FEDERICO
REINEL ROJAS
PERIODISTA.- Nació en Barbacoas y fueron sus
padres Federico Reinel George, natural de Barbacoas
(1.840) que muy joven fue enviado por su padre Francisco
Reinel a Lima, donde residió largas temporadas.
El gobierno de Manuel Pardo le encomendó a
él y a Vicente Holguín la organización
de la contabilidad del Perú, lo que cumplieron
a satisfacción de ese gobierno. En unión
de respetables capitalistas contribuyó en Cali
a la formación del Banco del Cauca, propendió
a la navegación del río, a la construcción
de una carretera entre Cali y Palmira en 1.874 y trató
de impulsar el progreso con su acción y con
su pluma tanto en Colombia, como en el Perú
y el Ecuador. Fundó los periódicos "Los
Principios" y "El Ferrocarril" en Cali.
En 1.884 fue llamado por el Presidente ecuatoriano
Caamaño para implantar el ramo de Estadísticas,
tarea en que se hallaba cuando murió en Quito
el 18 de febrero de 1.885. Su viuda Romelia Rojas
casó con Antonio Cañadas Santacoloma
en 1.890 en dicha ciudad.
Joven aún pasó
al Cerro de Pasco en el Perú, a trabajar en
la construcción de una vía férrea,
la más alta del mundo y por ende, dificilísima
de llevar a término. Allí estuvo por
varios meses, ganándose la estimación
de sus compañeros, que le apodaron "El
Cholo Reinel", sobrenombre que le quedó
para toda su vida.
Hacia 1.892 figuró en
Lima como agente vendedor de la Compañía
de Seguros de Vida "La Equitativa", de propiedad
de Augusto B. Leguía, quien fundó en
1.893 una Sucursal en Guayaquil y lo mandó
para que la dirija.
En nuestro Puerto dedicó
sus ratos de ocio a continuar las reuniones del Círculo
Literario Guayaquil con César Borja Lavayen,
Fausto Rendón y con los jóvenes escritores
Alberto Arias Sánchez, peruano que trabajaba
con Reinel, Manuel y José Antonio Campos, Ramón
y Emilio Gallegos Naranjo, Manuel J. Calle y Modesto
Chávez Franco entre otros. Accidentalmente
caían de visita los poetas Numa Pompilio Llona
y Nicolás Augusto González.
Reinel era muy activo y se
multiplicaba, dándose tiempo para todo, así
es que puso una imprenta y empezó a vender
calendarios, levantando un capitalito que sirvió
para editar numerosas publicaciones. El 22 de enero
de 1.895 en junta con José de Lapierre y Luciano
Coral fundó "El Grito del Pueblo",
diario radical que lanzó a ser voceado en las
calles por el primer grupo de canillitas que se conoció
en Guayaquil. El nuevo periódico funcionaba
en el callejón de Loja, casa de propiedad de
Camilo Echanique Morán, con una prensa marca
Liberty No. 4, unas pocas cajas de tipos y varios
redactores de tinte liberal. Salía lo más
temprano posible, casi siempre a las cinco de la mañana
y se vendía en todos los barrios al grito de
"De las Peñas al Conchero y del río
a la sabana, a medio el ejemplar", precio por
demás irrisorio aún en esos tiempos
y siendo valiente y de escandalosa oposición
pronto se lo disputaban las gentes y a las pocas semanas
algunos de sus redactores fueron a dar en chirona
y otros como Lapierre y Coral salieron al destierro,
pero Reinel logró ocultarse por algún
tiempo hasta que viajó al Perú para
evitar un atropello a su persona, pero regresó
después de la transformación política
del 5 de junio de ese año. Lapierre aparecía
como Director porque Reinel, por extranjero, no podía
figurar sino en la parte meramente económica.
Manuel de Jesús Andrade
ha referido de esta época: "En el diario
se recibía toda la correspondencia que despachaba
gratuitamente Reinel para los combatientes en la sierra.
Pronto se llevó al doble la circulación
que diariamente se hacía de 3.000 ejemplares
y no tardó en adquirir edificio propio para
sus oficinas e importó dos máquinas
de linotipos. El zaguán servía de entrada
con puerta especial interior a la redacción
en sala o pieza con recámara provista de hamaca,
lugar de descanso y algo como escondrijo del Director.
Los talleres eran por una corta escalera.
