CARLOS
CONCHA TORRES
JEFE SUPREMO DE LA NACION.- Nació en la hacienda
San José de propiedad de su madre, situada
a las orillas del río Teaone, a solo dos horas
de la población de Esmeraldas y muy cercana
de la antigua y colonial capital de San Mateo, el
11 de Agosto de 1.864. Hijo legítimo de Uladislao
Concha Piedrahita, Cónsul General de Nueva
Granada, agricultor y comerciante y de Delfina Torres
de la Carrera, viuda del comerciante colombiano Luis
Vargas.
Dotado de una personalidad
vibrante y carismática se destacó desde
los primeros años entre sus compañeros
de estudios por su calidad de líder, aventajando
a todos en correrías, aventuras y bromas, algunas
de ellas pesadas en extremo. “Tenía la
particularidad de imponerse sobre los que le rodeaban
y llegó a ser el jefe de la juventud de su
tiempo”.
En 1.877 falleció su
padre en Guayaquil a causa de una afección
hepática de posible origen amebiano, ordenando
en su testamento que sus hijos pasaran a Europa. Por
eso fue enviado a estudiar la secundaria con su hermano
mayor Jorge.
En París aprendió
francés, en Londres inglés y comenzó
a estudiar Dentistería, carrera que prosiguió
en los Estados Unidos.
Cuando regresó a Guayaquil
en 1.882 puso Consultorio y ejerció la odontología
por escasos meses sin mucho interés en la calle
del Teatro No. 146, pero terminó por vender
el instrumental traído de Europa al colombiano
Germán Lince Lalinde.
En 1.883 volvió a Esmeraldas
a atender las Haciendas, comenzó una vida de
trabajos , bromas y tempestuosos romances que fueron
la comidilla de la población.
En 1.887 fue fusilado en Cuenca su medio hermano Luis
Vargas Torres y desde entonces se volvió agnóstico
y dejó de ser católico practicante,
como también el resto de su familia.
En 1.889 viajó a Lima
para las curaciones de su hermano Jorge quién
falleció el 6 de Enero de 1.890. A fines de
ese año regreso a Esmeraldas y con Emilio Espinosa
fueron los corresponsales de mayor confianza de Alfaro
en esa provincia. En Agosto de 1.891 editó
con José Antonio Campaín el diario “El
Porvenir” que dirigía su hermano Julio
César Concha Campusano, luchando por el triunfo
de las ideas liberales.
A principios de 1.895 el país
se levantó contra el régimen del Presidente
Luis Cordero, que renunció y fue remplazado
por el Dr. Vicente Lucio Salazar y luego por Carlos
Mateus y Pacheco. La costa se alzó en armas
protestando contra dichas componendas y la noche del
23 de Abril, atacó con doce compañeros
el cuartel de Esmeraldas y fue proclamado Jefe Civil
y Militar de la provincia, pero los gobiernistas contratacaron
al mando del Coronel Ricardo Cornejo Naranjo y se
sucedieron cruentos combates los días 3, 16,
21 y 23 de Mayo, retirándose finalmente Cornejo
por la falta de apoyo popular.
Libre la población y
la provincia, viajo a Manabí en persecución
de Cornejo. El 21 de Junio desembarcó en Bahía
de Caráquez y siguió hacia el interior
con Medardo Alfaro y José Pazmiño, persiguiendo
a 300 hombres del Comandante José Alvarez,
que huían a la sierra llevando consigo al Obispo
de Portoviejo Pedro Schumacher. El 22 de Junio se
dio el Combate de Chamizas y en los días sucesivos
las fuerzas de Concha siguieron los pasos del batallón
No. 4 de línea, que se internó por las
selvas de santo Domingo de los Colorados y luego de
pasar enormes trabajos pudo arribar finalmente a Quito.
Ya figuraba con el grado de
Coronel y ocupó Manabí con el batallón
Esmeraldas que había formado. Enseguida siguió
a Guayaquil, que ya estaba en poder de los liberales,
subió por Guaranda y el 24 de Agosto lanzó
una Proclama anunciando a su gente que habían
sido llamados al Cuartel General de los Liberales
en Ambato donde les esperaba Alfaro. En septiembre
arribaron a Quito y ayudó a organizar la administración
pública.
