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CARLOS MONTUFAR Y LARREA
PROCER.- Nació en Quito en noviembre de 1.780. Hijo legítimo de Juan Pío Montúfar, II Marqués de Selva Alegre, cuya biografía puede verse en este Diccionario, y de su prima segunda Teresa de Larrea y Villavicencio, de quien se decía que era hermosa, de maneras suaves y costumbres modestas.

Su niñez fue feliz y transcurrió entre la espléndida casa solariega del centro de Quito situada en la calle del Comercio a un costado de la Catedral, y en la hacienda familiar del valle de los Chillos, donde su padre tenía una hermosísima casa de campo con oratorio y salones adornados con lujosos muebles y obras de arte; sin embargo, en 1.790, de escasos diez años, quedó huérfano de madre y poco después su padre le hizo ingresar al Seminario de San Luis donde siguió estudios de nivel medio y posteriormente se graduó de Maestro de Artes en 1.801 en la Universidad de Santo Tomás de Aquino.

Hacia 1.802 hizo amistad con el Barón de Humboldt, huésped de su padre en el valle de los Chillos, quien estaba acompañado de su amigo Aime Bonplant. Con ellos viajó por espacio de dos años en científico recorrido por los territorios de la Audiencia de Quito. Llegaron hasta Loja y el oriente, escalaron montañas, hervorizaron quinas y finalmente pasaron a la región de Cajamarca en el Perú, ciudad histórica que visitaron para seguir rumbo a Lima y El Callao.

En 1.803 regresaron a Guayaquil y por barco pasaron a México, país que visitaron morosamente; enseguida recorrieron Cuba y los Estados unidos. En 1.804 arribaron a París y presenciaron la coronación de Napoleón como emperador de los franceses.

En 1.805 viajó a Madrid portando varias recomendaciones de Humboldt, trató a sus parientes y al ocurrir en 1.808 la invasión francesa, tomó las armas con su primo José Larrea y lucharon en las calles; pero, al ser derrotados, escapó disfrazado de carbonero a Toledo, Sevilla y Cádiz y se enteró del alzamiento ocurrido en Quito. Entonces ingresó al Regimiento de Húsares, donde merced a los entronques e influencias de su familia hizo una rápida y efectiva carrera profesional.

Como Ayudante de Campo del General Castaños se batió, en el frente de Andalucía y tras numerosos combates en los que participó el pueblo español en desigual fortuna, fue electo en 1.809 Diputado de Quito a las Cortes de Cádiz e ingresó a las Logias Masónicas de España. Allí debió jurar en favor de la libertad y la justicia entre los pueblos. Poco después fue Comisionado por la Junta Central de Gobierno que funcionaba en Cádiz, para viajar a la Audiencia de Quito con el fin de pacificarla, desterrando los sentimientos de odio y animadversión entre criollos y chapetones.

El 1º de Marzo de 1.810 se hizo a la vela en compañía de Antonio de Villavicencio y Berástegui, quien también viajaba Comisionado para la Audiencia de Bogotá. La travesía fue buena y a bordo de la goleta Carmen, desembarcando en Caracas, ciudad que encontraron agitada por la revolución. Entonces le tocó intervenir ante esa Junta de Gobierno para que no se produjera la independencia total de España.

De allí siguieron a Cartagena, ambos Comisionados se separaron, Montúfar siguió a Bogotá, encontró de parte del Virrey una solapada oposición, aunque no se atrevió a apresarlo, permitiéndole que continuara libremente hacia el sur, con todos los honores y preeminencias de que iba investido. En agosto se entrevistó con el Gobernador de Popayán y se enteró de la matanza de los patriotas del 2 de agosto.

El 12 de septiembre hizo solemnemente su ingreso en Quito y formó la Junta Suprema de Gobierno sujeta a la Regencia hasta cuando el príncipe Fernando volviera al trono. Mientras tanto organizaba los Ministerios y daba nueva vida a la ciudad de Quito, que aún sufría los estragos ocasionados por el saqueo de los soldados del Regimiento Real de Lima; pero, los elementos realistas, comprendiendo cuales eran las miras del recién llegado, cerraron los frentes y aislaron a Quito. Entonces comenzaron a presentarse numerosas dificultades a su gobierno pues el pueblo se hallaba realmente indignado. El ex-Presidente de la audiencia, Conde Ruiz de Castilla, fue atacado en el convento donde se encontraba asilado y murió días después a consecuencia de las heridas. Los Calisto, padre e hijo, fueron detenidos cuando fugaban de Quito y llevados a juicio se les ordenó a pasar por la pena máxima del fusilamiento; sin embargo el clérigo José Martínez de Loayza encabezó una protesta armada, salió a las calles y al grito de "Vencer o Morir" casi se tomó los cuarteles. En ese estado de caos y confusión diarios Montúfar aún se daba tiempo para el amor, que iba a buscar a la hacienda Salache, cerca de Latacunga, donde vivía la hermosísima Antonia Vela Bustamante, mujer fiel "que nació para el drama de la gloria", según a escrito uno de sus biógrafos.

