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CARLOS CONCHA TORRES
JEFE SUPREMO DE LA NACION.- Nació en la hacienda San José de propiedad de su madre, situada a las orillas del río Teaone, a solo dos horas de la población de Esmeraldas y muy cercana de la antigua y colonial capital de San Mateo, el 11 de Agosto de 1.864. Hijo legítimo de Uladislao Concha Piedrahita, Cónsul General de Nueva Granada, agricultor y comerciante y de Delfina Torres de la Carrera, viuda del comerciante colombiano Luis Vargas.

Dotado de una personalidad vibrante y carismática se destacó desde los primeros años entre sus compañeros de estudios por su calidad de líder, aventajando a todos en correrías, aventuras y bromas, algunas de ellas pesadas en extremo. “Tenía la particularidad de imponerse sobre los que le rodeaban y llegó a ser el jefe de la juventud de su tiempo”.

En 1.877 falleció su padre en Guayaquil a causa de una afección hepática de posible origen amebiano, ordenando en su testamento que sus hijos pasaran a Europa. Por eso fue enviado a estudiar la secundaria con su hermano mayor Jorge.

En París aprendió francés, en Londres inglés y comenzó a estudiar Dentistería, carrera que prosiguió en los Estados Unidos.

Cuando regresó a Guayaquil en 1.882 puso Consultorio y ejerció la odontología por escasos meses sin mucho interés en la calle del Teatro No. 146, pero terminó por vender el instrumental traído de Europa al colombiano Germán Lince Lalinde.

En 1.883 volvió a Esmeraldas a atender las Haciendas, comenzó una vida de trabajos , bromas y tempestuosos romances que fueron la comidilla de la población.
En 1.887 fue fusilado en Cuenca su medio hermano Luis Vargas Torres y desde entonces se volvió agnóstico y dejó de ser católico practicante, como también el resto de su familia.

En 1.889 viajó a Lima para las curaciones de su hermano Jorge quién falleció el 6 de Enero de 1.890. A fines de ese año regreso a Esmeraldas y con Emilio Espinosa fueron los corresponsales de mayor confianza de Alfaro en esa provincia. En Agosto de 1.891 editó con José Antonio Campaín el diario “El Porvenir” que dirigía su hermano Julio César Concha Campusano, luchando por el triunfo de las ideas liberales.

A principios de 1.895 el país se levantó contra el régimen del Presidente Luis Cordero, que renunció y fue remplazado por el Dr. Vicente Lucio Salazar y luego por Carlos Mateus y Pacheco. La costa se alzó en armas protestando contra dichas componendas y la noche del 23 de Abril, atacó con doce compañeros el cuartel de Esmeraldas y fue proclamado Jefe Civil y Militar de la provincia, pero los gobiernistas contratacaron al mando del Coronel Ricardo Cornejo Naranjo y se sucedieron cruentos combates los días 3, 16, 21 y 23 de Mayo, retirándose finalmente Cornejo por la falta de apoyo popular.

Libre la población y la provincia, viajo a Manabí en persecución de Cornejo. El 21 de Junio desembarcó en Bahía de Caráquez y siguió hacia el interior con Medardo Alfaro y José Pazmiño, persiguiendo a 300 hombres del Comandante José Alvarez, que huían a la sierra llevando consigo al Obispo de Portoviejo Pedro Schumacher. El 22 de Junio se dio el Combate de Chamizas y en los días sucesivos las fuerzas de Concha siguieron los pasos del batallón No. 4 de línea, que se internó por las selvas de santo Domingo de los Colorados y luego de pasar enormes trabajos pudo arribar finalmente a Quito.

Ya figuraba con el grado de Coronel y ocupó Manabí con el batallón Esmeraldas que había formado. Enseguida siguió a Guayaquil, que ya estaba en poder de los liberales, subió por Guaranda y el 24 de Agosto lanzó una Proclama anunciando a su gente que habían sido llamados al Cuartel General de los Liberales en Ambato donde les esperaba Alfaro. En septiembre arribaron a Quito y ayudó a organizar la administración pública.

