EUGENIO
ESPEJO
PRECURSOR DE LA INDEPENDENCIA.- Nació en Quito
y fue bautizado el 21 de febrero de 1.747. Hijo legítimo
de Luis Chusig, que en idioma quichua significa Lechuza,
indio cajamarquino, hijo de picapedreros, que cambió
su apellido por el de Benites y luego por los de Santa
Cruz y Espejo, llegado a Quito de solamente quince
años como criado o paje de cámara del
Fraile betlemita José del Rosario, Director
del Hospital de la Misericordia de Nuestro Señor;
muchos años barchilón, administrador
y cirujano de dicho centro. También fue cirujano
y médico de los conventos dominicano y Agustino
con 50 y 100 pesos mensuales de sueldo respectivamente.
Hacia 1.774 contrajo matrimonio con María Catalina
Aldáz y Gordillo, hija de Juan de Aldáz
y Petronila Gordillo, vecinos de calle larga de San
Sebastián, al lado de la casa del Hospital
de San Juan de Dios.
Los primeros años de
Eugenio fueron de duro trabajo al lado de su padre,
haciendo observaciones en el Hospital como buen curioso.
De él recibió las primeras letras, luego
estudió en las aulas abiertas por los Dominicanos
a los niños pobres y entre 1.759 y el 62 fue
alumno de los Jesuitas.
En el curso de Filosofía
fue discípulo del Padre Juan Hospital, quien
le puso en contacto con la nueva ciencia. En Astronomía
conoció los descubrimientos de Copérnico
y Newton, aunque para no desafiar la ortodoxia católica
se continuaba enseñando el sistema intermedio
de Tycho Brahe, a pesar de sus incongruencias notorias,
tal la hipocrecís científica imperante
en la Audencia de Quito en esos tiempos.
El 5 de junio de 1.762 se graduó
de Maestro en Filosofía con cinco Ases. Seguía
viviendo en el Hospital de mujeres y habíase
producido en Quito la irrupción de las nuevas
tendencias científicas y filosóficas
que la historia conoce con el nombre genérico
de "La Ilustración" fundamentadas
en la experimentación y el raciocinio. (1)
"A los quince años
se presentó a una Sabatina deseando ardientemente
ser conocido por su bello espíritu y aunque
logró las celebridades del Colegio jesuita
de San Fernando, el vulgo le despreció por
su baja calidad y tomando opuestos dictámenes
se ocultó lo más que pudo y así
ha conseguido el arte de esconderse, logrando ventajosísimamente
convertirse en un hombre de letras y que se piense
muy mal de sus alcances, conocimientos y literatura".
(1) La Ilustración fue el movimiento ideológico
y cultural surgido en Francia a comienzos del siglo
XVIII, que pronto se fue extendiendo por todos los
ambientes intelectuales de Europa y el Occidente.
También se la conoce con el nombre de Filosofía
de las Luces o Iluminismo, y se fundamentó
en el poder de la razón y su capacidad crítica.
Emanuel Kant la definió diciendo que era el
fin de la minoría del hombre. "Ten el
valor de servirte de tu propia razón"
fue la divisa, de suerte que fue la liberación
de la razón de un estado de subordinación
minoritario en el que había estado presa por
siglos, a causa de la ignorancia, la superstición,
la intolerancia, el poder arbitrario e ilimitado de
las monarquías, el oscurantismo y el respeto
a la tradición. La revolución inglesa
de 1.688 permitió su comienzo y la revolución
francesa de 1.789 su triunfo. El fin último
de este movimiento fue extender el análisis
racionalista a todos los campos de la experiencia
humana, a través de una búsqueda constante
y rigurosa en el método. Todo lo relativo al
mundo del hombre y la naturaleza tenía razón
de ser, lo demás no. De allí que la
Ilustración despreció por improductivo
y falto de interés todo cuanto estuviere más
allá de los límites de la experiencia
tales como: la metafísica, la religiosidad
y otras formas aberrantes de pensamiento, a las que
se tiene por productos de la fantasía y la
superstición. La Ilustración nació
con Newton, siguió con Descartes, Spinoza,
Leibniz, Malebranche, tomó cuerpo con la Física
y la Química, triunfó con la Mecánica,
de manera que dio paso en el siglo XIX ala verdadera
y única ciencia, que aspira a la comprensión
de los fenómenos y leyes el universo, prescindiendo
de causas sobrenaturales como son la divinidad, el
Espíritu Santo, la providencia, los milagros,
el shamanismo, las prácticas carismáticas,
ete, etc.