En 1.896 fue Jefe de una de
las brigadas que intervinieron en la Campaña
del Centro. En Agosto entró triunfador de Cuenca
y dio una soberana paliza al Mayor Estrella, que nueve
años antes había intervenido en el fusilamiento
de su hermano Luis Vargas Torres. Luego asistió
como Diputado por el Azuay a la Asamblea Nacional
reunida en Guayaquil, contribuyó a redactar
la Constitución que estableció el laicismo
y formó, parte de las Comisiones de Guerra,
Agricultura y Obras Públicas.
El 8 de Junio de 1.897 fue
reconocido por el ejecutivo con el grado de Coronel
graduado, el 20 de Agosto pasó a ocupar la
Gobernación de Esmeraldas, permaneciendo en
dichas funciones hasta 1.900, preocupado del adelanto
y la educación del pueblo. Durante su mandato
seccional se fundaron dos escuelas, una para varones
y otra para niñas, inauguró el correo
en Santo Domingo para una rápida comunicación
con la capital, mejoró la Biblioteca Municipal.
En lo personal ayudó a los Salesianos desterrados
y le hizo más llevadero su confínio
político en Esmeraldas al Dr. Angel Polibio
Chávez. Tras su renuncia viajó por cortos
meses a Chile en plan de negocios.
En 1.901 se separó de
la línea oficialista para apoyar la candidatura
presidencial del General Manuel Antonio Franco, que
ganó en Esmeraldas aunque perdió en
el resto de país frente a Leonidas Plaza, quien
tenía el apoyo de Alfaro. Por ello se distanció
del Viejo Luchador.
Retirado de la política,
en 1.904 representó a Esmeraldas como Diputado
al Congreso Nacional y participó en las deliberaciones
para dictar la Ley de Cultos. En las elecciones presidenciales
de 1.905 nuevamente apoyó al General Franco,
que volvió a perder con fraude, esta vez frente
a Lizardo García.
Con la revolución del
1 de Enero de 1.906 asumió el 19 de dicho mes
la Jefatura Civil y Militar de Esmeraldas, deponiendo
al Gobernador Leonidas Drouet Avila. Al día
siguiente viajó a Manabí y se hizo cargo
del gobierno de esa provincia en nombre de Eloy Alfaro,
quien lo llamó a Quito para una reconciliación.
El 3 de Mayo fue designado Cónsul General del
Ecuador en París y estableció sus oficinas
en el No. 91 de la Avenida Wagram, esmerándose
en rodear de atenciones a todos los que iban en calidad
de desterrados, aunque su carácter siempre
jovial se había vuelto algo reservado y por
ello sus enemigos sacaron la conseja que era morfinómano,
lo cual no era verdad.
En París vivía
con Adelaida Palacios Portocarrero en quien tuvo a
Carlos Concha Palacios. Por ese motivo Adelaida, quien
estaba casada con un alemán en Esmeraldas y
tenía hijos de él, le criaba a otra
hija llamada Elba Concha Andrade, que falleció
en 1.922 de tuberculosis, en el palacio presidencial,
cuando vivía con la familia de su tío
el Dr. José Luis Tamayo, Presidente Constitucional
de la República.
Estaba en la plenitud de su
vida aunque cargado de hijos habidos en varias señoras,
a los que mantenía con el fruto de su esfuerzo
agrícola en las haciendas familiares ubicadas
a lo largo de los ríos Teaone, Esmeraldas y
Viche con fértiles vegas y hermosos valles
que producían tagua, café cacao, árboles
frutales y pasto para el ganado. San José tenía
hermosos cañaverales y un trapiche que había
pertenecido a su abuelo Javier Torres Betancourt.
Las otras haciendas llamaban Propicia. Victoria, Mútile,
Timbre, Tatica, Tabule, Guabal, Tachina, Clemencia,
Pambilar, etc. que unidas a las de sus sobrinos los
Gaztelú Concha, formaban un imperio cuyos límites
se perdían en la espesura de las montañas
vírgenes de las selvas esmeraldeñas,
llegando hasta las estribaciones de la cordillera;
pero como tenía numerosos hermanos que también
eran condueños, prefirió independizarse
y al volver en 1.909 instaló su gabinete dental
en Esmeraldas y “fue un profesional de moda
durante pocos meses”.
En 1.908 había recibido
en París la Gran Cruz de san Estanislao del
Imperio Ruso. En 1.910 partió a la frontera
durante la movilización armada contra el Perú.