En 1.896 fue Jefe de una de las brigadas que intervinieron en la Campaña del Centro. En Agosto entró triunfador de Cuenca y dio una soberana paliza al Mayor Estrella, que nueve años antes había intervenido en el fusilamiento de su hermano Luis Vargas Torres. Luego asistió como Diputado por el Azuay a la Asamblea Nacional reunida en Guayaquil, contribuyó a redactar la Constitución que estableció el laicismo y formó, parte de las Comisiones de Guerra, Agricultura y Obras Públicas.

El 8 de Junio de 1.897 fue reconocido por el ejecutivo con el grado de Coronel graduado, el 20 de Agosto pasó a ocupar la Gobernación de Esmeraldas, permaneciendo en dichas funciones hasta 1.900, preocupado del adelanto y la educación del pueblo. Durante su mandato seccional se fundaron dos escuelas, una para varones y otra para niñas, inauguró el correo en Santo Domingo para una rápida comunicación con la capital, mejoró la Biblioteca Municipal. En lo personal ayudó a los Salesianos desterrados y le hizo más llevadero su confínio político en Esmeraldas al Dr. Angel Polibio Chávez. Tras su renuncia viajó por cortos meses a Chile en plan de negocios.

En 1.901 se separó de la línea oficialista para apoyar la candidatura presidencial del General Manuel Antonio Franco, que ganó en Esmeraldas aunque perdió en el resto de país frente a Leonidas Plaza, quien tenía el apoyo de Alfaro. Por ello se distanció del Viejo Luchador.

Retirado de la política, en 1.904 representó a Esmeraldas como Diputado al Congreso Nacional y participó en las deliberaciones para dictar la Ley de Cultos. En las elecciones presidenciales de 1.905 nuevamente apoyó al General Franco, que volvió a perder con fraude, esta vez frente a Lizardo García.

Con la revolución del 1 de Enero de 1.906 asumió el 19 de dicho mes la Jefatura Civil y Militar de Esmeraldas, deponiendo al Gobernador Leonidas Drouet Avila. Al día siguiente viajó a Manabí y se hizo cargo del gobierno de esa provincia en nombre de Eloy Alfaro, quien lo llamó a Quito para una reconciliación. El 3 de Mayo fue designado Cónsul General del Ecuador en París y estableció sus oficinas en el No. 91 de la Avenida Wagram, esmerándose en rodear de atenciones a todos los que iban en calidad de desterrados, aunque su carácter siempre jovial se había vuelto algo reservado y por ello sus enemigos sacaron la conseja que era morfinómano, lo cual no era verdad.

En París vivía con Adelaida Palacios Portocarrero en quien tuvo a Carlos Concha Palacios. Por ese motivo Adelaida, quien estaba casada con un alemán en Esmeraldas y tenía hijos de él, le criaba a otra hija llamada Elba Concha Andrade, que falleció en 1.922 de tuberculosis, en el palacio presidencial, cuando vivía con la familia de su tío el Dr. José Luis Tamayo, Presidente Constitucional de la República.

Estaba en la plenitud de su vida aunque cargado de hijos habidos en varias señoras, a los que mantenía con el fruto de su esfuerzo agrícola en las haciendas familiares ubicadas a lo largo de los ríos Teaone, Esmeraldas y Viche con fértiles vegas y hermosos valles que producían tagua, café cacao, árboles frutales y pasto para el ganado. San José tenía hermosos cañaverales y un trapiche que había pertenecido a su abuelo Javier Torres Betancourt. Las otras haciendas llamaban Propicia. Victoria, Mútile, Timbre, Tatica, Tabule, Guabal, Tachina, Clemencia, Pambilar, etc. que unidas a las de sus sobrinos los Gaztelú Concha, formaban un imperio cuyos límites se perdían en la espesura de las montañas vírgenes de las selvas esmeraldeñas, llegando hasta las estribaciones de la cordillera; pero como tenía numerosos hermanos que también eran condueños, prefirió independizarse y al volver en 1.909 instaló su gabinete dental en Esmeraldas y “fue un profesional de moda durante pocos meses”.