En 1.896 se salvaron sus instalaciones
para el Incendio Grande, no así las de la competencia.
"El Grito del Pueblo" pasó a ser
el único diario de la ciudad y Reinel prestó
el local para que se realizaran suscripciones a favor
de los damnificados, dirigió Cartas y cables
al Perú solicitando donaciones de víveres,
ayudó a la Municipalidad en la confección
del nuevo plano de la zona destruida y en la modificación
de su arquitectura
En 1.898 adquirió una
imprenta auxiliar más pequeña la No.
3 y cambiándose a los bajos de la casa de Manuel
de J. Noboa, situada en al calle del Teatro -hoy Pedro
Carbo- junto al antiguo edificio del Olmedo, se asoció
con Vicente Noboa, hijo de su casero y entre ambos
compraron una imprenta Marononi, bien surtida de tipografía
y aumentaron el número de ejemplares.
Poco después adquirió
un solar en Aguirre entre Escobedo y Chimborazo y
levantó un edificio mixto, que aunque pequeño
sirvió bien en su época, siendo "El
Gripo del Pueblo" el primer diario en contar
con edificio propio. Allí inauguró una
rotaplana - la primera que arribó al país
- y mejoró notablemente el formato. Eran tiempos
de intensos trabajos. Reinel dormía turnos
de tres horas para poder controlar todo como era su
costumbre, fumaba incansablemente y bebía numerosas
y pequeñas tacitas de café. En eso se
conocía que era colombiano.
Por eso se dice que si bien
es verdad que a Sixto Juan Bernal correspondió
fundar en el siglo XIX el diarismo guayaquileño,
fue Reinel quien lo profesionalizó, pues con
él comenzó la etapa moderna del periodismo
en el Ecuador. Tenía un estilo de hablar muy
personal por lo "pintoresco, salpicado siempre
de comparaciones, alegorías y paradojas, hipérboles
y refranes". Ya por entonces le aconsejaban que
subiera el precio de cada ejemplar, pero él,
fiel a su consigna de servir más que de ganar,
lo mantuvo inalterable, aún a costa de su propia
economía y hasta llegó a aumentar el
número de páginas y por ello se endeudó
con un banco que le facilitó el dinero para
traer de los Estados Unidos el primer linotipo que
se conoció en el país y que fue la sensación
del momento, al punto que numeroso público
concurría a espectar su funcionamiento. También
contrató un servicio cablegráfico propio,
estableció la costumbre de conceder vacaciones
pagadas a sus empleados a razón de un mes por
año y formó un fondo de reserva para
casos de enfermedad o accidente.
En todo fue un innovador pues
quiso hacer a su diario tan grande como "La Prensa"
de Buenos Aires, por eso tuvo siempre excelentes iniciativas.
En lo político "El
Grito del Pueblo" se opuso a las conversaciones
con el enviado del Papa en Santa Elena, celebró
los primeros Juegos Florales en el país, abrió
en 1.904 un Concurso Poético para conmemorar
el centenario del nacimiento de Abdón Calderón
y organizó un comité para la repatriación
de los restos de Federico Proaño desde Quetzaltenango
en Guatemala.
Entonces ocurrió lo
que menos se esperaba. A Reinel le dio un comienzo
de infarto y se puso malísimo. "El Grito
del Pueblo" dejó de salir el 30 de junio
de 1.911 con el No. 6.102 correspondiente al año
XVII de su publicación y su competidor "El
Guante" tomó su lugar.
Algún tiempo después
Reinel se ausentó a Lima y ni bien llegado
su antiguo jefe Leguía le proporcionó
las instalaciones necesarias para que allá
edite un periódico.
Por los años 20 regresó
a Guayaquil. Los tiempos habían cambiado pero
seguía siendo el mismo hombre inteligente,
conversador y descuidado que invitaba a todos a beber
y a comer. "Blanco y de faz más que hermosa,
atractiva por siempre risueña y franca, pero
en verdad que sobre su pelo negro, abundante, grueso
y rectilíneo, el sombrero de tubo -que siempre
usaba- no le caía".
Poco tiempo habitó entre
nosotros y como sus mejores amigos habían muerto,
quizá por eso, él también emprendió
el viaje sin retorno en Lima, el 14 de junio de 1.928,
a los 60 años de edad, dejando gratísimos
recuerdos. Su biografía fue escrita por Modesto
Chávez franco.