ANGELO
NEGRI FRACCHIA
INTRODUCTOR DE LA OPERA.- Nació en el pueblo
de Castellazzo Alesandria, en la Romaña, Italia,
el 22 de agosto de 1.878. Tuvo por maestro de canto
y música a Pietro Mascagni y a Ildebrando Pizzetti
(1) y coronó sus estudios de Director de Orquesta,
Organista y Compositor con el Maestro Cicognani.
Enseguida fue nombrado Director
de la escuela de música de Rocanatti y primer
Organista de su catedral pues era un consumado pianista,
compositor, concertador y Director de orquesta.
Durante los años de
la I Guerra Mundial quedó momentáneamente
inactivo. En 1.916 ingresó a las filas italianas
y firmado el Armisticio dos años después
volvió a sus actividades y formó un
gran Orfeón, donde surgió la maravillosa
voz del tenor Belarmino Giggli, con quien hizo un
triunfal recorrido por los Estados Unidos y el Canadá
entre los años 1.925-27. Después pasó
a Buenos Aires y dirigió la Orquesta sinfónica
de radio Belgrano, hizo amistad con el pintor Quinquela
Martín y hasta compuso varios tangos como “Ya
te vas Guardia vieja”.
(1) Pietro Mascagni (1.863 - 1.945) Compositor italiano
que estudió con Amilcare Ponchielli y que tuvo
a su cargo varios Conservatorios y óperas.
Creó el nuevo estilo operático llamado
verismo con "Caballería rusticana".
Su obra comprende óperas, música sinfónica,
para cine, para iglesia y de Cámara.
Ildebrando Pizzetti (1.880
- 1.968) Compositor y educador italiano considerado
una de las figuras principales del siglo XX en la
música de su país. Sucedió a
Respighi en la Academia Santa Cecilia de Roma. Compuso
óperas, música sinfónica, coral
y de cámara. Autor de “Devora y Jael”
(su obra maestra), “Suite de la Pisanella”,
“Cantos de Invierno”, “Preludio
a otro día”, “Epitalamio”
y otras.
En 1.930 la artista Lea Candini lo conquistó
para que se pusiera al frente de la orquesta de su
compañía y recorrieron Brasil, Uruguay,
Argentina, Chile y Perú. En 1.932 arribaron
a Guayaquil y tras exitosas presentaciones en el teatro
"Edén" la compañía
partió sin Negri, que se quedó porque
sus 56 años le pesaban para seguir en la dura
vida de artista viajero y porque el clima cálido
y húmedo de Guayaquil le asentaba a su vieja
dolencia aortal.
De inmediato se puso a trabajar
con singulares bríos en un departamento interior
de la casa de madera de propiedad de la familia del
Pozo Santos, ubicada en el Boulevard frente al Palacio
de la Zona Militar y pronto se llenó de alumnos
a quienes enseñaba con cariño de padre
y maestro, formándoles en el arte del canto,
la composición y el piano.
Algunos melómanos del
puerto le ayudaban: María Piedad Castillo de
Leví, Alejo Matheus Amador, Carlos Saona Acebo,
Catalina Marín de García, Eduardo Rivas
Ors, Víctor Manuel Janer y Pedro Maspons Camarasa.
Rivas le cedía el teatro Edén para sus
presentaciones. Matheus y Saona el 9 Octubre y lo
contrataron de maestro de la escuela de música
de la Sociedad Filantrópica del Guayas. Maspons
escribió la letra de la marcha “Mi Ciudad”
que Negri le puso música, dedicó a Guayaquil
y estrenó en un concierto al aire libre en
la Rotonda el 7 de octubre de 1.940. Igual hicieron
con las canciones “Una bella Luna” para
cuatro voces y orquesta y “Confidencias”
para canto y piano.
El 20 de junio de 1.933 Negri
se presentó en el Olmedo dirigiendo la Orquesta
del Círculo Musical Guayaquil y en el violín
concertino al notable músico uruguayo Ricardo
Fabregat. En julio ofreció un Coro con más
de cincuenta voces femeninas. El 27 de noviembre volvió
a dirigir dicha orquesta, en función a beneficio
de la Acción Social Católica, en el
Concierto Opus 16 de Grieg, actuando al piano Mercedes
Arzube de Roca recién llegada del exterior.
El 16 de julio de 1.934 presentó
su Coral en la Iglesia de la Victoria e Interpretó
su Misa Breve con las sopranos María Riera
de García y María Moreno, con acompañamiento
de orquesta.
En la estación de radio
Quinta Piedad HC2RL del Dr. Roberto Leví trasmitía
programas culturales. Allí descubrió
la voz de Olga Ruiz Robles de Luces y la llevó
a la Coral donde la hizo cantar óperas. El
3 de enero de 1.935 presentó a sus alumnos
en el teatro Edén y actuaron la soprano Eloísa
Marcet, Clara Bruno después señora de
Piana, Maruja Moreno y Francisca de Maestre, el tenor
César Elizalde y el violinista Pablo Alvarez
García.