Theiland de Chardin sentenció: La humanidad
nació en el punto Alfa y va indefectiblemente
hacia el punto Omega donde confluyen todos los conocimientos.
¡Entonces seremos como Dioses!
Dedicaba doce horas diarias al estudio y a una lectura
rapidísima, insaciable y desordenada de todo
cuanto caía en sus manos, confiando en su memoria;
pero luego comprendió que debía apuntar
datos y citas para fortalecer sus escrito y comenzó
a llevar un archivo. Su naturaleza era sensible, débil
y delicada, a veces enfermaba. En 1.764 murió
uno de sus hermanos; después le tocó
a su madre, posiblemente de cáncer al útero.
En 1.765 ingresó a la
Facultad de Medicina de San Fernando pues tenía
experiencia como ayudante de su padre en el Hospital,
donde había tomado lecciones con el padre Liria,
hombre de vastos conocimientos en ciencias naturales,
quien le hizo examinar de los Doctores Gaudé
y Urrú y estos informaron que no era necesario
saber tanta anatomía para ejercer la Medicina.
Se vivían tiempos agitados, ese año
ocurrió la sublevación de los barrios
quiteños en contra de las alcabalas y durante
tres meses gobernaron los líderes barriales,
aunque después comenzó la represión.
El 22 de Julio de 1.767 se graduó de Médico
y recibió el título de manos del padre
Rector Nicolás García, aunque por tiznado
tuvo problemas para ejercer y recién en 1.772
las continuas epidemias de viruelas hicieron imprescindibles
sus servicios profesionales y sólo entonces
el Cabildo le autorizó a condición de
practicar un año más en el Hospital
de la Misericordia.
Leopoldo Benites Vinueza indica
que fueron muchos los dolores sufridos y las amarguras
calladamente devoradas, pues dada su baja condición
social, la sociedad colonial sólo podía
ofrecerle la burla cruel o el desprecio insolente,
que él creyó superar en su trayectoria
de escritor y político, minando con actitud
prudentemente callada el edificio de la colonialidad.
Fue eso lo que le impidió ser un revolucionario
auténtico o un caudillo rebelde. Dubitante
entre mundos diversos, su drama fue no sólo
el personal de la evasión inoperante, sino
que trasuntó el de su casta marginal, indecisa
entre los bordes de una casta superior a la que aspiraba
y una inferior a la que por defensa espiritual y hasta
ideológica, temía volver.
Su padre era dueño de
una casa propia y de vanos cientos de pesos entregados
a censo a los jesuitas y vivía con sus hijos
Eugenio, Manuela que estaba soltera y tenía
fama de inteligente aunque poco agraciada y Juan Pablo,
que habiendo abrazado la carrera eclesiástica
era sacerdote en Quito.
El 20 de agosto siguiente fueron
expulsados los jesuitas y la Universidad de San Gregorio
cerrada, sus discípulos quedaron mal vistos
en sociedad, entre ellos Espejo, que sólo contaba
veinte años de edad y tuvo que litigar contra
la Junta de Temporalidades para que les devolvieran
los pesos de su padre.
Entre el 67 y el 79 maduró
en lecturas, ejerció su profesión con
éxito y formó una biblioteca. Este último
año emergió prácticamente de
las sombras, pues su nombre sólo era conocido
por unos cuantos espíritus elevados, con una
obra de tesis en 2 hojas y 9 conversaciones eruditas
para el estímulo de la literatura, que dedicó
al Presidente de la Audiencia, José Diguja
y circuló manuscrita bajo el título
de "El Nuevo Luciano" o despertador de los
ingenios quiteños y firmó como Xavier
de Cia Apéstegui y Perochena, tratando de sugerir
nobleza a través de estos apellidos que le
correspondían por su lado materno en Navarra.
Y aquí encontramos nuevamente su arte de esconderse,
"como contraste con el impulso hacia arriba,
eternamente frustrado, que da a su vida un sabor amargo".