En 1.908 había recibido en París la Gran Cruz de san Estanislao del Imperio Ruso. En 1.910 partió a la frontera durante la movilización armada contra el Perú. Con su hermano Pedro y dos unidades de voluntarios negros patrullaron las zonas de El Oro, desde Machala hasta el Pasaje. También se opuso al alquiler o venta de las Islas del Archipiélago de Colón.

Para las elecciones de 1.911 como siempre, estuvo en el ala radical del liberalismo ecuatoriano, apoyó a Flavio Alfaro que triunfó ampliamente en Esmeraldas por 841 votos contra 2 del oficialista Emilio Estrada y 4 de Alfredo Baquerizo Moreno.

Tenía fama de hombre docto, ecuánime y honesto, jovial, sencillo y dicharachero, que no respetaba a nadie cuando hacía sus famosas bromas, muchas de ellas de tan subido gusto, que le acarreaban numerosas enemistades. Su anecdotario podría cubrir las páginas de un libro por ser incansable para tomarle el pelo al prójimo, de allí su enorme ascendiente en la población esmeraldeña y entre los peones de sus haciendas que le querían como a un ídolo, pues les ofrecía pan y circo a diario.

En lo físico era más bien delgado, musculoso y muy nervioso. Numerosas venas azules le cruzaban el rostro. Su piel blanca, su cabello negro y un fino bigote. Fumaba mucho, nunca bebía y tenía unos ojos negros que lanzaban chispas. De joven había sido muy apuesto y ya en edad madura, aunque seguía conservando su carácter bromista y alegre, numerosas decepciones amorosas -porque siempre fue un romántico inveterado- habían tornado dura su faz y poco comunicativo su carácter.

Al morir el Presidente Emilio Estrada se proclamó en Guayaquil la Jefatura Suprema del General Pedro J. Montero y en Quito la candidatura de Leonidas Plaza, que al principio contaba con el apoyo del Encargado del Poder Ejecutivo, Carlos Freile Zaldumbide. De Guayaquil llamaron a los Generales Eloy y Flavio Alfaro, éste último se encontraba tranquilamente en Panamá. Concha decidió tomar partido y el 21 de Diciembre de 1.911 hizo pronunciar a Esmeraldas a favor de Eloy Alfaro y se trasladó con refuerzos a Guayaquil, mientras Flavio Alfaro organizaba las tropas.

El 8 de Enero de 1.912 Flavio le situó de Jefe de la Segunda División formada por nueve batallones que el día 11 combatieron casi siete horas en Huigra, hasta agotar el parque de municiones, peleando con la acostumbrada bravura esmeraldeña. Finalmente, tras apoderarse de varios prisioneros y hasta de una pieza de artillería, tuvieron que retirarse.

El 13 Concha y los suyos se batieron nuevamente en Naranjito y como el gobierno del interior se valió de la pugna existentes entre Milagro y Yaguachi, el Coronel Enrique Valdez Concha se sumó a las tropas serranas, bajo la promesa de la cantonización de Milagro.

En tales circunstancias se produjo la batalla de Yaguachi. Concha se parapetó varias horas en la torre de esa iglesia disparando sin cesar. La acción fue sangrienta y quedaron tendidos entre muertos y heridos 1.500 soldados. Flavio Alfaro fue herido y retirado del campo pero sus fuerzas se concentraron en Guayaquil, en tanto que las del interior pedían el fusilamiento de 76 oficiales del bando flavista, entre ellos los hermanos Carlos y Julio Cesar Concha.

Días después las tropas de Leonidas Plaza y Julio Andrade llegaron a Guayaquil tras la firma de un convenio celebrado en Durán ante los Cónsules extranjeros; pero, lejos de respetarlo, se apresó a los jefes del bando vencido. Concha fue llevado prisionero al local del Colegio Vicente Rocafuerte pero fue sacado por gestiones de su cuñado José Luis Tamayo y de su amigo personal el Dr. Julián Coronel, así fue como salvó la vida y huyó a la isla San Ignacio en el golfo de Guayaquil, hasta donde le fueron a capturar sus enemigos y volvió a prisión, pero el 10 de Septiembre 1.912 recobró su libertad.

