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PABLO PALACIO
ESCRITOR.- Nació en Loja el 25 de enero de 1.906. Hijo del hacendado Agustín Costa y de Clementina Palacio Suárez, costurera de 22 años, de familias antiguas aunque empobrecidas y fue inscrito como hijo de padre desconocido. Años después, cuando su padre quiso darle el apellido no lo aceptó ni tampoco alternó con sus medios hermanos más que una sola vez durante un viaje a Loja en 1.934, cuando le invitó su hermana Julia Costa de Chalela a su casa y se tomaron una copa de vino en su honor, aunque la reunión fue en extremo formal y protocolaria (1).

A los tres años de edad su niñera lo llevó consigo a lavar ropa a un torrente cercano a la colina de la Virgen, llamada la chorrera del pedestal. Allí comenzaba el canal de la planta eléctrica de Loja y en un descuido cayó a las aguas, que lo arrastraron casi medio kilómetro. Finalmente fue localizado con fractura del cráneo y numerosos magullones y después de varias semanas de curación sanó, pero le quedó para siempre un hueco en su cráneo por donde le cabía la falange de un dedo. Era un niño de rostro afilado "cutis blanco, constelado de pecas y su cabello rojizo".

En 1.912 ingresó a la escuela de los Hermanos Cristianos "ganó premios de aprovechamiento, de aplicación y de piedad". En las horas libres iba al taller interior y obscuro de platería del maestro Gerónimo Cuadrado y aprendió ese oficio. Para entonces había fallecido su madre y vivía en casa de un tío solterón y beato llamado José Angel Palacio Suárez, que a fuerza de trabajos llegó a tener una regular fortuna y ocupó la presidencia de la Municipalidad de Loja, aunque era un hombre inculto, conservador y fanatizado. Allí lo terminó de criar su tía Hortensia Palacio Suárez, quien casó después con Agustín Palacio Riofrío.

(1) La visita fue posible por la intervención amigable del entonces joven Jorge Hugo Rengel Valdivieso, quien me la ha referido hasta en sus últimos detalles.
En 1.918 ingresó al Colegio “Bernardo Valdivieso” y descolló como excelente alumno "obteniendo distinciones en Algebra y Química y en Lenguas Vivas y con el tiempo llegó a dominar el francés, al punto de hacer traducciones de ese idioma".

Delgado, siempre fue larguirucho, ágil de cuerpo, esbelto y musculoso. Su cabello castaño y ondulado, los ojos vivaces y una risa de potrillo tierno le hacían simpático. Además, gustaba practicar deportes. Nadaba y boxeaba y leía muchas novelas Francesas y de costumbres (Eca de Queiroz, Pirandelo y Flaubert) pero no le agradaban las conflictivas ni las sentimentales.

En 1.921 Benjamín Carrión llevó a Loja la amable costumbre de los Juegos Florales, "se eligió una hermosa reina, se inventó un ceremonial y se convocó un Concurso literario de poemas y cuentos". Intervinieron numerosos universitarios. Palacio fue el único colegial, presentó su cuento autobiográfico "El Huerfanito" y mereció un Accésit, pero llegado el momento de ir a recoger unas rosas de la reina y de leerlo, no quiso arrodillarse como era de rigor, frente a ella, armándose un alboroto. "Alguien penetró al escenario y poniendo las manos sobre los hombros del muchacho intentó hacerlo arrodillar. El chico se sacudió violentamente y abandonó el escenario sin recibir el premio".

Dicho cuento es una valiosísima confesión de su autor y aunque el personaje muere al pie de la tumba de su madre sin aparente razón "así murió el tierno huerfanito, porque amaba a la pobrecita muerta" -no sin antes haber envejecido o madurado, dicha muerte debe ser tomada como una despedida simbólica de la juventud y como fin de una etapa, más no como desaparición física. Entonces dejó de firmarse Pablo Arturo Palacio por insinuación de Benjamín Carrión y siguió escribiendo y firmando simplemente como Pablo Palacio.

En 1.923 aparecieron en la revista "Inquietud", sus cuentos "El Frío" y "Los Aldeanos". Años después Hugo Alemán contaba que había leído un cuento sin nombre de Pablo Palacio, fechado en 1.923 en Loja, al que le faltaban algunas páginas cerca del final.