"Ese estado psicológico
imprimió a su carácter osada actitud,
un tono entre burlesco y despectivo, que él
mismo describirá luego en una suerte de autorretrato
diciendo: Cuando se presenta a cualquiera, impone
sin querer por su gravedad natural, pero tratado con
franqueza se ve que es mucho lo que se ríe
a la vista de todos, pero es muchísimo más
lo que a solas se ríe, porque en casi todos
los hombres halla con facilidad ese lado por el cual
son más hombres, esto es, vestidos de mas o
menos ridiculeces".
El Nuevo Luciano es un diálogo
imaginario entre dos personajes imaginarios, el Dr.
Miguel Murillo, médico pedante y conceptista
y el Dr. Luis de Mera, ex jesuita ambateño,
de luces, saber y prudencia. El diálogo fue
escrito en imitación a los diálogos
de Luciano de Samosata, aunque sin la gracia de este
pues siendo su primera obra adoleció de estilo,
se basó en la obra del padre José Francisco
Isla, autor de Fray Gerundio de Campazas, y tuvo el
valor de una ácida crítica al sistema
educacional vigente, acusando a quienes debían
hacer profesión de la sabiduría y vivían
en la ignorancia. Encuentra que es natural que sus
coterráneos estén acostumbrados a la
lisonja y que llamen bello espíritu a cualquier
predicador que haciendo gala de un uso abusivo de
las Sagradas Escrituras, decía cuatro cosas
insustanciales en estilo florido, pomposo y lleno
de retruécanos. Entiende a los estudiantes
por vivir en un estado de contusión al recibir
simultáneamente los fundamentos filosóficos
de un sistema aristotélico escolástico
ya refutado en el mundo de la cultura de entonces,
en extraño contubernio con los principios de
la investigación inductiva y de las ciencias
exactas modernas. Descubre en el sistema educativo
lagunas intolerables para cualquier enseñanza
que pretenda acercar a la verdad, así como
la ausencia de idiomas modernos, ignorancia de la
ética, de la historia, en los planes de estudio
corrientes, etc.
Tales novedades, contenidas
en un simple escrito, dieron pábulo a numerosos
comentarios, sobre todo entre los panegiristas de
los Jesuitas y el mismo Espejo se decidió a
escribir en 1.780 una réplica que tituló
"Marco Porcio Catón o Memorias para la
nueva impugnación del Nuevo Luciano" en
5 págs. que firmó como Moisés
Blancardo y dividió en 20 capítulos,
que avivaron la polémica, pues defendió
a los personajes que había ridiculizado en
el Nuevo Luciano y atacó duramente al Dr. Cia
que él mismo había creado, al punto
que volvió a las andadas contrareplicando con
"La Ciencia Blancardina", polémico
escrito contra el Dr. Blancardo y ensayo erudito contra
las afirmaciones del Padre mercedario Juan Arauz y
Mesía, quien había escrito palabras
injuriosas contra Espejo en una aprobación
dada a un discurso fúnebre del Dr. Ramón
de Yépez, en cuyo despacho había practicado
Espejo el Derecho Civil.
Sus tres ensayos le presentan
escritor maduro, "crítico literario que
luchaba por el discernimiento justo, alejado de los
sistemas escolásticos y dentro de los principios
de la investigación inductiva y de las ciencias
exactas. Entonces comenzó a escribir sermones
para su hermano Juan Pablo, que se han coleccionado
en 65 págs. y su "Carta al Padre la Grañña"
en 33 págs. dirigida al franciscano Fray Pascual
Cárdenas, contestándole ciertas interrogaciones
en torno a las indulgencias y demostrando avanzados
conocimientos teológicos y canónicos.
Igualmente, en 1.780, se conoció
en Quito el levantamiento que llevaría en la
Nueva Granada al enfrentamiento de los Comuneros contra
las armas del Rey. A principios del 81 tradujo del
griego el "Tratado de lo Maravilloso y Sublime"
del escritor latino Dionisio Casio Longino. En junio
compuso un sermón panegírico del apóstol
San Pedro para que lo predicara su hermano en Riobamba.
