RENÉ MAURICE
KERRET
VIAJERO.- Nació en 1.833 y tenía 19
años de edad cuando consiguió alistarse
como Oficial dibujante a bordo de la fragata "Le
Forte", que comandaba el almirante Fébrier
des Pointes, para dar una vuelta al mundo llevando
la bandera de Francia.
Después de esperar un
mes los vientos favorables, el 2 de diciembre de 1.852
salieron de Brest en la Bretaña francesa y
pusieron rumbo a las Islas Canarias.
Con René Maurice iba
su primo el Conde de Kersain. En enero llegaron a
Río de Janeiro, después pasaron a Buenos
Aires y en febrero doblaron el Cabo de Hornos y enfilaron
a Valparaíso, a donde arribaron en marzo.
En Lima gastaron 15 días
visitando la ciudad y sus alrededores. El 15 de abril
estaban en Paita. Otro barco francés, "El
Prony", se les había unido. El 16 viajaron
al Norte y el 17 pasaron a la isla de Santa Clara
y arribaron a la Puná.
Cuando la marea les permitió
comenzaron a navegar por el río Guayas y la
vista del paisaje acabó por conquistar la admiración
de los marinos franceses. El 23 “Le Forte”
fue remolcada por "El Prony" y ancló
frente a Guayaquil. Las autoridades pasaron a bordo
a visitar al Almirante, que venía con la secreta
consigna de obtener de nuestro gobierno el pago de
300.000 pesos por los perjuicios causados en los bienes
de un ciudadano francés. El Ministro en Quito,
Conde de Montholon, había arriado la bandera
y abandonado el país por cuanto el gobierno
ecuatoriano no había atendido sus reclamaciones.
El Almirante debía arreglar el litigio.
Ya estaban en Guayaquil las
fragatas "Prudence", "La Brillante"
y el brick “El Obligado”, que sumados
a las dos recién llegadas hacían una
flotilla de cinco embarcaciones armadas hasta los
dientes, que podían hacer desaparecer al puerto
en media hora de bombardeo. “Demoler y reducir
a cenizas esa diminuta ciudad de madera” como
se dijo por entonces.
El ultimátum francés
pedía los pesos de la reparación, que
se salude a la bandera con 21 cañonazos y para
ello se requería la aceptación del Presídeme
Urbina, que se encontraba en Quito.
Mientras tanto la oficialidad
y algunos marinos desembarcaron para conocer Guayaquil
y entablar amistad con las principales familias. Kerret
fue invitado a la casa del Ministro de Hacienda, por
entonces en Quito.
Al cabo de tres semanas se
conoció la aceptación de Urbina, quien
manifestó que se sentiría feliz si las
proposiciones le fuesen llevadas por oficiales franceses,
a los que daría un recibimiento muy afectuoso.
Fébrier hizo redactar
el acta final y designó a los primos Kerret
y Kersain para que viajen a la capital con dicho “Tratado
de Paz y Amistad” y lo hicieren firmar del Presidente.
El 24 de mayo se internaron
en una piragua hacia el interior del país y
el viaje fue sin contratiempos. En Quito se hospedaron
en la Embajada de España, fueron invitados
por Mercedes Jijón y Vivanco, esposa del general
Flores. Urbina se enojó mucho, precipitando
la salida de esa señora hacia el extranjero.
Carlos Aguirre Montúfar, "encantador,
rico e influyente" les ofreció una fastuosa
cena.
El Arzobispo de Quito Francisco
X, de Garaycoa los recibió en su Palacio y
el Presidente les fijó día y hora para
la firma del Tratado de Paz. Su hijita María
Urbina, "niña de diez años que
deseaba ver a los franceses, vino expresamente a visitamos
en compañía de su nodriza, pero quedó
muy decepcionada cuando vio que éramos absolutamente
parecidos a todos nuestros semejantes". Esta
María era muy curiosa y años después
contrajo matrimonio con Antonio de Lapierre Cucalón,
hijo del Ministro francés en Quito y murió
casi enseguida de parto. Como se ve, desde pequeña
le atraían los extranjeros. Su marido contrajo
segundas nupcias con Marieta de Veintemilla, tuvieron
un hijito que murió de meses y él también
falleció a las pocas semanas en Guayaquil,
de fiebre amarilla.