El 24 de Octubre fue atacada la guarnición de Limones en Esmeraldas, de cuyo hecho de armas, se le sindicó y nuevamente guardó prisión en Guayaquil. El gobierno de Leonidas Plaza lo reincorporó el Ejército como Jefe de la Sección Técnica del Estado Mayor, para tenerlo vigilado por la policía de Quito, y permaneció por algunas semanas haciendo vida de cuartel. Una madrugada partió subrepticiamente a Santo Domingo, destruyendo los alambres telegráficos para evitar su captura, pero fue detenido y llevado al Panóptico. Un consejo de Guerra lo condenó a seis meses de reclusión. Su defensor el Dr. Luis Felipe Borja hijo, apeló de la sentencia y obtuvo el sobreseimiento de la Corte Suprema Marcial.

Entonces regresó a Esmeraldas a conspirar contra el régimen y al amanecer del 24 de Septiembre de 1.913 asaltó con 150 hombres el Cuartel del Batallón de Infantería Manabí No. 16 de línea que guarnecía la plaza y aunque fueron rechazados por la marinería del Cañonero Cotopaxi, se retiraron en completa formación a la hacienda Tachina, donde lanzó un Manifiesto a la Nación, acusando al Presidente Plaza de autor principal de crímenes horrendos y de ser tiranuelo, inicuo personaje e indigno de ostentar insignias de mando y al Congreso de agrupación inmunda de seres adyectos, cómplices de sus crímenes, quedando establecida que la única causa de la insurrección era derrocar y castigar a Plaza. Por eso el pueblo siguió a Concha y los exilados en Lima le nombraron General y jefe Supremo del Partido Liberal.

Mientras tanto el Gobernador Luis Tello mantenía el bloqueo de las costas y ordenaba al Mayor Héctor Icaza y al Capitán Oviedo la persecución de los alzados, pero estos derrotaron a los constitucionales el 14 de Octubre en el estero de Sade y en los sitios de Vinzade y Majua, haciéndoles huir desordenadamente, antes la mirada burlona del país.

El Presidente Plaza se trasladó a Esmeraldas y desde el Cotopaxi dio numerosas, órdenes y regresó a Quito. Allí envió un segundo Ejército al mando del Coronel Manuel Velasco Polanco, quien no quiso entrar a la selva, pues suponía -no sin razón- que sería derrotado.

Mas, ante el auge de las partidas conchistas que amagaban los campos de Manabí, Guayas y Los Ríos y presionado directamente desde el propio palacio, Velasco salió con sus tropas de Esmeraldas el 10 de Diciembre y avanzó hasta la cordillera del Guayabo, donde fue emboscado por los guerrilleros el día 12 y después de sufrir enormes pérdidas capituló el 14 en el pueblo de Chinca, ante Concha, dejando en su poder todo el armamento compuesto de 800 fusiles, 2 cañones y 40.000 tiros. Entre las bajas gobiernistas estuvo el Segundo Jefe, Tte. Cor. Alejandro Lalama Andrade del batallón Constitución. El 16 entró Concha triunfante en la población de Esmeraldas al mando de 700 hombres organizado en cinco columnas.

Cuando el Presidente Plaza, que participaba en las operaciones, se enteró de la derrota, montó en cólera y ordenó al Cazatorpedero “Simón Bolívar” que disparara el 26 de Diciembre contra la población civil, para dispersar a los 1.200 hombres de Concha, porque ya habían aumentado.

Enseguida concentró un Tercer Ejército en Bahía de Caráquez, que embarcó en una flotilla de Guerra y bombardeó nuevamente Esmeraldas el 10 de febrero de 1.914, ocasionando un gravísimo incendio en el malecón, pero no pudo desembarcar. Mientras, las fuerzas conchistas y la población civil, retiradas en un sitio cercano, presenciaron a la marinería del Cañonero “Cotopaxi” en su inicua y criminal labor. Esta ha sido la única ocasión en la historia de nuestro país, que se ha bombardeado e incendiado un puerto a mansalva, sin respetar los derechos y las vidas de la población. Por eso el bombardeo de Esmeraldas constituye uno de los más repudiables crímenes cometidos en nuestro país, porque se violaron las normas legales establecidas para la guerra entre países civilizados.
Dos días después Plaza ordenó el bombardeo de la boca con idénticos resultados y cambiando la táctica, enfiló hacia el norte, arribó el 28 a Limones y asumió la dirección de las operaciones militares; que sin embargo, se estancaron por la llegada de las lluvias.