En febrero del 82 el Presidente
José García de León y Pizarro,
para librarse de Espejo, a quien reputaba "hombre
rencilloso, travieso, inquieto y subversivo, si bien
lo era en gran parte por la buena causa", le
designó médico de la expedición
del Ingeniero Francisco Requena, comisionado para
demarcar las fronteras de la Audiencia de Quito con
el Gran Pará y el Marañón, según
el Tratado preliminar de límites suscrito entre
España y Portugal y como se fijaba su residencia
en el lejanísimo pueblo de Teguel, se resistió
a cumplir tan decoroso destino que sin embargo le
era altamente inconveniente a sus actividades y emprendió
viaje a Lima, pero al llegar a Riobamba fue denunciado
por su amigo el Dr. José Miguel Vallejo y el
Corregidor le mandó a tomar preso, aunque sin
consecuencias, pues no fue enjuiciado y como a los
pocos meses ascendió a la Presidencia su amigo
José de Villalengua y Marfil, yerno del anterior,
obtuvo que se le perdone el arresto y volvió
a la capital. En enero del 83 había fallecido
su padre.
Entre los meses de julio y
agosto de 1.785, con motivo de las graves epidemias
de sarampión y viruelas que asolaban Quito,
fue comisionado por los médicos y el Cabildo
para estudiar el método propuesto contra la
viruela por el Dr. Francisco Gil en Madrid. Espejo
atendía a los enfermos del barrio de San Sebastián
y hasta quiso elaborar unas estadísticas pero
no fue apoyado; sin embargo, fruto de tales experiencias
fue sus "Reflexiones sobre la viruela" en
179 págs. manifestando que "esas partículas
que hacen el contagio, son otros tantos cuerpecillos
distintos del fluido elemental elástico que
llamamos aire", adelantándose a su tiempo
en la Audiencia, donde aún no habían
podido descubrir su existencia con el microscopio
y recomendando la prosecusión de "las
observaciones para demostrar científicamente
el papel patógeno de los microbios". Los
médicos y los frailes betlemilas reclamaron
ante el Cabildo por ciertos términos injuriosos
emitidos en el Capítulo final que trataba de
los médicos y el asunto pasó a conocimiento
del Presidente de la Audiencia que exigió "romper
o no dar uso al escrito" y como se resistiera
Espejo a realizar tal desatino, fue aconsejado por
dicha autoridad que viajara de preferencia a Lima,
donde podría lucir sus conocimientos escribiendo
para el Mercurio peruano.
El 86 partió en compañía
de su hermana Manuela pero se quedaron a vivir en
Riobamba, mientras tanto había dirigido al
Rey Carlos III y al Ministro de las Indias, José
Gálves, Marqués de la Sonora (1.729
– 1.786) sendos ejemplares de sus reflexiones
y cuando el Dr. Gil editó una "Disertación
Médica" que circuló profusamente
por España y América, incluyó
entre otros comentarios un elogio al Dr. Espejo, a
quien calificó de "hombre versado en todo
género de literatura y verdaderamente sabio".
En diciembre fue contratado
en Riobamba por Tomás García Sierra,
Procurador de los curas, acusados por el Alcalde Ordinario,
Ignacio Barreto, comisionado para la recaudación
de tributos, de ser los causantes de la decadencia
económica de los indios. Espejo escribió
un Alegato, compendio enjundioso de conocimientos
del más variado orden político, por
tratar sobre puntos tan diversos como la agricultura,
el comercio, la política, las manufacturas
y el real erario, que fue entregado a las autoridades
y le ocasionó una inmensa polémica y
numerosas querellas, pues los personajes aludidos
se violentaron y el 19 de marzo de 1.787 José
Miguel Vallejo hasta quiso asesinarle.
Espejo se alborotó y
escribió 8 Cartas riobambenses en 10 págs.
Especie de exabrupto o disarmonía en total
oposición a sus elevados y discretos trabajos
llenos de mesura; pero en esta ocasión se alteró
y puso al descubierto algunas intimidades domésticas
que afectaban el honor de María Micaela Chiriboga
y Villavicencio, a quien fustigó bajo el apelativo
de Madamita Monteverde con la reseña de unos
pecadillos de poca monta, rompiendo la dinámica
científica y culta de sus anteriores Reflexiones
(2).
Su amigo el Presidente Villalengua
le solicitó regresar a Quito para concederle
un empleo honesto, pero habiéndose enterado
por parte del Padre José del Rosario, ya convertido
en enemigo de Espejo, que éste era el autor
de un libelo injurioso titulado "El Retrato de
Golilla", comisionó al Corregidor de Latacunga,
Baltazar Carriedo y Arce, para que hiciera las averiguaciones
en Riobamba.
