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ROQUE QUEIROLO PINASCO
INGENIERO.- Nació en Rapallo, Provincia de la Liguria, Italia, el 6 de octubre de 1.841, en el hogar de Guseppe Queirolo Spinola, propietario de una fábrica de jabones en dicho pueblo y de María Pinasco Palavicini genoveses, cuando esa ciudad era parte del Reino de Saboya.

El joven Rocco fue bautizado en la parroquia de San Gervasio en Rapallo y allí vivió hasta terminar la primaria, luego viajó a casa de sus abuelos paternos en Génova para seguir estudios de secundaria y arquitectura. En 1.862 contrajo matrimonio con Filomena Santa de Filippi Oliva, también genovesa y con grandes esfuerzos económicos logró culminar su carrera y graduarse en 1.868, siendo designado profesor de Dibujo Arquitectónico de esa Universidad.

Para 1.881 tenía cinco hijos y un hogar estable aunque pobre. Ese año fue contratado por el cónsul ecuatoriano, a petición de la Municipalidad de Guayaquil, como ingeniero competente "para las obras de calles y demás que tenga que llevar a cabo" por cuatro años y con un sueldo mensual de doscientos pesos.

En agosto estaba en Guayaquil y entre sus primeras labores tuvo "la mensura del pavimento construido por Emilio Estrada Carmona en las calles del Chínguere, desde la casa de Echanique hasta las goteras de Junín y Bolívar" y la del Sr. Abelardo Pérez Cánepa "en la calle del Chimborazo y la tercer cuadra de Colón". Entonces se llamaba mensura a las mediciones que se realizaban en metros para calcular el costo total de esa clase de obras.

"También mensuró el callejón del primero al segundo puente como la del segundo al tercero".

Lamentablemente una mañana de febrero de 1.882 y cuando se dirigía a su trabajo, al pasar por la esquina noroeste de las calles Luque y Pedro Carbo, por esquivar un balde de agua que le arrojaron unas chiquillas que jugaban carnaval, se resbaló y cayó al suelo, fracturándose la rótula de la rodilla derecha y tuvo que guardar reposo absoluto por varios meses. El cónsul italiano fue avisado del accidente y lo visitó en su casa; sin embargo, pocos días después, Queirolo contrajo la fiebre amarilla, que felizmente le dio benigna, pero el Cónsul se asustó tanto que telegrafió a doña Filomena, quien envió a su hijo Federico, joven de 18 años a Guayaquil.

Llegado en abril, se presentó a su padre que estaba mejor pero muy decaído, quien exclamó al verle: ¿Federico, tu aquí? ¿Te has vuelto loco? No sabes a lo que te has expuesto… Padre he venido mandado por mamá para acompañarle hasta que esté bien de salud. Y así, padre e hijo, lograron salir adelante hasta que en el mes de julio el padre se reintegró a sus labores de arquitecto, apoyándose en un bastón, mientras su hijo lo ayudaba con la confección de los planos del monumento a Bolívar, cuyas piezas sueltas habían arribado al puerto y esperaban su colocación frente a la Catedral.

La estatua fue armada por Queirolo y cuando se inauguró en 1.883 la colonia italiana le concedió un artístico pergamino de honor, entonces figuró entre los fundadores de la Sociedad Italiana de Beneficencia Garibaldi y el 12 de Octubre de 1.886 representó a la colonia en el Comité para levantar el monumento a Colón en la plaza de su nombre y hasta depositaron una botella de vidrio con una acta firmada.

Posteriormente se dedicó a cegar el estero de San Carlos desde el malecón hasta la actual calle Francisco García Avilés para convertirlo en la Avenida Olmedo y levantó los planos para la construcción del edifico de la cárcel Pública Municipal, primer edificio de cemento armado que se construyó en el puerto.

En 1.889 falleció su esposa en Italia y viajó a visitar a sus hijos. Meses después regresó y terminado su contrato con la Municipalidad siguió ejecutando obras particulares. Construyó el edificio del Banco del Ecuador, en Pichincha entre 9 de Octubre y Luque y la casa de los Morla que aún existe en la esquina de Malecón y Sucre, armó las verjas del parque donado por Miguel S. Seminario, en 1.895 edificó la casa de esa familia, ubicada al frente, concursó en varios proyectos públicos y remodeló los algibes de agua del cerro del Carmen.

Para 1.891 había inaugurado un almacén de venta de artículos para pintores, así como una galena de arte de óleos de factura italiana y de oleografías europeas en general. El negocio progresó considerablemente pero la noche del 6 de octubre de 1.896 se quemó durante el incendio grande, perdiendo Queirolo la mayor parte de su capital.

Poco después contrajo segundas nupcias con Hortensia Vargas – Machuca Navarrete pero no tuvo sucesión. Su hijo Federico había viajado a Lima donde aprendió a confeccionar sellos de caucho y metálicos y se había independizado.

Hacia 1.900 donó los planos de la Iglesia de San Francisco, también realizó los planos para la canalización de Guayaquil, que no pudieron ser considerados en el concurso por la demora de cinco minutos en su presentación.

A fines de 1.902 modeló el paraninfo de la Universidad de Guayaquil y dirigió los trabajos de la nueva Casona Universitaria quemada para el incendio del Carmen.

En 1.903 tenía planeado una sociedad para construir edificios cuando fue violentamente atacado de unas fiebres Hepáticas y falleció en Guayaquil, el 15 de enero, de sólo 62 años de edad, siendo enterrado en el Cementerio General. Hoy sus retos reposan en el Mausoleo construido por sus descendientes.

Estatura mediana contextura regular, ojos negros y profundos, rostro adusto y poblado en grandes bigotes y barbas partidas en el mentón y cojeaba al caminar. Fue uno de los pioneros en la realización de las obras de modernización de Guayaquil a fines del siglo XIX.