Con su hermano Pedro y dos unidades de voluntarios
negros patrullaron las zonas de El Oro, desde Machala
hasta el Pasaje. También se opuso al alquiler
o venta de las Islas del Archipiélago de Colón.
Para las elecciones de 1.911
como siempre, estuvo en el ala radical del liberalismo
ecuatoriano, apoyó a Flavio Alfaro que triunfó
ampliamente en Esmeraldas por 841 votos contra 2 del
oficialista Emilio Estrada y 4 de Alfredo Baquerizo
Moreno.
Tenía fama de hombre
docto, ecuánime y honesto, jovial, sencillo
y dicharachero, que no respetaba a nadie cuando hacía
sus famosas bromas, muchas de ellas de tan subido
gusto, que le acarreaban numerosas enemistades. Su
anecdotario podría cubrir las páginas
de un libro por ser incansable para tomarle el pelo
al prójimo, de allí su enorme ascendiente
en la población esmeraldeña y entre
los peones de sus haciendas que le querían
como a un ídolo, pues les ofrecía pan
y circo a diario.
En lo físico era más
bien delgado, musculoso y muy nervioso. Numerosas
venas azules le cruzaban el rostro. Su piel blanca,
su cabello negro y un fino bigote. Fumaba mucho, nunca
bebía y tenía unos ojos negros que lanzaban
chispas. De joven había sido muy apuesto y
ya en edad madura, aunque seguía conservando
su carácter bromista y alegre, numerosas decepciones
amorosas -porque siempre fue un romántico inveterado-
habían tornado dura su faz y poco comunicativo
su carácter.
Al morir el Presidente Emilio
Estrada se proclamó en Guayaquil la Jefatura
Suprema del General Pedro J. Montero y en Quito la
candidatura de Leonidas Plaza, que al principio contaba
con el apoyo del Encargado del Poder Ejecutivo, Carlos
Freile Zaldumbide. De Guayaquil llamaron a los Generales
Eloy y Flavio Alfaro, éste último se
encontraba tranquilamente en Panamá. Concha
decidió tomar partido y el 21 de Diciembre
de 1.911 hizo pronunciar a Esmeraldas a favor de Eloy
Alfaro y se trasladó con refuerzos a Guayaquil,
mientras Flavio Alfaro organizaba las tropas.
El 8 de Enero de 1.912 Flavio
le situó de Jefe de la Segunda División
formada por nueve batallones que el día 11
combatieron casi siete horas en Huigra, hasta agotar
el parque de municiones, peleando con la acostumbrada
bravura esmeraldeña. Finalmente, tras apoderarse
de varios prisioneros y hasta de una pieza de artillería,
tuvieron que retirarse.
El 13 Concha y los suyos se
batieron nuevamente en Naranjito y como el gobierno
del interior se valió de la pugna existentes
entre Milagro y Yaguachi, el Coronel Enrique Valdez
Concha se sumó a las tropas serranas, bajo
la promesa de la cantonización de Milagro.
En tales circunstancias se
produjo la batalla de Yaguachi. Concha se parapetó
varias horas en la torre de esa iglesia disparando
sin cesar. La acción fue sangrienta y quedaron
tendidos entre muertos y heridos 1.500 soldados. Flavio
Alfaro fue herido y retirado del campo pero sus fuerzas
se concentraron en Guayaquil, en tanto que las del
interior pedían el fusilamiento de 76 oficiales
del bando flavista, entre ellos los hermanos Carlos
y Julio Cesar Concha.
Días después
las tropas de Leonidas Plaza y Julio Andrade llegaron
a Guayaquil tras la firma de un convenio celebrado
en Durán ante los Cónsules extranjeros;
pero, lejos de respetarlo, se apresó a los
jefes del bando vencido. Concha fue llevado prisionero
al local del Colegio Vicente Rocafuerte pero fue sacado
por gestiones de su cuñado José Luis
Tamayo y de su amigo personal el Dr. Julián
Coronel, así fue como salvó la vida
y huyó a la isla San Ignacio en el golfo de
Guayaquil, hasta donde le fueron a capturar sus enemigos
y volvió a prisión, pero el 10 de Septiembre
1.912 recobró su libertad.