Negri era un hombre excepcional
que no solamente dirigía sino también
impulsaba, escribía música y las partituras
para cada miembro de la orquesta. En 1.936 estrenó
en Guayaquil su Orquesta Sinfónica en un Concierto
de 60 profesores y 50 voces, teniendo como pianista
a Enriqueta Fernández Usubillaga, después
señora de Dillon, primera alumna en graduarse
bajo su dirección.
El 15 de Junio de 1.937 brindó
un gran Concierto Sinfónico Coral con acompañamiento
de Orquesta. Allí debutó Rebeca Minutto
y en el Concierto Romántico de Goddar tocó
el violín concertino de la sinfónica
Pablo Alvarez García. Negri dirigió
su “Fantasía Ecuatoriana” sobre
temas originales de J. C. Espinosa y en premio a tanto
esfuerzo fue designado Director Profesor del Conservatorio
de Música de Guayaquil el 13 de diciembre de
ese año.
Lila Alvarez García,
una de sus alumnas de canto que más ha escrito
sobre Negri, opina que su labor en el Conservatorio
no ha tenido parangón. “Reformó
los planes y programas. El de piano, que quedó
vigente para muchos años, lo elaboró
con el concertista quiteño Gustavo Bueno, que
había sido alumno de Alfredo Cortot en París.
Organizó clases de composición, a las
cuales, por cierto, asistieron los propios profesores
del Conservatorio”.
El 20 de enero de 1.938 dirigió otro Concierto
con la colaboración de Marieta Riera de García,
Eloísa Marcet, Maruja Moreno, Rosa Noboa Chiriboga
y Alfonso Calero Benites a beneficio de la Sociedad
Protectora de la Infancia. El 31 de agosto ofreció
un Concierto con la notable arpista Inés Ramírez
de Espinosa y tras ardua y fatigosa labor representó
por primera vez en el Ecuador “La Travista”,
escribiendo todas las partes para la orquesta y coro.
En los siguientes años Negri fue repitiendo
“La Travista” y "descubriendo voces
maravillosas y una increíble capacidad histriónica
en nuestra gente. Fernando Vicenzini era su brazo
derecho para la organización, contando con
la mayor parte de los instrumentistas que no cobraban
y hasta colaboraban con plata y persona cuando era
necesario". En los roles estelares de la primera
Traviata actuaron Olga Ruiz Robles de Estrada Valle,
Alfonso Calero Benites y Carlos Alberto González
secundados por Bolivia Gavilánez, León
Benigno Palacios, Alejandro Bueno Pinto y Emiliano
Pólit. Los decorados fueron confeccionados
por Eduardo Beltrán e hijos y por los hermanos
Loffredo Rodríguez. La parte escénica
por José Garmendia y de apuntadora trabajó
Laura Calle Solano. En el Coro de Zíngaros
a cuatro voces y con ochenta integrantes cantaron
María Luisa Zerega Péndola después
señora de Barniol, Pablo Chávez y demás
componentes de la Coral.
“La Travista” se
representó cuatro veces más en 1.939
y actuaron Rosario Játiva, Zobeida Jiménez,
Aída Vicencini, Fernando Vicencini, P. Morris,
Enrique Ortíz, José Sánchez y
Vicente Forastieri. Había hecho venir de Italia
a su esposa y a sus hijos Clara, casada con el Ing.
Rodrigo Perrotta quien tocaba dentro de los segundos
violines y a Athos Negri, a causa de la Inminencia
de un conflicto armado mundial, pero vivía
separado de ellos. Los periódicos empezaron
a atacarlo porque admiraba al Duce Benito Mussolini
y era profascista. Negri no era de los que se dejaban
amilanar por tan poco y en su departamentito interior
con amplio jardín que gustaba cultivar, un
servicio higiénico y dos cuartos que le servían
de sala y dormitorio, fundó la Academia de
Música "Santa Cecilia".
En su sala y dormitorio mantenía
en singular desorden desde sus propias partituras
hasta libros y revistas. Negri era muy ágil
a pesar de ser cardiaco y como no podía subir
escaleras porque se asfixiaba, cuando iba de casa
en casa citando a sus alumnos, les gritaba desde el
zaguán para que ellos bajaran. Además
hacía de todo un poco, desde empresario y maestro,
hasta de director, porque era un dínamo que
nunca estaba cansado, quería a sus alumnos,
velaba por ellos y todo eso dentro de las limitaciones
propias de su edad y enfermedad.
El 20 de diciembre de 1.939
estrenó la ópera cómica y coral
“Las Educandas de Sorrento” de Emilio
Usiglio, con voces nuevas como la de María
Luisa Zerega Péndola y el peruano Pablo Alberto
Chávez.