A principios de abril retornó a Quito y se decidió a proclamar la independencia definitiva de España, que tuvo lugar el día 11 de abril de 1.811 fecha que debe ser recordado por las actuales y futuras generaciones de la Patria, como la primera ocasión en que en los territorios de la hoy República del Echador, se declaró una total separación de la metrópoli española.

Poco después, las tropas realistas al mando del General Melchor de Aymerich, declararon abiertas las operaciones militares y avanzaron hasta las inmediaciones del sitio denominado de Paredones, donde Montúfar le ocasionó una grave derrota; pero, de regreso a Quito, encontró a la ciudad dividida en bandos. Unos apoyaban a su familia y otros estaban decididamente con los poderosos Sánchez de Orellana. Tal situación fue fatal para los patriotas que se replegaron al norte, donde fueron batidos por las fuerzas de Sámano en San Antonio de Ibarra, el 29 de noviembre de 1.811. Poco después, con fecha 1°. de diciembre, se completaba el desastre a las orillas de la laguna de Yaguarcocha.

Montúfar se encontraba por entonces bastante herido a consecuencia de la caída de un caballo, pero aún así pudo huir del desastre y logró refugiares en una de las haciendas de la zona de Cayambe, atendido por su hermana Rosa, que siempre había sido mujer de temple y de carácter; pero como nunca falta un soplón, en esa ocasión le correspondió tal deshonor a un perverso sacerdote dominicano, Cura de ese lugar, quien dio parte a las autoridades españolas.

Montúfar volvió a escapar y fue a sus tierras del valle de los Chillos, pero hasta allí le siguieron y fue tomado prisionero y conducido a Quito con grillos y custodia militar.

En marzo de 1.814 le fue incoado un proceso, se le encontró culpable, imploró indulgencias y por la vía de Guayaquil fue desterrado a España; pero al arribar a Panamá logró escapar con otros próceres, entre los que se menciona a Francisco Angulo, Juan José Jerez, José María Reyes, Esteban Jiménez y el navegante Antonio Brea los condujo a Tumaco. Montúfar siguió a Popayán y Bogotá, donde le persiguió el dictador Manuel Bernardo Alvarez. Por eso siguió a Tunja logrando unirse a las fuerzas libertadoras que maniobraban a las órdenes del Libertador Bolívar, quien le hizo su ayudante general. Enseguida pasó a órdenes del General Serviez y siguió con mil doscientos fusileros a la campaña de Pasto, que terminó con la completa derrota de las armas patriotas. Allí perdió su caballo y tuvo que seguir a pie, haciendo prodigios con la bayoneta.

Posteriormente peleó en la Cuchilla del Tambo y en la huida de los patriotas le tomó prisionero el Oficial Francisco Santa Cruz. Llevado a Buga fue fusilado por la espalda, como a traidor, el aciago día 31 de julio de 1.816, por orden del sanguinario General Juan Sámano.

Previamente las damas de la ciudad habían ofrecido sus joyas para salvarle pues era un joven arrogante y de excelente presencia, que sólo tenía 36 años de edad, pero la maldad del jefe español despreció tal gesto, que le hubiera servido para enriquecerse.

Actualmente, en el sitio de su muerte, existe una hermosísima Placa de Bronce que dice así: “En este sitio fue sacrificado en aras de la patria el Coronel Carlos Montúfar el 31 de julio de 1.816”.

De no haber muerto en esa fecha posiblemente le hubiera correspondido jugar un papel protagónico en la Gran Colombia, por ser el jefe de mayor jerarquía de las armas nacionales del Distrito Sur y hasta habría sido el más llamado a ocupar la presidencia de la República del Ecuador en 1.830, pero la muerte segó tan benéfica existencia, dejando a la Patria el feliz recuerdo y la excelsa memoria de tan ilustre Prócer como magnánime gobernante.