El 24 de Octubre fue atacada
la guarnición de Limones en Esmeraldas, de
cuyo hecho de armas, se le sindicó y nuevamente
guardó prisión en Guayaquil. El gobierno
de Leonidas Plaza lo reincorporó el Ejército
como Jefe de la Sección Técnica del
Estado Mayor, para tenerlo vigilado por la policía
de Quito, y permaneció por algunas semanas
haciendo vida de cuartel. Una madrugada partió
subrepticiamente a Santo Domingo, destruyendo los
alambres telegráficos para evitar su captura,
pero fue detenido y llevado al Panóptico. Un
consejo de Guerra lo condenó a seis meses de
reclusión. Su defensor el Dr. Luis Felipe Borja
hijo, apeló de la sentencia y obtuvo el sobreseimiento
de la Corte Suprema Marcial.
Entonces regresó a Esmeraldas
a conspirar contra el régimen y al amanecer
del 24 de Septiembre de 1.913 asaltó con 150
hombres el Cuartel del Batallón de Infantería
Manabí No. 16 de línea que guarnecía
la plaza y aunque fueron rechazados por la marinería
del Cañonero Cotopaxi, se retiraron en completa
formación a la hacienda Tachina, donde lanzó
un Manifiesto a la Nación, acusando al Presidente
Plaza de autor principal de crímenes horrendos
y de ser tiranuelo, inicuo personaje e indigno de
ostentar insignias de mando y al Congreso de agrupación
inmunda de seres adyectos, cómplices de sus
crímenes, quedando establecida que la única
causa de la insurrección era derrocar y castigar
a Plaza. Por eso el pueblo siguió a Concha
y los exilados en Lima le nombraron General y jefe
Supremo del Partido Liberal.
Mientras tanto el Gobernador
Luis Tello mantenía el bloqueo de las costas
y ordenaba al Mayor Héctor Icaza y al Capitán
Oviedo la persecución de los alzados, pero
estos derrotaron a los constitucionales el 14 de Octubre
en el estero de Sade y en los sitios de Vinzade y
Majua, haciéndoles huir desordenadamente, antes
la mirada burlona del país.
El Presidente Plaza se trasladó
a Esmeraldas y desde el Cotopaxi dio numerosas, órdenes
y regresó a Quito. Allí envió
un segundo Ejército al mando del Coronel Manuel
Velasco Polanco, quien no quiso entrar a la selva,
pues suponía -no sin razón- que sería
derrotado.
Mas, ante el auge de las partidas
conchistas que amagaban los campos de Manabí,
Guayas y Los Ríos y presionado directamente
desde el propio palacio, Velasco salió con
sus tropas de Esmeraldas el 10 de Diciembre y avanzó
hasta la cordillera del Guayabo, donde fue emboscado
por los guerrilleros el día 12 y después
de sufrir enormes pérdidas capituló
el 14 en el pueblo de Chinca, ante Concha, dejando
en su poder todo el armamento compuesto de 800 fusiles,
2 cañones y 40.000 tiros. Entre las bajas gobiernistas
estuvo el Segundo Jefe, Tte. Cor. Alejandro Lalama
Andrade del batallón Constitución. El
16 entró Concha triunfante en la población
de Esmeraldas al mando de 700 hombres organizado en
cinco columnas.
Cuando el Presidente Plaza,
que participaba en las operaciones, se enteró
de la derrota, montó en cólera y ordenó
al Cazatorpedero “Simón Bolívar”
que disparara el 26 de Diciembre contra la población
civil, para dispersar a los 1.200 hombres de Concha,
porque ya habían aumentado.
Enseguida concentró
un Tercer Ejército en Bahía de Caráquez,
que embarcó en una flotilla de Guerra y bombardeó
nuevamente Esmeraldas el 10 de febrero de 1.914, ocasionando
un gravísimo incendio en el malecón,
pero no pudo desembarcar. Mientras, las fuerzas conchistas
y la población civil, retiradas en un sitio
cercano, presenciaron a la marinería del Cañonero
“Cotopaxi” en su inicua y criminal labor.
Esta ha sido la única ocasión en la
historia de nuestro país, que se ha bombardeado
e incendiado un puerto a mansalva, sin respetar los
derechos y las vidas de la población. Por eso
el bombardeo de Esmeraldas constituye uno de los más
repudiables crímenes cometidos en nuestro país,
porque se violaron las normas legales establecidas
para la guerra entre países civilizados.