En 1.925 terminó la secundaria, se graduó de Bachiller y pasó a residir en Quito mantenido por su tío, para iniciar estudios de Medicina; una vez en la capital cambió de idea y entre hacerse pintor o abogado, optó por lo segundo y se matriculó en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central, donde estudió hasta 1.931 que se graduó.

Por esos días ingresó a la "Sociedad de Amigos de Montalvo" pero su espíritu inquieto y sarcástico lo hizo retirar con una renuncia de fino contenido humorístico; sin embargo, siguió formando parte de la Comisión Directiva de la revista "América", órgano mensual de esa sociedad, donde apareció en Diciembre su cuento "Un nuevo caso de marriage en trois" que debió ser uno de los capítulos de la novela "Ojeras de Virgen" que "obtuvo un primer premio en un Concurso literario de provincia" y cuyos originales parece que se han perdido definitivamente. Alejandro Carrión ha escrito: Esa novela tuvo mala suerte. Pablo, ignoro por qué, se desanimó de publicarla. Era tan buena como las que publicó enseguida. Cuando muchos años después perdió la razón. Carmita, su mujer, encontró en su biblioteca el manuscrito en un solo ejemplar y aficionada con pasión al teatro, concibió la idea de adaptar la novela a la escena y con tal fin se la dio a leer al actor Marco Barahona. Este artista la perdió una noche y jamás se la pudo recobrar.

En 1.926 publicó en la revista mensual de arte y literatura "Esfinge", que dirigía Mario Alemán, su cuento "Comedia inmortal", escrito como farsa para teatro en dos escenas. En la revista "América" salió "Gente de provincia" y en una revista que dirigían Gonzalo Escudero y Camilo Egas el cuento "Un hombre muerto a puntapiés" que daría el nombre a su primer libro. También hacía poemas como "As de Diamantes" escrito en honor de una reina de belleza y publicado en la revista "Claridad" del Tte. Alfaro Augusto del Pozo.

En enero del 27 apareció en la imprenta de la U. Central su libro de cuentos "Un hombre muerto a puntapiés" conteniendo también los siguientes textos: "El Antropófago", "Brujerías", "Las Mujeres miran las estrellas", "Luz Lateral", "La doble y única mujer", "El Cuento", "Señora" y "Relato de la muy sensible desgracia acaecida en la persona del joven Z."

El libro fue calificado de antiromántico por sus ironías y desesperanzas y porque sus personajes son seres comunes con anodinas y vulgares pasiones que sólo despiertan asco, vergüenza y pena y le conquistó fama en medio del escándalo de las gentes, que se sintieron heridas por las absurdas situaciones narradas. Su tío, al conocer el título, "tuvo la espantosa impresión de que su sobrino había cometido un crimen atroz y desde esa época se iniciaron las serias divergencias de criterio que terminaría por distanciarlos definitivamente.

En octubre apareció "Devora" con carátula y ex libris de los dibujantes Latorre y Kanela respectivamente. La novelita había sido anunciada meses atrás con el título de "Devora es la magnolia del libro" y cuenta cómo su protagonista Devora, arroja fuera de sí al Teniente, "para que seas la befa de los unos y la melancolía de los otros". El Teniente es el personaje central, burgués con pujos de arribismo, digno más bien de pena que de admiración. Devora es una novela subjetiva y casi sin acción, empero tiene una gran riqueza interior y la descripción que hace Palacio de estados de ánimo no ha sido igualada. "Devora permitióle calar en la vida humana con singular hondura, bien que con una hondura desgarradora" al decir de Angel Felicísimo Rojas.

Esos dos libros salieron en ediciones limitadísimas pero fueron suficientes para convertirlo "en el más comentado, en el más discutido, en el más admirado de los escritores jóvenes" dentro del reducido marco de la intelectualidad del Quito de entonces sin que su fama trascendiera de allí. Por eso, cuando Benjamín Carrión arribó de Europa y escribió en 1.932 su "Mapa de América" le dedicó todo un ensayo, augurándole un brillante porvenir como escritor. Posteriormente se ha dicho que "Devora" y "Un hombre muerto a puntapiés" sembraron el derrotero de una literatura urbana, autocrítica y experimental, fueron hitos introductores de la modernidad en el Ecuador.