El 20 de julio de 1.940 ofreció
y dirigió un Concierto en el que actuó
como violín concertino el maestro español
José Barniol. El 7 de octubre dirigió
otro Concierto en honor a la ciudad, bajo los auspicios
del Municipio y con motivo de la independencia. El
22 de diciembre estrenó exitosamente la ópera
mística "Sor Angela" o "Sor
Angélica" en un acto, de Giochino Forzano
y Giacomo Puccini, en la que sólo intervienen
mujeres porque la acción se desarrolla en el
interior de un convento. Allí cantaron María
Luisa Zerega Péndola, Bolivia Gavilánez,
Hilda Paredes, Rosario Játiva, Mercedes y Alemania
Estévez y Alda Vicenzini.
En 1.941 dirigió el
Concierto por el Centenario de la fundación
del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte y actuaron
al piano sus alumnas Divina Ycaza y Blanca Muirragui
y al violín José Barniol. Posteriormente
compuso una Misa de réquiem en homenaje a los
caídos en la invasión peruana, que llamó
“Misa de Profundis” y presentó
en diversas iglesias (San Francisco, San Agustín,
María auxiliadora, etc.)
En 1.942 estrenó "Marina"
de Emilio Arrieta. En noviembre del 43 la volvió
a presentar en el teatro "9 de Octubre"
y para darle mayor agilidad lo hizo en forma de zarzuela.
Allí actuó de galán joven el
tenor Guido Garay Vargas - Machuca.
Para esa fecha ya no dirigía
el Conservatorio porque en noviembre del 42 había
sido reemplazado por José Casimiro Arellano
debido a su nacionalidad italiana, pero el asunto
se prestó al escándalo porque el profesorado
se portó solidario y hubo la renuncia masiva
que era de esperarse.
Ese mismo año 43 salió
a la escena "Caballería Rusticana"
de Mascagni, en un solo acto y con libreto de Tardioni,
Dorsetti y Menasci y las voces de María Luisa
Zerega, Rosario Játiva, Bolivia Gavilánez
y Pablo Alberto Chávez.
En enero de 1.944 presentó
"Marina" en el teatro Sucre de Quito con
el tenor español Alex Rojo, el barítono
quiteño Humberto Velasco y numerosas voces
nuevas. Poco después inauguró temporada
en Guayaquil con "Pagliacci" en el "9
de Octubre" con Gina Lotuffo, Zobeida Jiménez
y Argentina López. El 45 fue el reprise de
"Caballería Rusticana" en un acto
y como segunda parte su "Canción de cuna"
con letra de Gabriela Mistral y el cuarteto de voces
formado por Alicia Ycaza, Elsie Pauta, Rosario Játiva
y Lila Alvarez García. Ese año regresó
con honores al Conservatorio como profesor de Armonía,
acompañado de los profesores solidarizados
con él el 42.
En 1.946 se representó
"Madame Buterfly" con gran despliegue de
lujo y no menor éxito en versión de
Illica y Giacosa y música de Giacomo Puccini,
actuando María Luisa Zerega, Zobeida Jiménez,
Erna Schwartz, Pablo Jiménez, León Benigno
Palacios, Enrique Ortíz, Fernando Vicenzini
y Héctor Pozo.
"Caballería Rusticana"
volvió a darse el 15 de diciembre de 1.947
en el escenario del mismo teatro "9 de Octubre".
Esa noche, mientras se encontraba con la batuta en
la mano y dirigiendo el tercer acto, cayó de
improviso hacia adelante sobre uno de los músicos,
el oboísta Teófilo Jacome, que recibió
el impacto. Estaba muerto a causa de un fulminante
infarto en el momento preciso en que habiendo terminado
el brindis y el reto de Taruddi a Alfio, el coro comenzaba
a hacer mutis a los primeros compases del "Addio
a la madre".
María Luisa Zerega gritó
"Maestrino" y su hija Clara corrió
de entre el público para auxiliarlo en lo posible.
El Dr. Abel Gilbert Pontón diagnosticó
su deceso en el propio teatro.
La conmoción fue intensa,
fue velado con honores y enterrado al día siguiente
con gran acompañamiento. Tenía solamente
69 años de edad y había proyectado presentar
la ópera "Aída" en el American
Park con el circo "Luciano" cuyos elefantes
y camellos pensaba utilizar.
"Había muerto el
maestro, el eterno enamorado del ideal de la suprema
belleza, noble peregrino que levantara su tienda en
el solar guayaquileño y que realizó
el milagro de formar la primera coral y estrenar las
primeras óperas; pero sobre todo será
recordado por haber formado escuela pues aún
sus discípulos le recuerdan con cariño
y veneración".
Su busto en bronce donado por
Enriqueta Fernández de Dillon, se levanta en
el parque Forestal desde 1.962, a la entrada del teatro
del Centro Cívico, como justo homenaje al más
grande profesor de música que ha tenido Guayaquil
en el siglo XX.