Dos días después Plaza ordenó
el bombardeo de la boca con idénticos resultados
y cambiando la táctica, enfiló hacia
el norte, arribó el 28 a Limones y asumió
la dirección de las operaciones militares;
que sin embargo, se estancaron por la llegada de las
lluvias.
El 7 de Marzo volvieron las
fuerzas a enfrentarse. El 11 los conchistas abandonaron
Esmeraldas, que ocupó el gobierno. Al mismo
tiempo los Coroneles Moisés Oliva y Enrique
Valdés Concha desembarcaban al norte con el
Tercer Ejército y lentamente avanzaron por
la playa hasta el estero de Camarones donde fueron
sorprendidos y aniquilados el Viernes Santo 12 de
Abril a las 11 de la mañana. Allí murió
Valdés de un disparo y Oliva se retiró
como pudo hacia los barcos, mientras en la provincia
de Imbabura, en el norte de la sierra, amagaba el
Coronel Carlos Andrade Rodríguez, pero fue
rechazado en Ibarra.
Oliva en cambio, logró
arribar a la hacienda La Propicia, de propiedad de
mi abuela Teresa Concha, a solo cinco kilómetros
de Esmeraldas, que ocupó sin resistencia; pero
el 5 de Mayo, a eso de las cinco de la mañana,
fue atacado por las fuerzas conchistas y herido en
la boca se rindió al medio día con todos
los suyos, muchos de ellos sobrevivientes de Camarones.
Plaza miraba la batalla con largavista y exclamó
“Id a auxiliar a esa tropa de Propicia, que
yo me quedo aquí por lo que pueda ofrecerse”.
Empero, a pesar de sus éxitos militares, la
revolución había quedado circunscrita
a la provincia de Esmeraldas, donde era mayoritaria,
aunque el gobierno seguía adueñado de
esa capital.
Tantos hechos notables habían
convertido a Carlos Concha en un auténtico
líder y los numerosos exiliados políticos
reunidos en Lima hacían conocer internacionalmente
su figura. El pueblo ecuatoriano cantaba: “Carlos
Concha é mi papá/ bajao de lo injuinito
/ si Carlos Concha se muere / el negro queda solito...”
y el gobierno solo atinaba a calificar a la revolución
de “La traición de unos cuantos negros
que ansiaban cortar cabezas de serranos”, infundios
raciales y regionalistas que algunos autores como
Oscar Efrén Reyes han repetido en sus textos
de historia. 1.914 fue un año terrible, de
intensas guerrillas. Esmeraldas estaba cercada por
los conchistas, el nuevo Jefe gobiernista Tte. Cor.
Alcides Pesantes Villacís, permanecía
atrincherado en su interior y todo comercio cesó,
la agricultura también se extinguió
por la guerra y la población, sumida en gravísima
pobreza, emigraba hacia otras provincias mientras
en Guayaquil, el Banco Comercial y Agrícola
con autorización expresa del gobierno emitía
billetes en descubierto, con la consigna de seguir
entregando préstamos al ejecutivo. Por eso
la Deuda Pública aumentó enriqueciéndose
los proveedores del gobierno y se llegó a adeudar
un año de sueldo a los profesores fiscales
pero el general Leonidas Plaza se aferró en
el poder.
El 24 de Febrero de 1.915 una
partida de gobiernistas conducida por el traidor Nicanor
Bodero, llegó a la hacienda san José,
capturó a Amalia Andrade, a Carlos y a Julio
Cesar Concha, que se hallaban descansando. Carlos
estaba muy debilitado y enfermo a causa de una amebiasis
complicada con los primeros síntomas de la
tuberculosis que le llevaría cuatro años
después a la tumba. Sin miramientos fue conducido
a Esmeraldas, se le instauró un juicio por
delitos comunes pero fue sobreseído y trasladado
por mar a Duran le embarcaron en el tren hacia Quito.
En Chiriacu lo recibió modosamente Plaza y
le pidió el cese de fuego pues la revolución
continuaba en la selva dirigida desde la hacienda
Mútile por Enrique Torres Concha, hermano del
caudillo. Concha se negó a un entendimiento
y fue conducido al Panóptico (1).
(1) Cuando iba en el tren que
le llevaba preso a Quito y se detuvo la locomotora
en Chiriacu. El Presidente Plaza entró al vagón
saludando: “Hola Carlos- Que tal viaje ha tenido?