Otra de sus facetas importantes fue la política. "Llegó al socialismo por eliminación y fue de sus primeros admiradores". Con Jorge Reyes, Jaime Chávez Granja y Alfonso Moscoso Cárdenas fundaron "Cartel" "semanario de teoría de interpretación doctrinaria que hizo mucho por librar al nuevo partido de seguir manteniendo la tesis de establecer en el Ecuador el soviet de obreros, soldados y campesinos, que parecía la única solución". Al saberlo, su tío dejó de enviarle dinero y decidió olvidarlo. Por entonces, con sus amigos poetas Jorge Fernández, Ignacio Lasso, José Llerena, Jorge Reyes, Atanasio Viteri, Raúl Andrade, Mario Suárez y Francisco Borja formó el grupo "Elan", Palacio escribió muy pocas poesías, sólo se le conocen 4 ó 5.

En 1.932 comenzó a trabajar como profesor de Lógica. Era "impecable, tranquilo y correctísimo" y de aldehala pobre y meticuloso en sus gastos porque su tío sólo le mandaba sumas exiguas. Habitaba con su amigo Jorge Reyes en el tercer piso de una casa del Dr. Catón Cárdenas ubicada en la carera Guayaquil y vivía la bohemia de una juventud pródiga en experiencias galantes. Su porte agradaba al bello sexo, "las mujeres se sentían intensamente atraídas por él. Hermosas mujeres quiteñas pasaron por su vida".

En septiembre ocurrió la Guerra de los Cuatro Días y Alberto Guerrero Martínez asumió interinamente el poder, designando a Benjamín Carrión para la cartera de Educación. Palacio fue el Subsecretario; ya tenía escrita su novela "Vida del ahorcado", posiblemente la misma que anunciaba desde hacia cinco años atrás con el título de "Rumiantes a la sombra" y que no había podido editar a pesar de los esfuerzos de su amigo Carlos Manuel Espinosa en varias editoriales de España. Palacio relata la muerte de su vecino de cuarto, el estudiante tuberculoso César Alberto Bermeo, que próximo a graduarse murió repentinamente una noche, asfixiado por un vomito de sangre. Así pues, ya de Subsecretario, aprovechó los Talleres Nacionales y publicó su obra en noviembre, pero al mes siguiente recibió la crítica adversa de Joaquín Gallegos Lara, quien no aceptaba la existencia de una literatura simplemente expositiva, no comprometida con la militancia combativa.

"Vida del ahorcado" fue un testimonio muy personal, que buscaba el descrédito de las realidades presentes, a medias admirativo a medias repelente, que invitaba a sentir asco por la verdad de entonces. Este relato constituyó su último libro, pues de allí en adelante únicamente se dedicó a la profesión y a la cátedra, (2) escribiendo esporádicamente para el Diario El Día".

En 1.933 salió Carrión del Ministerio y su reemplazo Leopoldo Inquieta Pérez le solicitó a Palacio que continúe en la Subsecretaría. Por entonces también hacía periodismo en el diario socialista "la Tierra"

(2) La polémica entre Gallegos Lara y Palacio ha sido recogida y hoy constituye un importante testimonio del devenir de las ideas izquierdistas en el Ecuador. Palacio se conectó a través de su obra con cierto público lector, interesado como él en la modernización del Ecuador. Su compromiso con la realidad se manifestó en forma muy diferente a como lo hicieron los seguidores del realismo social, pero no por ello su obra dejó de ser menos comprometida .Su adhesión al movimiento de renovación de la Vanguardia que se gestó en Europa y la actitud contestataria de sus propulsores, le sitúa entre los máximos exponentes de la modernidad en el Ecuador. Palacio escribió a su amigo Jorge Hugo Rengel que su literatura servía para despertar el asco de la gente, siendo paralela a la de denuncia y crítica social de los escritores del grupo de Guayaquil, pues ambas desembocaban hacia un mismo punto, conseguir la transformación de las estructuras socioeconómicas del país.
fundado por Carlos Zambrano Orejuela y dirigido por Néstor Mogollón. Allí replicó varias apreciaciones que sobre la poesía había formulado Jorge Carrera Andrade e intervino en la formación del "Sindicato de Escritores y Artistas".

En 1.934 la Editorial Ercilla de Santiago de Chile publicó su traducción del francés de "Doctrinas Filosóficas de Heráclito de Efeso" que apareció con varias notas suyas. En agosto regresó a Loja tras nueve años de ausencia. Era famoso, había triunfado en la capital como escritor, político y sujeto de influencias! Sus amigos lo recibieron y agasajaron con un paseo a la parroquia el Valle a corta distancia de Loja. (3)

Por esos días aparecieron en la revista "Bloque" de Loja sus ensayos sobre las palabras "Verdad" y "Realidad" que impresionaron favorablemente a su padre, que hasta quiso reconocerlo judicialmente, pero el escritor no demostró interés alguno, pues había roto con el pasado.