El 7 de Marzo volvieron las fuerzas a enfrentarse. El 11 los conchistas abandonaron Esmeraldas, que ocupó el gobierno. Al mismo tiempo los Coroneles Moisés Oliva y Enrique Valdés Concha desembarcaban al norte con el Tercer Ejército y lentamente avanzaron por la playa hasta el estero de Camarones donde fueron sorprendidos y aniquilados el Viernes Santo 12 de Abril a las 11 de la mañana. Allí murió Valdés de un disparo y Oliva se retiró como pudo hacia los barcos, mientras en la provincia de Imbabura, en el norte de la sierra, amagaba el Coronel Carlos Andrade Rodríguez, pero fue rechazado en Ibarra.

Oliva en cambio, logró arribar a la hacienda La Propicia, de propiedad de mi abuela Teresa Concha, a solo cinco kilómetros de Esmeraldas, que ocupó sin resistencia; pero el 5 de Mayo, a eso de las cinco de la mañana, fue atacado por las fuerzas conchistas y herido en la boca se rindió al medio día con todos los suyos, muchos de ellos sobrevivientes de Camarones. Plaza miraba la batalla con largavista y exclamó “Id a auxiliar a esa tropa de Propicia, que yo me quedo aquí por lo que pueda ofrecerse”. Empero, a pesar de sus éxitos militares, la revolución había quedado circunscrita a la provincia de Esmeraldas, donde era mayoritaria, aunque el gobierno seguía adueñado de esa capital.

Tantos hechos notables habían convertido a Carlos Concha en un auténtico líder y los numerosos exiliados políticos reunidos en Lima hacían conocer internacionalmente su figura. El pueblo ecuatoriano cantaba: “Carlos Concha é mi papá/ bajao de lo injuinito / si Carlos Concha se muere / el negro queda solito...” y el gobierno solo atinaba a calificar a la revolución de “La traición de unos cuantos negros que ansiaban cortar cabezas de serranos”, infundios raciales y regionalistas que algunos autores como Oscar Efrén Reyes han repetido en sus textos de historia. 1.914 fue un año terrible, de intensas guerrillas. Esmeraldas estaba cercada por los conchistas, el nuevo Jefe gobiernista Tte. Cor. Alcides Pesantes Villacís, permanecía atrincherado en su interior y todo comercio cesó, la agricultura también se extinguió por la guerra y la población, sumida en gravísima pobreza, emigraba hacia otras provincias mientras en Guayaquil, el Banco Comercial y Agrícola con autorización expresa del gobierno emitía billetes en descubierto, con la consigna de seguir entregando préstamos al ejecutivo. Por eso la Deuda Pública aumentó enriqueciéndose los proveedores del gobierno y se llegó a adeudar un año de sueldo a los profesores fiscales pero el general Leonidas Plaza se aferró en el poder.

El 24 de Febrero de 1.915 una partida de gobiernistas conducida por el traidor Nicanor Bodero, llegó a la hacienda san José, capturó a Amalia Andrade, a Carlos y a Julio Cesar Concha, que se hallaban descansando. Carlos estaba muy debilitado y enfermo a causa de una amebiasis complicada con los primeros síntomas de la tuberculosis que le llevaría cuatro años después a la tumba. Sin miramientos fue conducido a Esmeraldas, se le instauró un juicio por delitos comunes pero fue sobreseído y trasladado por mar a Duran le embarcaron en el tren hacia Quito. En Chiriacu lo recibió modosamente Plaza y le pidió el cese de fuego pues la revolución continuaba en la selva dirigida desde la hacienda Mútile por Enrique Torres Concha, hermano del caudillo. Concha se negó a un entendimiento y fue conducido al Panóptico (1).