Muy bien, general! Plaza lo llevó a terminar
el viaje en el automóvil presidencial y en
la puerta del Penal dijo: La Paz de la República
depende de una orden, de la firma suya… “La
firma mía- respondió Concha- no tomarían
en cuenta en Esmeraldas, menos en Manabí, Guayas
y Los Ríos, provincias en que ha tomado gran
incremento el movimiento. En Cambio, la firma de Ud.
puesta en un mensaje de Renuncia, daría inmediatamente
la paz anhelada. Plaza no contestó, pero se
alejó pensativo, meditando en toda la verdad
que contenía esa respuesta”.
“En Agosto de 1.916 bajó Plaza del poder
odiado por el pueblo que despreciaba sus crímenes.
El nuevo Presidente, Dr. Alfredo Baquerizo Moreno,
recibió al país en armas, pues continuaban
los combates en diversos puntos de la costa, por eso
decretó la amnistía y propuso la Paz.
Concha salió en libertad el 13 de Septiembre
y el 21 de Octubre arribó a Guayaquil, hospedándose
varios meces en casa de hermana Teresa Concha de Pérez
en la esquina de la plaza de San Francisco. El 27
de Noviembre los revolucionarios entregaron sus armas
“que habían empuñado para lavar
la afrenta inferida a la dignidad de la república
por indignos malhechores”.
En 1.917 regresó a su
hacienda San José y no volvió a salir,
pues se hallaba muy enfermo de tuberculosis y aquejado
de un cansancio general; de su antigua fortuna, que
había sido grande, ya no quedaba nada, pues
San José y la Clemencia estaba devastadas,
el gobierno las había embargado a causa de
la guerra, no existía sembríos de ninguna
clase y el ganado había desaparecido. Así,
tristemente, acompañado únicamente de
Amalia Andrade que le fue fiel hasta el fin y de sus
hijos César y Marina, preocupado de que se
le diera una profesión al primero, falleció
con la fuerza de carácter de siempre, el 2
de Abril de 1.919, prematuramente avejentado, pues
solo tenía 55 años. Su sepelio fue sencillo
pero emotivo. Le acompañaron sus antiguos partidarios
y camaradas en armas y el pueblo que nunca dejó
de admirarlo. El ejército le rindió
honores militares y desde entonces su nombre es símbolo
de dignidad y valor.
“Tuvo ilustración,
talento, generosidad. Nunca esbirro ni verdugo. Fue
un liberal radical de verdad. Abnegado hasta el sacrificio.
Una de sus preclaras virtudes era el desprendimiento.
Su conversación amena y variada, discurría
con acierto sobre Derecho Publico, Historia y Agricultura.
Viajó con provecho y observador como era, encontraba
valiosas enseñanzas en las costumbres, historia
e instituciones de los pueblos que visitó”.
“Sorprendía cierta
altivez con que trataba a sus más devotos partidarios,
el desdén con que escuchaba las lisonjas, algo
como un sentimiento de superioridad que si no le atraía
adeptos hacía que se le considerase como hombre
dominador, que se imponía por sí mismo
y no por que le halagaban las pasiones de nadie”.
Fue la última expresión
del Alfarismo activo y radical. Personificó
la resistencia a la tiranía y el sacrificio
individual por el bien colectivo. La revolución
llevó la destrucción y pobreza a su
provincia. El perdió su fortuna personal y
sus hermanos también quedaron arruinados. I
aunque en la lucha se cometieron los abusos propios
de toda guerra, se logró mantener el ideal
de una Patria noble y digna, por eso su retrato está
colocado en las Municipalidades de Guayaquil y Esmeraldas.
Tuvo capacidad genial para
intuir las variaciones necesarias en el campo de batalla,
para transformar simples escaramuzas en brillantes
victorias. Su instrucción, imaginación
y agilidad mental le hacía un personaje inolvidable,
cuyas hazañas aún se transmiten por
la vía verbal en la impenetrable selva esmeraldeña
y son paradigma de hombría de bien; el pueblo
le amó con pasión y los poetas le cantaron
así: /Aquí estoy mi General/ que la
cusunga del cielo/ me alumbre con mucho celo/ y me
haga su Caporal.// Alfaro y Concha nacieron/ como
dos buenos hermanos/ y cogidos de la mano / a su País
redimieron.//