En 1.935 peleó con su amigo Gallegos Lara que siendo invalido quería casarse. Palacio le dio muchas razones válidas que no fueron escuchadas.

En 1.936 fue nombrado profesor de la Facultad de Filosofía de la U. Central y publicó su cuento "Sierra". El 37, tras un largo enamoramiento de

(3) Al agasajo concurrieron los hermanos José Miguel y Alfredo Mora Reyes, Angel Felicísimo Rojas, Pedro Víctor Falconí, Manuel Agustín Aguirre, Eduardo Mora Moreno, etc. aunque no estuvo Carlos Manuel Espinosa, su amigo y confidente, con quien se escribía casi de continuo, usando ese humorismo urtipicante que tanto le distinguía, posiblemente tomado de Buster Keaton famoso actor de Hollywood o de los artículos de Gómez de la Serna o Pirandello. Corriente de humorismo puro que tuvo su mayor eclosión en los años veinte, "quien quería podía entenderlo, podía acceder a ello e incorporarlo a su obra, lo cual era muy pertinente dentro de la cosmovisión palaciana". La utilización de fórmulas nuevas como la novela policial por parte de Palacio era una protesta contra el realismo decimonónico que imperaba en el Ecuador de 1.920 al 30 aún cuando todavía no era un realismo de tendencia social.
5 años, contrajo matrimonio con Carmita Palacios Cevallos, "la reina del Mundo intelectual capitalino, escultora y escultura como la describió su amigo el escritor José de la Cuadra y construyeron una hermosa casa en el norte de la ciudad, que llenaron de libros, de obras de arte, de cosas bellas. Al poco tiempo vendrían dos hijos hombre y mujer, ésta nació con retraso mental.

En 1.938 asistió al mitin celebrado en la plaza Arenas para expresar su adhesión y simpatía a la República española en lucha contra el prepotente fascismo internacional y pronunció un importante discurso. Casi enseguida fue designado segundo Secretario de la Asamblea Nacional Constituyente y cuando los Diputados en abierta pugna con el gobierno de Aurelio Mosquera Narváez, se reunieron en el local de la antigua Cervecería alemana a conspirar al amparo de un batallón, mostró su gran valentía atravesando las barreras impuestas por los soldados leales al régimen. Fue su mejor época, escribía para el diario "El Socialismo" y fundó con varios amigos la editorial Atahualpa.

En 1.939 empezó a quejarse "de trastornos estomacales". Se hizo una cura milagrosa que terminó con intoxicación. Fue a Salinas a una temporada de reposo. Volvió bronceado y aparentemente rebosando salud, pero le ocurrían cosas raras que asombraban a sus amigos: fugas, amnesias repentinas, desaparición de palabras que le cortaban las frases, distracciones prolongadas, ausencias en las que la realidad circundante se le escamoteaba y nerviosidad, irritabilidad inmotivada, mucha intranquilidad, todo lo que él jamás había sido". "En casa de la familia Kingman hacía sus comidas pero ya la locura había omnubilado parte de su razón y todo por culpa del maldito treponema pálido según se decía... Su esposa tomó las riendas del hogar y para curarlo fue vendiendo los bienes que habían logrado adquirir.

Por último, con sus facultades mentales alteradas, pasó algunos meses en la clínica psiquiátrica del Dr. Julio Endara hasta que su esposa, buscando mejor clima y la atención del Dr. Carlos Ayala Cabanilla, lo trasladó en 1.940 a Guayaquil y habitaron una pobre casita de caña en 9 de Octubre y Carchi, y las veces que salía lo dejaba encerrado con llave o bajo la vigilancia de alguna amiga de confianza. El Dr. Angel Felicísimo Rojas hacía colectas entre los amigos para ayudar en los gastos. Después empezó a sufrir de largos periodos de abulia seguidos de otros de violencia y se volvió peligroso. En 1.945 su esposa tuvo que internarlo en la clínica Psiquiátrica del Dr. Carlos Ayala Cabanilla, donde prestó sus servicios como enfermera para cubrir el costo de un tratamiento que duró más de un año (4).