Espejo fue apresado injustamente;
pues como luego se supo, la Sátira había
sido escrito en España contra Carlos III y
su Ministro Gálves. Desde su prisión
elevó varias solicitudes al nuevo monarca Carlos
IV y en junio de 1.788 el Ministro General Antonio
Porlier dispuso que el asunto se conociera en Bogotá,
para lo cual le liberaron y viajó a esa capital,
donde tuvo ocasión de ponerse en contacto con
diversos personajes "como José María
Lozano, Antonio Nariño y Francisco Antonio
Zea llamados a fundar la Logia secreta y masónica
Arcano Sublime de la Filantropía y a preparar
el movimiento emancipador en Nueva Granada".
A todos ellos debió hacer
(2) El Dr. Fernando Jurado Noboa al examinar como
psiquiatra la conducta del precursor Espejo y su tendencia
a usar pasquines, dice que ella revela su agresión,
tu frustración y también su gran temor
al medio social que le tocó vivir.
partícipes de sus ideas independentistas, que
las tenía en grado sumo. También amistó
con el bibliotecario y polígrafo Manuel del
Socorro Rodríguez, con quien posiblemente trataría
de libros.
Su amigo y protector Juan Pío
Montúfar llegó de paso en noviembre
del 89 y le manifestó que el nuevo Presidente
Luis Muñoz de Guzmán se mostraba dispuesto
a permitir su regreso a Quito y como Espejo le reiteró
sus deseos de trabajar por la fundación de
una Escuela de la Concordia para el progreso y el
mejoramiento de la Audiencia, ya expresados en su
Defensa de los Curas de Riobamba, y le entregara el
“Discurso de Inauguración”, se
comprometió a hacerlo publicar a su costa.
Poco después fue sobreseído en el proceso
y pudo volver a Quito.
El 90 dirigió los trabajos
de adecuación del edificio de la antigua Universidad
de San Gregorio, destinado para sede de la Biblioteca
Pública, cuya dirección le acababan
de encomendar. Y como secretario de la llamada "Sociedad
Patriótica de amigos del país",
entidad establecida en otros lugares, le autorizaron
la impresión del primer periódico que
tuvo nuestro país y que por eso circuló
bajo el nombre de "Primicias de la Cultura de
Quito". Parecía haberle llegado el momento
de la consagración definitiva cuando el 30
de Noviembre de 1.791 el Obispo José Pérez
Calama inauguró la Sociedad con asistencia
de numerosas autoridades y se imprimió la "Instrucción
Previa".
El jueves 5 de enero de 1.792
apareció el primer número de las Primicias
y mereció unánimes elogios, hasta del
Obispo, que ya estaba viejo y algo gruñón,
luego aparecerían seis números más.
La colección contiene la Instrucción,
el Discurso, así como varios avisos y noticias
de interés general en 90 págs.
El 24 de mayo recibió
su nombramiento de Bibliotecario y los libros que
habían pertenecido al Colegio General de los
jesuitas de Quito. De esa época es su "Memoria
sobre el corte de las quinas" en 22 págs.
defendiendo el libre comercio del producto y manifestando
que la falta de comercio llevaba inexorablemente a
una baja de la producción, el "Voto de
un Ministro togado" en respuesta de una consulta
real formulada por el Oidor Fernando Cuadrado, indicando
que abrir caminos y promover la población es
la obra grande que se debe persuadir a todos, así
como "La segunda Carta Teológica"
en 9 págs. contestando a otra consulta del
Dr. Ramón de Yépez sobre la tesis sustentada
por los dominicanos quiteños sobre la transmisión
del pecado original sin exceptuar a la Virgen María.
También se le conocen como suyos dos Sermones
panegíricos de Santa Rosa de Lima que predicó
su hermano.
En 1.794 extendió un
Poder al abogado Luis Prieto de San Martín
para que le tramite en Madrid un a plaza de Oidor
en cualquier parte de América, pues quería
enmendar su error del 86 cuando en lugar de seguir
a Lima se quedó en inútiles porfías
en Riobamba; pero ciertos rumores de levantamientos
populares ocurridos en Bogotá le motivaron
a hacer colocar el 21 de octubre, por medio de Mariano
Villalobos, unas banderitas de tafetán rojo
con inscripciones en papel blanco superpuesto y que
decían en el anverso "Liberi esto felicitatem
et gloria consecuto" y al revés y sobre
una cruz blanca la leyenda "Salve Croce",
que en español significa "Libres seremos
bajo la cruz salvadora, después de haber alcanzado
el propósito santo de gloria y felicidad".
