JOSE
CARLOS MARIATEGUI
SOCIOLOGO.- Es por todos conocido que las generaciones
literarias se suceden con sentimientos contradictorios
y hasta excluyentes. Los clásicos formalistas
marmóreos dieron paso a los exaltados románticos
y éstos a los neoclásicos parnasianos
que estimaban que bien valía un mundo un verso
si era perfecto. Posteriormente llegaron los modernistas
que tanto enriquecieron el idioma con adjetivos seductores,
al punto que fueron temidos y reputados por Barrocos.
En 1.920 el joven escritor
peruano José Carlos Mariátegui, nacido
en 1.895 en Moquegua, viajó por el viejo continente
asimilando las nuevas ideas sociales que se aplicaban
en Rusia y pugnaban por triunfar en una Alemania destruida
y en la Italia convulsionada de entonces.
Mariátegui cojeaba porque
había sufrido de niño una grave dolencia
que lo tuvo largos años en una silla de ruedas
y al final le afectó una de sus piernas y por
eso caminaba dificultosamente y con bastón.
Reflexivo, estudioso y pensieroso a causa de esta
forzada inactividad, representaba más edad
de la que tenía cuando entró a trabajar
en los talleres de “La Prensa” de Lima
como auxiliar de lecturas, redactor de crónicas
y clasificador de noticias, después escribiría
bajo el seudónimo de “Juan Croniqueur”
para “El Tiempo” y la revista “El
Turf”, porque amaba mucho a los caballos y gustaba
pavonearse aristocráticamente por la hípica.
En 1.917 ganó un concurso municipal con “La
Procesión Tradicional” y nuevos trabajos
en la revista “Nuestra Epoca” y el diario
“La Razón” hicieron que el Presidente
Augusto B. Leguía, más por sacárselo
de encima que por ayudarlo, lo enviara a Italia en
misión de propaganda.
De regreso al Perú trabajó
en las Universidades populares González Prada
y al salir expulsado del país Víctor
Raúl Haya de la Torre ocupó su lugar
en la dirección de la revista "Claridad",
para entonces le habían tenido que amputar
la pierna izquierda y como estaba decidido a luchar
por la cultura, fundó la gran revista americana
“Amauta”, que tanta influencia ejerció
en la década de los años 20 entre los
prosistas y poetas americanos de su tiempo, que Mariátegui
lideró casi sin quererlo, como algo natural,
ingénito a su gran inteligencia y madurez intelectual.
“Amauta” fue, sin duda, la revista de
mayor difusión a alto nivel que ha existido
en Hispanoamérica, ejemplo que no se ha vuelto
a repetir.
Mariátegui preconizaba
en "Amauta" el fin del mito liberal por
envejecido y caduco y en ello sólo seguía
los pasos de su maestro Manuel González Prada;
sin embargo, el aporte personalísimo de Mariátegui
vino con la publicación de sus magistrales
ensayos que aparecieron entres 1.925 y 28 con los
títulos de "La escena contemporánea"
o recopilación de artículos culturales
y artísticos y "Siete ensayos de interpretación
de la realidad peruana", obra cumbre en su género
en América, pues es más política
e ideológica que literaria, aunque está
escrita en hermoso estilo.
En siete ensayos trató
de insertar el materialismo histórico en el
panorama americano a base de un partido de raigambre
socialista nacional. Tampoco era nueva esta idea,
ya expresada por Haya de la Torre; sin embargo, Mariátegui
no pretendía aplicar las normas del marxismo
tradicional que no pasa de ser un sistema abstracto
de interpretación del mundo, quería
algo más, enriquecer a ese marxismo tradicional
con el aporte de las nuevas corrientes posteriores
para una mayor liberación de la energía
popular, fin máximo y talvez único de
su filosofía de gobierno.
En "Amauta" Mariátegui
hizo desfilar a las primeras plumas del pensamiento
de su tiempo, contribuyendo a revelar a nuevos poetas
y ensayistas y saturando el ambiente de estímulos
diversos en franca libertad ideológica. No
fue un hombre de estrecheces de pensamiento, acogía
a todos por igual, dando a cada cual su justo valor.
Sus ensayos eran, además, los muestrarios permanentes
de un espíritu sutil y patriota, desprendido
y generosamente inteligente. "Su estilo corto,
de frases incisivas, sin vacilaciones ni rodeos, descorría
la cortina de una nueva realidad" compartida
por los países de Latinoamérica. Fue
un escritor universalista y ecuménico porque
oteaba dentro y fuera de las fronteras de su patria
y habiendo comenzado como simple poeta modernistas
en 1.916, con versos finos como este // Es sólo
mi tristeza la tristeza indecisa / de un niño
un poco místico y otro poco sensual, / cuyo
raro destino leyó una pitosina / o el astrolabio
intérprete, de un oráculo astral. //
La voz de Schopenhauer adoctrinó doliente /
a mi alma que ha perdido la ilusión de la vida
/ y que sigue, sonámbula, una ruta inclemente
/ con los pasos inciertos, y sangrante la herida,
//. Supo evolucionar vertiginosamente y en poco tiempo
hasta situarse como líder del movimiento postmodernista
peruano, con ensayos vitales y certeros que aún
no han perdido vigencia a pesar del medio siglo transcurrido.
Cabe mencionar su participación
en 1.917 en una absurda ceremonia realizada una noche
en el Cementerio de Lima, cuando varios intelectuales
pidieron a la bailarina rusa Norka Ruskaya que interpretara
la “Marcha Fúnebre” de Chopin en
la Alameda Central de dicho camposanto. El asunto
fue descubierto y causó tremendo impacto emocional
en la sociedad. Bailarina, violinista y público
terminaron la noche en una cárcel. Diez años
después Mariátegui era el más
ilustre pensador del Perú; se había
transformado. Como político, para 1.928 contactó
con enviados de la Tercera Internacional y obtuvo
que la primitiva cédula comunista peruana aceptara
actuar dentro del Partido Socialista y como parte
de él. Al año siguiente el pacto fue
rechazado por el comunismo internacional y esto alteró
su salud, entonces viajó a Buenos Aires a ponerse
una pierna ortopédica y a dictar conferencias
y falleció el 16 de abril de 1.930 sin llegar
al puerto. De allí en adelante su memoria ha
sido zarandeada por todos los partidos, que se han
querido apoderar de ella, cuando en vida Mariátegui
sólo fue un socialista más en América,
quizá el de mayor avanzada, el maestro, el
teórico que luchó por alcanzar la justicia
social que todos perseguimos.