(1) Cuando iba en el tren que le llevaba preso a Quito y se detuvo la locomotora en Chiriacu. El Presidente Plaza entró al vagón saludando: “Hola Carlos- Que tal viaje ha tenido? Muy bien, general! Plaza lo llevó a terminar el viaje en el automóvil presidencial y en la puerta del Penal dijo: La Paz de la República depende de una orden, de la firma suya… “La firma mía- respondió Concha- no tomarían en cuenta en Esmeraldas, menos en Manabí, Guayas y Los Ríos, provincias en que ha tomado gran incremento el movimiento. En Cambio, la firma de Ud. puesta en un mensaje de Renuncia, daría inmediatamente la paz anhelada. Plaza no contestó, pero se alejó pensativo, meditando en toda la verdad que contenía esa respuesta”.
“En Agosto de 1.916 bajó Plaza del poder odiado por el pueblo que despreciaba sus crímenes. El nuevo Presidente, Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, recibió al país en armas, pues continuaban los combates en diversos puntos de la costa, por eso decretó la amnistía y propuso la Paz. Concha salió en libertad el 13 de Septiembre y el 21 de Octubre arribó a Guayaquil, hospedándose varios meces en casa de hermana Teresa Concha de Pérez en la esquina de la plaza de San Francisco. El 27 de Noviembre los revolucionarios entregaron sus armas “que habían empuñado para lavar la afrenta inferida a la dignidad de la república por indignos malhechores”.

En 1.917 regresó a su hacienda San José y no volvió a salir, pues se hallaba muy enfermo de tuberculosis y aquejado de un cansancio general; de su antigua fortuna, que había sido grande, ya no quedaba nada, pues San José y la Clemencia estaba devastadas, el gobierno las había embargado a causa de la guerra, no existía sembríos de ninguna clase y el ganado había desaparecido. Así, tristemente, acompañado únicamente de Amalia Andrade que le fue fiel hasta el fin y de sus hijos César y Marina, preocupado de que se le diera una profesión al primero, falleció con la fuerza de carácter de siempre, el 2 de Abril de 1.919, prematuramente avejentado, pues solo tenía 55 años. Su sepelio fue sencillo pero emotivo. Le acompañaron sus antiguos partidarios y camaradas en armas y el pueblo que nunca dejó de admirarlo. El ejército le rindió honores militares y desde entonces su nombre es símbolo de dignidad y valor.

“Tuvo ilustración, talento, generosidad. Nunca esbirro ni verdugo. Fue un liberal radical de verdad. Abnegado hasta el sacrificio. Una de sus preclaras virtudes era el desprendimiento. Su conversación amena y variada, discurría con acierto sobre Derecho Publico, Historia y Agricultura. Viajó con provecho y observador como era, encontraba valiosas enseñanzas en las costumbres, historia e instituciones de los pueblos que visitó”.

“Sorprendía cierta altivez con que trataba a sus más devotos partidarios, el desdén con que escuchaba las lisonjas, algo como un sentimiento de superioridad que si no le atraía adeptos hacía que se le considerase como hombre dominador, que se imponía por sí mismo y no por que le halagaban las pasiones de nadie”.

Fue la última expresión del Alfarismo activo y radical. Personificó la resistencia a la tiranía y el sacrificio individual por el bien colectivo. La revolución llevó la destrucción y pobreza a su provincia. El perdió su fortuna personal y sus hermanos también quedaron arruinados. I aunque en la lucha se cometieron los abusos propios de toda guerra, se logró mantener el ideal de una Patria noble y digna, por eso su retrato está colocado en las Municipalidades de Guayaquil y Esmeraldas.

Tuvo capacidad genial para intuir las variaciones necesarias en el campo de batalla, para transformar simples escaramuzas en brillantes victorias. Su instrucción, imaginación y agilidad mental le hacía un personaje inolvidable, cuyas hazañas aún se transmiten por la vía verbal en la impenetrable selva esmeraldeña y son paradigma de hombría de bien; el pueblo le amó con pasión y los poetas le cantaron así: /Aquí estoy mi General/ que la cusunga del cielo/ me alumbre con mucho celo/ y me haga su Caporal.// Alfaro y Concha nacieron/ como dos buenos hermanos/ y cogidos de la mano / a su País redimieron.//