Las autoridades realizaron
numerosas pesquisas sin poder precisar quienes habían
sido los responsables y hasta se fueron olvidando
del asunto, pero el 95 una confidencia imprudente
de su hermano el sacerdote a su amante Francisca Navarrete,
sobre unas simples intenciones subversivas de Espejo,
hizo que dicha torpe mujer se las contara a su hermano
el fraile franciscano Vicente Navarrete, que habló
del asunto con su cófrade el Padre La Graña,
para quien Espejo había escrito antes un Sermón,
y éste, junto con el mercedario Mariano Ontaneda,
decidieron llevar el asunto al Dean Pedro Mesía,
que inició un sumario eclesiástico contra
Juan Pablo Espejo y de allí pasó el
asunto a la justicia civil que encontró complicado
a Eugenio Espejo. Todo el proceso había sido
llevado en el más absoluto secreto y nunca
llegó a sentenciarse.
El 30 de julio fue sacado a
la fuerza de la dirección de la Biblioteca
Pública y llevado nuevamente a la cárcel
donde le calzaron grillos en las piernas y aunque
escribió quejándose del maltrato al
Virrey de Bogotá, José de Ezpeleta,
a quien denunció que la mazmorra era húmeda,
fría y maloliente, pidiendo la libertad, no
lo consiguió.
Así pasaron varios meses,
un año, sin libros ni papeles, defendido por
el Dr. Juan de Dios Morales. De vez en cuando se le
abrían las puertas a que saliera a atender
a algún enfermo distinguido que requería
sus servicios, pero era tan malsano el ambiente que
enfermó de gravedad, posiblemente de Amebiasis,
se puso tan grave que el 20 de diciembre le dejaron
salir a la casa en el Mesón donde vivía
con su hermana, el 26 otorgó testamento ante
el Escribano Mariano Mestanza y falleció el
día 27 de solamente 48 años de edad,
siendo enterrado al día siguiente en la ermita
de San José de la recolección mercedaria
del Tejar. Solo acompañaron el sepelio su hermana
Manuela, su discípulo el joven José
Mejía Lequerica y el Padre La Graña.
Había leído a
los Enciclopedistas franceses, conoció la guerra
de la independencia de Norte América y la revolución
francesa y quizá por eso fue un renovador integral,
con un proyecto político de aplicaciones originales.
También fue un fiel representante del espíritu
de la ilustración por haber atacado los métodos
tradicionales de la enseñanza, preconizando
una amplísima visión preliberal y educadora
de la ciencia, en armonía aparentemente con
los principios y tradición cristiana y esa
tensión, que hoy nos parecería incongruente,
ha sido llamada el eclepticismo dieciochesco, fuerza
liberadora de la tradición y del peripato aristotélico.
Espejo fue un adelantado en
todos los órdenes del espíritu. El primero
en utilizar métodos auténticamente científicos
en su trabajo como médico, en propender sociedades
para el adelanto del país, en crear el primer
periódico. "Vivió tiempos de transición
y angustias, quiso integrarse a la sociedad caduca
de su tiempo y como no lo logró por ridículos
e injustos prejuicios de nobleza, se volvió
un arribista frustrado y luego un rebelde ejemplar,
que pretendió bajo el ejemplo del Inca Tupac
Amaru, arrebatar el poder a los peninsulares. Hombres
cultísimo pues además de haberse graduado
de médico y abogado, aprendió raíces
griegas, leía en francés y latín.
Su único retrato está
pintado al óleo en un lienzo de grandes proporciones
que se conserva en el Hospital de San Juan de Dios
en Quito, donde aparece mestizo amulatado. Sus restantes
retratos son idealizados pues no fue indio puro como
se le presenta. Su estatura regular, largo de cara,
nariz larga, color moreno y en el lado izquierdo del
rostro un hoyo bien visible.
Al momento de su muerte quedaron
inéditos varios escritos suyos. Un estudio
sobre la fiebre de los indios, el tifus exantemático
epidémico, fue publicado por el Dr. Homero
Viteri Lafronte a principios del Siglo XX Federico
González Suárez editó sus obras
completas en dos gruesos volúmenes en 1.912
en la imprenta municipal de Quito. El tercer volumen
apareció en 1.923 debido a los esfuerzos de
Jacinto Jijón y Caamaño y Homero Viteri
Lafronte.