llevó hasta el muelle, donde lo embarcó para que no regrese jamás. Poco después se ofició una Misa en la Merced y el cortejo fúnebre de cinco ataúdes siguió al Cementerio. El Gobernador destituyó al Intendente Benigno Cordero, responsabilizándolo de las muertes. Ortega Alcócer se ausentó. El Obispo del Pozo salió de Puná con destino a Lima, donde murió en 1.912 sin haber vuelto a nosotros. A estos luctuosos sucesos la historia conoce con el nombre de "El Motín de los Canónigos".

En 1.895 Monseñor Carbó se presentó a Alfaro y a pesar de sus 70 años, como aún estaba fuerte, fue designado "Capellán General del Ejército Liberal". Subió a la sierra y concurrió a la célebre batalla de Catazo, vistiendo sotana negra y sombrero manabita adornado con cintillo rojo; durante el primer día de la batalla atendió a los heridos y su presencia causó conmoción en las filas enemigas que no se explicaban cómo un sacerdote pudiera estar con el "anticristo" Alfaro. Después del triunfo quisieron llevarlo a Quito pero papá Carbó prefirió regresar al puerto porque no tenía ambiciones políticas ni aspiraba a ocupar un obispado.

En 1.896 fue profesor del "Liceo Rocafuerte" y Tesorero del Cabildo eclesiástico. El 19 de junio de 1.898 se encargó temporalmente del obispado de Guayaquil, vacante por fallecimiento del titular Monseñor Barriga. El 21 de octubre de 1.901 volvió a la Vicaría General por fallecimiento del Canónigo Pío Vicente Corral.

Por mucho tiempo fue Capellán del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil. En 1.902 lo era de las compañías "Comercio", "Salamandra" y "Guardia de la Propiedad". Ese año y a solicitud de su sobrino político Lautaro Aspiazu Sedeño fue electo miembro de la Junta de Beneficencia. En 1.903 ejerció la subinspección del Asilo "Calderón Ayluardo". El 14 de junio de 1.906 portó el Santísimo en la solemne procesión de Corpus. El italiano Carlos Valenti “registró vistas de cuadros y figuras locales” que presentó con llenos completos en el teatro Olmedo. El 7 de abril de 1.907 Pío X lo nombró "Protonotario Apostólico con derecho a vestir de morado y los Canónigos "Maestrescuela de la Catedral". En 1.909 y con motivo de una de las visitas de su amigo el presidente Alfaro a Guayaquil, presidió la delegación de profesores del Liceo Rocafuerte que lo visitó y saludó en la comandancia general donde tomó la palabra el Prof. Francisco Campos Rivadeneira.

El 18 de marzo de 1.918 fue autorizado a celebrar "Misa Votiva" en su domicilio y recibió el honorífico empleo de "Deán de la Catedral" mediante el respectivo rescripto. Al cumplir 100 años fue objeto de reiteradas muestras de cariño del clero y de la sociedad y celebró una Misa de Acción de Gracias en el templo de la Merced, del que era muy afecto. Entonces se dijo de él que era "manso y humilde, oportuno e inspirado en el consejo, fiel y cariñoso con sus amigos, amante y tierno con sus familiares, prudente y obsequioso con ellos, sencillo en sus gustos, moderado en sus deseos".

"Tenía alma de niño, conquistaba amigos por donde pasaba con su campechanería y sinceridad comprando corazones con la limpia moneda de su afectuosa manera de portarse y su pródiga mano para aliviar en silencio muchas necesidades".

Acostumbraba viajar los inviernos a Vinces en una canoa de su propiedad llamada "La Cazadora", porque durante esos viajes iba disparando a los lagartos. Con el tiempo fue reemplazando la canoa y llegó a tener nueve, sucesivamente, siendo la última "La Cazadora No 9".

Muy aficionado a labores de mano, hacía bonitos muebles y hasta construyó una mesa de tres patas sin clavos, que le servía para sesiones de espiritismo.

Era de gran diente, comía de todo y nada le hacía daño, su salud era de hierro. Una noche quiso repetir una hayaca que había encontrado muy sabrosa y siendo tardecito, fue reprendido por una de sus sobrinas, que le advirtió que la hayaca le caería mal al estómago. ¿Quién le ha dicho que el estómago sabe que estamos de noche? Fue su respuesta. Su sobrina nieta Fanny Carbo de Romero recuerda que todas las semanas iba a almorzar a su casa y tenían que hacerle un ajicero especial porque mucho le gustaba, lo mismo que la cola frutal que pedía obligatoriamente y le regalaba a ella la bolita de la tapa; visitado y visitador, su sotana era negra, franja y botones morados y sombrero de teja con borla morada que le caía a un lado.

Gracioso y amante de las bromas, gustaba hacerlas y que se las hagan, contaba chistes y era fácil para reír y hacer reír. Cuando iba a casa de su sobrina María Carbo de Aspiazu pedía tres huevos pasados que comía con deleite. Un día le preguntaron por qué siempre comía tres y haciéndose el sorprendido contestó con mucha gracia: "Lo hago en honor al Padre, al hijo y al espíritu santo"...

Fervoroso liberal, odiaba todo lo que tuviera relación con García Moreno, de quien había sufrido larga tiranía. En cierta ocasión le comentaron que querían hacerlo santo y levantándose de un salto gritó Sacrilegio, jamás le volvieron a tocar el tema. En su juventud gustaba sacar muelas y dientes en el campo donde no había dentistas. El 27 de enero de 1.884 publicó en el diario "La Nación", el siguiente aviso: "Avisos de preferencia.- Suplico a las personas que me dirijan cartas, no usen de las iniciales de mi nombre ni dejen tampoco sin acentuar mi apellido en la última vocal. Toda correspondencia que no tenga mi nombre entero, como dice la firma del presente aviso, no la abriré en adelante.

(F) Pedro Pablo Carbó.

En realidad su apellido es acentuado y así lo había usado en la colonia su abuelo don Francisco Carbó Unzueta de quien se conservan algunos documentos firmados con la tilde.

"Papá Carbó" falleció en Guayaquil, de 106 años y 22 días, de vejez que no de otra cosa, a las dos de la tarde del 16 de marzo de 1.931 y su deceso causó consternación en el vecindario. Su sepelio fue concurridísimo y encabezaron el duelo la Municipalidad y la Curia.
Mi mamá contaba que en los años veinte papá Carbó era asiduo comensal en la casa de mis abuelos en Vélez entre Boyacá y García Avilés, un día de cada semana iba sin avisar a las once de la mañana en compañía de un empleado de mano. Después del almuerzo se sentaba a conversar en una hamaca grande con mi bisabuela Angela Baquerizo Ordeñana y fumaban cigarros, pues habían sido amigos y vecinos de la infancia, se querían y respetaban mucho. A las dos de la tarde se levantaba y despedía con gran aparato, dando la bendición a toda la familia, ya que tenía otras visitas que realizar porque era muy sociable y cumplidor.