José María Avilés
Pareja, Ministro de Hacienda, los invitó a
visitar la "Casa de la Moneda" en Quito
y luego los llevó a su residencia de Guápulo,
"desde cuyos jardines se dominaba la bella iglesia
de un pueblecito encantador".
Durante una tertulia en casa
de Carlos Aguirre decidieron realizar una expedición
a las históricas pirámides de Caraburo
y Oyambaro. Aguirre tenía una bella propiedad
en esa región y allá fueron a pasar
la noche. La casa central de los Aguirre estaba frente
al Palacio presidencial. Los oficiales franceses fueron
invitados a una cena y concurrieron acompañados
del conde de la Paz, Ministro de España y de
su señora y del Marqués de Prado, secretario
de la Embajada. Entraron a un inmenso salón
donde habían unas ochenta personas. El salón
estaba separado de las ventanas por un corredor con
arquería de bóvedas y columnatas elegantes,
entre cada columna habían tigres y leones disecados.
A las ocho se anunció que la cena estaba servida.
Kersain entró al comedor con la anfitriona.
El dueño de la Casa con la mujer del Ministro
de España y Kerret con la marquesa de Larrea.
En el comedor se encontraron
con vajilla de plata, “excelente foie gras del
país” (paté hecho en casa) y pescaditos
de la Sierra que sirvieron de entremeses para picar.
Luego se les condujo a todos los invitados a un segundo
comedor con platería tan hermosa como la anterior
y hallaron vinos, "los más finos y mejores
de Europa", carnes de cacería mayor y
de aves deliciosas. "Era una cena para echarnos
por tierra, absolutamente de mil y una noches. Creíamos
haber terminado cuando se nos invitó a pasar
a un tercer comedor para servirnos los postres, helados
y café, en una palabra, los dulces. “Nos
hallábamos pasmados de tanto lujo, de tanta
riqueza. Aquí todo el servicio era de oro.
Los vasos de cristal, los más hermosos del
mundo; la mesa cubierta de frutas, las más
variadas; sorbetes, etc.”.
“Estábamos trastornados;
apenas me atrevo a escribir lo que ví aquella
noche. La cena se terminó con todos esos decoros,
hacia las once. Regresamos hacia el salón principal
y nos despedimos de nuestros excelentes amigos. Salimos
a pie, según es costumbre en el país,
pero escoltados por domésticos que llevaban
linternas. En el camino encontramos a los famosos
serenos que se paseaban en la calle toda la noche,
anunciando la hora en alta voz, sin duda para defenderse
en caso de ser atacados”.
El Vizconde y su primo regresaron
a Guayaquil y tomando un barco para el Callao se reunieron
con el almirante Février des Pointes, que les
comunicó el inicio de la guerra de Crimen y
las órdenes que había recibido de atacar
a Rusia en al península de Kanchatka, donde
bombardearon el puerto de Petropaviovsk. Février
murió poco después y fue reemplazado
por el almirante Fourichon, que continuó el
viaje a las Islas Marquesas y donde los atendió
la Reina Pomaré. Después pasaron a Chile,
al Callao, a las Galápagos, a Acapulco, a San
Francisco y de nuevo al sur, hasta repasar el Cabo
de Hornos y retornar a Brest.
De Kerret fue a su Castillo
de Quillier y contrajo matrimonio; después
murió su esposa dejándole varios hijos.
Ingresó a la sociedad Arqueológica de
Finisterre, edificó escuelas, reconstruyó
iglesias y monumentos del megalítico, dedicándose
a la educación de sus hijos y a redactar su
"Diario de Viajes • alrededor del mundo"
que publicó con profusas ilustraciones - acuarelas
y carboncillos - porque fue un dibujante habilísimo.