Alejandro Carrión ha escrito: Alguien que lo visitó me dijo que su rostro, más afilado que nunca, se hallaba enmarcado por una barba rojiza y descuidada y que en sus ojos brillaba un fuego insano que ya no era de este mundo. Apenas conocía a sus viejos amigos. Sufría frecuentes arrebatos alternados por grandes ráfagas de abulia total, de ausencia de alma. Finalmente le llegó la parálisis final el día 7 de enero de 1.947 casi a los cuarenta y un años de edad en el hospital general de Guayaquil.

Su amigo Augusto Sacoto Arias, Director de la Gaceta Judicial, tuvo el acierto de publicarle varios alegatos lúcidos y profundos, donde con sutil lógica e imbatibles conocimientos jurídicos y a través de un terso

(4) Parece que fue una bailarina argentina de paso por Quito la que en noches de bohemia contagió a un grupo de lojanos distinguidos, entre los cuales se encuentran Pablo Palacios, Juventino Arias, médico que dementó y cometió suicidio al volver a la normalidad, aterrorizado de su drama, Juan José Samaniego que regreso a Loja escribió mucho y falleció del mal y Pío Jaramillo Alvarado, quien se dio cuenta a tiempo, se trató en Guayaquil y curó sin consecuencias negativas entre el 38 y el 43.

La casita y el terreno fueron vendidos en 1.942 a María Cucalón Concha de Orces que no le cobraba arriendos a Camilta Palacios en razón del parentesco que las unía. Después de la muerte de Pablo Palacio su viuda e hijos regresaron a Quito y el predio fue vendido a Julia Costa de Chalela, media hermana de Pablo, que construyó una elegante villa de cemento. Años después la adquirieron los González Rubio Domenech que daban hermosas fiestas.
castellano, defiende los derechos de sus clientes. Particularmente hermosa es su Exposición a favor de la Nueva Cervecería del Azuay, propiedad de su colega y amigo el Dr. Rodrigo Puig - Mir y Bonín.

Por eso se ha dicho que al tiempo de su retiro daba poca importancia a la Literatura por considerarla un simple divertimento. Su mayor crítica, la española Mary Carmen Fernández, en su libro "El realismo abierto de Pablo Palacio en la encrucijada de los años 30", aclara que fue un escritor de su tiempo -la década de los años 20 al 30- llamada en el Ecuador década de la introducción de la modernidad en literatura, a través de las obras de Hugo Mayo, Escudero en poesía, Pablo Palacio y Humberto Salvador en novela, José de la Cuadra en cuento, etc. Igualmente, en la obra palaciana halla un humorismo puro, una crítica urticante, una forma de expresión nueva en el país aunque ya impuesta en el exterior, la novela policial, así como el uso de símbolos o proyección metaliteraria para enriquecer sus textos.

El poeta Cesar Dávila Andrade escribió "Palabras para el silencio de Pablo Palacio" /Pablo Palacio, fijo ya en lo oscuro. / Pablo Palacio, inmóvil en el luto / ¿Quien mirará el combate del patio en la cebada/ con su ángel de diez alas contra el viento? / ¿Quien oirá el delirio de aquel bosque/ estremecido por tu inteligencia? // Te han puesto un quitasol de piedra, inmenso, / para que hable en paz con tu cadena. / Más, yo te llamo. Pablo Palacio muerto: / meditabas puñales y sonrisas / cantándote las blancas manos firmes. // El grupo de los días te hizo triste / y te dio un perfil amargo y nítido / para amar con cordura la ironía. // Cristo, de espaldas, llega navegando / sobre su ósea madera y le contempla / dialogando de amor con tus heridas, crucificado en tu viviente arcilla. // Un día te quedaste meditando / como un frío diamante sumergido. / Empezaron allí tus funerales / y hoy terminan. // Ya hundieron tus rodillas su esperanza, / y tus manos, sus brújulas sin pluma. / Ya tu mirada derramó su vino. / Ya fu fiel tímpano depositó su abeja. // Ya conversas con Heráclito, tu amigo, / de ese inconstante río siempre el mismo, / que el ágil nadador que lo divide, / en la otra orilla ya, otro es el río. / Ya ves los esqueletos del diamante / con sus claras esquinas sucesivas. / Ya el esqueleto en el que el hombre habita/ pira amar, doblegarse y maldecirse. / Y sobre todo, Pablo, / ya ves cuan justa era tu sonrisa! // El trigo de los campos ya se inclina / para beber la hiel de tus mejillas / y en el perfil del pan nace una mano / para ocultarle y para bendecirte. //.